Ahuramazdah

El Weblog sin dogmas

Amenazas a la cuarta dimensión ¿de veras?

Publicado por kidcooler en 4 Mayo, 2008

En la entrada sobre lo peligroso del escepticismo, parte 2, mencioné el caso de un supuesto mensaje venido desde la cuarta dimensión (supongo que espacial) dictado por un tal ITHACAR, que critica con dureza la curiosidad humana, en especial las expediciones mediante vehículos robotizados y a control remoto que la NASA ha enviado a Marte:


El Oasis de Paz de nuestro Planeta ha sido perturbado por vuestros artefactos de primitiva construcción. Vuestra inconsciente y deletérea Obra Destructora está ensanchando de forma peligrosa su radio de influencia hacia las Superficies Exteriores de vuestra Atmósfera

.
El supuesto contactado, quien subió este mensaje a varios Grupos de Yahoo, aclara más este punto cuando afirma:

La verdad es que sí, que comparados con Ellos somos menos que primates. Los marcianos ya hace muchos milenios que no viven en la 3ª Dimensión como nosotros, sino que su existencia es cuatridimensional. Los científicos terrestres se han hecho a la idea, en su arrogancia, de que son los dueños del Sistema Solar y sin contar con nadie no paran de mandar sondas, artefactos repletos de cargas mortales. Pero, jamás encontrarán la verdadera vida exhuberante del planeta rojo porque están imbuídos del espíritu de la máquina y no ven más allá de sus narices. Piensan que disponen de instrumentos científicos que son el no va más, cuando en realidad son aparatos arcaicos con los que jamás podrán descubrir lo que allí bulle de vida espléndida y armoniosa.

Pues me quedé pensando ¿Cómo es que un aparato arcaico tridimensional puede amenazar a los avanzados cuatridimensionales marcianitos?

No me es posible imaginar un mundo de cuatro dimensiones espaciales, ni cómo desde ese ámbito podría observarse un universo tridimensional. Lo que sí es posible hacer es imaginar un mundo de dos dimensiones conviviendo en un universo tridimensional.

Si pudiese haber un mundo bidimensional se vería como una especie de tela delgada en la que los objetos en él sólo podrían ser puntos, líneas o superficies. Si pudiese haber seres en este mundo bidimensional serían planos como amibas o como flagelos. Sus libertades de movimiento estarían constreñidas a esa especie de “tela” bidimensional. Incluso la física de ese mundo sólo tendría dos dimensiones.

Carl Sagan hizo el mismo razonamiento en “El Mundo y sus Demonios“, con relación a la posibilidad de convivencia entre seres de números diferentes de dimensiones:

Sabemos cómo se vería un objeto de otra dimensión al en­contrarse con nuestro universo tridimensional. Para mayor clari­dad, bajemos a una dimensión: una manzana que pasa a través de un plano debe cambiar la forma tal como la perciben los seres bidimensionales confinados al plano. Primero parece ser un punto, luego secciones de manzana mayores, luego menores, otra vez un punto… y finalmente, ¡puf!, desaparece. De modo similar, un obje­to cuatridimensional o más —siempre que no sea una figura muy sencilla como un hipercilindro pasando a través de tres dimensio­nes a lo largo de su eje— alterará violentamente su geometría mientras lo veamos atravesar nuestro universo. Si los extraterrestres fueran definidos sistemáticamente como seres que cambian de forma, al menos podría entender que Mack pudiera seguir con la idea de un origen de otra dimensión. (Otro problema es intentar en­tender lo que significa un cruce genético entre un ser tridimensional y uno cuatridimensional. ¿Los descendientes serán de la dimensión tres y media?)

Si esos seres pudiesen fabricar engendros mecánicos, tendrían que ser bidimensionales también. Supongamos ahora que esos engendros mecánicos pudiesen ser potencialmente peligrosos para los seres bidimensionales: sus efectos, por más destructivos que fuesen, sólo afectarían su universo bidimensional. ¿Cual sería la preocupación de nosotros como seres tridimensionales ante las travesuras bidimensionales de esos seres que desarrollan tecnología bidimensional “arcaica”? No se me ocurren muchas razones para una preocupación real, mi imaginación no da para más.

Tampoco se me ocurre cómo es que esos supuestos marcianos cuatridimensionales pierden su tiempo contactando a primitivos seres tridimensionales. Especialmente para advertir a la humanidad, con lenguaje bastante ridículo, que hemos
orientado la indagación del Espacio Exterior sobre las mismas ineficaces estructuras mentales con las que realizáis la investigación de vuestro espacio interior. Procedéis sobre una línea exasperada y exasperante de una continua y neurótica acción de cuantización y de absurda relativización de lo que llega a vuestro conocimiento

Tampoco le veo sentido para que esos supuestos seres cuatridimensionales califiquen nuestra curiosidad como “neurótica”. Lo siento, esas palabras me suenan muy humanas y tridimensionales.

Entonces ¿cual puede ser el origen de esos supuestos mensajes de marcianos cuatridimensionales? Pueden ser muchos, pero mi adivinanza educada es la de la posible manipulación de nuestros miedos. Lo dice Al Gore en su libro “El Ataque Contra la Razón”, en el capítulo titulado “La política del miedo”:

Nuestra exposición sistemática al miedo y otros estímulos (…) puede ser explotada por el inteligente especialista en relaciones públicas, publicitario o político. Barry Glassner, profesor de sociología de la Universidad del Sur de California, arguye que existen tres técnicas que, combinadas, provocan el miedo: La repetición, conseguir que lo anormal parezca normal y la mala administración. Utilizando estas herramientas narrativas, cualquiera con fácil acceso a la comunicación de masas podría intensificar los miedos y angustias públicos, distorsionar el discurso y la razón públicos.

A través de mensajes como el referido del marciano ITHACAR (me sorprende que su nombre se parezca tanto a la ciudad donde Carl Sagan vivió tantos años: Ithaca, NY), repetidos ad nauseam, haciendo parecer normal que los científicos son neuróticos asesinos en potencia (además de que se reciben mensajes de marcianos cuatridimensionales), y administrando pésimamente la verdad sobre estos asuntos, se podría estar aplicando las técnicas referidas.

¿El antídoto? Tolerancia, escepticismo y pensamiento crítico. Desde mi punto de vista.

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Temor a la ciencia, complacencia con el dogmatismo

Publicado por kidcooler en 29 Marzo, 2008

La imagen de un científico loco no deja de ser un chiste desafortunado, muy desafortunado para la ciencia . La literatura ligera y la no tan ligera, así como el cine y muchos otros medios masivos de comunicación (internet incluida) se han encargado de fabricar el estereotipo del investigador malvado que no tiene ética en sus métodos y que sienten una compulsión por obtener resultados a toda costa. Wikipedia da una muy atinada descripción:

Los científicos locos generalmente se caracterizan por tener un comportamiento obsesivo y por el empleo de métodos extremadamente peligrosos o muy pocos ortodoxos. A menudo están motivados por la venganza, en la tentativa de vengarse de las mofas y burlas, reales o imaginarias, como consecuencia de sus investigaciones extrañas y no ortodoxas.Sus laboratorios a menudo hierven de bobinas de Tesla, generadores de Van de Graaff, generadores de movimiento perpetuo y otros extraños mecanismos electrónicos del aspecto extravagante, o llenos de probetas y complicados aparatos de destilación, que contienen extraños líquidos de colores cuya utilidad se desconoce.

Incluso, el difunto Carl Sagan en su brillante libro “El Mundo y sus Demonios” acepta que el promedio de la población tiene del concepto del científico es no muy exacto:

Hay una ra­zón por la que la gente se pone nerviosa ante la ciencia y la tecno­logía. De modo que el mundo vive obcecado con la imagen del científico loco: desde los chiflados de bata blanca de los programas infantiles del sábado por la mañana y la plétora de tratos faustianos de la cultura popular, desde el epónimo doctor Fausto en persona al Dr. Frankenstein, Dr. Strangelove y Jurassic Park.

Lo malo de esta lúdica descripción es que hay gente que cree que así es el científico promedio. O bien piensan que los resultados de la ciencia son igualmente extraños y atemorizantes. O bien quieren hacer creer eso a la justicia para obtener fortuna y notoriedad.

Este parece ser el caso de un grupo de personas, encabezadas por Walter Wagner (un ex oficial de seguridad nuclear) y Luis Sancho (un crítico de las medidas de seguridad en instalaciones de altas energías), quienes han centrado sus preocupaciones en los posibles resultados del Gran Colisionador de Hadrones (Large Hadron Collider, LHC).


El pasado viernes presentaron una demanda en la Corte del Distrito de Hawaii contra el Departamento de Energía, el Fermilab, la Fundación Nacional de Ciencia y el CERN, con el objeto de detener los preparativos para el arranque del LHC mientras sus medidas de seguridad son revisadas.

Los constructores de este colisionador, el más grande construido hasta ahora, fueron demandados sobre la base del temor de que el experimento pueda crear hambrientos hoyos negros que se traguen el planeta o que se produzcan cadenas de materia nunca antes vista que lo destruyan por completo.

Dos representantes del Fermilab en Illinois y en el laboratorio europeo CERN, quienes son defensores en este caso han declarado que no hay oportunidad alguna de que el LHC pueda causar tales catástrofes cósmicas. Sin embargo han optado por defenderse a sí mismos tanto en la corte como ante la opinión pública.

El colisionador iniciaría operaciones en las instalaciones del CERN localizadas en la frontera entre Francia y Suiza. Se espera que resuelva algunas de las más profundas preguntas de la ciencia. ¿Son correctos o incorrectos los fundamentos de la física moderna? ¿Qué existió en el primer instante de la vida del universo? ¿Por qué algunas partículas tienen masa mientras que otras no la tienen? ¿Cuál es la naturaleza de la materia oscura? ¿Hay más dimensiones espaciales rondando por ahí que no hemos detectado?

Algunas personas fuera de la corriente científica principal han planteado preguntas mucho más oscuras de igual forma: ¿Podría el colisionador crear mini hoyos negros que duraran lo suficiente y que fuesen lo suficientemente grandes como para convertirse en una vorágine traga materia? ¿Podrían crearse partículas exóticas como los monopolos magnéticos que azoten a los núcleos en forma frenética? ¿Podrían los cuarks recombinarse para formar “extrañetos” que convirtiesen a la tierra en un tiradero de materia exótica?

Los abogados de la defensa se enfocarán más en los aspectos procedurales y regulatorios del caso que en las preocupaciones sobre posibles catástrofes cósmicas. Estas preocupaciones han estado rondando por años y muchos físicos se han enganchado a ellas para explicar sus posibilidades e imposibilidades. Los escenarios del día del juicio final, expresados por Sancho y Wagner los expondré en mi siguiente entrada, pero pueden consultarse en el sitio en el que han subido toda la argumentación de la demanda: http://www.lhcconcerns.com/

El asunto es que este tipo de temores, infundados en su mayor parte, al menos tienen ciertas bases científicas para encontrar eco en las cortes, aunque hacen que aumente la fama del estigma de la locura científica. Existen también otros temores basados en dogmas de fe que hacen que la gente incluso atente contra su propia salud y hasta contra su vida.

Me refiero al reciente caso en el que 50 personas en la India casi quedan ciegas por tratar de ver la imagen de la virgen María en el disco solar. Esto pudo pasar debido a un rumor sobre la aparición de la virgen en el sol, que haría que se perdonasen los pecados de los creyentes.

¿Qué hace que la gente tema a la ciencia pero se olvide de cuidar su propia vida y salud? ¿Acaso temor del castigo divino?

Aun me lo pregunto, aunque la sospecha es cada vez más comprobada: exceso de dogmatismo, falta de escepticismo y rampante principio de autoridad irracional. Y a veces intereses oscuros que acechan a la ciencia y sus evidentes logros, haciendo creer a la gente que en verdad los científicos son como el estereotipo ilustrado en la imagen inicial.


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