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2009 ST19: un peligroso asteroide cerca de la Tierra

Publicado por kidcooler en 27 Septiembre, 2009

Que poco cuesta construir castillos en el aire y que cara es su destrucción.

François Mauriac

Apenas hace una semana y media se descubrió un asteroide grande que se acercó bastante a la Tierra. No demasiado como para que se convirtiese en una amenaza inminente, sino como para poner en alerta a los sistemas de defensa contra estas amenazas para su posterior observación y la determinación de su órbita.


El nombre o designación otorgado a este asteroide es 2009 ST19, y de acuerdo con la Wikipedia, es un asteroide Apolo de un kilómetro de diámetro descubierto por el astrónomo español Josep Maria Bosch, profesor del Campo de Aprendizaje Montsec del Centro de Observación del Universo de Àger (Lleida, España), el 16 de septiembre de 2009. Debido a su órbita, el cuerpo rocoso ha sido calificado por la NASA como potencialmente peligroso al pasar muy cerca de la Tierra. El 2009 ST19, que no estaba fichado en la base de datos del Minor Planet Center, fue descubierto cuando pasaba a unos 600,000 kilómetros de la Tierra, convirtiéndose en el asteroide más grande que se ha acercado al planeta.



El portal del diario El País remite:

Un asteroide de alrededor de un kilómetro de diámetro está acompañando estos días a la Tierra, en paralelo a una distancia de unos 600,000 kilómetros, y lo seguirá haciendo durante una semana más, hasta que sus órbitas se separen. En este acercamiento, que se supone no ha sido el único, ha sido descubierto por el astrónomo español Josep Maria Bosch y ya tiene nombre (2009 ST19). Aunque el estudio de su órbita es todavía muy incompleto, ya que fue observado por primera vez el pasado 16 de septiembre, ha sido incluido en la lista de asteroides potencialmente peligrosos cuya órbita se cruza con la de la Tierra. Los primeros cálculos indican que el acercamiento más peligroso del ST19, que da una vuelta al Sol cada 3.6 años, se produciría en 2038, pero es una fecha que puede variar hacia delante o hacia atrás.

Por su parte, el diario ABC informa:

El “2009 ST19″ es el asteroide de categoría grande que más se ha acercado a la Tierra desde que se siguen estos objetos estelares, puesto que en el momento de máxima proximidad a la Tierra pasó a sólo 645.000 kilómetros de distancia, según informan desde la delegación del Gobierno catalán en Lérida. Para encontrar un antecedente similar hay que remontarse al año 1937, cuando el asteroide Hermes pasó a 750,000 kilómetros de la Tierra. 

Lo interesante de este descubrimiento es que no se requiere tener las grandes y elegantes instalaciones de la NASA para lograrlo. Un ejército de astrónomos entusiastas se dedican noche tras noche a observar los cielos en busca de objetos. Esto echa por tierra las ideas conspiranoicas de los tradicionales detractores de la ciencia, como Adolfo Araya, que piensan que la NASA es una especie de Catedral del Conocimiento Espacial, que determina qué debe saberse y que no.

Simplemente, como evidencia de que el verdadero conocimiento científico y los descubrimientos no obedecen a las teorías conspiranoicas, comparto el mensaje de un astrónomo español que solicita comprobación de las observaciones de Bosch. La ciencia avanza aunque amenace la destrucción de las fantasías de los conspiranoincos, porque finalmente lo hace por si misma, por el impulso de científicos independientes haciendo lo que saben hacer.

Otro punto interesante es que el peligro es real, el acercamiento es real, pero de esta realidad ningún sitio esotérico ha dicho palabra alguna. Para ellos quizás el negocio esté en las falsedades y no en la realidad. Quizás me equivoque, pero es extraño que no hayan salido con alguna canalización desde las Pléyades para advertir a la humanidad que esta es una señal para que deje sus prácticas capitalistas y evite ser vacunada contra la influenza AH1N1.

Aquí la imagen de la órbita estimada por la NASA (ver este sitio: http://ssd.jpl.nasa.gov/sbdb.cgi?sstr=2009%20ST19;orb=1):

Imagen de entrada: 2009 ST 19 por J.M. Bosch.

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La falsa predicción del 2-Pallas

Publicado por kidcooler en 28 Julio, 2009

Los profetas y adivinos, embaucan a los cretinos.

Anónimo

Hay tanta información falsa en internet que a veces espanta la facilidad que se tiene para publicar alarmantes mentiras que sólo sirven para engañar a incautos. Muchas veces he pensado que esto es el verdadero terrorismo, el sembrar mentiras disfrazadas de ciencia, para causar terror. ¿Cómo descubrir estas mentiras? ¿Cómo saber si en realidad hay una amenaza real?

Mi recomendación es aplicar la receta de la casa: Escepticismo, pensamiento crítico y un poco de voluntad para buscar fuentes que confirmen o descarten esas afirmaciones alarmantes. Una historia reciente puede servir de ejemplo.

Hace poco más de dos años se publicó una alarmante nota sobre el asteroide 2-Pallas. Evidentemente traducida desde el portugués, advertía sobre la casi inminente posibilidad de impacto de este asteroide con la tierra. El mensaje puede verse aquí.

En ese entonces, sólo de ver la paupérrima traducción, me pareció que la noticia era falsa y expuse mis razones a la persona que preguntó por su veracidad:

Normalmente los astrónomos predicen con mucha exactitud los movimientos de ese tipo de asteroides, en especial los de ese tamaño (500 km de diámetro), y en situación aun más especial si están en una trayectoria de colisión. La predicción que dice ” La colisión deberá acontecer en la primera quinzena de julio de 2007″ suena a predicción de bola de cristal y no de un grupo de astrónomos. Lo siento, este es, con un 95% de probabilidades, una gran mentira, un engaño, un soberano HOAX. Simplemente para confirmar lo dicho, pertenezco a un grupo de astrónomos aficionados. Nadie ha mencionado nada sobre este asteroide en los últimos 2 meses.

Pero no me quedé así. Pregunté a mis amigos astrónomos. La respuesta amable de uno de ellos fue:

Veamos… 2 Pallas existe de verdad. El número indica que es el segundo asteroide descubierto, y esto ocurrió concretamente en 1802 por Heinrich Olbers; si, el de la paradoja. Este asteroide “vive” tranquilamente en el cinturón principal, entre Marte y Júpiter. Sólo un cataclismo de enormes dimensiones podría precipitarlo de su órbita y mucho más difícil aún sería que alcanzara una órbita de colisión con la Tierra.

Adicionalmente compartió una liga que conduce a un sitio de efemérides astrnómicas de la Universidad de Harvard: http://cfa-www.harvard.edu/iau/MPEph/MPEph.html

Esa es una gran diferencia que existe entre los falsos textos como el que anunciaba la colisión, y los textos serios que se basan en observaciones y que proporcionan fuentes de confirmación de lo dicho.

Finalmente hace dos años no pasó nada con 2-Pallas. Pero no faltó quien se alarmara inútilmente por culpa de esos terroristas informáticos que gozan sembrando mentiras y falsedades a diestra y siniestra.

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La piedra que cayó del cielo. Parte 2

Publicado por kidcooler en 3 Abril, 2009

Continúa de la primera parte.

Pero para Peter Jenniskens, un astrónomo en el Instituto SETI en Mountain View, California, el gran espactáculo de luces no era suficiente. Durante semanas después de que el asteroide golpeara la atmósfera, Jenniskens, quien estudia lluvias de meteoritos, esperó a saber si alguien había encontrado los meteoritos caídos. No hubo noticias. “Alguien tenía que hacer algo”, dice.

Jenniskens voló a Sudán a principios de diciembre y se reunió con Muawia Shaddad Hamid, un astrónomo en la Universidad de Jartum, que ya habían obtenido imágenes de la estela de humo de la bola de fuego, a partir de los habitantes locales. Juntos, manejaron hacia el norte de Jartum a la ciudad fronteriza de Wadi Halfa, preguntando a los aldeanos si sabían en qué lugar explotó la bola de fuego. Estos testimonios convencieron a Jenniskens que la roca se había desintegrado en la atmósfera alta – muy de acuerdo con los datos obtenidos por satélite EE.UU. – y que sería más factible encontrar cualquier fragmento al suroeste de la estación 6, un pequeño puesto del ferrocarril en el desierto de Nubia.

Búsqueda en el desierto

El 6 de diciembre de 2008, Jenniskens y Shaddad formaron un grupo de 45 estudiantes y el personal de la Universidad de Jartum, para recorrer la zona. Los miembros del equipo se alinearon a a intervalos de 20 metros en una línea de más de un kilómetro de ancho, frente a un mar de arena y grava intercaladas con colinas, afloramientos rocosos y los cauces secos de ríos sinuosos. Flanqueada por dos pares de coches y en la zaga una tripulación de cámaras de la red de noticias Al Jazeera, la línea de investigadores comenzó su lenta marcha, como los dientes de un masivo peine que se arrastra por el desierto.

Hacia el final del día, un automóvil se acercó a Jenniskens con la noticia de que un estudiante podría haber encontrado un meteorito. “Recuerdo haber pensado, oh no, no otra vez“, dice Jenniskens, que ya había recibido varias falsas alarmas. Aún así, saltó en el coche y se dirigió hacia el estudiante, quien le entregó un pequeño fragmento cuadrado, de aproximadamente un centímetro y medio, con una fina capa exterior vidriosa. La superficie se parecía a la corteza que se forma en los meteoritos después de haber sido fundidos y solidificados, y el profundo color negro de la roca sugería que recientemente había caído. Fue el primer meteorito del equipo – y la primera vez que los científicos habían recuperado un meteorito de un asteroide detectado en el espacio (véase Nature 458, 485-488, 2009).

Al día siguiente, el equipo caminó 8 kilómetros y encontró 5 meteoritos, todos muy oscuros y redondos. En el tercer día, una caminata de 18 kilómetros proporcionó meteoritos más grandes de casi 10 centímetros de ancho. Unas semanas más tarde, un equipo de 72 estudiantes encontró 32 más, y la más reciente campaña, que finalizó en marzo, rescató 280 fragmentos con un peso total de varios kilogramos.

Jenniskens envió una muestra a Mike Zolensky, un mineralogista cósmico en el Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston, Texas. Al examinar la roca, Zolensky descubrió que contenía grandes trozos de carbón y granos de mineral vidrioso se asemejan cristales de azúcar. En otros laboratorios de pruebas se confirmó que la muestra era un ureilito, un tipo de meteorito que se piensa que procede de los asteroides que se han derretido durante su tiempo en el espacio. Sólo el 0.5% de los objetos que llegan a la Tierra producen fragmentos en esta categoría. Sin embargo, las piezas del 2008 TC3 son extrañas incluso para ureilitos: están plagadas de un inusual gran número de agujeros, dice Zolensky. “Enreda la mente que algo así de poroso pudiese sobrevivir como un objeto sólido”, dice.

Los resultados sugieren que el 2008 TC3 se rompió a partir de la superficie de un asteroide más grande, ya que los poros habrían sido aplastados si se encontraban cerca del centro de la roca, dice Zolensky. Él sugiere que estudios posteriores de la química de los meteoritos podrían ayudar a revelar la historia de su asteroide padre. Por otra parte, los nuevos hallazgos podrían proporcionar pistas de cómo se forman los planetas, dice, porque el asteroide se había derretido durante su historia, un proceso por el que los planetas jóvenes pasan.

El 2008 TC3 dio a los astrónomos una rara oportunidad para conectar un punto en el cielo con las rocas en sus manos. “Tenemos una gran cantidad de meteoritos sobre el terreno y un montón de asteroides allí, y la creación de una liga entre ambos no es fácil”, dice Don Yeomans, director de la Oficina de Objetos Cercanos a la Tierra del Programa JPL de la NASA.

Jenniskens y su equipo llegaron a la conclusión de que el asteroide pertenece a un grupo llamado asteroides de clase M. Estos asteroides reflejan muy poca luz, y los científicos no estaban seguros de lo que estaban hechos. Con la nueva evidencia “se abre una enorme ventana”, dice Glenn MacPherson, un curador de meteoritos en el Instituto Smithsoniano en Washington DC, que no participó en los estudios del 2008 TC3. Aunque no todos los asteroides de clase F pueder ser los mismos, dice, los datos sugieren, al menos que algunos de ellos pueden contener el mismo material, ureilitos, tales como el carbono y el hierro.

Clark Chapman, un científico planetario del Southwest Research Institute en Boulder, Colorado, dice que la conexión entre los asteroides clase F y los ureilitos no le sorprende. Pero, añade, “este es un vínculo probado y no tenemos muchos de ellos”.


“Fue como encontrar a un hombre en un traje gris oscuro, 50% más lejos que la Luna”

Richard Kowalski
Los científicos han tratado de averiguar la composición de los asteroides estudiando cómo se reflejan diferentes longitudes de onda la luz y la adaptación de estas características a las muestras de meteoritos en el laboratorio. Pero las conexiones son a menudo menos tenuas cuando la firma del reflejo de es muy distinta. El ejemplo más seguro es un asteroide llamado 4 Vesta, que se ha asociado con un grupo de meteoritos ígneos. Las misiones no han regresado todavía con fragmentos de asteroides a la Tierra, aunque la nave espacial de la NASA que orbitó el asteroide Eros durante un año, aterrizó en él en 2001. La misión Hayabusa de Japón ha intentado recoger una muestra del asteroide Itokawa en 2005, los científicos determinarán si se logró cuando la nave regrese el próximo año.

Saber de qué qué están hechos los asteroides será crucial si necesitamos desviar uno, dice Yeomans. La NASA tiene como objetivo proporcionar décadas de advertencia en caso de cualquier asteroide asesino está enfilándose a la Tierra, para que una estrategia pueda ser diseñada, para evitar una colisión. Esa estrategia será diferente para los diversos asteroides, que pueden ir desde “los fragmentos de asteroides mayores”, a las rocas sólidas, a placas de níquel-hierro, dice Yeomans.

Con el advenimiento de nuevos estudios, los científicos podrían con más frecuencia enfocar nuevos objetos dirigiéndose hacia la Tierra. Los estudios actuales han encontrado casi el 90% de los objetos cercanos a la Tierra con un diámetro de 1 kilómetro o más grandes, dice Yeomans, pero las rocas más pequeñas pueden pasar fácilmente inadvertidas. Al descubrir el 2008 TC3 fue como encontrar “un hombre en un traje gris oscuro 50% más lejos que la Luna”, dice Kowalski, que es parte del Registro Celeste Catalina, un esfuerzo que descubre el 70% de todos los objetos cercanos a la Tierra encontrados cada año. La tasa de detección se incrementará con la próxima generación de estudios, tal vez hasta algunos objetos cercanos a la Tierra por año, dice Alan Harris, un astrónomo planetario en el Space Science Institute, que tiene su sede en La Canada, California. Las observaciones del Telescopio Panorámico de Estudio y Sistema de Respuesta Rápida (Pan-STARRS) en Hawai comenzaron oficialmente con su sistema prototipo este año, y el Gran Telescopio Sinóptico de Recuento en Chile está programado para comenzar a funcionar plenamente en 2016.

En el ínterin, Kowalski y sus colegas aún están en el trabajo. La noche después de observar el asteroide 2008 TC3, Kowalski migró hacia el Monte Lemmon, calentó su cena y se instaló en el telescopio de la sala de control. Mientras su descubrimiento migraba hacia el desierto en el otro lado del mundo, Kowalski estaba estudiando la otra parte del cielo, en espera del próximo punto blanco.

Imagen:
Peter Jenniskens llevó a la búsqueda de fragmentos del meteorito en el desierto de Sudán. P. JENNISKENS
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La piedra que cayó del cielo. Parte 1

Publicado por kidcooler en 2 Abril, 2009

Que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno.

Jorge Luis Borges


Desde Nature
Por Roberta Kwok
Traducción y notas: KC


Cuando un asteroide fue descubierto en dirección a nuestro planeta el pasado mes de octubre, los investigadores se apresuraron a documentar el impacto cósmico de principio a fin, por primera vez.

Alrededor de la medianoche del 6 de octubre de 2008, un punto blanco cruzó a través de la pantalla de la computadora de Richard Kowalski en un observatorio en la cima del Monte Lemmon en Arizona. Kowalski había visto cientos de esos puntos durante tres años y medio explorando imágenes de asteroides, obtenidas desde el telescopio, que podrían golpear o acercarse a la Tierra. Él siguió el objeto a través de la noche y envió las coordenadas, como de costumbre, al Centro de Planetas Menores de Cambridge, Massachusetts, que realiza un seguimiento de asteroides y otros cuerpos pequeños. Cuando el cielo comenzó a aclarar, apagó el telescopio, fue al dormitorio al pié de la montaña y se quedó dormido.

Lo único que había desconcertado a Kowalski sobre el pequeño punto de la medianoche fue la respuesta del Centro de Planetas Menores a su informe. La página web había publicado el descubrimiento de inmediato, pero cuando trató de añadir más datos, el sistema se mantuvo en silencio.

Tim Spahr, el director del Centro de Planetas Menores, encontró el porqué a la mañana siguiente. El software del centro calcula automáticamente las órbitas, pero este asteroide estaba inusualmente cercano a la Tierra. “La computadora se dirigió a mí en busca de ayuda”, dice Spahr. Hizo algunos cálculos rápidos sobre los datos de Kowalski para averiguar la ruta del asteroide, que es ahora llamado 2008 TC3. “Tan pronto como lo miré e hice una órbita a mano, fue evidente que iba a golpear la Tierra”, dice.

El brillo de 2008 TC3 sugirió que tenía sólo unos pocos metros de ancho y, suponiendo que se trataba de un asteroide rocoso común, probablemente se divididiría en fragmentos poco después de entrar en la atmósfera. Pero tan seguro como podría parecer, Spahr tenía procedimientos a seguir. Llamó a Lindley Johnson, jefe del programa de la NASA sobre Observación de Objetos Cercanos a la Tierra, en Washington, DC, a su BlackBerry – un número que debe utilizarse sólo en situaciones de emergencia.

“Oye Lindley, es Tim”, dijo Spahr. “¿Por qué te llamaría?”

Johnson respondió: “¿Vamos a tener impacto?”

Spahr también llamó al astrónomo Steve Chesley del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) en Pasadena, California, en el momento en que llevaba a sus hijos a la escuela. Chesley se apresuró en su oficina, corriendo un programa para calcular la órbita del asteroide y “fue sorprendido al ver el 100% de probabilidad de impacto”, dice. “Yo nunca había visto esto antes en mi vida.” Chesley calculó que el asteroide golpearía la atmósfera de la Tierra menos de 13 horas más tarde, a las 2:46 UT del día siguiente, el lugar del impacto sería el norte de Sudán, donde la hora local sería 5:46 am. Él envió sus resultados a la sede de la NASA y el Centro de Planetas Menores, que distribuye un boletín electrónico a una red mundial de astrónomos. Un grupo llamado NEODyS en Pisa, Italia, también confirmó que sería un impacto casi seguro.

A pesar de que varios objetos pequeños, tales como 2008 TC3 golpean la Tierra cada año, los investigadores nunca habían descubierto uno antes de su impacto. El descubrimiento de Kowalski, por lo tanto, proporcionó una oportunidad única para estudiar un asteroide y su desaparición en tiempo real, si los astrónomos podían movilizar recursos en todo el mundo con la suficiente rapidez.

Pronto, mensajes electrónicos (ver nota) y llamadas telefónicas volaban por todo el mundo mientras los científicos corrían a coordinar las observaciones del asteroide. “¡IMPACTO ESTA NOCHE!” escribió el físico Marcos Boslough de los Laboratorios Nacionales Sandia en Albuquerque, Nuevo México, a sus colegas, incluido un ingeniero de Sandia, responsable del seguimiento de los datos de satélites del gobierno de los EE.UU.

Cuenta regresiva para el impacto

Peter Brown, un astrónomo en la Universidad de Western Ontario en Canadá, quien escuchó las noticias del JPL, corrió hacia su observatorio local, dispararó el telescopio y comenzó el seguimiento del asteroide, que parecía “una mancha muy pequeña, débil, y de rápida evolución”, dijo. Alan Fitzsimmons de la Queen’s University de Belfast en Irlanda del Norte llamó a dos de sus colegas, que acababan de llegar al Telescopio William Herschel, en La Palma, en las Islas Canarias, y no estaban programados para el uso del telescopio hasta el día siguiente.

Escuchen muchachos, esto está ocurriendo, esto va a pasar esta noche.

Alan Fitzsimmons
“Escuchen muchachos, esto está ocurriendo, esto va a pasar esta noche”, dijo a los investigadores, quienes se dispusieron a tomar prestada una hora de tiempo de observación de otro astrónomo.

Las observaciones de todo el día, se vertieron en el Centro de Planetas Menores, que publicó nuevos datos y cálculos de la órbita varias veces por hora. La NASA comunicó a otros organismos gubernamentales, incluidos los departamentos de estado y de defensa, y emitió un comunicado de prensa por la tarde diciendo que la colisión podría implicar “un despliegue potencialmente brillante de luces naturales”. Alrededor de una hora antes del impacto, el asteroide se coló en la sombra de la Tierra y fuera de la vista de los telescopios ópticos. Para entonces, los astrónomos de 26 observatorios en todo el mundo ya habían capturado y enviado alrededor de 570 observaciones, lo que permitió al JPL perfeccionar su predicción de la hora de colisión a las 2:45:28 UT, con una incertidumbre de más o menos 15 segundos.

NASA / UNIV. ARIZONA; LUNA LLENA FOTOGRAFÍA; A. Fitzsimmons, REINA DE LA UNIV. BELFAST, R. DE Poorter, EUMETSAT y CHMI (Z. CHARVAT); CORTESÍA DE MÍ Abdelatif MAHIR / M. H. Shaddad / p. JENNISKENS; p. JENNISKENS
Mientras avanzaba la cuenta regresiva, Jacob Kuiper agitó el ambiente. Kuiper, un meteorólogo de aviación en el turno de noche en el Real Instituto Meteorológico de los Países Bajos en De Bilt, había visto un e-mail acerca del asteroide. Y él estaba preocupado de que nadie veiera la explosión debido a la baja densidad de población del desierto de Nubia.

Con menos de 45 minutos, Kuiper se dio cuenta que podía notificar a Air France-KLM – la compañía aérea a la que habitualmente emitía información sobre el clima – que probablemente tenía aviones volando sobre África. Unos diez minutos más tarde, el piloto Ron de Poorter recibió un mensaje impreso en la cabina del vuelo KLM 592, que volaba desde el norte de Johannesburgo a Amsterdam. El mensaje daba la latitud y la longitud de la predicción del impacto del asteroide. De Poorter calculó que estaría a una distancia de 1,400 kilómetros de la colisión. No obstante, a la hora desplegada, él y su copiloto atenuaron las luces de instrumentos y se asomaron al noreste.

Muy por encima del avión, el asteroide 2008 TC3 golpeó la parte superior de la atmósfera a unos 12,400 metros por segundo. La colisión calientó y vaporizó el exterior de la roca, rasgando el material de su superficie. El impacto de la roca con los átomos de las moléculas de aire creó un resplandor brillante que a continuación iluminó el desierto. Menos de 20 segundos después, el 2008 TC3 entró en la atmósfera, sugieren los cálculos, y la presión sobre la roca provocó una serie de explosiones que lo destrozó, dejando un rastro de polvo caliente.

Nunca tuvimos tal afirmación concreta de que toda la maquinaria funciona.

Steve Chesley
Desde la cabina de su avión, de Poorter vio chispazos de luz de color rojo amarillento más allá del horizonte, como disparos lejanos. El destello despertó al gerente de una estación ferroviaria de avanzada en el Sudán. En un pueblo cerca de la frontera con Egipto, las personas que regresaban de las oraciones de la mañana vieron una bola de fuego que iluminó y se quemó, de acuerdo a los relatos recogidos más tarde por los investigadores.

Los ojos electrónicos lo vieron también. Los satélites del Gobierno de EE.UU. descubrieron la roca cuando volaba a 65 kilómetros por encima del suelo. Momentos después, fue captada por un satélite meteorológico europeo, que capturó dos nubes de polvo y la luz de la bola de fuego. Una serie de microbarómetros en Kenia utilizados normalmente para vigilar las explosiones nucleares, detectadron las ondas de sonido de baja frecuencia de la explosión, que más tarde Brown calculó que sería equivalente a aproximadamente entre 1 y 2 toneladas de TNT, aproximadamente una décima parte del tamaño de la bomba atómica cayó sobre Hiroshima.

El seguimiento de la trayectoria de la bola de fuego por los satélites de EE.UU. mostró que el JPL predijo con exactitud la ubicación del objeto dentro de unos kilómetros y unos pocos segundos. “Nunca tuvimos tal afirmación concreta de que toda la maquinaria funciona”, dijo Chesley.


Nota
En el grupo de Yahoo Cometas_obs de España (con colaboraciones de astrónomos de otros países) también se dió la noticia mediante un mensaje del 6 de octubre de 2008. Se puede ver el texto en el soporte documental. A este mensaje siguieron una buena cantidad de datos proporcionando las observaciones, coordenadas y estimaciones de órbita del objeto.


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El asteroide que exterminó a los Dinosaurios no inició incendios globales

Publicado por kidcooler en 28 Febrero, 2009

La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene.

Jorge Luis Borges

Desde Nature
Por: Philip Ball
Traducción: KC


Aceite y gas quemados, mas no la vegetación, pudieron haber causado la capa de hollín, al final del Cretácico.

El impacto de un gran asteroide o un cometa al final del período Cretáceo hace 65 millones de años, generalmente se considera como responsable de la repentina desaparición del 60-80% de todas las especies en la Tierra. Pero los nuevos resultados retan la idea común de que las extinciones fueron causadas en parte por incendios forestales a escala mundial provocados por el violento impacto.

Claire Belcher y sus colegas en la Universidad Royal Holloway de Londres, en Surrey, Reino Unido, señalan en un documento de las Actas de la Academia Nacional de Ciencias de los EE. UU.1 que el hollín diseminado en los depósitos de rocas sedimentarias formadas en el momento del supuest impacto no es, como ya se afirmó, la prueba de incendios rampantes causados por el impacto del meteorito.

El grupo ha analizado las mezclas de moléculas basadas en carbono llamadas hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) en el material de hollín de estas rocas, y encontraron que las composiciones de las mezclas no suelen coincidir con las producidas por la quema de vegetación. En cambio, se parecen a las que se forman cuando los hidrocarburos como el gas y el aceite son quemados.

Tema candente

Los investigadores piensan que el hollín proviene de la combustión de hidrocarburos en las rocas del sitio de impacto – que se piensa que es la región de Chicxulub en la costa norte de la península mexicana de Yucatán, donde un cráter ahora sumergido en parte, de unos 180 km de diámetro, ha sido fechado indicando el momento de la extinción en masa que separa el Cretácico de la Era Terciaria.

Una capa mundial de hollín en las rocas de esta edad fue descubierta a finales de 1980, y fue interpretada como resultado del calor que generan los incendios forestales dispersos en todo el mundo. Según esta hipótesis, vastas zonas de plantas terrestres se consumieron en llamas, posiblemente quemando a muchas especies animales incluidos los dinosaurios.

Pero desde hace varios años, Belcher y sus colegas han puesto en tela de juicio la idea de que la Tierra estaba envuelta en llamas durante años después del impacto. En 2003 se informó de que los estratos de roca en América del Norte que datan del límite Cretácico-Terciario mostraron pocas pruebas de carbón de leña, que se esperaría como resultado de la quema de vegetation2. En cambio, se especuló que el hollín en esas capas provino de la combustión de hidrocarburos.

Ahora el equipo afirma haber agrupado evidencias de esto: huellas químicas de la fuente de hollín, en forma de 21 HAP diferentes separadas e identificadas mediante la técnica de cromatografía de gases.

Belcher dice los nuevos resultados también responden a las críticas de sus trabajos anteriores sobre la aparente falta de carbón de leña en el hollín. Algunos otros investigadores han sugerido que los incendios podrían haber sido demasiado intensos para dejar cualquier rastro de carbón. Pero Belcher dice que los HAP que encontró consideran tienen estructuras moleculares características de una formación a relativamente bajas temperaturas.

Cenizas a cenizas

Sin embargo, ella y sus colegas podrían hacer algo más de persuación. Bernt Simoneit, un geo químico orgánico en la Universidad Estatal de Oregon en Corvallis, se pregunta si las proporciones de los HAP en los diferentes productos de combustión son una discriminación suficientemente para identificar la firma de la fuente del combustible.

Él también dice que las fuentes de hidrocarburos de petróleo en profundidades “son muy escasos en la actualidad o en épocas pasadas”, y que la biomasa de la vegetación supera con creces la cantidad de petróleo cerca de la superficie. Belcher y colegas, sin embargo, señalan que Chicxulub está muy cerca del mayor reservorio de petróleo de Mexico, el campo Cantarell.

Independientemente del lugar donde el vino de hollín, parece claro que grandes cantidades fueron arrojadas a la atmósfera por el impacto, bloqueando la luz solar y tal vez provocando un enfriamiento global – causando un invierno de impacto.

“El hollín, sin duda, tuvo un impacto significativo sobre la vida en ese tiempo, pero es poco probable para representar a la firma de incendios forestales mundiales”, dice Belcher. Ella dice que hay signos claros de que la vida de las plantas se vio gravemente alterada, pero que esto podría haberse debido al calor de la bola de fuego durante el impacto y la oscuridad, el frío y las intoxicaciones (de productos tóxicos de la quema de hidrocarburos) globales que podrían haber seguido. “Creo que la idea de un incendio forestal mundial está comenzando a ser desechada”, añade.

Referencias:
(1). Belcher, C. M., Finch, P., Collinson, M. E., Scott, A. C. & Grassineau, N. V. Proc. Natl Acad. Sci. USA. [doi:10.1073/pnas.0813117106] (2009).
(2). Belcher, C. M., Collinson, M. E., Sweet, A. R., Hildebrand, A. R. & Scott, A. C. Geology 31, 1061–1064 (2003).

Imagen: El impacto que se piensa que exinguió a los dinosaurios puede que no haya dado lugar a incendios a nivel mundial. NASA

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