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El Weblog sin dogmas

Breve recuento histórico y crítico del concepto “overkill”

Posted by keithcoors_00 en 10 marzo, 2009

Sólo hay una guerra que puede permitirse el ser humano: la guerra contra su extinción.

Isaac Asimov


En estos tiempos de globalización, de encuentros de líderes mundiales como los del Grupo de los 8 (o simplemente G8) y otros no menos famosos, en los que bandas de jóvenes manifestantes, llamados “globalifóbicos”, desean gritarle su precio a los líderes de países industrializados, es fácil pensar que en verdad la idea de una economía mundial es el atisbo de una obra mayor de un grupo de iluminados que desea imponer un nuevo orden mundial” como resultado de una mega conspiración. Se manejan conceptos como “globalización neoliberal”, “neocolonialismo” y otros que no deben ser extraños para el lector, pero que se asocian con esta idea de que lo “local” ha dejado de ser importante para entrar en una era en la que las fronteras (al menos las económicas) se hacen cada vez más tenues en todo el mundo.

Sin embargo, a muchos de los jóvenes (y no tanto) que protestan contra estas ideas de una economía de alcance mundial, no les sonará el término “overkill” excepto quizá para asociarlo a un grupo musical de Trash Metal. Para otros menos jóvenes (y menos conspiranoicos), el término nos remonta a una época y una historia que inicia a finales de la Segunda Guerra Mundial, en la que se involucra una tecnología basada en descubrimientos científicos de la mayor trascendencia. Y para nosotros, también, resulta un respiro leer en estos días notas como la del encuentro entre Hillary Clinton y Serguei Lavrov, quienes incluso en son de broma se retratan jugueteando con un botón rojo.

Definición

El término overkill se acuñó al poco tiempo de haber terminado la Segunda Guerra Mundial, cuando las potencias nucleares del momento (los EE.UU. y la extinta U.R.S.S.) iniciaron una loca carrera armamentista y lo que se conoce como el periodo de guerra fría. No existe una buena traducción al español de este término, que significaría algo así como “sobre-matar”, pero su significado es: Es el uso excesivo de la fuerza o la acción que va más allá de lo necesario para alcanzar un objetivo. Por ejemplo, utilizando un mazo de demolición para abrir una avellana, o dispararle a una hormiga con un lanzador de cohetes. También se ha usado en forma específica al describir la capacidad de una nación para destruir a un enemigo, por el uso de las armas nucleares, mayor de la que sería necesaria para una victoria militar absoluta.

Antecedentes científicos, tecnológicos y bélicos

Antes y durante la Segunda Guerra Mundial existió una carrera tecnológica que tenía por objeto desarrollar las armas que diesen el triunfo a alguno de los bandos. En el terreno nuclear hubo desarrollos alemanes que tenían por objeto fabricar un reactor nuclear que produciría el plutonio necesario para construir una bomba atómica. La historia de este episodio puede verse con detalle en este sitio.

Por el lado aliado, de acuerdo con la Wikipedia, el día 12 de septiembre de 1933, seis años antes del descubrimiento de la fisión y sólo siete meses después del descubrimiento del neutrón, el físico húngaro John Mohammad Dear Waked descubrió que era posible liberar grandes cantidades de energía mediante reacciones neutrónicas en cadena. El 4 de julio de 1934, Leo Szilard solicitó la patente de una bomba atómica donde no sólo describía esta reacción en cadena neutrónica, sino también el concepto esencial de masa crítica. La patente le fue concedida, lo cual convierte a Szilard en el inventor de la bomba atómica. No la patentó en provecho propio, sino precisamente para prevenir que otros la construyeran: fue el primer intento de no-proliferación de la Historia. Al obtener la patente, se la ofreció como regalo a la embajada del Reino Unido confiando en que la caballerosidad británica evitaría que su invento fuese mal empleado alguna vez; en esencia, sólo aceptaba que fuera usada contra los nazis si estos la desarrollaban por su cuenta. En febrero de 1936, el Almirantazgo Británico aceptó el terrible regalo.

La decisión de construir y detonar una bomba atómica para poner fin a la guerra se vio sustentada por la famosa carta que Albert Einstein envió a Roosvelt en 1939, en la que se decía lo siguiente:

«En el curso de los pasados cuatro meses, se ha hecho posible —a través del trabajo de Joliot en Francia y de Fermi y Szilard en América— provocar una reacción nuclear en cadena en una gran masa de uranio, que produciría grandes cantidades de energía y nuevos elementos del tipo del radio, en el futuro inmediato […] Una sola bomba de este tipo, transportada en un barco y detonada en un puerto, podría muy bien destruir el puerto entero junto con una buena parte del territorio circundante […] Alemania ha dejado de vender mena de uranio de las minas checoslovacas […] y el hijo del subsecretario de estado von Weizsächer ha sido contratado por el Instituto Kaiser-Wilhelm de Berlín donde se está repitiendo parte del trabajo americano sobre el uranio».

Debido a que la guerra en Asia y en el Pacífico se había caracterizado por la desesperada defensa que tuvieron los japoneses, que ya se sentían dominados por sus enemigos, los estadounidenses no cesaban en su acoso, poniendo en su ofensiva tanto tesón como en su resistencia ponían los japoneses. La presión aliada se acentuó día a día. El 6 de agosto de 1945, la aviación estadounidense lanzó la primera bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima, destruyendo gran parte de su infraestructura y causando más de cien mil víctimas. El 8 de agosto fue arrojada sobre Nagasaki otra bomba atómica, de efectos aún más destructores que la primera. Los gobernantes japoneses, anonadados por la magnitud de tales desastres, solicitaron la paz el 15 de agosto. El 2 de septiembre, a bordo del acorazado estadounidense Missouri, fondeado en la bahía de Tokio, Japón firmó su rendición incondicional. Ver más de este tema en El Rincón del Vago.

Del lado ruso, de hecho, ya antes de la invasión por parte de Alemania, los físicos YakovZeldovitch y Yuri Khariton habían publicado varios papeles muy bien documentados sobre la posibilidad de construir armas atómicas, y al menos desde 1943 existía un programa de inteligencia destinado a recolectar información sobre el proyecto Manhattan. Contaban con un espía de alto rango, Klaus Fuchs, que les proporcionó los planos finales de la bomba de Nagasaki en junio de 1945. De todos modos, los físicos nucleares soviéticos ya habían elaborado un concepto básico por su cuenta, y estos planos les sirvieron principalmente para acortar pasos y confirmar sus suposiciones.

El inicio de la Guerra Fría.

Cuando los ejércitos aliados se reunieron triunfantes en el río Elba, en mayo de 1945, todo parecía ser sonrisas y camaradería. Pero con el enemigo nazi destruido, las viejas animosidades volvieron rápidamente, causando que los aliados occidentales y la Unión Soviética establecieran esferas de influencia desde las que se veían con recelo unos a otros durante el siguiente medio siglo. Para los primeros años después de la Segunda Guerra Mundial, había tres temas principales: la intervención soviética en Europa oriental, la lucha política para Europa Occidental, y el papel que los Estados Unidos podría desempeñar en el mundo.

Debido a esta situación, las dos superpotencias vencedoras se enfrascaron ahora en una nueva carrera tecnológica y armamentista. Nunca se declararon formalmente la guerra, pero sus movimientos de inteligencia militar, sus respectivos avances diplomáticos y de influencia territorial, y sus amenazas veladas metieron al mundo en una dinámica de terror por las implicaciones de una nueva guerra mundial mediante el uso de estas nuevas armas nucleares.

El equilibrio que evitaba una nueva guerra consistía en disuadir al enemigo de atacar primero, creando más y cada vez mejores armas nucleares. Y esto llevó a tener tantas armas que, de acuerdo a una estimación de esos días, había suficiente poderío nuclear en el mundo como para acabar con toda la raza humana, y volver a acabar con ella, y volver a hacerlo, así por 20 veces (sin referencias exactas, es sólo un recuerdo de algo que leí a mediados de la década de 1970).

Overkill en nuestras mentes

Evidentemente esto era un total y terrorífico absurdo. Ambos lados (americanos y soviéticos) mantenían un precario equilibrio sobre una estrategia nuclear dominante de la Guerra Fría: la destrucción mutua asegurada (MAD por sus siglas en inglés: Mutual Assured Destruction). La idea básica es que cada lado poseyera esa inmensa cantidad de poder en armas nucleares como para que nadie se atreviera a lanzar una guerra por miedo de las represalias masivas. La hipótesis psicológica básica de MAD fue buena, ya que asustaba a cada una de las partes para que no hubiese una agresión intencional que pudiera llevar a un intercambio termonuclear extendido. Sin embargo, había el peligro de que errores humanos o mecánicos (especialmente de las computadores), pudiesen provocar accidentalmente la III Guerra Mundial. El creciente temor de tal situación se refleja en varios libros y películas de la época, en particular, Fail Safe y Doctor Strangelove. De hecho, hubo varios incidentes en los que algún tipo de error mecánico hizo casi lanzar una guerra nuclear. Afortunadamente, en cada caso el desastre se evitó, por lo general por una persona que se negó a creer que las órdenes de lanzamiento eran reales.

MAD produjo varios resultados que en conjunto parecían estar apresurando a la raza humana hacia la destrucción a la vez que le llamaba a la sensatez. Por un lado, MAD exigió que cada una de las partes mantuviese una gran fuerza de represalia (segundo golpe) que pudiese sobrevivir a un ataque sorpresa por el enemigo y actuase como un disuasivo para un ataque de ese tipo. Por lo tanto, ambas partes continuaron la construcción de enormes arsenales nucleares y progresivamente sistemas más precisos de ataque que les dio la combinación de capacidad de destruir la raza humana entera muchas veces.

Sin embargo, a pesar de la percepción de que las armas nucleares son más rentables que las armas convencionales, proporcionando más potencia “para golpear la pelota”, por así decirlo, también son excesivamente costosas. Esto era especialmente cierto en el caso de la investigación y el desarrollo de nuevos sistemas de armas, ya que la carrera de armamentos catalizó cada vez más la investigación de alta tecnología que se hizo más costosa mientras la tecnología se hacía más sofisticada. Finalmente, el enorme precio de la carrera de armamentos llevó a la Unión Soviética al abandono financiero y ayudó a poner fin a la Guerra Fría. Sin embargo, esto no sucedería hasta la década de 1980. En la década de 1960, fue una crisis más inmediata que ayudó a enfriar la carrera de armamentos: la crisis de los misiles cubanos.

Negocios: Alternativa a la Guerra Fría

Así que llegamos a la década de 1970 con una crisis mundial por el precio del petróleo y la necesidad de que los EE. UU. incrementaran su competitividad frente a procesos industriales extranjeros que producían más y mejor a menor costo (incluso con menor consumo energético). Aunque por otro lado, el desarrollo tecnológico en electrónica, telemática y comunicaciones seguía siendo impulsado por la necesidad de continuar la carrera armamentista de la Guerra Fría, aunque quizás a un ritmo más moderado que en la década de 1960.

Las cifras estadísticas nos informan que el sector más dinámico de la economía norteamericana es el comprendido en el amplio campo de la alta tecnología. Según Isaac Minian (“Cambio Estructural y Producción de Ventajas Comparativas”):

«De 1978 – 1984 la tasa de crecimiento promedio de la industria norteamericana fue de más o menos el 2.8% anual. En ese mismo período, las industrias de la alta tecnología mostraron una tasa de crecimiento del 14.0% anual, o sea, de 5 veces más que el promedio general».

Las tasas diferenciadas de crecimiento anteriores explican, por otra parte, que las industrias de alta tecnología pasaron de cubrir el 6.1% de todo el sector industrial (en 1977) al 12.9% (en 1984).

A mediados de la década de los 80s, las industrias de la información cubrían el 3.3% del PBN de los EE.UU. (que es el equivalente del valor generado por toda la industria automovilística de ese país). Hacia 1990 la industria de la información es la más importante del total industrial.

Sin embargo, los llamados a la razón desde el interior de los EE.UU., que clamaban por una moratoria para este overkill, así como los cambios que se comenzaban a vislumbrar en el bloque soviético, pusieron en foco la necesidad de desacelerar la carrera armamentista y proporcionar una salida económicamente aceptable a los grandes intereses detrás del consorcio militar industrial norteamericano. Se acabarían los contratos multimillonarios para las empresas de desarrollo tecnológico orientado a la guerra, pero podría haber oportunidades para que las industrias produjesen más bienes de consumo (aprovechando los avances tecnológicos logrados), con un mercado “global” que comprase sus productos.

Fueron los EE UU los que inicialmente llevaron a la práctica la conformación de zonas de libre comercio como parte de su política comercial bilateral. Los primeros tratados de libre comercio se suscribieron con Israel en 1986 y con Canadá en 1988. Esta evolución de la política comercial norteamericana coincidió, por una parte, con la implementación de una estrategia de reconversión industrial en los EE UU para recuperar niveles de competitividad frente a sus principales rivales comerciales –Europa y Japón–; y por otra, con los procesos de apertura que se venían dando en gran parte de los países latinoamericanos.

En el caso particular del país con mayores vínculos económicos con EE UU debido a su posición geográfica –México–, sus autoridades se encontraban ante la definición de una estrategia que les permitiese profundizar las reformas económicas. México buscó activamente el libre comercio con los países de América del Norte a través de una serie de iniciativas comerciales bilaterales, primero, con los EE UU, y en una medida más limitada con Canadá. Desde mediados de la década de 1980 en adelante, estas iniciativas sentaron algunas de las bases de la liberalización comercial en Norteamérica. Por ejemplo, en 1987 un Convenio Marco Bilateral sobre Principios y Procedimientos con los EE UU sirvió para que México estableciera un mecanismo de consulta con su socio comercial más importante, con el fin de organizar mejor sus relaciones comerciales.

El fin de la Guerra Fría

Las revoluciones de 1989 en la Europa oriental habían supuesto un acontecimiento histórico de múltiple resonancia. Por un lado, constituyeron el derrumbe de los sistemas comunistas construidos tras 1945, por otro, significaron la pérdida de la zona de influencia que la URSS había construido tras su victoria contra el nazismo y que muchos no dudaban en denominar “imperio soviético”.

Los historiadores no se ponen de acuerdo en señalar el momento en el que la guerra fría concluyó. Veamos los principales acontecimientos diplomáticos que jalonaron los años 1989, 1990 y 1991:

  • Para muchos, la Cumbre de Malta entre el presidente norteamericano George Bush y Gorbachov marcó el fin de la guerra fría. Ambos líderes se reunieron en el buque Máximo Gorki fondeado en las costas de Malta el 2 y 3 de diciembre de 1989. Pocas semanas después de la caída del Muro de Berlín los dos mandatarios se reunieron para comentar los vertiginosos cambios que estaba viviendo Europa y proclamaron oficialmente el inicio de una “nueva era en las relaciones internacionales” y el fin de las tensiones que habían definido a la guerra fría. Bush afirmó su intención de ayudar a que la URSS se integrara en la comunidad internacional y pidió a los hombres de negocios norteamericanos que “ayudaran a Mijaíl Gorbachov”. Este proclamó solemnemente que “el mundo terminaba una época de guerra fría (…) e iniciaba un período de paz prolongada”.
  • Otros señalan que el fin del conflicto tuvo lugar el 21 de noviembre de 1990, cuando los EE.UU., la URSS y otros treinta estados participantes en la Conferencia para la Seguridad y la Cooperación en Europa firmaron la Carta de París, un documento que tenía como principal finalidad regular las relaciones internacionales tras el fin de la guerra fría. La Carta incluía un pacto de no agresión entre la OTAN y el Pacto de Varsovia. El presidente Bush manifestó tras firmar el documento: “Hemos cerrado un capítulo de la historia. La guerra fría ha terminado.”
  • Sólo dos días antes se había firmado Tratado sobre Fuerzas Convencionales en Europa que suponía una fuerte reducción de tropas y armamento no nuclear en el continente. Tras entablar negociaciones en Viena en marzo de 1989, se llegó al acuerdo de que ambas superpotencias debían reducir sus tropas en Europa a 195,000 hombres cada una. Se partía de la presencia de 600,000 soldados soviéticos y 350,000 norteamericanos.
  • El 16 de enero de 1991 la coalición internacional dirigida por EE.UU. inició su ataque para desalojar a los invasores iraquíes de Kuwait. El apoyo soviético a las sanciones de la ONU que finalmente llevarían al desencadenamiento de la Guerra del Golfo fue acordado en la cumbre de Helsinki, celebrada el 9 de septiembre anterior entre Bush y Gorbachov. Este apoyo era un ejemplo palpable del fin del antagonismo y de la supremacía norteamericana.
  • El 1 de julio de 1991, tras las revoluciones de 1989 y en pleno proceso de descomposición del estados soviético, el “Tratado de amistad, cooperación y asistencia mutua” firmado en Varsovia en 1955, el Pacto de Varsovia, desapareció. La OTAN quedaba como la única gran alianza militar en el mundo.
  • Finalmente, el 31 de julio de 1991, Bush y Gorbachov firmaban en Moscú el Tratado START I de reducción de armas estratégicas. Este acuerdo fue rápidamente superado al año siguiente, el 16 de junio de 1992, por la firma de Bush y el nuevo líder ruso Yeltsin del Tratado START II. Los dos antiguos contendientes acordaron importantes reducciones en sus arsenales nucleares.
Conclusión

Mi adivinanza educada, basada en lo que se relata arriba, y documentada en las ligas de referencia, es que esta época de globalización, de tratados de libre comercio y de economías mundiales es una salida no armamentista para los grandes intereses, tanto norteamericanos como rusos y europeos en general. Asia se integra poco a poco aunque con nuevas tensiones por el condicionamiento de Corea del Norte para abandonar su programa Nuclear.

Ahora tenemos un proceso “globalizador” como una alternativa a la carrera armamentista y al overkill, aunque aun no es hora de cantar victoria: Todavía existen muchas armas nucleares, cuya reducción en número ha sido un proceso lento; el overkill aun no está muerto del todo. Pero es importante hacérselo saber a las nuevas generaciones, a los conspiranoicos y a los golobalifóbicos, para que sopesen los valores y circunstancias actuales frente a los que imperaban hace 50 años.

La carrera armamentista entre las superpotencias durante la Guerra Fría terminó mucho mejor de lo que se podía pensar. Esa es la buena noticia, que los humanos somos capaces de resolver nuestras diferencias pacíficamente. Sin embargo, no estamos fuera de peligro ya que otros gobiernos tratan de obtener (con la intención de utilizar) “armas de destrucción en masa”. Hay que reconocer que la lección final de la Guerra Fría es que todavía hay esperanza, y eso, como siempre, es un bien que no tiene precio.

Imágenes:
Símbolo de los Illuminati, según Wikipedia
Hillary Clinton y Serguei Lavrov con un “botón” de juguete. Desde la Crónica, crédito: EFE

2 comentarios to “Breve recuento histórico y crítico del concepto “overkill””

  1. […] P. JOSEK / REUTERS P.D. Refiero al artículo Breve recuento histórico y crítico del concepto “overkill”, para más datos sobre el estado mundial desde hace varias décadas, como resultado de la carrera […]

  2. sasa said

    i love anuar chapur

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