Ahuramazdah

El Weblog sin dogmas

Más opiniones sobre las experiencias cercanas a la muerte

Posted by keithcoors_00 en 15 agosto, 2008

Los escépticos necesitan de reclamar, redefinir y abrazar las experiencias cercanas a la muerte.

Por Sebastián Dieguez
Traducción: KC

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Estoy de acuerdo en un cien por ciento con todo lo que el Dr. Crislip escribió en su reciente artículo publicado en eSkeptic (y reptoducido en español en Ahuramazdah, nota de KC). De hecho, he co-autoreado el capítulo de un libro de próxima aparición que hace similares reflexiones (Blanke & Dieguez, 2009). Es perfectamente cierto que la pérdida de la conciencia y la condición
cerebral no se evaluaron de manera satisfactoria en el estudio holandés sobre NDE (Near Death Experiences, van Lommel et al., 2001) y que todas las afirmaciones de inactividad cerebral, o incluso disfunción, fueron en gran medida injustificadas por los métodos utilizados. También es un eufemismo decir, como acertadamente menciona Crislip, que la investigación sobre NDE depende de manera crucial de cómo se definen las NDEs.

Este simple hecho es todavía un tema no resuelto 30 años después de que Raymond Moody publicó Vida después de la vida, y la literatura sobre ocultismo sigue suplicando por la respuesta a la pregunta sobre qué es exactamente lo que debe o no debe contar como “una idea después de la muerte”. No obstante la observación de Crislip de que, al seguimiento, algunos sujetos de repente recordaban un NDE que en principio no fue informado (véase también French, 2001), hay otros resultados interesantes en este estudio que conviene señalar. En primer lugar, los sujetos que tuvieron peor puntuación en una tarea de memoria a corto plazo tuvieron significativamente menor probabilidad de haber informado de un NDE. En segundo lugar, los sujetos que tuvieron un NDE anterior tuvieron más probabilidad de no informar de uno en el presente estudio. En tercer lugar, los sujetos más jóvenes tenían más probabilidades de presentar una NDE y las mujeres tienden a informar NDEs “más profundos”. Y en cuarto lugar, los sujetos con un NDE – sobre todo uno “profunda” – tenían más probabilidades de morir en los siguientes 30 días.

Todos estos hechos, en mi opinión, apuntan a factores biológicos y psicológicos implicados en la probabilidad de perdurar y recordar un NDE. En última instancia, los hallazgos del estudio deberían haber sido debidamente discutidos por sus autores antes de saltar a la indignante conclusión de que, debido a que no se podía encontrar una explicación biológica coherente, (no importa que, como se observa Crislip, ninguna fuese realmente buscada), entonces los NDEs no son de naturaleza biológica. En realidad, cualquier persona que vea el punto del principio de la parsimonia debería estar de acuerdo en que el prospecto de los NDEs desafiando cualquier principio de naturalismo biológico, en aquel entonces, desaparece a la luz de un gran número de observaciones.

En primer lugar, es indudable que la mayor parte, si no es que todos los aspectos de NDE, se ajustan completamente al conocimiento neuroscientífico: observaciones de la disminución de la oxigenación cerebral, la ingesta de drogas, disturbios en el ciclo sueño-vigilia, conciencia durante la anestesia, daño cerebral, epilepsia y la estimulación cerebral directa con claridad todos ellos apuntan a correlacionarse con los fenómenos NDE. Luego, está el vergonzoso fracaso para encontrar incluso un caso irrefutable de “percepciones verídicas” durante la inactividad cerebral (o simplemente inconsciencia), mientras que todos estos casos deberían estar en ese lugar de acuerdo con cualquier recuento trascendental o no-reduccionista. Por último, tenemos la creciente evidencia de diferencias interculturales en los NDEs, diversas correlaciones psicológicas sugerentes asociadas con quienes informen sobre estas experiencias, y el número de casos no reportados que indican claramente caractarísticas alucinadas (es decir, no “veridídicas”, Agustine, 2007a, 2007b).

Pero creo que es hora de avanzar un paso más de este tipo de debate. Los investigadores de NDE han observado con frecuencia que sobre este tema, los escépticos simplemente han desentrañado los mitos de las afirmaciones de otros y han especulado sobre los marcos biológicos plausibles para “explicar” la NDE, en su mayoría fuera de su ámbito. Esto es totalmente cierto. La razón es, en mi opinión, que los pioneros de la investigación en NDE, y la mayor parte de sus sucesores, han contribuido en gran medida a desacreditar todo el tema. Hicieron más de lo que se pidió para convertirlo en una vergonzosa guerra religiosa involucrando a empalagosos “grupos de apoyo” de la nueva era, aficionados entusiastas cuánticos, propagandistas Mormones, y fundamentalistas cristianos (para un embarazoso “debate”, véase el Ring, 2000 y Sabom, 2000). Realmente, no es de extrañar que sean tan pocos los científicos atraídos a esta área de investigación.

Sin embargo, creo que NDE podría convertirse en un legítimo ámbito de investigación, e incluso beneficiarse de la desordenada situación heredada de sus pioneros. Me explico. En primer lugar, no obstante el problema para definir qué es exactamente un NDE, en realidad yo creo que el término vagamente denota una clase específica de estado de conciencia fenoménico. En otras palabras, tales experiencias existen. Y en segundo lugar, podemos ahora aprovechar positivamente el hecho de que el término NDE actualmente se está convirtiendo en algo rentable. Desde esta perspectiva más amplia, es posible definir los NDE como

un conjunto de fenómenos experimentados, espontáneamente evocados durante situaciones estresantes o peligrosas para el organismo, que son o podrían ser considerados en forma plausible por cualquiera de los sujetos que los experimentaron o por aquellos que oyeron hablar de éllos, como un indicio de la existencia de una mente incorpórea y/o un mundo más allá cuando el cuerpo ha dejado de vivir.

Digamos que se esos son NDEs, con independencia de los atributos específicos o mecanismos neurocognitivos implicados. Para reiterar, sea cual sea la experiencia consciente mental – por cualquiera en cualquier tipo de período de peligro físico objetivo o subjetivo – que se considere como un desprendimiento corporal y / o en un entorno que no es de este mundo, se trataría de un NDE. Hay que tener en cuenta que no importa lo que el sujeto o la experiencia se considera a sí misma, basta que la narración se perciba como el “NDE” de alguien. Creo que este planteamiento general puede ser un útil para muchos interesados en las ciencias de la conducta humana.

En lugar de centrarse obsesivamente en características específicas como experiencias fuera del cuerpo, los túneles, las luces, los repasos de la vida, encuentros espirituales, cambios de personalidad, y así sucesivamente, acertadamente esta definición desplaza la atención de distancia y se abre a las más amplias y más interesantes preguntas sobre la naturaleza de la experiencia subjetiva, creencias personales y la mitología colectiva, todos en el mismo marco de análisis. Y, por supuesto, la cuestión de si estas experiencias son “verdaderas” o no se convierten completamente en irrelevantes por obra de esta definición. Por el contrario, se libera totalmente las manos de los científicos interesados de la aburrida tarea de desenmascarar las mismas afirmaciones una y otra vez, y les permite pasar a cosas realmente interesantes (exactamente como los investigadores de la memoria han estudiado las “abducciones alienígenas”, centrándose en la realidad las cuestiones pertinentes en lugar de buscar respuestas en el cielo, por ejemplo, Clancy, 2005). Estudiar NDEs definidos de este modo podrían producir fascinantes datos para comprender mejor la formación de creencias, la psicología popular, los sentimientos de “realidad”, la conciencia corporal, imágenes mentales, los procesos de memoria, formación de mitos, tanatología, trastornos neuropsiquiátricos, como alucinaciones, despersonalización, disociación y otros síndromes peculiares. Y quizás incluso para el enfoque racional, el viejo dilema de si cognitivamente es posible o no imaginarse a sí mismo muerto (Nichols, 2007).

En ese caso personalmente estaría interesado en un subcampo de investigación de NDE, que yo llamaría neuro-escatología, y que estudiaría la posibilidad de que el concepto mismo de la “vida después de la vida” sea un residuo de nuestros antepasados tratando de hacer conciencia de la NDEs que habían tenido o que habían oído hablar. En cualquier caso, ya es hora de que la marea regrese, y espero haber convencido a algunos escépticos de que hay algo en los NDEs, y que será nuestra tarea poner de manifiesto dónde reside su verdadero interés.

(Reprinted with permission from the copyright holder the Skeptics Society and Skeptic magazine, www.skeptic.com)

Referencias

  1. Augustine, K. 2007a. “Near-Death Experiences with Hallucinatory Features.” Journal of Near-Death Studies, 26 (1), pp. 3–31.
  2. Augustine, K. 2007b. “Psychophysiological and Cultural Correlates Undermining a Survivalist Interpretation of Near-Death Experiences.” Journal of Near-Death Studies, 26 (2), pp. 89–125.
  3. Blanke, O. & Dieguez, S. 2009. “Leaving body and life behind: out-of-body and near-death experience.” In Laureys, S. The Neurology of Consciousness: Cognitive Neuroscience and Neuropathology. Amsterdam: Elsevier. pp. 303–325.
  4. Clancy, S. A. 2005. Abducted: how People Come to Believe They Were Kidnapped by Aliens. Cambridge/London: Harvard University Press.
  5. Crislip, M. 2008. “Near Death Experiences & the Medical Literature.” eSkeptic, www.skeptic.com/eskeptic/08-06-18.html
  6. French, C. C. 2001. “Dying to know the truth: visions of a dying brain, or false memories?” Lancet, 358, pp. 2010–2011.
  7. Nichols, S. 2007. “Imagination and Immortality: Thinking of Me.” Synthese, 159 (2), pp. 215–234.
  8. Ring, K. 2000. “Religious Wars in the NDE Movement: Some Personal Reflections on Michael Sabom’s Light & Death.” Journal of Near-Death Studies, 18 (4), pp.
  9. Sabom, M. 2000. “Response to Kenneth Ring’s “Religious Wars in the NDE Movement: Some Personal Reflections on Michael Sabom’s Light & Death. Journal of Near-Death Studies, 18 (4), pp.
  10. van Lommel, P., van Wees, R., Meyers, V., Elfferich, I. 2001. “Near-Death Experience in Survivors of Cardiac Arrest: A Prospective Study in the Netherlands.” Lancet, 358, pp. 2039–2045.
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Una respuesta to “Más opiniones sobre las experiencias cercanas a la muerte”

  1. mss said

    Bien interesante este tema, me llama mucho la atención y claro que tiene una explicación perfectamente lógica y científica de todas esas experiencias cercanas a la muerte.

    Interesante el blog, uno no encuentra cosas así generalmente por internet.

    Seguiré visitando, gracias por la información!

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