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El Weblog sin dogmas

Por qué es importante divulgar el escepticismo

Posted by keithcoors_00 en 4 abril, 2008

Hay dos buenas razones principales para divulgar el escepticismo. La primera es que constituye una herramienta de pensamiento que es elemental para el crecimiento de los indicadores de investigación y desarrollo (I+D). La otra es porque no puede ser profesado como materia de escuela, y es necesario que la gente sepa de su existencia, para establecer un buen contrapeso a sus opuestos.

El escepticismo no puede enseñarse como se enseñan las tablas de multiplicar, sobre la base de una técnica dogmática de repetición, que tiene por objeto marcar en la mente del estudiante de primaria las operaciones y resultados básicos del producto de dígitos. El escepticismo no podría basarse en su antítesis.

Y es que aunque las tablas de multiplicar sean de gran utilidad para realizar operaciones más complejas, no es sino hasta que se estudia el álgebra en la secundaria, cuando se puede comprender cabalmente los fundamentos matemáticos que sustentan este atajo de la suma repetida.

Al igual que las tablas de multiplicar, el escepticismo es muy útil; es un enfoque práctico ante las observaciones, ante los resultados de las observaciones y ante las conclusiones de dichas observaciones. En anteriores entradas afirmé que:

En pocas palabras, el escepticismo es la voluntad para dudar de lo percibido y reunir evidencias objetivas para complementar el proceso de juicio racional.


Pero esa voluntad no puede ser inculcada o enseñada utilizando los métodos dogmáticos como los de las tablas de multiplicar. Cuando nos enseñan las tablas no se nos explican las propiedades de la operación producto. Los estudiantes de primaria simplemente se adhieren al dogma de la repetición, sin posibilidad de cuestionamiento o duda.

Y aunque para el estudiante de primaria esa repetición finalmente se transforme en una especie de base de datos extremadamente útil, el método de enseñanza no deja de ser arbitrario. Pero igualmente dogmático y arbitrario es el método de enseñanza del lenguaje: Esto es una “silla”, esta es la letra “A”, la conjugación del verbo satisfacer sigue las mismas formas que las del verbo hacer (pasado de hacer en primera persona singular, hice; pasado de satisfacer en primera persona singular, satisfice), etc.

Ante lo irracional de cualquier idioma, no hay mucho de dónde escoger. Imaginemos lo bizarro que resultaría un alumno de primero de primaria preguntando el porqué del verbo ser. Aprender cosas tan irracionales como el lenguaje requiere de métodos dogmáticos, no hay mucho que buscarle.

Pero una vez que uno aprende las tablas de multiplicar y los procedimientos básicos de la comunicación oral y escrita, la irracionalidad y el dogmatismo pueden dar paso a otros métodos. La exposición a conceptos novedosos aunada al fomento para que los estudiantes se conviertan en curiosos investigadores, es una de las mejores alternativas para la educación en las ciencias.

La curiosidad natural por entender el mundo y sus relaciones es la base de donde pueden surgir el racionalismo, el pensamiento crítico y el escepticismo. Sobre la curiosidad dice la wikipedia:

Esencialmente, la “curiosidad” es un término que describe un número desconocido de mecanismos del comportamiento psicológico que tienen el efecto de impulsar a los seres a buscar la información y la interacción con su ambiente natural y con otros seres en su vecindad.


Esta característica natural de búsqueda no es exclusiva del ser humano. La compartimos con casi todos los organismos superiores, incluyendo mamíferos, aves, peces y reptiles. Al parecer es una característica que proporciona un medio de evaluar el contenido del entorno (peligroso, alimenticio, protector, favorable para la reproducción, etc.). Dice el Dr. Miguel Ángel Macías, neurocirujano mexicano:

Esta curiosidad que caracteriza al humano tiene niveles de complejidad de acuerdo al acopio de información, experiencia o conocimiento y la capacidad individual de establecer asociaciones, sin embargo estas asociaciones estarán sujetas a los métodos de “cómo asociar” la mayoría de ellos atávicos. Se podrían establecer a grosso modo tres niveles generales:

  1. Curiosidad común. Exploración no propositiva del entorno.
  2. Curiosidad propositiva ordenada. Observación.
  3. Observación sistematizada, avanzada o científica.

El primer nivel de curiosidad es compartido con algunos peces y crustáceos. El segundo lo compartimos casi con todos los organismos superiores, incluidos el pulpo y el calamar y el tercero es el que nos distingue de los demás organismos.

Entonces, si somos curiosos por naturaleza, ¿por qué importante divulgar el escepticismo? ¿No sería suficiente con dejar que la naturaleza curiosa obre por si misma en nosotros?

Es necesario reforzar la curiosidad porque puede ser abolida cuando se fomenta el uso extensivo de prejuicios y dogmas. Y es necesario reforzar y divulgar el pensamiento crítico y el escepticismo para reconocer estos prejuicios y dogmas.

Pienso que los métodos de la educación tradicional, algunas costumbres de la sociedad mexicana y también el principio de autoridad, no exclusivo de la sociedad mexicana, son los principales obstáculos y amenazas para la curiosidad, para el escepticismo y, por ende, para la investigación y el desarrollo tecnológico en México.

Métodos de educación tradicional. Básicamente se centran en el modelo del educando y el profesor. El profesor sabe y por lo tanto enseña al educando. El educando es ignorante y debe aprender lo que el profesor le enseña. Este modelo es el que aun rige en las escuelas oficiales mexicanas, y en muchas de corte particular. Escribe F. Javier Haro del Real un editorial en la revista Sinéctica:

Ha sido ya reconocida la ineficiencia de la educación en México y prácticamente en todo el mundo. La escuela tradicional, representada por la mera transmisión o memorización de información, no ha propiciado, significativamente, la formación de personas maduras, ciudadanos solidarios y profesionales capaces.

Pero reconozcamos que de esa manera fueron educados Newton, Leibinitz, Einstein, Laplace, Rutherford, etc. Incluso así también fue educado Mario Molina. Pero entonces, si el esquema educativo tradicional no es la única causa de que en México no haya tanto desarrollo científico y tecnológico ¿Qué otras causas hay?

Yo pienso que la idioscincracia del mexicano es un gran escollo a vencer.

Idioscincracia mexicana. No sólo la educación escolarizada es responsable de la formación (o deformación) de los estudiantes, también influye el ambiente familiar que priva en muchos hogares mexicanos.

En muchas familias se suele callar y reprimir a los infantes que preguntan y cuestionan al mundo que les rodea. Sobre este punto es conveniente analizar dos formas de curiosidad infantil, para diferenciar el comportamiento familiar. Hay una curiosidad inútil, de la que todos hemos sido testigos. Esa curiosidad es la que que no lleva a nada, que sólo es un reflejo de la necesidad del infante por seguridad en el mundo. La otra curiosidad es la que pregunta por el mundo, por su naturaleza, por su comportamiento asombroso.

Citaré una fuente religiosa, que explica muy bien el primer tipo de curiosidad infantil (y a veces no tan infantil, pero inmadura a todas luces). Dice Pedro García, Misionero Claretiano:


Muchas veces reprendemos a las personas curiosas. Nos caen mal. Entrometidas en todo, no dejan una vida bien parada. Todos estamos con miedo a su lado, porque sabemos que un día u otro saldrán a relucir en público nuestros asuntos más personales. La curiosidad, así entendida, es desagradable, es mala, y no la podemos aceptar. La vida privada nos interesa mucho, y siempre corre peligro cuando una persona se mete a curiosear donde no le llaman…

El otro tipo de curiosidad infantil es la que lleva a los críos a preguntar el porqué del sol, del frío, de las plantas, del comportamiento humano y animal. Este tipo de curiosidad debiera ser fomentada, en vez de reprimida. El primero tampoco es malo, pienso que simplemente es mal orientado en la mayor parte de las veces.

Pienso que las peores formas de atentar contra la curiosidad infantil, sea del tipo que sea, son la represión y la respuesta absoluta, dogmática, la que deja al niño sin palabras. Se puede adivinar que ambas se dan en los hogares mexicanos con mucha frecuencia, dada mi experiencia personal como mexicano y como profesor, y vistos algunos datos interesantes sobre la inversón en Investigación y Desarrollo en México y en el mundo.

La represión inhibe la curiosidad gracias al miedo, al temor por el castigo. La respuesta absoluta, aunque menos violenta, se introduce al subconsciente infantil casi con igual facilidad que el terror: respuestas al estilo de: “Las cosas del mundo son así, y no hay otra manera de verlas o de concebirlas” son en las que se basan los prejuicios sociales y culturales, sobre las que los memes negativos se propagan con más facilidad.

Incluso cuando las respuestas de los padres son correctas y atinadas, inhiben el esfuerzo infantil por encontrar sus propias respuestas (aunque estas estén equivocadas en principio, el fomento del esfuerzo por continuar intentando nuevas explicaciones debería prevalecer). La tentación por utilizar el principio de autoridad paterna (materna también) bajo cualquier circunstancia, también inhibe la curiosidad.

Principio de autoridad. Fuera del ámbito familiar, este principio se manifiesta en conductas paternalistas de los gobiernos y de las autoridades, valga la redundancia. En innumerables ocasiones, las opiniones de autoridades se toman como verdades absolutas, como dogmas de fe, como ley de hierro. Pero no siempre esas opiniones son tan racionales y verdaderas como se pretende que sean. Dice Carl Sagan en su magnífica obra “El Mundo y sus Demonios” (ISBN
84-08-03515-0):

Uno de los grandes mandamientos de la ciencia es: «Des­confía de los argumentos que proceden de la autoridad.» (Desde luego, los científicos, siendo primates y dados por tanto a las je­rarquías de dominación, no siempre siguen este mandamiento.) Demasiados argumentos de este tipo han resultado ser dolorosamente erróneos. Las autoridades deben demostrar sus opiniones como todos los demás. Esta independencia de la ciencia, su reluc­tancia ocasional a aceptar la sabiduría convencional, la hace peli­grosa para doctrinas menos autocríticas o con pretensiones de cer­tidumbre.

. . .

Los argumentos de la autoridad tienen poco peso: las «autoridades» han cometido errores en el pasado. Los volverán a cometer en el futuro. Quizá una manera mejor de decirlo es que en la ciencia no hay autoridades; como máximo, hay expertos.

Y tenemos evidencias de que las autoridades cometen errores en todos lados y en todas las épocas. Recientemente leía sobre la huelga en la UAM, cuyo Sindicato no levantó el paro hace un mes por rechazar la propuesta de las autoridades, que consistía en 4.25% de aumento (y el 100% de salarios caídos). El Sindicato terminó aceptando ese mismo porcentaje de aumento, con el 50% de salarios caídos, pero un mes después. Seguir ciegamente las opiniones de las autoridades (aún las sindicales) es un grave riesgo.

Otras causas. También influye el inconsciente nacional que muchas veces se ve invadido por mitos y leyendas sin fundamento alguno en la realidad, al estilo del chupacabras y otras tenebrosas figuras imaginarias. ¿Por qué la gente cree en estas cosas? Eso es asunto de otras entradas, pero lo que es un hecho es que existen este tipo de creencias irracionales y que son un obstáculo para una verdadera formación científica y tecnológica de los mexicanos.

Por ello es que considero que el escepticismo debe seguir siendo promovido y difundido. No sólo por su utilidad sino para ofrecer una alternativa racional que haga contrapeso a los obstáculos antes mencionados, sin el carácter forzoso de su prédica escolarizada.

Los escépticos debemos convencer a los demás de las bondades del escepticismo, sobre la base de sus logros y de su utilidad al adoptarlo para la vida diaria. Se dice fácil, pero la tarea de luchar contra los obstáculos obliga a continuar el esfuerzo.

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