Ahuramazdah

El Weblog sin dogmas

Humo en el agua, fuego en el cielo

Posted by keithcoors_00 en 7 febrero, 2009

Tremendo contraste entre el crepitar del fuego en su comienzo y la paz de la ceniza.

José Luis Coll


Desde e-Skeptic*
Por Jeff Medkeff & Martin Rundkvist
Traducción: KC



De acuerdo con el libro Observación Sumeria del Impacto del Evento Köfels, un asteroide entró en la atmósfera de la Tierra en el año 3123 A.C. y explotó por encima de los Alpes austriacos, provocando un gran deslizamiento de tierras. Los autores también arguyen que durante los minutos finales del acercamiento del objeto, un astrónomo en Mesopotamia lo observó e hizo notas detalladas del evento, y que también fue observado por los pueblos neolíticos en la costa de Croacia, quienes se inspiraron para representar el evento en su cerámica.

El deslizamiento es real. La cerámica croata es real. El asteroide y el astrónomo sumerio son, sin embargo, en nuestra opinión, una especulación muy mal fundamentada. Suponemos que los autores son muy sinceros sobre su trabajo. Pero sus supuestos son un tanto descabellados, a tal grado que si Guillermo de Ockham hubiese leído este libro, aunque fuese de pasada, le hubiese explotado la cabeza.

Al examinar el argumento, en primer lugar hay que saber si un cuerpo extraterrestre podría contribuir, de hecho, al deslizamiento gigante de tierras de Köfels en Austria. Si no es así, entonces la conexión sumeria es muy dudosa.

El depósito Köfels mide aproximadamente medio kilómetro de espesor y cinco kilómetros de diámetro. Es muy joven en términos geológicos, pues data de después de la final de la última edad de hielo. En 1936, el geólogo F. Suess publicó una hipótesis de impacto extraterrestre para explicar la formación. Hay una gran cantidad de vidrio en el mismo: un mineral similar a la piedra pómez, llamado köfelsita. La mayoría de los geólogos actualmente piensan que se formó cuando la roca se fundió debido a la fricción durante los deslizamientos de tierra, pero otros todavía creen que es más plausible un choque. Tales eventos han creado vidrio de impacto en otros sitios. La edad de los depósitos Köfels se ha medido utilizando métodos radiométricos, lo que indica que se formó por lo menos hace 8,000 años – y no hace 5,000 años como el libro sugiere.

Como los autores rápidamente admiten, no hay nada parecido a un cráter de impacto en Köfels. Quizás la prueba más evidente del origen por impacto de la estructura fue el informe sobre la presencia de elementos de deformación plana en cuarzo. Son características microscópicas de granos de silicato (por ejemplo, cuarzo y feldespato); básicamente planos muy delgados de vidrio dispuestos en conjuntos paralelos que tienen determinadas orientaciones con respecto a la estructura del cristal que los contiene. Esa deformación es un diagnóstico exclusivo de impacto: ningún otro evento geológico las puede formar, ni siquiera erupciones volcánicas muy enérgicas.

Sin embargo, tras un nuevo examen, Deutsch et al (1) encontraron que en Köfels no están presentes cuarzos de impacto con deformación plana. En cambio, observaron cuarzos con características de deformación lamelar, típicas de los procesos tectónicos. De hecho, el cuarzo de impacto no se forma a través de meteoritos quemándose en el aire: se requiere un impacto en el terreno. Además, Hermanns et al(2) han demostrado que las características de Köfels no se formaron a través de un único deslizamiento de tierras, sino que son el resultado de varias diapositivas en diferentes momentos. Actualmente, el consenso de la opinión científica es que Köfels no es un sitio de impacto. No figura en la Base de Datos de Impactos Terrestres, ni siquiera como un posible sitio. No tendríamos que investigar más para desechar el argumento principal de una observación sumeria.

En forma conmovedora, los autores sugieren que la razón de que su asteroide explotara es que al parecer golpeó la muy tranquila y aun ilesa cima de una montaña en su camino hacia Köfels. Sin embargo, con mucho, la mayor parte del texto del libro no es sobre el depósito Köfels, ni sobre los movimientos de los asteroides. Se aborda principalmente y con gran detalle una tableta cuneiforme fragmentada, muy probablemente procedente de las excavaciones de Layard de mediados del siglo XIX en Nínive, y que se conservan en el Museo Británico. Para darle una ventilación justa a la Observación Sumeria, supongamos por un momento (en forma crédula) que había un meteorito quemándose en la atmósfera de Köfels hace 5000 años, y examinemos el ángulo sumerio.

Lo primero que hay que observar acerca de la esterilla es que no tiene 5,000 años, sino que data del siglo 7º A. C. Los autores sugieren que se trata de una copia de la observación de un astrónomo sumerio con el registro de una noche de verano hacia 3,123 antes de Cristo. El transcriptor (o transcriptores) ha(n) reproducido todos los diagramas en la tabla original exactamente, pero sustituyeron la escritura original Sumeria de fase inicial con escritura cuneiforme actualizada del siglo 7°. La razón por la que esta única pieza de evidencia científica, y sólo esta pieza, haya sobrevivido es que según los autores la explosión del asteroide pronto adquirió gran significado religioso en Mesopotamia. De hecho, explican (p. 104) que “Hay muchos mitos europeos y asiáticos antiguos que no son sólo indicativos del impacto de un OCT [objeto cercano a la Tierra], sino que contienen detalles muy sugestivos de este evento. El foco original de este estudio es el examen de estos mitos.”

Sólo alrededor de las tres quintas partes de la superficie de la tableta sobreviven, pero incluso la parte bien conservadas es casi incomprensible. Aunque el guión es claro, su contenido es lacónico y repetitivo, más poesía concreta que narrativa. Los estudiosos profesionales de la escritura cuneiforme están de acuerdo en que la tableta tiene algo que ver con la astronomía, pero casi ninguno piensa que se pueda rescatar cualquier detalle significativo. Una vez más, conmovedoramente, los autores admiten en el prefacio que la tableta sólo es comprensible si se decide de antemano lo que se supone que debe decir. “La tercera (y principal) suposición es que [la tableta] registra la observación de un asteroide clase Aten que impactó en los Alpes austríacos en la localidad de Köfels al final del cuarto milenio antes de Cristo.”

La escritura Sumeria es la primera forma de escritura conocida, que apareció inicialmente entre 3,500 y 3,300 antes de JC. Todas las inscripciones existentes de alrededor de 3,100 A. C. y anteriores son escuetas listas de productos. No fue sino más de medio siglo después que hubo intentos de escribir verbos y oraciones. Hacia el 2700 A. C. ya se escribía en lenguaje sumerio cuneiforme rica literatura con temática variada. También estuvieron a la orden del día los temas religiosos.

El argumento de los autores para atribuirle a su hipotética tableta original una fecha tan temprana es que muestra algo que ellos interpretan como el ecuador celeste en algo que ellos interpretan como la constelación de Piscis. Con una actitud más cautelosa, y con un poco más de respeto por el estado actual de la filología sumeria, por supuesto argumentamos a la inversa: ya que una tableta original no puede provenir del año 3,100 A. C., la tableta no puede tomarse para representar el ecuador celeste en Piscis .

Incluso suponiendo contra esta buena evidencia que un asteroide explotó en Köfels en 3,123 antes de Cristo, no hay ninguna razón para creer que la tableta con escritura cuneiforme en cuestión tiene algo que ver con ese caso. Cualquier papiro medio destruido con jeroglíficos o cualquier bajorrelieve maya, y sí, cualquier excusado con paredes cubiertas de graffitis, puede utilizado de la misma manera. Sin embargo, la tableta es la única fuente de datos para el modelo de interpretación de los autores del supuesto evento, y el foco de la mayor parte del libro. (Los trozos de astro – cerámica croata, misericordiosamente, hacen sólo unas breves apariciones).

Los intentos de los autores por abordar la geología y la filología sumeria se quedan muy lejos de la marca. Dado que esto invalida las inferencias astronómicas argumentadas, vamos a hacer sólo dos puntos sobre el tema. En primer lugar, el hipotético objeto entrante era, según los autores, un asteroide de la clase Aten con una densidad inferior a la de agua. Esto es absurdo. Los asteroides de clase Aten, por definición, pasan todo su tiempo en el sistema solar interior. Pero compuestos de baja densidad no sobreviven allí por mucho tiempo en cuerpos pequeños, porque los volátiles se evaporan o subliman cerca de el sol. Este es un proceso que observamos en los cometas: la sublimación crea la coma y la cola del cometa. Lo que queda después de unos pocos siglos de calefacción solar y pérdida de masa en el sistema solar interior es de roca. Y se sabe que los bien observados asteroides – Aten han tenido órbitas bastante estables durante millones de años.

En segundo lugar, según los autores, el mecanismo por el que los sumerios se enteraron de que el asteroide golpeó la Tierra y se inspiraron para volver a escribir su mitología, es la siguiente. La explosión sin impacto vomitó una nube de eyecciones mortales dirigida de nuevo por el camino por el que había llegado el cuerpo, lo que en ese momento formó un túnel de baja presión a través de la atmósfera. Se ha utilizado esta idea debido a lo que sucedió cuando el cometa Shoemaker/Levy 9 golpeó Júpiter en 1994. Pero ese impacto fue en una densa atmósfera de gases sin superficie sólida, y la dinámica de impacto es muy diferente a la de un cuerpo sólido. El mecanismo que creó las plumas Jovianas no se aplica en la Tierra. Una región de baja presión en la Tierra no puede alcanzar una diferencia tan grande de presión como en Júpiter, y nuestra atmósfera es mucho menos denso para empezar. Además, no se forma una eyección sin un cráter. El proceso que forma el cráter hace que haya eyecciones: ¡TÓMALA!. Sin embargo, no hay un cráter de esas fechas que se ponga en venta en cualquier lugar de la Tierra. La falta de una atmósfera de densidad joviana en la Tierra significa que no se puede tener penachos al estilo de los causados por el Shoemaker/Levy-9, y la ausencia de cualquier cráter significa que no se puede tener ninguna eyección en el primer lugar.

Este trabajo ¿es pseudociencia o simplemente mala ciencia? Sea lo que sea, lo más seguro es que se trate de un caso grave de amateurismo. Los autores hacen inferencias radicales a partir de datos filológicos, arqueológicos y geológicos fuera de su área de especialización, y felizmente llegan a algo que ellos no están profesionalmente preparados para entender: los movimientos de un cuerpo celeste. En el prefacio sugieren que su inspirada visión les ha permitido interpretar la escritura cuneiforme de la tableta en una forma completamente nueva. Explican que la razón de que ninguna revista académica o serie de libros haya aceptado su trabajo es que los revisores académicos son restrictivamente demasiado especializados (y por lo tanto, se insinuó cortésmente que son estrechos de miras) para apreciar este tipo de investigación interdisciplinaria. Pero la buena investigación interdisciplinaria se hace cuando los especialistas en diferentes campos colaboran estrechamente: no cuando especialistas en un solo campo (en este caso, la ingeniería astronáutica) hacen inspiradas incursiones en el territorio de disciplinas que desconocen.

Otro escritor que ha hilado cuentos de mucha altura sobre la enigmática tableta cuneiforme es Zecharia Sitchin. En 1976 su libro El Duodécimo Planeta, la tableta es una gráfica de un astrólogo de una época en que los extraterrestres dominaban la Tierra. Y aunque Observación Sumeria no contiene ni una sola palabra acerca de los extraterrestres, esta es la compañía a la que pertenece el libro: las obras de Sitchin, von Däniken, y Velikovsky.


*Reprinted with permission from the copyright holder the Skeptics Society and Skeptic magazine, http://www.skeptic.com

Título ampliado con respecto del original, en clara referencia a la obra de Deep Purple.

Bibliografía:
(1) Deutsch, A., C. Koeberl, J.D. Blum, B.M. French, B.P. Glass, R. Grieve, P. Horn, E.K. Jessberger, G. Kurat, W.U. Reimold, J. Smit, D. stoffler, and S.R. Taylor, 1994, The impact-flood connection: Does it exist? Terra Nova. vol. 6, pp. 644-650. Citada en http://www.mail-archive.com/meteorite-list@meteoritecentral.com/msg64845.html

(2) R.L. Hermanns, L.H. Blikrab, M. Naumanna, B. Nilsenc, K.K. Panthic, D. Stromeyera and O. Longvab. Examples of multiple rock-slope collapses from Köfels (Ötz valley, Austria) and western Norway: Artículo referido en Science Direct.

Más información relacionada con este trabajo: http://bluecollarscientist.com/2008/04/01/a-sumerian-observation-of-the-kofels-impact-almost-certainly-not/

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