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Pastillas de Yodo vs. Radiaciones ¿Nos protegen?

Publicado por keithcoors_00 en 16 marzo, 2011

Hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad, y es no resignarse.

Ernesto Sábato


Ha sido una serie de auténticas calamidades las que han azotado a Japón desde que el pasado 11 de marzo un sismo de 9.0 en la escala Richer causó la mayor crisis en ese país desde la segunda guerra mundial. No sólo fue el sismo que tuvo la mayor intensidad registrada en lo que va de este siglo en todo el mundo, y tampoco el tsunami que siguió al sismo, ambos eventos destructivos por su naturaleza impredecible. Ahora Japón enfrenta uno de los incidentes nucleares más importantes desde Chernobyl hace 25 años.


Los eventos naturales han causado ya muchas muertes, que se estiman en más de 15 mil, pues las labores de rescate y recuperación aún no terminan. En una sola ciudad, el puerto de Minamisanriku, un alto funcionario policial japonés dijo que el número de muertos sería “ciertamente ser más de 10,000.” Eso es más de la mitad de la población de la ciudad de 17,000 habitantes.


(Para mayor claridad de esta entrada se ha incluído al final un glosario de términos que explican el concepto que se marca en cursivas).



El peligro invisible

Sin embargo, las preocupaciones más urgentes se centran actualmente en las fallas de los reactores de la central de energía nuclear Fukushima Daiichi, donde los ingenieros, hasta el día de publicación de esta entrada, aún continúan luchando para evitar mayores liberaciones de material radiactivo puesto que en sus 4 reactores ya se había filtrado la radiación. Una serie de explosiones en los reactores han causado daños en la contención primaria, dijeron funcionarios japoneses.


Los reactores fueron apagados desde el momento en que se sucitó el sismo, pero estar apagados no significa que estén a salvo. Una vez que se insertan las barras de control, es necesario seguir enfriando el núcleo del reactor, debido a que la radiación emitida por los productos de fisión puede producir hasta el 7% de la potencia que genera el reactor en operación normal. Esta radiación eleva la temperatura de los elementos combustibles por lo que es necesario mantener los sistemas de enfriamiento en funcionamiento. Para esto se necesita energía externa pues los reactores al estar apagados ya no producen electricidad. Sin embargo el tsunami arruinó los suministros de electricidad externos a la planta. En estos casos, las centrales nucleares de potencia cuentan con generadores diesel de emergencia, los cuales suministran la electricidad necesaria para mantener los sistemas de enfriamiento en operación.


Pero el diesel se agotó rápidamente, lo que dejó a los reactores sin suficiente nivel de agua, descubriendo parte de los elementos combustibles. El encamisado de aleación de circonio cuando se sobrecalienta reacciona con el agua (o el vapor de agua) produciendo hidrógeno que es altamente explosivo. Este hidrógeno es el que ha ocasionado las explosiones en los reactores, destruyendo parte de la contención secundaria y poniendo en peligro la integridad de la contención primaria.


Se puede saber que parte de los núcleos de estos reactores se ha fundido, comprometiendo los encamisados de aleación de circonio, ya que se han detectado elementos radiactivos en las inmediaciones de la central que forman parte de los productos de fisión. Dos de estos elementos, cesio y yodo, forman compuestos químicos suficientemente volátiles como para escapar en el vapor de agua que se “ventea” para liberar presión de las vasijas de los reactores. Incluso pueden combinarse para formar Yoduro de Cesio. Los radioisótopos del Yodo que resultan de la fisión del Uranio normalmente tienen vidas medias cortas, pero un isótopo del Cesio (137Cs) tiene una vida media de más de 30 años.


Por esta razón se ha decretado la evacuación de la población en un radio de 20 km alrededor de la central, para evitar que la población reciba dosis radiactivas que puedan poner en riesgo su salud.



La contribución del Yodo

A la población evacuada por esta emergencia y a quienes se quedaron en sus hogares en la zona de 20 a 30 km de la planta se les ha suministrado pastillas de yodo. Mucha gente piensa que esta medida protegerá a la gente de las radiaciones, pero esto no es tan sencillo. Para entender cómo es que estas dotaciones de yodo pueden ayudar a la población en riesgo es necesario entender qué pasa con el yodo de manera normal.


Cuando el organismo humano ingiere yodo, éste tiende a alojarse en la tiroides y permanecer allí por un tiempo apreciable, ya que es necesario para su correcto funcionamiento. La glándula tiroides fabrica dos hormonas, la Tiroxina o T4 y la Triyodotironina o T3. Son los únicos componentes de la fisiología de los vertebrados que contienen yodo. Si no hay yodo suficiente en la dieta no hay posibilidad de fabricar hormonas tiroideas en cuantía suficiente y esto puede ocasionar problemas que van desde una pequeña hiperplasia o Bocio no muy importantes, a una situación de severo retardo del crecimiento y déficit mental conocido como Cretinismo Endémico. Pero el organismo no discrimina entre el yodo estable y el yodo radiactivo, por lo que si éste está presente en la atmósfera que se respira en los alrededores de la central afectada, seguramente se depositará en las glándulas tiroides de la población y ocasionará dosis radiactivas indeseables.


Para que el yodo radiactivo no sea absorbido por la tiroides, es necesario saturar previamente esta glándula con yodo estable. De esta forma la Tiroides no absorberá más Yodo (ni estable ni radiactivo).


Así que en realidad el yodo estable NO sirve como blindaje contra las radiaciones, pero su ingesta hasta el punto de saturación de la tiroides evitará que esta glándula fije el isótopo radiactivo. Y finalmente esto evitará que la gente reciba una innecesaria dosis interna de radiación, mucho más peligrosa para la salud que la dosis externa. En especial si el compuesto ingerido es Yoduro de Cesio (porque el Cesio tiene una vida media más larga que el yodo y porque emite radiación gamma con mayor energía que la del Yodo).



Los mitos

En varios mensajes de correo electrónico me ha llegado la advertencia de que quizás la nube radiactiva japonesa viajará por el pacífico y llegará a México, por lo que habría que tomar unos chochos de yodo para prevenirnos de las radiaciones. Así dice uno de estos mensajes:


NOTA A LOS RESIDENTES EN LA COSTA OESTE DE USA Y MEXICO. En Japon estan evacuando 170,000 personas por que puede producirse un derretimiento de la planta nuclear. De ser asi DE OCURRIR la nube radioctiva puede llegar a la Costa Oeste de USA en dias. Sugiero tener en cuenta POTASIUM IODIDE a los que residen en dicha area para proteger la tiroides. No es de mi agrado escribirlo pero debemos estar alertas.


Mi primer comentario es que una nube radiactiva no permanece unida como la gelatina, sino que se dispersa por acción del viento. Cuando el accidente de Chernobyl, a los pocos días de sucedido se pudo detectar en algunos laboratorios ambientales de México el ligero aumento en los niveles normales de fondo radiactivo ambiental. Si la nube radiactiva hubiese  viajado como una “gelatina voladora”, las lecturas hubiesen sido tan altas como las de Chernobyl mismo. Y vaya que ahí sí se tuvo una fuga masiva de material radiactivo a la atmósfera.


Mi segundo comentario es que ante el peligro de inhalación de yodo radiactivo, tomar yodo estable NO protege a la tiroides solamente. Protege a todo el organismo de dosis internas que podrían causar cáncer no sólo en la tiroides sino en otros órganos.


Otra nota ofrecía una especie de “tratamiento homeopático” contra los efectos de “envenenamiento por radiaciones”, recomendado por Homeopathy Plus en Inglaterra. Esto último es una tomada de pelo, pues la homeopatía sólo ofrece sustancias altamente diluídas, inútiles para proteger a nadie de las radiaciones ni de los síntomas de dosis agudas de radiación.





Sólo para que quede absolutamente claro, como si aún fuese necesario, hay una gran diferencia entre los efectos secundarios experimentados después de tener una dosis específica controlada de quimioterapia y radioterapia para combatir el cáncer, y los de ser expuestos a una cantidad no controlada de radiación emanada de una central nuclear dañada. No hace falta decir que el consejo de Homeopathy Plus es irresponsable y peligroso, y por todos los medios debe ser ignorado.



Glosario de términos.

  • Barras de control. Barras que en su interior contienen Cadmio que absorbe los neutrones y evita nuevas reacciones de fisión en el combustible nuclear, constituído principalmente por pastillas de óxido de Uranio.
  • Contención primaria. Edificio de concreto super reforzado, con más de un metro de espesor, que aloja a la vasija del reactor.
  • Contención secundaria. Edificio que contiene los elementos principales para el funcionamiento del reactor, entre ellos el contenedor primario, las bombas de recirculación y los sistemas de seguridad.
  • Dosis interna de radiación. Daño que reciben los tejidos vivos por la radiación emanada de sustancias radiactivas que se encuentran en el interior del organismo. Se le llama interna para diferenciarla de la dosis externa, que es originada por radiación emitida desde fuera del organismo. La dosis interna puede ser más grave que la externa cuando se trata de radiación beta o alfa.
  • Elementos combustibles. Conjunto de encamisados de aleación de circonio, que en su interior alojan al material físil, constituído por pequeñas pastillas cilíndricas de óxido de uranio.
  • Productos de fisión. Son los núcleos resultantes de la fisión nuclear.
  • Radiactividad. Proceso de emisión de radiaciones desde un núcleo inestable.
  • Vasija del reactor. Contenedor de acero inoxidable que aloja al núcleo del reactor y por la cual circula el refrigerante que a su vez se convierte en vapor, el cual es utilizado en las turbinas para mover los generadores de electricidad.
  • Vida media. Es el tiempo que tarda un isótopo radiactivo en disminuir su tasa de emisión de radiaciones a la mitad.



Imagen de entrada: Toshiyuki Tsunenari/Asahi Shimbun, via Associated Press



Actualización


No cabe duda que la estupidez e ignorancia humanas son ubicuas. Gracias a los intentos terroristas que ya mencionaba en la entrada, los vecinos del norte (EE. UU. y Canadá) han logrado que el Yoduro de Potasio escasee. Aquí parte de la Nota de Laura Myers titulada “Crisis Japón dispara demanda yoduro de potasio en EEUU y Canadá“:


Los temores de una lluvia radiactiva a través del Pacífico luego de la crisis en los reactores nucleares dañados por el terremoto y tsunami en Japón llevaron a los consumidores a pelearse por los antídotos contra la radiación en la costa oeste de Estados Unidos y Canadá.


La estupidez de los compradores de pánico podría esperarse, pero la ignorancia de Laura Myers es deplorable. Decir que el Yoduro de Potasio es un “antídoto” contra la radiación denota la espantosa ignorancia de esta persona. Si alguien la conoce, por favor mándenle la liga de esta entrada.




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Los auténticos merolicos

Publicado por keithcoors_00 en 5 marzo, 2011

Todo idealismo frente a la necesidad es un engaño.

Friedrich Wilhelm Nietzsche


En México llamamos “merolico” al charlatán que mediante una tupida verborrea intenta vender sus milagrosos productos en plena calle. Es una figura popular que no desaparece al paso del tiempo, se mantienen en las atestadas calles de ciudades como la de México DF, Guadalajara y otras. Pero no sólo siguen su actividad callejera sino que se transforman y se adaptan a los modos modernos de comunicación (me refiero a el radio, la TV, y la red de redes). El vocablo incluso puede usarse para designar a charlatanes como el “maestro” que bendice el ADN del agua y receta rayos plutonianos contra los virus y bacterias (sin distinción alguna).


Resulta interesante conocer la historia detrás del vocablo “merolico”. Hace poco leí a Catón en su columna del Reforma (http://www.reforma.com/editoriales/nacional/598/1194859/). Decía el buen Armando Fuentes Aguirre:

El vocablo “merolico” proviene del nombre de un supuesto médico que se hacía llamar el doctor Meraulyock. Llegado a Veracruz en tiempos de Maximiliano, vendió en el Puerto, en Puebla después, y finalmente en la Ciudad de México, donde se estableció, un llamado “Aceite de San Jacobo” que supuestamente sanaba todas las enfermedades y prevenía todos los males corporales. Encomiaba su poción el curandero con una gárrula palabrería, al tiempo que acariciaba dos serpientes que ponían temor y asombro en la gente que le hacía corro. Después se supo que el tal médico era sólo un charlatán. Ganó el pícaro, sin embargo, a más de mucho dinero, una cierta forma de inmortalidad cuando su nombre pasó a formar parte del rico acervo de mexicanismos que imantan al idioma del blanco.


Busqué un poco más en la red, para averiguar más sobre el origen de la palabra y me encontré con un artículo académico publicado en e-journal de la UNAM de la autoría de Claudia Agostoni, del Instituto de Investigaciones Históricas. Su título es “MÉDICOS CIENTÍFICOS Y MÉDICOS ILÍCITOS EN LA CIUDAD DE MÉXICO DURANTE EL PORFIRIATO” (http://www.ejournal.unam.mx/ehm/ehm19/EHM01901.pdf). Nos dice Claudia:


En 1875, un artículo en la Gaceta Médica de México destacó la presencia de charlatanes y curanderos en el país. Señalaba que, “si bien en todos los tiempos y en todas partes han existido estas plagas de la humanidad, como un testimonio de la ignorancia y de las preocupaciones del vulgo, tal vez en ninguna como en México está tan desarrollada”. Añadía que, a pesar de la existencia de claras sanciones penales para aquellos individuos que al ejercer la práctica médica lo hacían sin tener un título legal, rara vez se aplicaba el castigo correspondiente.


O sea que ya desde entonces existía la preocupación pr la proliferación de “productos milagro” entre la gente ignorante. Más adelante nos dice acerca del origen del vocablo:


A pesar de que el ingresar a la Escuela Nacional de Medicina fue uno de los elementos que, supuestamente distanciaba a médicos calificados de charlatanes, hubo un caso muy controvertido respecto a un individuo que logró ingresar a dicha institución. Se trata del doctor Rafael de J. Meraulyock o Meroil-Yock, quién llegó al puerto de Veracruz en un barco con bandera francesa en 1864 o 1865. El pasajero, un hombre polaco “de extraña y agitada melena rubia, largos mostachos y espesa barba que le caía sobre el pecho” afirmaba ser un ilustre médico, un diestro dentista y poseer fármacos infalibles para todas las enfermedades conocidas y por conocer. Los habitantes del puerto, asombrados ante el ilustre médico, quien vestía una larga túnica “entre griega y oriental”, acudían a él en multitudes; el motivo: anunciaba ser el portador del famoso aceite de San Jacobo, un elixir infalible para “la curación de todos los flatos, dolencias, cólicos, malos humores, asperezas de la piel y hasta para la extirpación completa de callos y callosidades”. Tal fue el éxito del doctor Meraulyock, que las noticias acerca de sus proezas médicas rebasaron los límites del estado, y tal la fortuna que consiguió, que obtuvo los recursos suficientes para desplazarse a la ciudad de Puebla y de ahí, a la capital de la república. Dado que su apellido era difícil de pronunciar, la ingeniosa habla popular le adulteró el nombre por el de “merolico”. Desde entonces, merolico es el calificativo con el que se designa a médicos charlatanes, embaucadores y callejeros.


Muy interesante la comprobación de un hecho histórico que respalda el uso de ese vocablo. Claro, a veces algunos astutos periodistas pretenden agrandar el espectro de aplicación del vocablo merolico hacia personajes públicos de primera línea, como el propio presidente de México, Felipe Calderón, quien por sus declaraciones es comparado con un merolico por el periodista Pedro Miguel (http://navegaciones.blogspot.com/2008/04/doctor-merolico.html). Esto, más que efectivo, es sólo gracioso.


Lo interesante de la comparación referida es el acucioso relato que Pedro Miguel dice que hizo Mauricio-José Schwarz sobre el engaño de un anónimo merolico de la Ciudad de México:


Schwarz cuenta que una vez, en la Avenida de los Misterios, observó a un vendedor de concha nácar que decía: “Usted va a ver, usted va a mirar, usted va a observar, usted va a contemplar cómo esta víbora se va a poner rígida, totalmente tiesa, recta y derechita como una varita de nardo. Nomás le pido que se quede detrás de la raya, porque estoy trabajando; sí señores, trabajando honradamente, con honestidad y dignidad aquí ante ustedes y su buena voluntad, para ganarme el pan para mis hijos, no como otros que nomás se aprovechan de la gente para robarles sus objetos invaluables de valor sentimental o emocional o económico.” Infiere el autor que el truco consistía en que, cuando el vendedor hacía esa recomendación, varios de ellos se llevaban la mano al lugar donde los guardaban. “Otro personaje, situado detrás, y del que quizá sólo por malpensado deduje que era cómplice del merolico, pasaba la vista sobre el grupo y seleccionaba a las presas más fáciles. Tres minutos después, el público babeaba fascinado por la verba del vendedor y ya todos se habían olvidado de la cartera o el monedero, lo que aprovechaba el presunto cómplice para pasar ágilmente, como pizcando algodón, zumbándose las carteras de los dos o tres que la tenían más a mano”.


A fin de cuentas, médicos improvisados, fabricantes (y anunciantes) de productos “milagro” y maestros karmáticos ofrecen lo mismo: curaciones “alternativas” como fachada de un engaño económico. Y a todos les puede caber con propiedad el epítome de MEROLICOS.


Para finalizar esta entrada sólo mencionaré que mi opinión es que la reciente salida de Miguel Ángel Toscano como comisionado de la COFEPRIS (Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios) ha sido un punto a favor de la proliferación de MEROLICOS en México. Su gestión al frente de esta Comisión logró sacar del espacio televisivo los anuncios de productos milagro y abrió las puertas para que artistas que supuestamente los promocionaban, dieran versiones más creíbles como la de Carmen Montejo y la de Claudia Lizaldi (http://www.eluniversal.com.mx/espectaculos/102856.html): No comprarían los productos que han anunciado.


Más claro ni el agua.


Imagen desde Noticias de Toluca


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Promesas que no podrán cumplirse

Publicado por keithcoors_00 en 13 febrero, 2011

La fuente, que es promesa, el mar sólo la cumple.



Me dio mucho gusto leer la noticia de que en mi México se comenzará a legislar para poner un freno a los así llamados “productos milagro”. ¿Cuántas veces, amigo lector, has visto anunciado un producto que supuestamente te hará ver más joven, o que te quitará los dolores, o que te peinará como de “salón”? ¿has caído en la tentación de comprarlo? Y si es así ¿Ha cumplido con las expectativas que tenías? ¿La publicidad del producto resultó ser realista?


Yo entiendo que la publicidad es un elemento importante para dar a conocer un producto útil. Lo que no entiendo es la falta de ética de los publicistas para recomendar productos que prometen “milagros” respecto al peso, o la talla, o la salud del posible cliente, o que aseguran un superioridad respecto a la competencia respecto a resultados en belleza, sabor, originalidad y otras características de orden subjetivo. Lo preocupante es el concepto de “milagroso” o similar, que caracteriza a productos alimenticios, saludables o medicinales que se anuncian por los medios  masivos. Ver nota: http://www.eluniversal.com.mx/primera/36334.html.


Y es  que, seamos realistas, ningún producto, por bueno que sea, te hará milagros. Ningún zapato te hará bajar de peso, así lo uses hasta para dormir (sólo si lo usas para correr digamos unos 10 km al día, pero eso lo podrías hacer hasta descalzo, bajo condiciones adecuadas). Ningún suplemento alimenticio te hará adelgazar si no dejas de consumir alimentos que te engorden. Ninguna crema te hará “rejuvenecer” 20 años ni te hará verte más atractiva de lo que ya eres. Ninguna sartén cocinará por ti, o hará que tus guisos sean más sabrosos.

Así que, espero, dentro de poco tiempo, veremos en México menos productos “milagrosos” o mágicos y más productos útiles, sin promesas que no podrán cumplir, de acuerdo a una escala de valores racional y basada en resultados científicamente comprobables.


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Lo mejor que puedo ofrecerte es la muerte

Publicado por keithcoors_00 en 27 septiembre, 2010

La muerte es el menor de todos los males.

Sir Francis Bacon


A veces uno tiene que tomar decisiones que no son nada gratas. Y es que todo se reduce a cuestiones de prioridades, de valores, de recursos.


El tema de esta entrada es precisamente la decisión nada grata de sacrificar a una mascota cuando está enferma y cuando sufre por causa de su enfermedad. Miren ustedes, mis queridos lectores el caso es el de mi gata que responde al nombre de Chiti, y que ha engalanado algunas entradas de este blog (como es el caso actual).


La Chiti es una gatita blanca, de ojos azules y orejas rosadas y comenzó a mostrar signos de enrojecimiento en sus orejas hace cosa de dos años. La gente que sabe de gatos nos indicó que padecía de sensibilidad a la luz solar. Esto significaba que el enrojecimiento se debía a la típica quemadura por exposición al sol y nos recomendaron que se le pusiera bloqueador solar para evitar las quemaduras. El clima de Jiutepec se presta para tener muchos días soleados al año y el carácter de la Chiti (libre, voluntariosa e indolente como buen felino) también se prestaba para que la solución del bloqueador no fuese la más idónea.


Al correr de los meses el enrojecimiento se convirtió en resequedad y eso le provocaba comezón. Después al rascarse se provocaba heridas que la hacían sangrar profusamente. Un amigo veterinario me recomendó que le curara las heridas autoinflingidas con violeta de genciana (cloruro hexametílico de Pararosaniline) y que le colocara un producto de nombre  raro para ahuyentar las moscas. Eso hice y la Chiti mejoró, pero sólo en forma temporal (además de que adquiró un tono muy sui generis en el pelaje alrededor de sus orejas).


Pero recientemente nos mudamos de ciudad y ahora la Chiti vive con la familia en Cancún, Quintana Roo. En los últimos días la situación ha empeorado, a tal grado que las hemorragias causadas por sus rasquidos prácticamnete la tienen postrada dos o tres veces al día, sin minimizar las constantes labores de limpieza de muebles, paredes, ropa y utensilios que se tiñen de rojo sangre y las constantes discusiones familiares sucitadas por este tema.


Un veterinario local le recetó varios antibióticos y anti-inlamatorios así como el uso de un collar isabelino (una especie de “cono de la vergüenza”) para evitar que se pueda rascar la zona afectada. Puede verse cómo es este artilugio en la siguiente imagen:



Pues en efecto, el uso de esta especie de cono es un suplicio vergonzante para la Chiti. Para empezar no puede comer ni tomar agua en forma normal ni sin extenuantes trabajos. No puede acicalarse, lo cual es de extrema importancia para cualquier gato que se precie de serlo, No puede caminar correctamente y mueve su cabeza como  si fuese una antena parabólica localizando el satélite correcto. Tampoco puede rondar libremente por el vecindario porque se “atora” con frecuencia con ramas y cercas.


Lo peor de todo este asunto es que aun con el collar de la vergüenza, la Chiti ha logrado encontrar la forma de rascarse las orejas. Como se puede ver en la imagen, el collar tiene una unión, una especie de ceja que mantiene unidos los extremos del cono. Pues la Chiti logra colocar esa ceja justo a la altura de su oreja y cuando eso pasa sacude su cabeza con movimientos violentos, haciendo que su oreja raspe contra esta ceja. Las hemorragias han continuado y empeorado.


En realidad no sabemos qué más hacer para evitar su sufrimiento. Aunque los medicamentos le han mejorado sus orejas, ella misma no permite la cicatrización de sus heridas. Ha enflacado mucho y maulla con insistencia sin motivo aparente.


Ya no podemos solventar más tratamientos de salud para la Chiti, pues finalmente estaríamos utilizando recursos económicos destinados a la subsistencia familiar y nos parte el corazón verla sufrir de esa forma, acabándose poco a poco, sin comer lo suficiente, sin pasear lo suficiente, sin estar suficientemente limpia. Una alternativa planteada por nuestros hijos era donarla a una familia que pudiese hacerse cargo de su salud, pero ¿quien quiere a un gato enfermo, sangrón, indolente y que además requiere de costosos tratamientos para su salud, que con mucha probabilidad no surtirán efecto?


Así que si su salud no mejora en el corto plazo, lo mejor que hasta hoy puedo ofrecerle a mi Chiti, es la muerte: eutanasia mediante el piadoso uso de una dosis alta de anestésico, que la libere de su rampante sufrimiento de una vez por todas y que nos permita llevar una mejor vida al resto de la familia, aunque con el dolor de saber que ya no estará entre nosotros.


¿A algún lector le gustaría estar en mis zapatos para tomar esta decisión?


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¿Los teléfonos celulares causan cáncer?

Publicado por keithcoors_00 en 10 junio, 2010

La duda: escuela de la verdad.

Sir Francis Bacon



Desde eSkeptic
Por Bernard Leikind
Traducción: KC



La radiación de microondas de los teléfonos celulares no puede causar cáncer por ningún mecanismo, conocido o desconocido. Mi respuesta a la pregunta del título de este ensayo es ¡Olvídate de eso…! ¡De ninguna manera! ¡Cuando los cerdos vuelen! ¡Cuando sea el Papa! En resumen ¡No!


Este ensayo es un compañero al artículo del mismo título que aparece en la revista Skeptic vol. 15, no. 4. Aquí se presenta la versión corta de carácter no técnico, y se describe lo que todos los físicos saben que es verdad sobre lo que ocurre cuando el tejido humano o cualquier material absorbe radiación de microondas. Es este conocimiento el que me lleva a afirmar con tanta vehemencia que los teléfonos celulares no causan cáncer. También se tiene en cuenta dos importantes estudios epidemiológicos recientes de Europa que pusieron correctamente de manifiesto que no había relación entre los teléfonos celulares y el cáncer cerebral.


Un teléfono celular emite alrededor de 1 vatio de radiación electromagnética. Mucho de esta potencia se dirige a encontrar una torre de telefonía celular. Los tejidos de los usuarios absorberán una parte de esta radiación. Estos tejidos incluyen la mano de la persona que llama, el oído, el cuero cabelludo, el cráneo y el cerebro. Cuanto más se acerque un tejido a la antena del teléfono celular, más de la radiación se absorberá en el tejido. Por alguna razón, sin embargo, ninguno de esos temores rampantes sobre teléfonos celulares que causan cáncer están preocupados por el cáncer de piel en las manos, los dedos o las orejas.


La frecuencia de la radiación del teléfono celular típico es de alrededor de 2.5 GHz, dos mil quinientos millones de oscilaciones por segundo. La radiación viaja a la velocidad de la luz – 300,000 kilómetros por segundo – y dividiendo el uno entre el otro y corrigiendo por las unidades que utilizan para la velocidad, se demuestra que la longitud de onda de esta radiación es de unos 10 centímetros.


Mientras las ondas electromagnéticas pasan a través de los tejidos del cuerpo, los campos tratan de agitar las moléculas o partes de las moléculas que pueden. A estos campos les gusta tomar y agitar las moléculas de agua, y hay muchos disponibles. Los campos tomarán lo más que puedan, que pueden ser la totalidad o parte de muchas de las moléculas esenciales de la bioquímica, tales como el ADN en los genes, o las enzimas, las moléculas de combustible, moléculas de residuos, moléculas estructurales, y así sucesivamente.


Todas estas moléculas existen en el citoplasma, y están en estrecho contacto unas con otras. Las moléculas tiemblan, se tuercen o se agitan, transfiriendo energía entre sí. Durante el tiempo – menos de una milmillonésima de segundo – que tomaría a la radiación del teléfono celular sacudir una molécula o a parte de una molécula de un lado a otro, esa molécula sufrirá mil o diez mil colisiones con sus vecinos. Toda la energía que la molécula podría reunir desde el campo electromagnético se propaga rápidamente a través de todos sus vecinos.


En el camino próximo a estas moléculas está un capilar lleno de plasma de sangre y células sanguíneas. Esta sangre está a la temperatura corporal. Toda energía adicional de cualquier fuente que aparezca en las células cerca de los capilares se trasladará a la sangre un poco más fría, calentándola. La sangre que fluye se lleva la energía a través del cuerpo. La temperatura del cuerpo aumenta de manera imperceptible, y la energía extra eventualmente se transfiere de la piel al medio ambiente.


Cualquier persona que afirme que un mecanismo potencial por el que este flujo de energía, de menos de 1 vatio, podría causar cualquier tipo de cáncer, debe de saber que tiene que explicar demasiado. Un vatio es mucho más pequeño que muchos otros flujos de energía natural que nadie sospecharía que podrían causar cáncer. En mi artículo de la revista Skeptic, se muestra que la producción promedio de energía en mi cuerpo mientras me ocupo de mi vida es de unos 100 vatios. También muestran que mientras troto en la caminadora del gimnasio local durante media hora, produzco entre 1,100 y 1,200 vatios. Esta energía, producida en los músculos de mis piernas, viaja por todo el cuerpo incluyendo el cerebro, y me hacen sudar mucho. La temperatura de mi cuerpo no cambia mucho. Nadie cree que mi frecuentes sesiones de trote causan cáncer. Si el teléfono celular con menos de 1 vatio es causa de cánceres, entonces ¿por qué no funciona mi sesión de ejercicio de más de 1,000 vatios para causar cáncer?


En el último año aparecieron los resultados de dos estudios epidemiológicos importantes en la literatura científica, y con bombo y platillo en los medios. Para decirlo con claridad, en estos dos estudios diferentes no se encontraron evidencias que relacionen los teléfonos celulares y el cáncer cerebral. Los investigadores podrían haber dicho simplemente, “Hicimos estos extensos y cuidadosamente diseñados estudios, y los teléfonos celulares no tienen nada que ver con el cáncer de cerebro.”


En el importante estudio danés, los investigadores reunieron datos de toda la población de Dinamarca, Suecia, Noruega y Finlandia. Estos países han proporcionado durante mucho tiempo razonable atención médica para todos sus afortunados residentes. Por lo tanto, los investigadores tuvieron acceso a los registros a fondo. Los cánceres cerebrales son raros, así que se debe buscar a través de grandes poblaciones para encontrar suficientes casos para extraer conclusiones. El plan de este estudio era comparar las tendencias en la incidencia de cánceres cerebrales a partir de la década de 1980 hasta mediados de la década de 1990 cuando el uso del teléfono celular era inexistente o poco frecuente, con la incidencia en la primera década del siglo 21, cuando el uso del celular es de amplia propagación. Ellos no vieron efecto alguno. Ninguno. Cero. Nada.


Estos investigadores piensan que los teléfonos celulares deben causar cáncer en el cerebro de alguna manera hasta cierto punto. Por lo tanto, afirmaron que tal vez su estudio no fue lo suficientemente grande, tal vez su estudio no cubrió el tiempo suficiente, o tal vez la población de la gran muestra diluyó el efecto en subgrupos susceptibles. Se admitió de mala gana que era posible que su estudio no mostrase ningún efecto porque los teléfonos celulares no causan cáncer.


El otro estudio, conocido como el estudio Interphone, es un estudio de casos controlados. Buscando en las poblaciones de 13 países europeos los investigadores encontraron 6,000 pacientes con cáncer cerebral. Después, los investigadores buscaron más de 6,000 personas para formar un grupo control. A continuación, los epidemiólogos buscaron sus datos para ver si podían detectar evidencias de que el uso de celulares podría aumentar el riesgo de cáncer cerebral. “Los resultados realmente no nos permiten concluir que existe algún riesgo asociado con el uso de teléfonos móviles, pero … también es prematuro decir que no hay riesgos asociados con ellos”, dijo el director de la IARC, Christopher Wild, a Reuters. También dijo:


Los datos del estudio del IARC mostraron que, en general, los usuarios de telefonía móvil de hecho tenían un menor riesgo de cáncer cerebral que las personas que nunca había usado uno, pero los 21 científicos … dijeron este hallazgo sugiere un problema con el método, o con información equivocada de los que tomaron parte.


Otros resultados mostraron que un elevado tiempo acumulado en llamadas puede elevar ligeramente el riesgo, pero de nuevo el hallazgo no era fiable.


“No podemos concluir que no hay ningún efecto”, dijo Elisabeth Cardis, del Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental en Barcelona, España, quien dirigió el estudio.


“Hay indicios de un posible aumento. No estamos seguros de que es correcto. Podría ser debido al sesgo, pero las indicaciones son lo suficientemente fuertes … para estar preocupados. “


¿Por qué estos investigadores no están anunciando el brillante descubrimiento de que los teléfonos celulares protegen contra el cáncer de cerebro? ¿Por qué piensan que la preocupación está justificada? Confían en que no hay forma posible de que los teléfonos celulares reduzcan el riesgo de cáncer de cerebro, pero sospechan que los físicos pueden estar equivocados de que no existe ningún mecanismo.


Los físicos hemos resuelto el problema de la radiación de microondas y su absorción. Sabemos exactamente lo que ocurre con la radiación, y en esto no hay una zona difusa que no entendemos. En cambio, los epidemiólogos están equivocados al afirmar que los físicos no saben de un mecanismo por el cual la radiación podría causar cáncer.


Los epidemiólogos explican su gran descubrimiento de que los teléfonos celulares protegen contra el cáncer y sospechan que pueden causar cáncer cerebral porque creen que lo primero no tiene ningún mecanismo y el segundo puede tener un mecanismo desconocido. Sostengo firmemente que no existe un mecanismo posible, conocido o desconocido, por el cual la radiación del teléfono celular podría causar cáncer. Sin embargo, los epidemiólogos están equivocados al afirmar que no hay manera de que los teléfonos celulares podrían reducir el riesgo de cáncer cerebral.


Esta es mi propuesta. Cuando nuestro cerebro absorbe la energía de los teléfonos celulares, hay un pequeño aumento de la temperatura. Cuando nuestro cuerpo desea energizar sus sistemas de defensa y desconcertar a los chicos malos, el sistema inmunitario aumenta la temperatura. Si el problema es local, el sistema inmunitario innato produce la inflamación. Si el problema es general, el sistema inmunitario innato produce fiebre. Evidentemente, un ligero, pero perceptible aumento de la temperatura es beneficioso para nosotros.



El físico Bernard Leikind se comió un foco para una generación anterior de lectores de Skeptic – Vol. 3 Nº 3, 1995. Apagó el interruptor, desenroscó la bombilla, la rompió con un martillo, y sólo se comió el vidrio. Se aconseja encarecidamente que los lectores no se coman sus teléfonos celulares, incluso si los han apagado, estrellado, y cancelado sus contratos.


(Reprinted with permission from the copyright holder the Skeptics Society and Skeptic magazine, www.skeptic.com)
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