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El Weblog sin dogmas

Los niños índigos, antes que nada son de color piel

Posted by keithcoors_00 en 14 abril, 2009

No todo en la vida es de un color o de otro. Miren sino el arco iris.

Paulo Coelho

¿Acaso es tan difícil de ver? No hay niños color índigo, sólo hay niños del color de su piel. Y con esto quiero decir que esto de catalogar a los niños como índigo (supuestamente por el color de su vida, lo que eso sea), no es nada útil para nadie, y sí provoca una expectativa falsa sobre ideas que están muy lejos de la realidad.

¿Que es un niño índigo?

Hace unos años escuché por primera vez esto de los niños índigos. Investigué un poco y descubrí que esta clasificación tiene que ver con lo que una persona de nombre Nancy AnnTappe afirma percibir alrededor de las personas. Ella misma describe esta percepción como una forma de sinestesia (lo que en su acepción sicológica significa “Imagen o sensación subjetiva, propia de un sentido, determinada por otra sensación que afecta a un sentido diferente”, según la RAE), que le permite ver colores cuando conoce una persona. Según ella, por allá por la década de 1960, comenzó a percibir colores en las personas, detectando en algunos niños una coloración tendiente al azul (o índigo), color nuevo para su “experiencia colorida”, y que además presentaban algunas características raras para aquél entonces.

Tappe afirma que fue la primera persona que identificó esta coloración como un cambio evolutivo en la humanidad. Afirma también que actualmente hay dos presidentes que tienen esa característica de “color de vida”: Barack Obama y Rafael Correa (de Ecuador). Algunos de sus seguidores, notablemente Lee Carroll y Jan Tober, abundaron sobre el tema, hasta hacerlo harto popular, especialmente entre la gente que sigue el movimiento denominado de la “Nueva Era”. Ellos definen al niño índigo así:

Es un niño que muestra una nueva y poco usual serie de atributos sicológicos con un patrón de comportamiento no documentado antes. Este patrón de comportamiento tiene factores comunes únicos que sugieren a quienes interactúan con los niños (los padres en particular) que deben cambiar la forma de tratarlos y de criarlos para poder lograr un equilibrio adecuado. Ignorar estos nuevos patrones de comportamiento es crear un desequilibrio potencial y una gran frustración en la mente de estas preciosas nuevas vidas.

La primera crítica es que ellos dicen que los atributos sicológicos de estos niños son poco usuales. Como comentaré más adelante, pueden ser poco usuales de acuerdo a ciertos cánones, pero no lo serían tanto si suponemos otras causas más comunes como “disparadoras” de ese comportamiento. Pero ¿qué características tienen? Si no se es la Sra Tappe (o alguno de sus enriquecidos seguidores) y no se tiene esa cromatográfica sinestesia ¿cómo identificar que un niño es o fue índigo?

Yo me hubiese imaginado algo así como una especie de ondas alfa del cerebro o un campo electromagnético identificable mediante instrumentos. Pero no es nada de eso, nada que pueda medirse o comprobarse en forma independiente. Es la visión de esta mujer y de los seguidores de su método, lo que hace que la clasificación se realice. Y algo más para los no sinestésicos como su seguro servidor, consistente en una serie de características observables, que listo a continuación (tomado del libro “Niños Indigo” de Lee Carroll y Jan Tober):

  1. Ellos vienen a este mundo con un sentimiento de realeza (y frecuentemente se comportan como tales).
  2. Ellos tienen la sensación de “merecer estar aquí” y se sorprenden cuando otros no comparten esa misma sensación.
  3. La autoestima no es para los Niños Índigo un gran tema de preocupación (ellos con frecuencia les dicen a sus padres “quienes son ellos” – los niños).
  4. Ellos tienen dificultad en aceptar una autoridad absoluta (autoridad sin ninguna explicación o sin más alternativas).
  5. Ellos simplemente no harán ciertas cosas; por ejemplo: esperar en una fila es muy difícil para ellos.
  6. Se frustran con sistemas que son como rituales y que no requieren de pensamientos creativos.
  7. Con frecuencia ellos tienen mejores formas de hacer las cosas, tanto en la casa como en la escuela, lo que los hace ser como rebeldes, inconformes con cualquier sistema.
  8. Parecen muy antisociales a menos que se encuentren entre niños de su misma clase. Si no hay otros con el mismo nivel de consciencia, a menudo se tornan retraídos, sintiendo que ningún ser humano los entiende. La escuela es para ellos un sitio donde les es muy difícil socializar.
  9. Ellos no responderán a la disciplina de “culpa” (“espera que tu padre llegue a casa y se entere de lo que has hecho”).
  10. Ellos sienten timidez en expresarle a usted lo que necesitan.
Pues estas descripciones me parecen a las características de los signos del zodiaco. Como que cualquiera puede entrar en el aro. Pero quizás no cualquiera. Si leemos con detenimiento estas características y las analizamos podremos entender que quizá algo más prosaico y mundano se encuentra detrás de este concepto que representa una supuesta evolución espiritual.

Empecemos con la primera: Ellos vienen a este mundo con un sentimiento de realeza (y frecuentemente se comportan como tales). Esto no tiene nada de especial. Todos los bebés recién nacidos manifiestan ese comportamiento. Ningún niño recién nacido pedirá las cosas por favor o expresará de manera educada que desea que le satisfagan sus necesidades (por razones obvias). Simplemente expresará un chillido que los padres deberán aprender a identificar de acuerdo con su origen: dolor, hambre, sueño, incomodidad, etc.

Cuando los bebés crecen deben aprender a expresar sus necesidades con el lenguaje aprendido, pronunciando palabras al estilo de “leche”, “agua”, “duele”, “duerme”, “pica”, etc. Más entrados en edad, se esperaría que los niños expresen sus requerimientos de manera educada, al estilo de “¿me das leche, por favor?”. Si no lo hacen así, digamos, a los seis años de edad, quizás sea porque son índigos, pero quizás sea porque no se les ha educado bien. Si los padres han acostumbrado al crío a satisfacer sus necesidades sin que éste se los solicite de manera educada, así crecerá, ordenando como un pequeño tirano, para que le den sus satisfactores. Así que esta característica podría ser de índigo o de maleducado.

La segunda: Ellos tienen la sensación de “merecer estar aquí” y se sorprenden cuando otros no comparten esa misma sensación. Esto es demasiado complejo. Es decir, me cuesta trabajo imaginarme a un niño que NO se sienta así. Una vez más, cuando el bebé recién nacido llora, es porque está reafirmando su presencia, su necesidad de atención. Si el bebé sintiera que “no merece” estar aquí, no lloraría, no expresaría nada y simplemente se dejaría morir. Este comportamiento de supervivencia es instintivo, TODOS los seres vivos nos aferramos a la vida de manera natural y con eso afirmamos nuestro deseo y voluntad de “merecer estar aquí”. Quizá no decimos explícitamente “merezco estar aquí”, pero lo expresamos cuando valoramos nuestra vida por sobre nuestra muerte.

La tercera: La autoestima no es para los Niños Índigo un gran tema de preocupación (ellos con frecuencia les dicen a sus padres “quienes son ellos” – los niños). Y es que otra vez, la autoestima es un concepto bastante complejo que no es motivo de preocupación para un niño recién nacido, ni siquiera cuando crece un poco más. Los mayores solemos preocuparnos por la autoestima de los niños primero que ellos. Un niño que comienza a tener problemas con su autoestima, NO identificará que TIENE problemas de autoestima.

Un niño puede ser bastante competitivo, si ha crecido en un ambiente con hermanos que luchan por obtener los favores y satisfactores de sus padres. Pero también puede volverse retraído si es que con ese comportamiento genera lástima en los mayores, como para que se le atienda por sobre los demás que compiten. Si se trata del primer hijo de un matrimonio quizá no desarrolle este comportamiento competitivo desde pequeño, como consecuencia del trato con sus padres, pero a medida que el ambiente se puebla de otros niños (hermanos, primos, compañeros de juego o de escuela) entonces quizás se manifieste. Así que la autoestima no sería preocupación de ningún niño pequeño pues es un concepto que más bien preocupa a adultos.

La cuarta representa todo un reto: Ellos tienen dificultad en aceptar una autoridad absoluta (autoridad sin ninguna explicación o sin más alternativas). Imaginemos el siguiente escenario: Un niño de unos 6 meses de edad se enferma y es necesario inyectarlo. Por supuesto que protestará y se rebelará a la “autoridad absoluta” que implica tenerlo quieto un momento para que el médico o enfermera le aplique la inyección. Y entonces ¿cómo le explica uno a ese niño que es necesario que le inyecten para que se alivie? Es decir, uno puede hacerlo, pero dudo mucho que el infante siquiera comprenda, a esa edad, el concepto de enfermedad.

Ahora bien ¿cómo enseñarle conceptos a un niño sin hacer uso de la autoridad? Imaginemos que a los dos años de edad se le enseña al niño el concepto de “electricidad”. Alguien podría preguntar ¿Por qué enseñarle ese concepto? Simple, porque a esa edad son demasiado curiosos y resulta bastante prudente prevenir que introduzcan objetos metálicos en las tomas de corriente. Así que cuando uno le dice al niño “no metas ese objeto allí porque hay electricidad”, uno tiene dos alternativas, o hacer uso del principio de autoridad paterna (o materna) o bien darle una descarga eléctrica para que aprenda el concepto por propia experiencia.

Incluso podemos ir a más profundidad; no hay nada más autoritario y arbitrario que un idioma. Sería imposible enseñar un idioma a cualquier niño si éste cuestionara a cada momento ¿por qué llamarle leche a ese líquido blanco que me han dado desde que nací? Así que es probable que los autores de este libro jamás se preguntaran si es bueno tener una autoridad “absoluta” como padre al enseñar un idioma (el natal) a un niño. O quizás lo sepan pero de manera taimada lo eviten para vender su libro. Incluso en aspectos de alimentación, los padres inician la transición de sólo leche hacia vegetales, carne y harinas sin preguntarle al niño si eso es lo que quiere.

Porque detrás del concepto de autoridad paterna (o materna), está el concepto de responsabilidad. Esta autoridad tiene su fundamento principal en la responsabilidad. Y la responsabilidad de la vida (completa) de los niños recae totalmente en los padres. Cierto, no todos los padres la tomamos como algo tan serio o absorbente, y esa quizá sea una causa de que los niños de ahora cuestionen esa autoridad. Los mismos medios masivos de comunicación fomentan de manera irresponsable el traslado de esa responsabilidad hacia modos menos efectivos (sobre esta muy personal opinión, prometo escribir una entrada en breve). Espero que baste un ejemplo sobre esto de la responsabilidad. Si a un crío de 3 años le permiten que tome la responsabilidad total de su alimentación, lo más probable es que escogería los helados, los dulces, las frituras y otros alimentos repletos de carbohidratos, y los combinaría con agua gaseosa endulzada. Evitaría el pescado y las frutas, y casi ni miraría a las verduras. Si le permiten a un niño de 6 años tomar la responsabilidad de su educación, escogería el CartoonNetwork, el Disney Channel, y otros similares, en lugar de ir a la escuela o leer libros.

Por supuesto, si los padres hemos tomado a la ligera esa responsabilidad, un resultado casi obvio es que los críos cuestionen nuestra autoridad. Y no necesariamente como resultado de su “indiguez”.

La quinta: Ellos simplemente no harán ciertas cosas; por ejemplo: esperar en una fila es muy difícil para ellos. ¿Por qué pensar que los niños están limitados como para NO hacer ciertas cosas? Se entiende que la paciencia NO es una característica infantil, y más bien los niños sanos son inquietos y difícilmente estarán tranquilos en una fila. Así que eso no tiene nada que ver con ser índigos, sino más bien con el aprendizaje del dominio de emociones, proceso por el que todos pasamos para llegar a la etapa adulta con madurez. Si un muchacho de 14 años no puede estar en una fila, no pienso que sea por ser índigo, sino por ser inmaduro. Respecto a otras “ciertas cosas” el propio libro aclara que “El aburrimiento puede traer arrogancia en los Índigo, así que no dejen que se aburran”. Por lo tanto esas ciertas cosas serían las que, a juicio del niño, son aburridas. Pero seamos sinceros ¿Quien chingaos considera divertido estar formado en una fila?

La sexta: Se frustran con sistemas que son como rituales y que no requieren de pensamientos creativos. Esto le pasa a la mitad de la población, pero el ser creativo no necesariamente hace de un niño especial o espiritualmente evolucionado. Y por otro lado, algunos aspectos de la vida serán una especie de ritual. Y como adultos deberemos seguirlos al pie de la letra. Aprender a seguir instrucciones o apegarse a una serie de pasos o requisitos es síntoma de madurez.

La séptima: Con frecuencia ellos tienen mejores formas de hacer las cosas, tanto en la casa como en la escuela, lo que los hace ser como rebeldes, inconformes con cualquier sistema. La pregunta es ¿con qué tanta frecuencia? He conocido muchos niños que se rebelan sólo como postura, y no como una forma propositiva. Habría que diferenciar si la inconformidad es resultado de una falta de adaptación o porque en realidad hay propuestas novedosas y efectivas. Pero esta característica podría darse en cualquier ser humano y no por eso hacerle índigo.

La octava: Parecen muy antisociales a menos que se encuentren entre niños de su misma clase. Si no hay otros con el mismo nivel de consciencia, a menudo se tornan retraídos, sintiendo que ningún ser humano los entiende. La escuela es para ellos un sitio donde les es muy difícil socializar. Hay también niños antisociales que lo son como resultado de un proceso de tensiones familiares. He sabido de casos de chicos que golpean sin piedad a quienes ellos consideran diferentes. Dudo mucho que esto les convierta en seres espiritualmente evolucionados. Una vez más, al observar el comportamiento antisocial de un chico o chica uno debiera preguntarse si el origen se encuentra en una problemática familiar. Hogares donde la responsabilidad sobre la formación y educación de los hijos es tomada a la ligera, con probabilidades altas darán como resultados chicos y chicas antisociales.

La novena: Ellos no responderán a la disciplina de “culpa” (“espera que tu padre llegue a casa y se entere de lo que has hecho”). Bueno, aquí hay un truco de prestidigitación literaria. El ejemplo utilizado no acude al sentimiento de culpa en el chico o chica. Acude más bien a un control defectuoso de la responsabilidad de la madre del chico o chica (traducción: yo no puedo o no me atrevo a reprenderte por lo que hiciste así que tu padre lo hará y será bastante malo). Ese es un modo de mal educar a los críos, no enfrentando la situación directamente y no utilizando la autoridad que debería tener, debido a su responsabilidad (pero claro si no la tiene o la evade, alguien está haciendo mal su trabajo). Esto no es un síntoma de evolución espiritual, es un defecto en el modo de educar.

La décima: Ellos sienten timidez en expresarle a usted lo que necesitan. Esto contradice la primera, la segunda y la tercera. Si se comportan como de la realeza, si reafirman su merecimiento de “estar aquí” y si le recuerdan a sus padres quienes son ellos ¿cómo es que son tímidos en decir lo que necesitan? Aquí se descubre una trampa típica de los horóscopos: son tan generales y contradictorios que cualquiera se siente aludido cuando lee el que le corresponde (aunque sea el mismo para todos; ver la entrada El mejor horóscopo que me han elaborado). Pero vayamos más allá. ¿Cuántas personas, incluso adultas, son capaces de decir exactamente lo que necesitan? ¿Cuántos de nosotros tenemos problemas por identificar la diferencia entre lo que queremos y lo que realmente necesitamos? Así que esta característica no sólo es contradictoria sino tan general que encuadra al 95% de la población. Al menos en determinado momento de su vida.

Las falsas expectativas.

Hasta aquí vamos mal, pero no tan mal. Tenemos a una mujer que dice ver colores en la gente y un par de astrólogos… ejem… digo… sicólogos, haciendo una lista de características que obedecen más a las deficiencias en el modo en el que los padres educan, y tan general que cualquier niño encajaría… y esto es lo más importante: Tan general que cualquier padre desearía comprar su libro. Bueno, no cualquiera, pero sí un número grande (como grande es la cuenta bancaria de ambos, a estas alturas).

Lo más malo es que en su libro incluyen textos de dudosa autoría, como el que se menciona en el capítulo 6, y del cual os brindo dos párrafos (aclarando que es de autor desconocido, ¡vaya manera de eludir la responsabilidad!):

Ha llegado el tiempo del Gran Despertar. Ustedes que han elegido elevar sus ojos de la oscuridad hacia la luz, son bendecidos al presenciar el acontecimiento de un nuevo día en el planeta Tierra. Porque su corazón ha ansiado ver la paz real donde reinaba la guerra, mostrar misericordia donde dominaba la crueldad y conocer el amor en donde el temor congeló los corazones, son privilegiados para su mundo.

. . .

Sigan adelante y vivan la vida del alma radiante que son. Glorifiquen al Creador en cada una de sus obras. Ustedes son importantes, son necesarios y son valiosos. No permitan que el oscuro manto del temor esconda la luz de su visión. Ustedes no han nacido para fracasar. Están destinados a tener éxito. La esperanza del mundo ha sido sembrada en su pecho, y tienen asegurado el éxito porque representan al Uno que los Creó.


Aquí es donde se siembran las expectativas sobre la base de creencias religiosas e ideología pletórica de flores y amor al prójimo. No es que esté mal amar o las flores, lo que está mal es pretender que estos niños añiles han recibido del Uno, la tarea de enmendar este mundo, sin hacer nada para lograrlo. Más parece la historia de Harry Potter, el adolescente que de pronto se da cuenta que tiene poderes mágicos, por obra y gracia de la herencia mágica.

En especial, lo que sorprende es que todo nace de la visión de la Sra. Tappe, que puede ser debida a cualquier cosa, pero que con mucha probabilidad provenga de sus deseos, de sus anhelos y de la posibilidad de que a través de la creencia en sus palabras la gente pudiese cambiar, para bien. El problema es querer lograrlo con la mezcla de conceptos espirituales que no siempre son compartidos por todo el mundo. El peligro, en este caso es que puede catalogarse a los niños mediante un sistema basado en la fe y no en características reales.

Las características citadas pueden deberse a un sinnúmero de causas, que no tendrían nada que ver con la idea del poder para cambiar un mundo entero. En lo particular se me ocurren un par de escenarios que debieran ser tomados en cuenta a la hora de explicarse este comportamiento de los niños actuales:

Los escenarios alternativos

Lo que me viene a la mente al leer estas características (y otras que son más insulsas y que pueden ser consultadas en el soporte documental), es el concepto de mala educación. Recuerdo que en mis días de infancia, los niños que exhibían estas características eran los “malcriados”, que significaba mal educados. No eran los más inteligentes, no eran los más comprensivos, no eran los más evolucionados; eran niños que uno evitaba para no salir lastimado.

En mis años de infancia yo no entendía las causas de ese comportamiento, simplemente veía que así eran y que estaba mal que se comportaran de esa forma. Pero al crecer y convertirme en profesor y posteriormente en padre, me convencí que no era que asi hubiesen nacido, sino que eran en gran parte el producto de una mala educación, de una falta de compromiso de sus padres por tomar la responsabilidad de su paternidad por los cuernos. En resumidas cuentas, de un proceso de formación mal llevado, mal enfocado.

¿Era solo causa de los padres? No pienso que así haya sido. Hay innegables factores culturales. Por ejemplo, en mis tiempos de infancia, muchos padres de mis amigos eran adultos jóvenes, descubriendo el hippismo y las drogas, la libertad sexual que traía la píldora anticonceptiva, la rebelión contra los paradigmas raciales y económicos así como el ambiente generalizado de esperanza (y terror) de la post guerra.

En forma paralela a este movimiento social, se desarrollaba una era de adelantos tecnológicos que trajeron a cada hogar la información que antes sólo estaba al alcance de los eruditos o los pudientes. Recordemos que las pocas noticias mundiales eran sólo vistas a través de los noticieros en el cine o en los pocos diarios de circulación nacional. Las cadenas televisivas transformaron esa línea de engtrega pues podían traer las noticias a la comodidad de la sala, casi en tiempo real. Y entonces las sociedades decidieron pasar muchas horas frente al televisor como alternativa de entretenimiento (y de educación involuntaria).

Menos hijos por familia, padres disfrutando de la libertad sexual, incremento en el número de divorcios, la televisión como padre sustituto, la información fluyendo por canales insospechados y al alcance de los sentidos de los niños, sin mediación del juicio paterno sobre su contenido u oportunidad. El resultado parece ser casi evidente: Muchos niños manejando información antes reservada a adultos, escacez de valores familiares, rebelión contra los esquemas establecidos. Este escenario da como resultado niños con las características antes descritas.

Pero esto NO es evolución espiritual; es cambio de paradigmas de educacion familiar, y de valores sociales, montados sobre lo que se conocerá en el futuro como la era de la información.

Por estas razones (que no refiero a ligas externas porque se basan en mis propias experiencias de vida), es que no considero conveniente forzar a los niños mal educados a pertenecer a una generación de salvadores de la humanidad. Más bien deberíamos retomar el valor de la responsabilidad y autoridad paterna y materna como punto de apoyo para reformar la educación en el seno familiar, basada en valores y en tiempo de calidad: menos horas frente a la TV y más control sobre el material que llega a nuestros hijos. Los filtros de contenido deberían ser casi obligatorios para el acceso de niños a la internet.

Ya lo sé, parecería que la contrapropuesta va en contra de la corriente. Pero no es imposible de implementar. La misma tecnología puede hacer esas herramientas de control accesibles a los padres, como apoyo a su papel preponderante en el desarrollo y formación de los niños y jóvenes.

Por ello es que el título de esta entrada hace referencia a lo que es más obvio: Los niños son eso, niños, del color de su piel. No son adultos, no son sabios en el cuerpo de niños. Y su desarrollo debiera ser un asunto de la mayor importancia; no debemos pasar por alto que un humano pasará la mayor parte de su vida siendo adulto, por lo que su etapa de formación debe ser tomada con bastante responsabilidad. Y sí, mucho amor.

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6 comentarios to “Los niños índigos, antes que nada son de color piel”

  1. JULI said

    ESTOY REALIZANDO UN CURSO DE REYKY Y ME ENCUENTRO CON LO SIGUINETE, EL COLOR DE MI CARA SOBRETODO PARECE HABER CANVIADO, SOBRETODO ME SUELO PONER EN UN TONO MORENO ROJIZO, SABEIS QUE PUEDE SER YA QUE ENTERIORMENTE ESTO NO SUCEDIA?

  2. kidcooler said

    A veces pasan cosas que antes no nos sucedían. A mí se me pone el cabello más canoso… Puede ser la edad

  3. eilzabeth said

    buenas necesito que me ayuden, me mandaron a investigar el estilo de vida y las habilidades de los niños indigos

  4. […] niños índigo, an… en El mejor horóscopo que me han…eilzabeth en Los niños índigos, antes que n…ivette en Otra lúdica teoría sobre el or…alfonso Cake en Influenza porcina en México […]

  5. […] este último espacio repliqué la entrada de los niños índigo (https://ahuramazdah.wordpress.com/2009/04/14/los-ninos-indigos-antes-que-nada-son-de-color-piel/), la cual ha generado varios comentarios (algunos en pro y otros en contra del punto de vista […]

  6. andrea said

    Muy buena la informacion yo soy madre de una niña indigo.

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