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El Weblog sin dogmas

La historia de un charlatán

Posted by keithcoors_00 en 11 julio, 2008

Charlatán, curanderismo antes y ahora

Desde eSkeptic, por: Harriet Hall, MD

Traducción: KC

El libro “Charlatán: El vendedor callejero más peligroso de América, el Hombre que le Persiguió, y la Edad de Flimflam“, por Pope Brock, no es sólo una buena lectura, sino que saca a relucir cuestiones graves sobre la regulación de la práctica médica y el enjuiciamiento del curanderismo. Cuenta la historia de John R. Brinkley, que trasplantaba glándulas de cabra en la gente, y del Doctor en Medicina Morris Fishbein, editor del Journal of the American Medical Association, que trató de detenerlo.

El Charlatán

Brinkley fue un colorido personaje cuyo primer trabajo fue una estafa, la venta de un remedio de patente. Fue a la escuela de medicina, pero nunca finalizó sus estudios, en última instancia mediante la compra de un diploma en otros lugares por $ 100. Un bígamo, borracho, mentiroso, y de una increíble audacia, construyó un imperio de curanderismo que le hizo forrarse de dinero. Aparte de sus aventuras médicas, prácticamente inventó las modernas técnicas para campañas políticas, revolucionó la publicidad, y casi sin ayuda fue responsable de popularizar la música country y el blues con su estación de radio.

Un paciente impotente supuestamente le dijo a Brinkley, “Es demasiado malo que no tenga nueces (testículos) de cabra.” Así Brinkley le trasplantó un par. Unas semanas más tarde, tomó un curso de actualización en cirugía (que no aprobó a causa de embriaguez y escasa asistencia). Comenzó a sentir que estaba dotado y que no debía ser obligado por la “celosa ética ovejera” de la Asociación de Médicos Americana (AMA).

En 1918 fundó una clínica en Milford Kansas cuyo principal objetivo era rejuvenecer los hombres mediante el procedimiento de implantar quirúrgicamente testículos de cabra. Las hormonas no habían sido aisladas aún, y otros hombres de medicina estaban experimentando con el trasplante de glándulas de animales, empezando con Brown-Sequard, que “después de una larga y distinguida carrera internacional, deambulaba fuera de la reserva a finales de 1880.” Él se inyectó a sí mismo con un emulsión de testículos de perro y conejillo y sostuvo que se sentía como un hombre nuevo. Otros médicos siguieron su ejemplo con testículos de cabra, carnero y mono. Steinach ofreció lo que era esencialmente una vasectomía, pensando que regresaría de nuevo el flujo de hormonas al cuerpo. Un programa de investigación se canceló después de que los chimpancés escaparon el laboratorio en un domingo por la mañana y se reunieron de nuevo en una iglesia local, interrupiendo los servicios de culto.

Brinkley tuvo una ventaja sobre sus rivales con un superior engaño, su genio de comercialización y su audacia inmejorable; y las cabras eran una inspirada elección de animal, ya que el macho cabrío es famoso por su apetito sexual. Su fama aumentó en forma meteórica sobre la base de testimonios, pero sus tratamientos fueron infames, ineficaces y peligrosos. Al menos 42 pacientes entraron a su hospital erguidos y partieron horizontales. Otros sobrevivieron a la cirugía el tiempo suficiente para morir en casa, y otros sucumbieron ante el uso de los falsos remedios que vendió a través de la radio. “Dado el estado Jurásico de negligencia en las leyes de malas prácticas médicas en los días de Brinkley” su licencia médica fue una licencia para matar. Su conteo de cadáveres fue más alto que la de los peores asesinos en serie. Él anunciaba que sus tratamientos obraban maravillas en 27 distintas dolencias desde enfisema a flatulencia, con un 95% de tasa de éxito. (Había una menor eficacia en “personas tontas”.) Tenía un programa llamado “Caja de Preguntas sobre Medicina” en su propia estación de radio. Un paciente mandaba por carta sus síntomas, y él aconsejaba “remedio número 20”. Tanto el solicitante como todos los oyentes con síntomas similares comprarían su línea de dudosos remedios numerados que se vendían a través de una cadena de farmacias participantes con un 100% de garantía de devolución. Nada podía detenerlo. Cuando perdió su licencia para practicar la medicina en Kansas, se nominó como candidato a gobernador. Cuando su estación de radio fue clausurada, se trasladó al otro lado de la frontera con México y para crear el más poderoso transmisor de radio nunca visto, para lanzar sus mensajes en toda América del Norte.

Hubo rumores de que él… mordió a un hombre en la oreja durante una riña de borrachos y robó cabras de las granjas vecinas cuando su propio suministro corrió pro lo bajo. Pero él fue idolatrado por un maremoto de pacientes agradecidos, y defensores. Lo que finalmente lo llevó a su caída fue un pleito por difamación que presentó contra Morris Fishbein. Perdió e hizo un tonto de sí mismo en el estrado de testigos. Una cosa que salió en el juicio fue que la Fórmula Especial 1020 (que él enviaba a la casa de los pacientes recién operados para ser inyectado con el propósito de “estimular” la producción de glóbulos blancos) fue nada más que agua coloreada. El veredicto del juicio, en 1939, le marcó como un charlatán, y esto desató un montón de otras demandas de pacientes con lesiones. El Fisco le persiguió para cobrarle impuestos, y terminó en quiebra en 1941, pocos meses antes de su muerte.

Combatiendo la charlatanería en ese entonces

Brock dice: “… los curanderos han florecido en todas las edades y culturas, pues nada capta más interés que las curas para enfermedades y malestares. A diferencia de la mayoría de fraudes, que tienen como objetivo la codicia, el curanderismo se incrusta profundamente en los universos Jungianos: nuestro miedo a la muerte, nuestras ansias por milagros. Cuando vemos acercarse la noche, casi todos somos cobardes”.

Los curanderos fueron abrazados por los Estados Unidos debido a un “perverso flujo” de independencia desde los tiempos de la democracia Jacksoniana cuando la educación fue despreciada y el hombre común exaltado y cuando todos menos tres de los estados, derogaron los requisitos de licencia para la práctica de la medicina. “Los estadounidenses no sólo toleraron sino que exigieron la incompetencia.” La AMA fue fundada en 1847 como reacción al “gratis para todos”, pero “simplemente intercambiaron una forma de caos por otra” – la concesión de licencias de todo, desde la homeopatía a la osteopatía, de la quiropráctica a la medicina “ecléctica” y la herbolaria.

En 1905 Samuel Hopkins Adams escribió una recopilación de medicamentos patentados para la revista Collier’s. Él mencionó nombres: 264 empresas y particulares. En el plazo de un año, el fabricante de un remedio a base de alcohol fue exhortado por el Fisco para poner ya sea verdadera medicina en su producto o abrir un bar. ¿Sabía que la salsa de tomate inició su existencia como un medicamento de patente?

Como respuesta a la recopilación de Collier’s, la AMA contrató a Arthur Cramp como jefe de su Oficina de Investigación. Él y Fishbein formaron un equipo de cazadores de curanderos que duró más de 20 años. La AMA fue dinámica y tenía su propio laboratorio para analizar los recursos de los curanderos. Cramp creó un cartel para distribución nacional: Los testimonios no valen nada. La JAMA adoptó una práctica habitual – un volante de 2 caras con el testimonio de un lado, incluyendo una imagen de la persona enferma y que fue milagrosamente curada y en la página de atrás, la misma persona con su certificado de defunción, especificando la causa de la muerte: la misma enfermedad.

Morris Fishbein sólo practicó la medicina por 1 año antes de pasar al periodismo. Fue famoso por la investigación de una niña con un inexplicable (e imposible) fiebre de 45.5°C y la búsqueda de la bolsa de agua caliente que estaba escondiendo. Él se sintió consternado por lo Brinkley hacía – lo que él llamó emergencia médica de un sólo hombre. Prometió que lo pondría fuera del negocio, y lo intentó durante décadas, pero estaba limitado. Cramp dijo: “No hay nada que la profesión médica pueda hacer, salvo advertir a la población contra esta cosa”. Fishbein intentó la AMA, FTC, BBB, artículos exhibiendo a Brinkley. Nada causó mella en el éxito de Brinkley. De hecho, la publicidad le ayudó, porque podía representarse a sí mismo como el único genio médico en ser perseguido por las hordas de la oligarquía médica. Él podía decir que sólo trataban de proteger su propio monopolio de ingresos médicos. Podía decir que Fishbein intentaba una venganza personal. A pesar de algunos reveses, continuó matando pacientes y haciéndose obscenamente rico al hacerlo. En un toque de arrogancia que recuerda una tragedia griega, Brinkley mismo presentó la demanda judicial que puso fin a su carrera.

La lucha contra el curanderismo ahora

Desearía que Brinkley fuera sólo una curiosidad histórica, pero hay Brinkleys por ahí hoy en día, y no hemos mejorado mucho para ponerles fin. Un reciente programa televisivo presentó a un médico que ha atendido a 30,000 pacientes por una enfermedad inexistente, utilizando peligrosos tratamientos falsos. Sólo ahora hay una investigación que pone en peligro su licencia, pero la audiencia no será hasta diciembre.

Es difícil formar un comité estatal para actuar en contra de un doctor en medicina, un quiropráctico, o cualquier otro proveedor autorizado de servicios de salud sobre la base del curanderismo. Se consigue la atención de estos comités si un paciente muere, o si los pacientes con lesiones demandan por mala práctica. La mala conducta sexual en general, recibe su atención, al igual que defraudar a Medicare. Pero en general, la gente de estos comités se resisten a criticar a sus compañeros. Tenemos que hacerlo mejor.

El problema es, el peligro acecha en las zonas fronterizas de curanderismo. Lo que no se desea hacer es limitar estrictamente a los médicos para ejercer sólo con prácticas autorizadas a fin de que no estén en condiciones de aplicar nuevos tratamientos, que están en experimentación. Incluso si nos atenemos a las pruebas basadas en directrices, tenemos que dejar espacio para el juicio clínico. No me refiero a ningún “arte” vago de la medicina, sino el juicio de la forma para aplicar las evidencias existentes para el paciente en la práctica clínica diaria. Los médicos necesitan libertad para prescribir los medicamentos fuera de etiqueta cuando hay pruebas publicadas de que todavía no se ha traducido en las aprobaciones oficiales. Si la medicina basada en evidencia no tiene nada que ofrecer, tenemos la opción de prudencia intentando algo de lo que no tenemos buenas pruebas, pero tenemos motivos para pensar que podría ayudar. Pero, ¿dónde trazar la línea? El médico que figuró en el programa televisivo dice que está practicando medicina legítima de vanguardia, y lo mismo hizo Brinkley.

Hay zonas enteras de la medicina alternativa que la mayoría de nosotros consideramos curanderismo, pero la corrección política y las repercusiones legales desalientan incluso el uso de esa palabra. El curanderismo de un hombre es la cura milagrosa de otro; seguidores postmodernistas de la Nueva Era nos dicen que la ciencia es sólo una de las muchas formas de saber. Cuando los médicos científicos tratan de reprimir el curanderismo, son automáticamente acusados de intentar celosamente proteger a su gremio de los forasteros. Si esto es cierto, desde luego, no es común. No creo que las preocupaciones financieras entren en la ecuación cuando los médicos hablan en contra de cosas como la homeopatía o el toque terapéutico.

Hay que leer Charlatán y disfrutar; luego pensar en los charlatanes de hoy y llorar.

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Reprinted with permission from the copyright holder the Skeptics Society and Skeptic magazine, www.skeptic.com

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