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El Weblog sin dogmas

El origen de los OVNI

Posted by keithcoors_00 en 22 enero, 2008



Resulta curioso que desde que el ser humano ha inventado aparatos que vuelan (globos, dirigibles, aviones, cohetes, helicópteros, etc.) también ha aumentado el número de avistamientos de Objetos Voladores NO Identificados (OVNI). No es que antes de estas invenciones y desarrollos no hubiera avistamientos de fenómenos que en apariencia no tienen o no tenían explicación (fuegos de san Telmo, fuegos fatuos, centellas, relámpagos, sprites, aerolitos, etc.), sino que el número total de objetos visibles en vuelo o suspendidos en el aire ha aumentado considerablemente desde finales del siglo XIX. En resumidas cuentas, el fenómeno de avistamiento de OVNI se ha dado principalmente durante el siglo XX, curiosamente en el mismo siglo en el que los ingenios humanos han surcado los aires.

Ante el avistamiento de un OVNI ¿que podría uno preguntarse? Lo más simple puede ser lo mejor:

¿Que es eso que veo?

Esa pregunta es básica y fundamental, pues de ahí se desprende todo lo demás. Si la pregunta PUEDE ser contestada inmediatamente, significa que nos hemos basado en un conocimiento previo que nos permite reconocer lo observado. Así, la respuesta podría ser: Es un globo, es un 747, es un aerolito, es un satélite artificial, etc. Para ello necesitamos información previa, imágenes que no siempre están al alcance de la gran mayoría, y menos si le exigimos que esté actualizada.

Pero no siempre podemos contestar esa pregunta a la primera. Entonces, si la pregunta NO se puede contestar inmediatamente, se vislumbran tres caminos:

  1. La primera opción es suponer que lo observado es real, que no depende de nuestras fallas de observación y percepción, ni de las fallas del instrumento de registro (fotografía, video, etc.). En este caso, lo que dicta el sano escepticismo es esperar a tener más evidencia “visual” o física, de preferencia, y quizás dedicar más tiempo y energías para investigarla. Hasta ahí la cosa va bien, pues estamos tratando de obtener información objetiva.
  2. El segundo camino es indagar si no ha sido obra de un “brinco” en nuestra percepción (ilusiones ópticas, fallas químicas en nuestro cerebro, defectos de visión, artefactos en las imágenes registradas, etc.). En este caso las dificultades son muchas pues es particularmente difícil ser objetivo cuando se trata de explicar nuestros propios errores, sesgos, inexactitudes, tendencias, trastornos, etc. Pero siempre es posible identificar este tipo de saltos en la percepción.
  3. El tercero es hacer una evaluación rápida y decidir entre lo que la experiencia cotidiana nos dicta (lo que vi es algo que todos pueden ver, digamos un avión, un globo, una centella, etc.) y las explicaciones fantásticas (como no pude observar bien, de seguro es un aparato extraterrestre que ESTABLECIÓ contacto psíquico conmigo, ME identificó y SEMBRÓ en mí una imagen mental que confunde mis sentidos, lo que me impide reconocerlo).


Aquí es necesario reconocer (con humildad) que nuestras necesidades de seguridad, de conocimiento rápido y de certeza inmediata, en muchas ocasiones superan a nuestra inteligencia, sentido común y aplomo, y con mucha regularidad se recurre a explicaciones fantasiosas, como afirmar que lo observado ES real Y ADEMÁS que es obra de una inteligencia extraterrestre. Eso a veces resulta mucho más fácil que analizar con objetividad lo observado. Quizás hasta podemos imaginarnos las escenas de grandes filmes del pasado, al estilo de la Guerra de los Mundos y otras no menos famosas e impactantes, para explicar lo observado. Incluso se nos han presentado videos falsos de supuestas autopsias de seres de apariencia humanoide, haciéndolos pasar por “verdaderos” y al tiempo (años después) se nos revelan los autores de la broma confesando sus travesuras. Y entonces, la gente que creyó en la veracidad de estas “pruebas” se resiste a aceptar que era una broma, y ahora puede decir que todo era un complot gubernamental de ocultamiento de “la verdad”.

La mente puede ser sembrada con “recuerdos” falsos, y somos muy susceptibles a caer en la manipulación basada en el espanto y el temor; después de todo, el temor es una emoción muy humana y muy válida (tan es así que los métodos de control de los poderosos siempre se han basado en el terror. Las cacerías de brujas en la edad media se basaban más en el terror que en evidencias objetivas). Además, solemos temer más a lo que desconocemos. Pregunten a cualquier niño de 6 años que piensa del “coco”, de la “bruja”, de la “llorona” y entes por el estilo. Y si a eso añadimos que mucha gente está sedienta de reconocimiento, es factible que sus “descubrimientos” sean más bien engaños, auto-engaños, mentiras piadosas, mentiras malintencionadas, y otras falsas fuentes de sorpresa para convencer a incautos.

Así que, ante un avistamiento o registro visual de un OVNI (resaltando la “N“), más que preguntarme ¿Quiénes nos visitan?, y toda una serie de preguntas sin sentido que le siguen a esta por la falta de evidencias sólidas, me preguntaría:

¿Que es lo que veo?

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