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El límite de la razón… y de la irracionalidad

Publicado por keithcoors_00 en 11 agosto, 2010

¿No te parece, que es una vergüenza para el hombre, que le suceda lo que a los más irracionales de los animales?

Sócrates



Desde Newsweek
Por Sharon Begley
Traducción y comentarios: KC


Por qué la evolución puede favorecer la irracionalidad.

Las mujeres son malas conductoras, Saddam Hussein planeó el 9/11, Barack Obama no nació en los EE. UU., e Irak tenía armas de destrucción masiva: creer cualquiera de estas afirmaciones requiere la suspensión de algunas de nuestras facultades de pensamiento crítico – y en lugar de eso sucumbir a la clase de irracionalidad que vuelve locos a quienes poseen una la mente lógica. Ayuda, por ejemplo, utilizar el sesgo de confirmación (ver y recordar únicamente la evidencia que apoya tus creencias, de forma que puedes relatar ejemplos de mujeres conduciendo a 50 km/h en el carril rápido). Ayuda también a no poner a prueba tus creencias respecto a los datos empíricos (¿dónde, exactamente, están las armas de destrucción masiva, después de siete años de rastreo de las fuerzas de EE.UU. en todo Irak?); a no someter las creencias a la prueba de plausibilidad (la falsificación de certificados de nacimiento de Obama ¿requeriría una conspiración generalizada?); y a no ser guiados por la emoción (la pérdida de miles de vidas estadounidenses en Irak se siente más justificada si se quiere vengar el 9/11).


El hecho de que los humanos están sujetos a todas estas deficiencias del pensamiento racional parece no tener sentido. La razón se supone que es el mayor logro de la mente humana, y la ruta a los conocimientos y a las decisiones sabias. Pero como los psicólogos han estado documentando desde la década de 1960, los seres humanos somos muy, muy malos en esto del razonamiento. No es sólo que seguimos nuestras emociones muy a menudo, en contextos que van desde las elecciones hasta la ética. No, incluso cuando tenemos la intención de desplegar toda la fuerza de nuestras facultades racionales, estas son a menudo tan ineficaces como los eunucos en una orgía.


Una idea radical en las filas de los filósofos y los científicos cognitivos sugiere por qué esto es así. La razón por la que caemos en el sesgo de confirmación, por la que somos ciegos a los contraejemplos, y por la que nos quedamos cortos de la lógica cartesiana en muchos otros casos, es que estas fallas tienen un propósito: nos ayudan a “diseñar y evaluar los alegatos que tengan por objeto persuadir a otra gente”, dice el psicólogo Hugo Mercier de la Universidad de Pennsylvania. Las fallas de la lógica, proponen él y el científico cognitivo Dan Sperber del Institut Jean Nicod en París, son de hecho maniobras eficaces para ganar en las discusiones.


Eso pone al razonamiento pobre bajo una luz completamente diferente. Discutir, después de todo, es menos búsqueda de la verdad y más sobre superar los puntos de vista contarios a los nuestros. Así, mientras que el sesgo de confirmación, por ejemplo, nos puede inducir a error acerca de lo que es cierto y real, dejando que los ejemplos que apoyan nuestro punto de vista monopolizcen la memoria y la percepción, maximiza la artillería que manejamos al tratar de convencer a alguien de que, por ejemplo, realmente “llega tarde todo el tiempo”. El sesgo de confirmación “tiene una explicación sencilla”, argumenta Mercier. “Contribuye a la argumentación eficaz.”


Otra forma de razonamiento defectuoso aparece en acertijos de lógica. Consideremos el silogismo “Ningún C es B, todos los B son A, por lo que algunos A son C” ¿Es verdad? Menos del 10 por ciento de nosotros se da cuenta de que lo es, dice Mercier. Una razón es que para evaluar su validez requiere la construcción de contraejemplos (encontrar un A que es una C, por ejemplo). Pero encontrar contraejemplos pueden, en general, debilitar nuestra confianza en nuestros propios argumentos. Las formas de razonamiento que son buenas para la resolución de acertijos de lógica, pero malas para ganar discusiones, perdieron a lo largo de la evolución, contra las que nos ayudan a ser persuasivos, pero nos llevan a luchar con silogismos abstractos. Curiosamente, los silogismos son más fáciles de evaluar en forma “no hay seres voladores que sean pingüinos; todos los pingüinos son aves; por lo tanto algunas aves son no voladoras.” Eso es porque somos más propensos a discutir acerca de animales que de letras como A, B y C.


El tipo de pensamiento erróneo llamado razonamiento motivado también impide nuestra búsqueda de la verdad pero hace que las discusiones avancen. Por ejemplo, tendemos a buscar con mayor insistencia los defectos en un estudio cuando no estamos de acuerdo con sus conclusiones y somos más críticos con la evidencia que socava nuestro punto de vista. Así los conspiranoicos desestiman evidencias presentadas por los funcionarios de Hawai acerca de que el certificado de nacimiento de Obama es real, y los opositores de la pena de muerte son expertos para encontrar fallas en los estudios que concluyen que la pena capital disuade al crimen. Si bien el razonamiento motivado puede nublar nuestra visión de la realidad y nos impide la evaluación objetiva de las pruebas, dice Mercier, por sintonizarnos con los defectos (reales o no) de la evidencia, nos prepara para lanzar una estrategia avasalladora de argumentos.


Incluso la falacia de coste perdido, que ha animado tanto a los partidarios de una guerra perdida (“Ya hemos perdido tantas vidas, que sería una traición retirarnos”) como a los inversionistas en acciones perdedoras (“He mantenido estos títulos tanto tiempo”), refleja el razonamiento que da la espalda a la lógica, pero gana discusiones, porque las emociones a las que apela son universales. Si Mercier y Sperber tienen razón, la falacia del costo perdido, el sesgo de confirmación, y otras formas de irracionalidad estarán con nosotros siempre y cuando los seres humanos disfrutemos de discutir. Es decir, para siempre.


Imagen de entrada: Scott Barbour—Getty Images. “El pensador” por el escultor Francés Auguste Rodin.


Comentarios.


Los resultados de Mercier y Sperber podrían explicar el por qué a veces los seres que amamos en ocasiones intentan apabullarnos con argumentos irracionales. Y es que desde muy jóvenes nos gusta “ganar” en estas confrontaciones diarias con los que nos rodean. Acabo de prohibir a mi hijo de 14 años que use la computadora como resultado de un argumento que esgrimió basado en falsedades (o en sesgo de confirmación); le habíamos autorizado usar la PC con internet por 30 minutos y se le hizo poco tiempo, por lo que argumentó en tono lastimero “¡Llevo tres dias sin usar la compu!”. Era evidente que no era así, pero de seguro él no quiso recordar que la había usado ayer, antier y toda la semana.


Es obvio que su argumentación no era para desacreditar nuestro punto de vista como padres, sino para lograr su objetivo de usar la PC por más de 30 minutos. Su expresión de extrañeza cuando se le recordó que no había dejado de usar la PC ni un sólo día durante la última semana, mostró que le costaba trabajo recordar sus sesiones, dificultad a su conveniencia. Pero esa falla de razonamiento le costó la prohibición.


Así, hay mucha gente que no desea perder, aunque no se trate de una pérdida real sino de un leve retroceso. Algunos se empecinan en atacar y atacar y atacar hasta que se convierten en verdaderos energúmenos irracionales, llenos de rencor y sed de venganza. 


¿Hasta dónde resulta conveniente llevar esta situación? Mi adivinanza educada es que quienes lo hacen en forma reiterada, sin dar espacio a un resquicio de reflexión, eventualmente sufrirán algún trastorno, al estilo de una parálisis, o una diabetes o un ataque cardiaco. O en el peor de los casos, un arresto, una condena o la muerte misma. En realidad no vale la pena llevar a tal extremo la irracionalidad. Pero eso es asunto de ellos. Por acá nos gusta ganar, sí, pero no a costas de nuestra salud, de nuestra felicidad o de nuestra tranquilidad.


¡Bendita inteligencia y bendita razón que nos indican los límites de la irracionalidad!

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Los errores del Diseño Inteligente: Macroecolución y microcreacionismo

Publicado por keithcoors_00 en 9 julio, 2010

Evoluciones progresivas que crecen cada vez más, son la materia de la historia.

Novalis



Desde eSkeptic
Por David Eller
Traducción: KC


Otro error en el diseño inteligente del creacionismo



Una táctica estándar utilizada por los creacionistas para atacar la evolución es contrastar la microevolución (es decir, dentro de la evolución de las especies, que ellos aceptan) con la macroevolución (es decir, entre la evolución de las especies, la cual rechazan terminantemente). La microevolución, conceden, puede o no ocurrir. Pero afirman que la macroevolución o bien nunca se ha observado o es teóricamente imposible. Argumentan que si bien la microevolución puede ser cierta, es trivial, y que la pretensión principal de la evolución – la evolución y la aparición de especies – o bien no está fundamentada o es falsa.


Esta falta de consideración sobre macrofenómenos, tales como la vida humana, la tierra, o el universo, sirve entonces como una oportunidad para sugerir que la creación es la única alternativa plausible para el origen de la vida. Esta conclusión padece de la falacia del tercero excluido o falso dilema (porque B es falso no significa que A sea verdadero). Pero, irónicamente, el “éxito” de de la empresa “científica” creacionista, en particular su más reciente y “seria” encarnación – el Diseño Inteligente (DI) – llega hasta este punto de basarse en afirmaciones relativas a pequeños procesos fragmentarios en subespecies más que los macroprocesos, que tiene tanto interés en negarlos para la evolución.


Yo sostengo en este artículo que el creacionismo se enfrenta a su propio reto de distinción entre lo micro y lo macro, y que el DI hasta ahora sólo ha centrado (y hecho afirmaciones) sobre microprocesos. Por último, quiero plantear que cualquier logro de la microcreación que haya obtenido o pudo haberse imaginado, ni apoyan el caso de la macrocreación ni debilitan el caso de la macroevolución.



Microevolución y Macrocreación

La síntesis moderna de la teoría evolutiva apunta a ser una teoría “completa”. Postula los procesos que funcionan en los niveles de las subespecies, así como en los de las especies y de manera uniforme en todo el mundo viviente. Los detalles pueden variar, pero los sistemas bioquímicos, las especies y los sistemas vivos como un todo, evolucionarán por medio de procesos naturales. Por último, la mayoría de (si no es que todos) estos procesos – mutación, selección natural, deriva genética, simbiosis, etc – han sido identificados y descritos.


Incluso dentro de la teoría evolutiva, la distinción entre “micro cambios” y “macro cambios” es ampliamente aceptada. En el sentido más simple, la microevolución es la modificación de una especie. Es la (relativamente) pequeña variación o desarrollo que lleva, por ejemplo, a una especie de polilla a tener diferentes colores o que existan cepas diferentes de una especie de bacterias. El propio Darwin dijo lo mismo cuando describió la “descendencia con modificación”, como la acumulación gradual de la novedad y la diversidad. Antes de pasar de una “masa crítica” de modificaciones acumuladas, la evolución se dará dentro de una especie. Sin embargo, en un momento dado, un umbral se llega a cruzar, y la novedad acumulada dará como resultado una transición entre las especies, la aparición de una nueva especie a partir de una anterior – es decir, especiación. Aún más, a un nivel todavía más alto, se debe cruzar un umbral para pasar de un orden completo, o una clase, o en última instancia un reino de especies: en algún momento, los primates deben apartarse de los mamíferos, los mamíferos de los reptiles, e incluso los animales de las plantas. Por supuesto, este logro podría llevar muchas, muchas generaciones, así que no esperaríamos observar que esto sucede ante nuestros ojos, a diferencia de la microevolución, que a menudo se observa en unas cuantas generaciones de una especie y dentro de la vida de un observador humano. Sin embargo, si se produce realmente la macroevolución, debería dejar algunas huellas, sobre todo “formas de transición”, que enlazan primates con otros mamíferos, mamíferos con los reptiles, y animales con las plantas.


El creacionismo es más difícil de precisar, ya que tiene muchas versiones diferentes y  contradictorias entre sí. Algunos sostienen que uno o más seres sobrenaturales dieron existencia a todas las variedades de vida del universo, de una sola vez, con una palabra o pensamiento. Otros afirman que la creación ha sido un fenómeno más “en curso”, con un creador trabajando a través de procesos físicos o naturales para lograr las condiciones existentes en la actualidad. Algunos piensan que todo fue un logro más reciente, algunos piensan que es muy antiguo. Algunos afirman tener conocimiento específico de la creación, otros ofrecen sólo la sugerencia de que hay o hubo una creación. No importa cuáles son los detalles, el creacionismo también pretende ser una explicación completa. De hecho, pretenda o no pretenda serlo, está obligada a ser completa, ya que ninguna teoría puede dejar hechos y procesos clave en paraderos desconocidos.


De los creacionismos disponibles, el que más busca y afirma la respetabilidad científica es el DI. Se compone de una variedad de actividades académicas, algunas “lógicas” o polémicas (en esencia, tratando de desacreditar la teoría evolutiva) y algunas “empíricas” o evidenciales. Entre los trabajos probatorios del movimiento, tal vez el libro de Michael Behe La Caja Negra de Darwin (1) representa mejor lo que significa “ciencia de la creación”. En este libro, Behe describe, con terminología bastante técnica, ciertos sistemas biológicos, incluyendo los flagelos de los protistas, el ojo humano, y el sistema de coagulación de la sangre, y argumenta que revelan una naturaleza muy ordenada e “intencional”. Cada sistema está montado a partir de piezas múltiples que individualmente no tienen ninguna función útil, pero que, juntos de una manera específica, tienen una función muy valiosa. Por lo tanto, estos sistemas evidencian una “complejidad irreducible” que no evolucionan (ni podrían evolucionar) sin querer. Las partes del sistema tenían que haber sido diseñadas a propósito, es decir en forma inteligente, con su objetivo – la combinación y la función – en mente.


El trabajo de Behe, y, hasta donde yo sé, el posterior trabajo del DI, no hacen ninguna afirmación empírica explícita sobre el diseño a gran escala. Por ejemplo, Behe no afirma en La Caja Negra de Darwin que los humanos fueron diseñados de forma inteligente o que la Tierra o el Universo fueron diseñados así. Hay, por supuesto, otros investigadores que intentan ampliar la noción de diseño, algunos de ellos asociados con el movimiento DI. Aquellos que favorecen el “principio antrópico” (2), especialmente en su “versión fuerte”, insisten en que el universo mismo muestra tales cualidades complejas, poco probables e intencionales, que debió haber sido diseñado por una inteligencia no inmanente. Esto sin duda constituiría una visión “macrocreacionista”. Una explicación creacionista científica de la aparición de la especie humana o de cualquiera (y todas) de las especies necesariamente sería macrocreacionismo.


Sin embargo, Behe y la mayor parte de los esfuerzos del movimiento DI no se dirige a este nivel ni a resolver estas cuestiones. Se centran en subespecies, fenómenos a nivel micro, como los flagelos y ojos. Estas explicaciones constituyen una especie de microcreacionismo – afirmaciones sobre la forma en que sistemas de nivel inferior, dentro de una especie o partes de sistemas, llegaron a existir. La microcreación, entonces, es perfectamente comparable a la microevolución. Pero tampoco es una teoría suficiente por sí misma. La evolución demanda una macroevolución, y el creacionismo demanda una una macrocreación.


Antes de proceder a preguntarnos si la microcreación apoya la macrocreación (y refuta la macroevolución), vamos a hacer otra pregunta: ya que el creacionismo de cualquier tipo tiene la intención de desplazar y sustituir la evolución, ¿por qué habría que dar crédito a la microevolución, que podría servir de base para la macroevolución? ¿Por qué tolerar cualquier nivel de la evolución? Una respuesta posible es que los creacionistas DI no ven la microevolución como amenaza para su programa. Mientras que las cualidades “básicas”, o “fundamentales”, o “irreductibles” se pongan en movimiento – algo que no podría haber ocurrido a través de procesos “ciegos” y “tontos”, de acuerdo con los simpatizantes del DI – entonces pueden permitirse retoques del tipo microevolutivo. En otras palabras, un diseñador inteligente es necesari para diseñar el ojo, pero una vez diseñado, el ojo podría microevolucionar hacia versiones diferentes.


Una respuesta más probable, sin embargo, es que los creacionistas DI no niegan la microevolución porque no pueden negarla. Es perfectamente obvio e incontrovertible que sucede. Observamos variaciones en rasgos, incluso características totalmente nuevas, que surgen de manera rutinaria y habitual en las especies existentes. Las bacterias y los virus (micro-) evolucionan hacia nuevas cepas resistentes a los medicamentos. Insectos (micro-) evolucionan hacia nuevos tipos. Hasta los seres humanos tenemos perros y gatos artificialmente (micro-) evolucionados, por ejemplo, en una plétora de diferentes razas, y con las tecnologías genéticas nos encontramos en el punto – o hemos cruzado el punto – de (micro-) evolucionar todo tipo de plantas y animales. Se requeriría un grado suicida de estupidez para negar que la microevolución ocurre bastante a menudo y con facilidad. Los creacionistas científicos insisten, sin embargo, que tales hechos no tienen nada que ver con y prestar oídos a la macroevolución.



¿Es la Microcreación un argumento efectivo?

Es fácil ver que la teoría y la investigación DI es una especie de proyecto microcreacionista, a la par con la microevolución. Ambos programas son interesantes, pero ninguno se refiere a la pregunta más grande e inevitable. Sin embargo, nadie dudaría que la microcreación tiene la intención de allanar el camino para la macrocreación, de la misma manera que la microevolución es un paso incremental en la macroevolución. Entonces, las dos preguntas para nosotros son: (1) ¿La microcreación hace más sólido el caso de la macrocreación, y (2) ¿La microcreación hace más débil el caso de la macroevolución?


Desafortunadamente para los entusiastas del DI, ambas respuestas son no. Es, en definitiva, un argumento ineficaz, aun cuando se probase como cierto.


¿Por qué la microcreación no refuerza el caso de la macrocreación? En primer lugar, en el mejor de los casos la macrocreación es una analogía o extrapolación de la microcreación y en el peor una mala aplicación errónea de la misma – un ejemplo de la falacia de composición. Esta bien conocida falacia establece que no se debe atribuir una característica de un objeto completo, simplemente porque se atribuye a una parte del objeto. Lo mismo podría ser sostenido sobre la microevolución, pero en realidad no puede ser, como veremos más adelante.





Uno de los muchos cargos graves contra la microcreación es que no ofrece ninguna clase de mecanismos específicos para el proceso de creación. Si se ha diseñado un flagelo, o un ojo, o un sistema de coagulación ¿cómo se diseñaron? Una afirmación no es científica o teórica simplemente tomando asuntos factuales como su tema principal; una respuesta científica o teórica sugiere algunos mecanismos o medios por los cuales estos hechos se produjeron. Al decir “fue diseñado” no se dice nada. ¿Cuáles son los pasos en el proceso de diseño? ¿Cómo es que el diseño se implementa en la materia física real? Si estas preguntas no pueden responderse en el nivel de microcreación, entonces ésta es inútil como premisa para el nivel macrocreación.


Relacionada con la cuestión del método de diseño está la pregunta del diseñador: ¿quién o qué es este diseñador? Los teóricos de DI no puede eludir el hecho de que una entidad inteligente específica se postula como la solución a lo que ellos consideran problemas insuperables de otro modo; procesos naturales “sin sentido” no pueden dar cuenta de los resultados, así que debe haber un procesador consciente. Pero de nuevo, esta es una respuesta nula si no tiene más contenido. Es cierto que Behe especula sobre un creador, suponiendo que podría ser una forma de vida extraterrestre o un ser interdimensional, o incluso a la idea convencional de un dios. Sin embargo, la especulación no es conocimiento, y la respuesta – cualquier respuesta – sobre la que se asienta el DI, se enfrenta a otra pregunta aún más inquietante: ¿de dónde proviene de ese diseñador? Si todos los fenómenos irreductiblemente complejos tienen un creador, y el creador es de una complejidad irreducible, entonces el creador debe tener un creador, ad infinitum. Al no haber resuelto este problema (de hecho, probablemente comenzó siendo un problema sin solución), no se puede extrapolar una solución de lo micro a lo macro.


Por último, aunque la microcreación podría resolver un microproblema – es decir, la explicación de la “función” o “fin” a nivel micro – no dice nada ni puede decir nada sobre la cuestión de la macrofunción o macropropósito. Bueno, vamos a conceder que la finalidad de todas las partes de complejidad irreducible de un flagelo es la movilidad de un protozooario, y alguna inteligencia ha creado y montado las piezas para esa función. ¿Cuál es el propósito de ese protozooario? Una forma de vida unicelular es sin duda compleja, pero ¿para qué sirve? El diseño sin propósito es irracional; ser diseñado no tiene que significar sólo “diseñado por” sino “diseñado para”. Vamos a conceder que el ojo humano está diseñado con el propósito de la visión de los humanos. ¿Cuál es el propósito de la visión? ¿Cuál es el propósito del ser humano? Del mismo modo ¿cuál es el propósito de un mosquito, un planeta o un universo? A nivel macro, el objetivo parece escapar, incluso si es detectable en el nivel micro. Supongo que podría ser posible concluir que una inteligencia diseñó el flagelo y luego dejó a los protistas su explotación, o que él / ella diseñó el ojo y luego dejó que los seres humanos le dieran uso, pero estoy seguro de que esto no es donde los macrocreacionistas quieren terminar, y en última instancia, también parece absurdo. No se puede dejar a flagelos y ojos esperando que algo interesante pase con ellos.


Así que parece que, incluso si admitimos las afirmaciones de los microcreacionistas (y no lo hacemos), esto no las apoya ni siquiera un poco. Consideremos, pues, nuestra otra pregunta: ¿Disminuye la microcreación la probabilidad o la sensatez de la macroevolución? Nuevamente, la respuesta es no. En primer lugar, la microcreación no refuta la microevolución y podría, de hecho, depender de ella, tal vez un diseñador diseñó el primer flagelo u ojo, pero a menos que él o ella fuese muy laborioso, cada una de instancias particulares de un flagelo o del ojo no fue creada de forma independiente. Es decir, incluso si concedemos que “el ojo” (el proyecto básico o plan para un ojo) fue diseñado, eso no quiere decir – y no creo que los microcreacionistas quieran insistir – que el ojo humano se diseñó de forma independiente que el ojo del gato, con independencia del ojo del pez, de forma independiente del ojo de pájaro, etc Así que podrían permitir, y probablemente deban hacerlo, tras haber establecido el “modelo” o “plan maestro” en movimiento, el diseñador pudo dar, o dio, un paso atrás y dejó a los procesos microevolutivos en funciones.


También, como hemos dicho, los creacionistas no pueden negar la microevolución, a menos que quieran sostener que cada vez que una nueva cepa de virus evoluciona, en realidad es el diseñador retrocediendo para rediseñar su creación. Si bien es posible imaginarlo, es difícil de creer e imposible de probar, y aún se plantea la objeción: ¿por qué un diseñador benéfico continúa mejorando sus plagas?


El aspecto realmente perjudicial de la tolerancia creacionista hacia la microevolución, sin embargo, es el siguiente: la microevolución tiene un mecanismo. Incluso el creacionista más obstinado que acepta la realidad de la microevolución, debe admitir que opera a través de procesos naturales tales como la selección natural, deriva genética, mutación, simbiosis,  selección preferencial, etc. Sin embargo, una vez permitidos estos procesos en el mundo, no hay modo de restringir su alcance. Si estos procesos pueden provocar modificaciones menores, o por lo menos dentro de una especie, en un tiempo reducido, en principio no hay razón para que estos mismos procesos no puedan efectuar modificaciones importantes, es decir, de especiación, sobre tiempos verdaderamente grandes.


Además, puesto que la microevolución no depende de un concepto problemático como el (micro-) propósito, no hay exigencias para que la macroevolución satisfaga cualquier (macro-) cualificación para un fin. La evolución, desde Darwin en adelante, se basa estrictamente en fuerzas “ciegas” o no-teleológicas, aquellas que funcionan igualmente bien en los niveles micro y macro. Es por ello que se indicó al principio que la evolución es una teoría completa, dado que abarca tanto micro como macro variación y el surgimiento de especies exactamente bajo los mismos mecanismos. No necesita (aunque podría hacerlo con un esfuerzo en consonancia) accesorios ni fuerzas o factores externos. En otras palabras, la microevolución es lo mismo que la macroevolución en todos los sentidos importantes, y la microcreación no puede cambiar y no cambia ese hecho. En realidad, es un salto mucho más grande de microcreación a macrocreación de lo que es de la microevolución a la macroevolución.


Una última objeción que algunos anti-evolucionistas podrían plantear es que las formas “de transición” que podemos predecir, no existen. Sostienen que esto debilita, si no falsifica, el caso de la evolución. La respuesta a este cargo es triple. En primer lugar, un gran número de formas de transición han sido descubiertas, y es poco ingenioso de los críticos seguir pidiendo “eslabones perdidos” cuando los vínculos se proporcionan; siempre es posible decir: “Bueno, usted ha encontrado un vínculo entre el 1 y 2, a saber, 11/2, pero ¿cual es el eslabón perdido entre 1 y 11 /2?”. Esta reducción al absurdo debe ser resistida, y los creacionistas debe sentirse obligados a explicar cuando se cumple con las pruebas intermedias. Mi temor es que nunca se sentirán así.


En segundo lugar, los críticos de la evolución deben reconocer que la investigación evolutiva, no lleva tanto tiempo realizándose, y que las limitaciones de la fosilización y la excavación hacen que el descubrimiento de todas las formas, de transición o no, un asunto difícil. Algunos evolucionistas han llegado a sugerir que los períodos de transición pueden haber sido relativamente cortos y abruptos (la noción de “equilibrio puntuado”), una repentina especiación masiva similar a la extinción súbita y masiva al final del Pérmico y del Cretácico. Si este es el caso, entonces sería menos probable que las formas de transición sean descubiertas en el corto plazo. Algunos responden que se trata de una solución oportunista a un problema serio, y que puede ser una solución precisa al problema.


En tercer y último lugar, la demanda de las formas de transición es una espada de doble filo para los creacionistas. Los adversarios del creacionismo podrían con justificación solicitar pruebas de los diseños de transición. Estas pruebas podrían consistir en diseños que se encuentran entre otros diseños (es decir, el ojo de transición entre un humano y un gato o un ser humano y reptiles), o que están “en desarrollo” o sin terminar (es decir, proyectos para un ojo o un ojo “en curso”). Dado que nunca he oído hablar de tales evidencias, ni he oído hablar a un microcreacionista sobre tales evidencias, se puede llegar a la conclusión de que no existen. Por supuesto, ellos podrían responder que el diseñador no sólo es inteligente, sino perfecto, así que él o ella no tiene diseños a medio desarrollo o sin terminar, pero esta es un postulado de cualidad adicional del diseñador que se debe ser probada, y la afirmación es al menos tan oportunista como cualquier teoría del equilibrio puntuado que los evolucionistas han ido avanzado.






Conclusión: El fracaso de la Microcreación

La microcreación falla en todo sentido. No es una explicación completa de los fenómenos naturales. Se produce un error en un número de niveles: no tiene en cuenta las entidades de nivel macro, ni conduce inevitablemente a la macrocreación como una “segunda etapa” en la creación, ni plantea un mecanismo por el cual cualquiera de ambas podrían ocurrir. Además, no refuta la evolución como una explicación racional y completa de los mismos fenómenos. De hecho, en general, soporta la microevolución, que lleva inevitablemente a la macroevolución en una segunda fase de la evolución y prevé un mecanismo por el cual se realizan ambas.


Porque, al final, la microevolución no es más que la descendencia con modificación en el corto plazo, y la macroevolución es la descendencia con modificación en el largo plazo. En otras palabras, la macroevolución no es más que la acumulación de cambios microevolutivos. La única diferencia entre ellos es la escala de tiempo. No puede decirse lo mismo de la microcreación y la macrocreación. La macrocreación no es la acumulación de eventos microcreacionistas, y si lo fuera, entonces la macrocreación sería “ciega” o incidental. No se consigue un flagelo en el corto plazo y un protozoo en el largo plazo. ¿Dónde reside el flagelo mientras tanto? Podemos concluir con seguridad que la microcreación falla como una explicación de los fenómenos, incluso a nivel micro y que, incluso si tuviese éxito en ese nivel, aún no sería como base de la macrocreación.



Referencias


1. Behe, Michael. 1996. Darwin’s Black Box. NY: The Free Press.
2. Por ejemplo, Barrow, John y Tipler, Frank 1988. El principio cosmológico antrópico. NY: Oxford University Press y Tipler; Frank 1995. La física de la inmortalidad: la cosmología moderna, Dios y la Resurrección de los Muertos. NY: Doubleday.

(Reprinted with permission from the copyright holder the Skeptics Society and Skeptic magazine, www.skeptic.com)

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La evolución del gato doméstico

Publicado por keithcoors_00 en 16 junio, 2009

El gato no nos acaricia, se acaricia contra nosotros.

Conde de Rivarol


Desde Scientific American
Por Carlos A. Driscoll, Juliet Clutton-Brock, Andrew C. Kitchener y Stephen J. O’Brien

Traducción y resumen: KC


Hallazgos genéticos y arqueológicos apuntan a que los gatos salvajes se convirtieron en caseros antes y en un lugar diferente de lo que se había pensado. 

Es por turnos distante y afectuoso, tranquilo y salvaje, entrañable y desesperante. A pesar de su naturaleza mercurial, sin embargo, el gato casero es la mascota más popular en el mundo. Un tercio de los hogares estadounidenses tienen miembros felinos, y más de 600 millones de gatos viven entre los seres humanos en todo el mundo. Sin embargo, tan familiar como son estas criaturas, la completa comprensión de sus orígenes ha sido muy difícil de lograr. Mientras otros, que en un tiempo eran animales salvajes, fueron domesticados por leche, carne, lana o como fuerza de trabajo, los gatos no contribuyen prácticamente en nada para la forma de sustento o de trabajo de nuestras actividades humanas. ¿Cómo fue, entonces, que se convirtieron en accesorios comunes en nuestros hogares?

Los estudiosos pensaron durante mucho tiempo que los antiguos egipcios fueron los primeros en tener gatos como mascotas, comenzando hace unos 3600 años. Sin embargo, la genética y los descubrimientos arqueológicos realizados en los últimos cinco años han revisado esta situación y han generado nuevas ideas tanto en la ascendencia de los gatos caseros y cómo evolucionó su relación con los seres humanos.

Cuna de gatos

La cuestión de donde surgieron por primera vez los gatos caseros ha sido un desafío a resolver por varias razones. Aunque un buen número de investigadores sospecha que todas las variedades descienden de una única especie de gato -Felis silvestris, el gato salvaje- no podían estar seguros. Además, esa especie no se limita a un pequeño rincón del mundo. Está representada por las poblaciones que viven en todo el Viejo Mundo, desde Escocia hasta Sudáfrica y de España a Mongolia, y hasta hace poco los científicos no tenían forma de determinar de forma inequívoca cual de estas poblaciones salvajes dio lugar al así llamado tipo doméstico. De hecho, como una alternativa a la hipótesis del origen egipcio, algunos investigadores han propuesto que incluso la domesticación se produjo en diferentes lugares, con cada domesticación resultando en una raza diferente. Lo que confunde es el hecho de que los miembros de estos grupos de salvajes son difíciles de diferenciar unos de otros porque todos ellos tienen el mismo patrón de pelaje de rayas curvadas y que al cruzarse libremente entre ellos, se desdibujo aún más los límites de la población.

En el año 2000 uno de nosotros (Driscoll) inició una investigación para hacer frente a esta pregunta, ensamblando muestras de ADN de 979 gatos monteses y gatos domésticos en el sur de África, Azerbaiyán, Kazajistán, Mongolia y el Oriente Medio. Debido a que normalmente los gatos monteses defienden un único territorio de por vida, él esperaba que la composición genética de los grupos de gatos monteses variase con la geografía, pero que siguiese siendo estable con el tiempo, como ha ocurrido en muchas otras especies de gatos. Si los grupos indígenas regionales de estos animales podían distinguirse unos de otros sobre la base de su ADN, y si el ADN de gatos domésticos se asemejan más de cerca de una de las poblaciones salvajes, entonces habría una clara evidencia del lugar en el que la domesticación se inició.

En el análisis genético, publicado en 2007, Driscoll, otro de nosotros (O’Brien) y sus colegas se centraron en dos tipos de ADN que tradicionalmente examinan los biólogos moleculares para diferenciar los subgrupos de las especies de mamíferos: el ADN de las mitocondrias, que se hereda exclusivamente de la madre, y secuencias cortas y repetitivas de ADN nuclear conocidas como microsatélites. Usando rutinas de cómputo establecidas, se evaluó la ascendencia de cada uno de los 979 individuos incluidos en la muestra sobre la base de sus firmas genéticas. Concretamente, se midió qué tan similar era el ADN de cada gato con el de todos los demás gatos y agruparon a los animales con similar ADN juntos. A continuación, preguntaron si la mayoría de los animales en un grupo vivía en la misma región.

Los resultados revelaron cinco grupos genéticos, o linajes, de gatos monteses. Cuatro de ellos correspondían perfectamente con los linajes de las cuatro subespecies de conocidos y salvajes vivían en lugares específicos: F. silvestris silvestris en Europa, F. s. bieti en China, s. F. ornata en el Asia central y F. s. CAFRA en el sur de África. El quinto linaje, sin embargo, incluye no sólo la quinta subespecie de gato montés conocido, sino a los cientos de gatos domésticos que se estudiaron, incluyendo razas puras y mestizas de los EE.UU., Inglaterra y Japón. De hecho, genéticamente, los gatos monteses recogidos en los desiertos remotos de Israel, los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita son prácticamente indistinguibles de los gatos domésticos. Esto significa que los gatos domésticos surgieron sólo en el Oriente Medio, y no en otros lugares donde los gatos monteses son comunes.

Una vez descubierto el lugar de donde vienen los gatos caseros, el siguiente paso era determinar cuándo se habían convertido en domésticos. Los genetistas pueden estimar a menudo cuando sucedió un evento genético en particular, mediante el estudio de la cantidad de mutaciones genéticas al azar que se acumulan a un ritmo constante en el tiempo. Pero este llamado reloj molecular camina muy lentamente para fechar con precisión acontecimientos tan recientes como los últimos 10.000 años, el intervalo probable de domesticación del gato . Para obtener una cuenta de cuándo comenzó la domesticación del gato, se debe acudir al registro arqueológico. Un hallazgo reciente ha mostrado ser específicamente informativo a este respecto.

En 2004, Jean-Denis Vigne del Museo Nacional de Historia Natural de París y sus colegas, informaron haber desenterrado las primeras evidencias indicativas de seres humanos mantenimiento gatos como animales de compañía. El descubrimiento proviene de la isla mediterránea de Chipre, donde 9,500 años atrás, un humano adulto de sexo desconocido fue sepultado en una tumba. Un surtido de artículos acompañaban el cuerpo: herramientas de piedra, un trozo de óxido de hierro, un puñado de conchas marinas y, en una pequeña tumba a tan sólo 40 centímetros de distancia, un gato de ocho meses de edad, con su cuerpo orientado en la misma dirección que el del humano; hacia el oeste.

Porque los gatos no son nativos en la mayoría de islas mediterráneas, sabemos que las personas debieron traerlos por barco, probablemente desde la costa levantina adyacente. Junto al transporte de gatos a la isla y el entierro de la persona humana con un gato indican que la gente tenía una especial relación intencional con gatos cerca de 10.000 años atrás en el Oriente Medio. Este local es coherente con el origen geográfico al que llegamos a través de nuestro análisis genético. Parece, entonces, que los gatos se han domesticado al igual que la humanidad fue el establecimiento de los primeros asentamientos en la parte del Oriente Medio, conocida como el Creciente Fértil.

¿Un juego de gato y ratón?

Establecidas la geografía y una edad aproximada de las fases iniciales de la domesticación gato , se podría comenzar a examinar de nuevo la vieja pregunta de por qué los gatos y los seres humanos han desarrollado una relación especial. Los gatos, en general, no son buenos candidatos para la domesticación. Los antepasados de la mayoría de los animales domésticos viven en rebaños o grupos con claras jerarquías de dominio . (Los seres humanos involuntariamente tomaron ventaja de esta estructura al suplantar al individuo alfa, facilitando así el control de la totalidad de los grupos cohesivos.) Estos animales vivieron en rebaños acostumbrados a vivir en constante proximidad, y al proporcionarles alimentación y vivienda en abundancia, se adaptaron fácilmente al confinamiento.

Los gatos, en cambio, son cazadores solitarios que defienden ferozmente sus territorios de otros gatos del mismo sexo (los orgullosos leones de la actualidad son la excepción a esta regla). Por otra parte, mientras que la mayoría de los animales domésticos se alimentan de alimentos vegetales, los gatos son carnívoros obligados, lo que significa que tienen una capacidad limitada para digerir cualquier cosa que no sea carne, ciertamente un menú raro. De hecho, han perdido la capacidad de probar el sabor dulce de los hidratos de carbono por completo. Y en cuanto a utilidad para los seres humanos, digamos que los gatos no reciben instrucción muy bien. Tales atributos sugieren que mientras que otros domesticados fueron reclutados de la naturaleza por el hombre con el fin de criarlos para tareas específicas, los gatos probablemente fueron elegidos para vivir entre los seres humanos a causa de oportunidades que encontraron para sí mismos.

Los primeros asentamientos en el Creciente Fértil entre 9,000 y 10,000 años atrás, durante el Neolítico, crearon un entorno completamente nuevo para los animales salvajes que eran lo suficientemente flexibles y curiosos (o miedosos y hambrientos) para explotarlo. El ratón doméstico es una de esas criaturas. Los arqueólogos han encontrado restos de este roedor, que se originaron en el subcontinente indio, entre los primeros almacenes humanos de grano salvaje de Israel, que datan de alrededor de 10,000 años atrás. Los ratones caseros no podían competir con los ratones silvestres locales, y más bien mudándose a los hogares y silos fue como prosperaron.

Es casi seguro que estos ratones domésticos atrajeron a los gatos. Los montones de basura en las afueras de las ciudades fueron probablemente sólo un gran atractor para los felinos con recursos suficientes para tomar ventaja. Ambas fuentes de alimentos alentaron a los gatos a adaptarse a vivir con la gente; en la jerga de la biología evolutiva, la selección natural favoreció a los gatos que pudieron cohabitar con los seres humanos y así acceder a la basura y los ratones.

Con el tiempo, los gatos monteses más tolerante a la vida en ambientes dominados por el hombre comenzaron a proliferar en los pueblos de todo el Creciente Fértil. La selección en este nuevo nicho pudo haber sido importante para la docilidad, pero la competencia entre los gatos también pudo influir en su evolución y limitar la flexibilidad que adquirieron. Debido a que estos gatos proto-domésticos, sin duda, fueron abandonados a su suerte por sí mismos, sus habilidades de caza y rapiña se mantuvieron fuertes. Incluso hoy en día la mayoría de los gatos domésticos son agentes libres que pueden sobrevivir independientemente de los seres humanos, como lo demuestra el gran número de gatos callejeros en ciudades, pueblos y campos de todo el mundo.

Teniendo en cuenta que los pequeños gatos hacen poco daño evidente, a la gente probablemente no le importaba mucho su compañía. Puede que incluso hubiesen alentado a los gatos quedarte cuando vieron que disminuía el número de ratones y serpientes. Los gatos también pudieron haber tenido otro recurso. Algunos expertos especulan que los gatos monteses simplemete desarrollaron características que podrían haber sido convenientes para desarrollar una relación con la gente. En particular, estos gatos tienen “encantos”; presentan grandes ojos, una cara y un alto desaire, frente redonda, entre otros. Se sabe que estos encantos sirven para obtener cuidados de los seres humanos. Con toda probabilidad, entonces, algunas personas tuvieron gatitos en casa simplemente porque los encontró adorables y los domesticó, dando a los gatos un primer paso hacia el corazón humano.

¿Por qué sólo hay una única subespecie de gato salvaje domesticada? La evidencia anecdótica sugiere que otras subespecies, como el gato montés y el gato montés chino, son menos tolerantes a las personas. Si es así, esta característica por sí sola podría haber impedido su adopción en los hogares. Los más amistosos gatos monteses de África meridional y de Asia central, por otra parte, podrían muy bien haberse convertido en domesticados bajo las condiciones adecuadas. Pero había una ventaja en virtud de su proximidad a los primeros asentamientos. Mientras la agricultura se propagaba del Fértil Creciente, también lo hicieron los injertos domesticados de esta subespecie de gatos salvajes, llenando el mismo nicho en cada región que entraban, y de manera eficaz cerraban las puertas a las poblaciones salvajes locales. Si no hubiesen llegado los gatos domésticos de Oriente Próximo a África o Asia, tal vez los gatos monteses locales de esas regiones hubiesen sido llevados a los hogares y aldeas mientras las civilizaciones urbanas se desarrollaban.

 

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Carrera de armas en la naturaleza

Publicado por keithcoors_00 en 30 marzo, 2009

Las armas se deben reservar para el último lugar, donde y cuando los otros medios no basten.

Nicolás Maquiavelo


Desde el New York Times
Por NICHOLAS WADE
Traducción: KC



La naturaleza tiene fama de tener color rojo en los dientes y garras, pero muchas carreras de armamentos en todo el reino animal se caracterizan por la moderación en lugar de la carnicería.

La competencia entre los machos es a menudo expresada en forma de elaboradas armas de hueso, cuerno o quitina. Las armas suelen comenzar pequeñas y luego, bajo la presión de la competencia, pueden evolucionar para alcanzar proporciones gigantescas. El alce irlandés, ahora extinto, tenía astas con un tamaño de 4 metros. El inconveniente de este magnífico adorno, sin embargo, es que la pobre bestia que tenía que llevar más de 40 kg de hueso en su cabeza.

En una nueva revisión de la selección sexual, una forma especial de selección natural que conduce a extravagantes decoraciones y armamentos, Douglas J. Emlen, un biólogo de la Universidad de Montana, ha reunido ideas sobre las fuerzas de la evolución que han hecho las armas de los animales tan diversas.

La selección sexual fue la solución de Darwin a un problema planteado por lo estorboso de las armas desarrolladas por muchas especies, y lo barroco de los adornos elaborados por otras. Parecían desventajas positivas en la lucha por la supervivencia y, por tanto, contrarias a su teoría de la selección natural. Para tener en cuenta estas extravagancias, Darwin propuso que tanto las armas como los ornamentos debieron haber sido configurados por la competencia para el apareamiento.

En su opinión, la evolución de los armamentos fue impulsada por la lucha entre los machos por las hembras, mientras que los adornos surgieron de la elección, en gran parte por las hembras, de las características apreciadas en los machos. Los biólogos modernos han dedicado considerable atención a la elección femenina y cómo ha conducido a una desenfrenada profusión de alta moda en animales, desde el plumaje de las aves a los colores de las mariposas. Menos atención se ha prestado a la igualmente rica diversidad de las armas de los animales.

El Dr. Emlen dijo que se interesó en el armamento animal después de estudiar las especies de escarabajos de estiércol en Panamá especializadas en excretas de mono. Amplió sus estudios a los escarabajos del estiércol en todo el mundo y observó un patrón en sus armas. Los escarabajos del estiércol pueden haber empezado su carrera de gran éxito alimentándose de los excrementos de los dinosaurios, y entonces diversificándose a los de mamíferos. Tienen dos estrategias principales. Algunos, como los escarabajos, cortan trozos de estiércol y los ruedan lejos para su consumo privado. Otras especies excavan y llevan el estiércol a un depósito en sus túneles.

El Dr. Emlen observó que sólo la especie de túnel de escarabajos de estiércol había evolucionado con cuernos, que los machos utilizan para proteger sus túneles de otros machos. Los escarabajos que ruedan el estiércol lejos, también luchan todo el tiempo con otros machos, pero están descornados.

“Me fasciné con los animales de extrañas morfologías que te hacen preguntar cómo en el mundo podrían haberse apareado”, dijo el Dr. Emlen. Después de recoger artículos sobre “todo lo que había sobre estructuras inusuales”, comenzó a ver un patrón en quienes desarrollaron armas y quienes no lo hicieron. Siempre que hubo algún recurso que pudiera utilizarse para monopolizarlo y usarlo como ventaja reproductiva, los machos desarrollan armas para luchar contra otros machos.

El costo por desarrollar y llevar el arma, el Dr. Emlen dedujo, se ve compensado por el mayor acceso a hembras adquiridas por tener una preciada posesión como una fuente de alimento o un túnel, donde las hembras pueden poner huevos.

El Dr. Emlen notó una tendencia en las armas para comenzar pequeñas, como protuberancias de hueso, para después evolucionar hacia formas más ornamentadas. Las armas pequeñas son bastante destructivas, ya que su única función es atacar a otros machos. Pero armas más barrocas, a pesar de su aspecto más temible, parecen causar menor pérdida de vidas.

La razón es que las armas más amenazantes a menudo han adquirido una función de señalización. En lugar de arriesgar sus vidas en combates mortales, los machos pueden evaluar las fortalezas de un rival por el tamaño de sus armas, y declinar la lucha, si parece que pueden salir vencidos. La ornamentación de armas también se presta a la lucha ritual en el que los machos entrelazan sus cuernos y evalúan la fuerza del oponente sin herirse uno al otro.

“La más elaboradas armas raras veces causan daños reales a los opositores, pero estas estructuras son muy eficaces para revelar diferencias sutiles, incluso entre los machos en cuanto a tamaño, estado o condición física”, escribe el Dr. Emlen en la Revista Anual de Ecología, Evolución y Sistemática .

Dado que las armas se deben usar de vez en cuando, son señales realistas de la aptitud de un macho. Esta información es de mayor interés para las hembras, que siempre están en busca de señales verdaderas e inequívocas de la calidad de un macho. Geerat Vermeij, un biólogo evolutivo en la Universidad de California, en Davis, y experto en la carrera de armamentos entre los moluscos y sus depredadores, dice que está de acuerdo con el Dr. Emlen en que las armas se inician tan pronto como se sabe que hay algo que defender. Pero el Dr. Vermeij dijo que era “escéptico sobre la conclusión de que armas inicialmente dañinas se convierten en armas para mostrar”. Los cangrejos, por ejemplo, rápidamente pierden sus tenazas en combate, dijo.

Scott Sampson, un experto en dinosaurios del Museo de Historia Natural de Utah, dice que entre los ungulados, las armas se convirtieron a menudo en menos peligrosas, cuando los animales comenzaron a vivir en grandes rebaños y los machos cooperaban en la defensa de las hembras contra los depredadores.

¿Cuánto de esta teoría de armas de los machos se aplica a un grupo no está incluido en el estudio del Dr. Emlen, el de los primates, en particular el de los seres humanos?

La gente tiene dientes y garras patéticamente insignificantes en comparación con el armamento de otras especies dominantes. Este es un signo no de intención pacífica, sino del hecho de que los humanos fabricamos armas. La armas fabricadas, al igual que las biológicas, han asumido una función de visualización – piense en la temible apariencia de los cascos de los samurai o de los caballeros con armadura, o en los amenazantes cohetes y tanques que desfilaron por la Plaza Roja de Moscú en los días de la Unión Soviética.

Los machos de otras especies de primates utilizan con frecuencia la apariencia en su competencia con otros, y el despliegue “parece resolver los conflictos sin violencia física”, dijo Robert Seyfarth, experto en comportamiento de primates en la Universidad de Pennsylvania. Especialmente entre los babuinos, las muestras a menudo adoptan la forma de bostezos, que proporcionan a los machos la oportunidad de exponer sus impresionantes caninos.

Otro despliegue utilizado por los babuinos para intimidar a los rivales es su llamada de “peto”, que puede ser escuchada en varios kilómetros y es una de las más potentes entre los mamíferos terrestres.

Entre las personas, la palabra y otros comportamientos pueden haber desempeñado funciones junto con las armas para impresionar a otros hombres y encantar a las mujeres. Es “muy razonable suponer que, mientras evolucionamos como seres humanos y nuestra cultura se hizo más compleja, las habilidades de fabricación de herramientas y otras conductas culturales se impusieron a los rasgos anatómicos como ‘indicadores’ de la habilidad competitiva de un varón”, dijo el Dr. Seyfarth.

Sin embargo, hay menos razones para pensar que las armas se convirtieron en menos destructivas a medida que se hicieron más elaboradas, como sostiene el Dr. Emlen en el caso de las armas animales. En ocasiones, una nueva arma parecía demasiado terrible para uso general, como la ballesta, que la iglesia ordenó que sólo podía ser desplegada contra sarracenos y no contra los hermanos cristianos. Pero las restricciones pronto desaparecieron a medida que el arma se hizo más común, y sólo en la edad moderna, con el advenimiento de los arsenales químicos, biológicos y nucleares, es que las personas dudan seriamente que estas armas se lleguen a utilizar.

“No hemos reducido la letalidad de las armas, a pesar de que, de hecho, las anunciamos y utilizamos como despliegue, tal y como los demás animales lo hacen”, dijo el Dr. Vermeij.

El interés del Dr. Emlen no está en cómo su regla de evolución de las armas podría aplicarse a las personas, sino en por qué las armas entre los animales es tan variada, desde los gigantescos cuernos del escarabajo rinoceronte, a la cola tipo mazo del ankilosaurio y las sierras del pez sierra. Su respuesta es que una variedad de procesos evolutivos llevaron al desarrollo de las armas, desde la competencia entre los machos, el despliegue de funciones y la rapidez de la selección sexual. La moraleja de la historia, al menos para los animales, es que un gorgojo que se inicia en una carrera de armamentos puede acabar con sus descendientes armados como un escarabajo rinoceronte.

Imagen: Escarabajo de estiércol. Olga Helmy y Douglas J. Emlen
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En Turquía hay censura para la evolución

Publicado por keithcoors_00 en 23 marzo, 2009

Los hombres son criaturas muy raras: la mitad censura lo que practica; la otra mitad practica lo que censura; el resto siempre dice y hace lo que debe.

Benjamin Franklin

Desde Nature
Traducción: KC


El gobierno de Turquía ha hecho más por la ciencia que muchos otros gobiernos. Una situación de censura sobre una revista y una editora despedida podría poner al buen trabajo en situación de riesgo.

Ha sido la mayor crisis en el mundo académico turco desde el levantamiento de la prohibición de uso del velo en las universidades el año pasado. Hace dos semanas, un retrato de Charles Darwin se retiró la portada de la la revista de ciencia, respaldada por el gobierno, Bilim ve Teknik (Ciencia y Tecnología) en su edición de marzo, justo antes de su impresión. TÜBÍTAK, la agencia nacional de la financiación para la ciencia en Turquía, que publica la revista, posteriormente despidió a su editora, Çig brevedem Atakuman. Los científicos, suponiendo que había censura, están indignados con razón y las protestas están en curso.

El Ministro de Ciencia Mehmet Aydi nodotn, un historiador de la filosofía y la religión, expresó malestar por la eliminación de la portada – pero también avivó las llamas comentando: “¿Qué clase de lucha podemos tener con Darwin? El tipo ya está muerto”. Empeoró las cosas por añadir más tarde: “Se supone que [TÜBÍTAK] refleja las opiniones de todos los que han servido la ciencia, no importa cuán equivocada pueda estar.”

El vicepresidente de TÜBÍTAK Ömer Cebeci, que pertenece al consejo editorial de la revista, tiró el enchufe en Darwin. Negó la censura, arguyendo que Atakuman había cambiado en secreto un tema destinado a encubrir el calentamiento global. No es cierto, dice Atakuman, quien dice que Cebeci le dijo que una portada con Darwin era una “provocación” en un momento de inminentes elecciones locales. Un miembro del consejo editorial de Bilim ve Teknik ha dimitido en protesta por lo que, al menos, él considera que es censura.

A pesar de que son financiadores bien dispuestos a la investigación, la mayoría de los altos funcionarios del Gobierno, en común con la mayoría de la población, no creen en la evolución.

En esta situación se ha puesto de relieve dos cuestiones que afectan a la ciencia en Turquía. Una de ellas es la interferencia política en el servicio civil científico, y el otro es un alto nivel de apoyo público para el creacionismo.

En Turquía, como en muchos países, se espera que la administración pública refleje la ideología del partido gobernante. Así que, a pesar de que son financiadores bien dispuestos a la investigación, la mayoría de los altos funcionarios del Gobierno, en común con la mayoría de la población, no creen en la evolución por selección natural. El ministro de Educación Huseyin Celik, por ejemplo, ha proclamado su creencia en el “diseño inteligente”. Sin embargo, Turquía es uno de los tres actuales candidatos para adherirse a la Unión Europea (UE). Ankara y Estambul, alojan las mayores misiones

de la Comisión Europea en el extranjero, cuyos funcionarios están supervisando todos los aspectos de la vida pública turca y constantemente asesoran sobre lo que hay que hacer para armonizar leyes y prácticas con las de la UE.

La ciencia y la tecnología fue uno de los primeros “capítulos” en los que la UE dijo que estaba satisfecha y que, provisionalmente, no se requerirían más reformas.

Ahora es casi seguro que los funcionarios estarán alarmados al ver el grado de interferencia política en TÜBÍTAK.

Sólo la semana pasada, el Parlamento Europeo publicó un informe afirmando que Turquía necesita hacer un  progreso mucho más rápido en áreas tales como la censura. Los funcionarios europeos ven este último episodio como prueba de que el país tiene mucho camino por recorrer en ese aspecto.

TÜBÍTAK necesita iniciar una investigación transparente en el asunto Bilim ve Teknik. La organización también debería considerar la posibilidad de efectuar una declaración inequívoca de su postura sobre la evolución, creacionismo y diseño inteligente para reconfirmar sus credenciales como un órgano científico serio. En el pasado, TÜBÍTAK ha proporcionado información fiable sobre la teoría de Darwin en un país en el que se ofrece el creacionismo como una alternativa a la evolución en la enseñanza de la biología en la secundaria. El organismo podría hacer eso de nuevo. Después de todo, ninguna de las religiones del mundo obliga a sus creyentes a ser creacionistas. Muchos eruditos islámicos y pensadores han especulado sobre los orígenes de la vida.

El partido gobernante en Turquía debe aprender de este último asunto. Debe mantener a la religión fuera de la ciencia política, y debe ser evidente que así lo hace.

Imagen: Mezquita azul

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