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A un siglo del evento Tunguska

Posted by keithcoors_00 en 30 junio, 2008

Desde Ciencia@Nasa

Traducción y comentario de KC

El año es 1908 y es justo después de las siete de la mañana. Un hombre está sentado en el porche de un puesto de comercio de Vanavara en Siberia. Dificilmente imagina que en pocos momentos será lanzado de su silla y el calor será tan intenso que sentirá como si se quemara su camisa.

Así se sintió el evento Tunguska, a 64 km de la zona de impacto.

Hoy, junio 30 de 2008, es el aniversario 100 de este feroz impacto cerca del río Podkamennaya Tunguska, en la remota Siberia, y después de 100 años, los científicos aún hablan del evento. “Si deseas iniciar una conversación con gente dedicada a asteroides, tienes que mencionar Tunguska”, dice Don Yeomans, gerente de la Oficina de Objetos cercanos a la Tierra en el Laboratorio de Propulsión a Chorro en la NASA. “Es la única entrada de un meteoroide grande que hemos tenido en la era moderna con evidencias de primera mano”.

Arriba: Árboles derribados por la explosión en Tunguska. Crédito: Expedición Leonid Kulik. [más]

Aunque el impacto ocurrió en 1908, la primera expedición científica al área tuvo que esperar 19 años. En 1921, Leonid Kulik, el curador en jefe de la colección de meteoritos del museo de San Petesburgo, lidereó una expedición a Tunguska. Pero las condiciones climáticas extremas de las zonas Siberianas impideron que su equipo alcanzara la zona de la explosión. En 1927, una nueva expedición con Kulik a la cabeza, por fin alcanzó su objetivo.

“Al principio los aldeanos se rehusaban a hablar del tema” dijo Yeomans. “Ellos creían que habían sido visitados por el dios Ogdy, quien habría lanzado una maldición sobre la zona, tirando árboles y matando el ganado”

Si bien los testimonios en principio pudieron haber sido difíciles de obtener, hay muchas pruebas alrededor. Ochocientos kilómetros cuadrados de bosques remotos se habían arrancado de raíz. Ochenta millones de árboles yacían sobre sus costados, situados en un patrón radial.

“Esos árboles actuaban como apuntadores, señalando hacia el centro de la explosión,” dijo Yeomans. “Después, cuando el equipo llegó al punto de impacto, encontraron árboles de pie – pero sus ramas y corteza habían sido arrancados totalmente. Parecía un bosque de postes telefónicos“.

Tal devastación de ramas requiere ondas de choque de alta velocidad, que rompen la rama sin transferir el momentum al tronco. Treinta y siete años después de la explosión Tunguska, árboles sin ramas se encontraron en el sitio de otra explosión masiva – Hiroshima, Japón.

Las expediciones de Kulik (viajó a Tunguska en tres ocasiones diferentes) finalmente obtuvieron algunas declaraciones de los habitantes locales. Uno de ellos era el hombre que estaba en el puesto de comercio en Vanara, quien presenció la onda de calor mientras se encontraba en su silla. Su testimonio:

De repente en el cielo del norte… el cielo se partió en dos, y por encima del bosque la parte norte del cielo se vio cubierta con fuego… En el momento hubo un trueno en el cielo y una poderosa explosión. La explosión fue seguida por sonidos como de rocas viniendo del cielo, o como armas disparando. La tierra se estremeció.

La explosión masiva trajo consigo un viento feroz. La resultante onda de choque sísmica fue registrada en los barómetros sensibles tan lejanos como Inglaterra. Densas nubes se formaron por encima de la región a gran altura y reflejaron la luz solar de más allá del horizonte. Los cielos nocturnos brillaron, y los informes que llegaron de gente que vivía tan lejos como Asia afirmaban que podían leer periódicos al aire libre, como tan tarde como las doce de la noche. A nivel local, cientos de renos, los medios de subsistencia de los pastores locales, fueron muertos, pero no hay pruebas directas de que alguna persona pereciera en la explosión.

Arriba: La localización del impacto Tunguska.

“Un siglo más tarde algunos todavía debaten la causa y llegan a diferentes escenarios que podría haber causado la explosión”, dijo Yeomans. “Pero el acuerdo general sobre la teoría es que en la mañana del 30 de junio de 1908, una gran roca espacial de alrededor de 40m de ancho, entró en la atmósfera de Siberia y luego detonó en el cielo.”

Se estima que el asteroide que ingresó en la atmósfera de la Tierra viajaba a una velocidad de alrededor de 54,000 km/h. Durante su rápida zambullida, los 100 millones de kilogramos de roca espacial calentaron el aire que le rodeaba a más de 20,000 grados Celsius. A las 7:17 horas (hora local Siberia), a una altitud de unos 10,000m, la combinación de presión y calor causó la fragmentación violenta del asteroide aniquilándose a sí mismo, produciendo una bola de fuego y la liberación de energía equivalente a aproximadamente 185 bombas de Hiroshima.

“Es por ello que no existe un cráter de impacto”, dijo Yeomans. “La mayor parte de los asteroides se consume en la explosión.”

Yeomans y sus colegas en la Oficina de Objetos cercanos a la Tierra en el Laboratorio de Propulsión a Chorro en la NASA tienen la tarea de representar la órbita actual de cometas y asteroides que cruzan el camino de la Tierra, y podrían ser potencialmente peligrosos para nuestro planeta. Yeomans estima que, en promedio, un asteroide de tamaño Tunguska entran en la atmósfera de la Tierra una vez cada 300 años.

“Desde un punto de vista científico, pienso sobre Tunguska todo el tiempo”, admite. Poniendo todo en perspectiva, sin embargo, “el pensamiento de otro Tunguska no me mantiene despierto durante la noche.”
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Comentario

El fenómeno Tunguska siempre ha estado en mis recuerdos, pues desde chico, al leer del caso en los libros ilustrados de la colección Time-Life, siempre me pareció intrigante y misterioso. Después supe que algunos OVNIlogos proponían que una nave extraterrestre (con un reactor de fusión como motor de propulsión), habría sido el causante de tanta destrucción.

Nunca creí que eso hubiese sucedido, pues se hubiese encontrado restos de la supuesta nave, quizás a cientos de kilómetros del sitio de impacto.

Pero si el objeto que explotó estaba hecho de roca y metal, similar al que hay en la tierra, quizás los restos se confundiesen con el medio a lo largo de las décadas.

Interesante y vigente tema.

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