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¿Sólo con el corazón se puede ver bien?

Posted by keithcoors_00 en 17 mayo, 2009

Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.

Antoine de Saint Exupèry

Mucha gente que ha leído “El Principito” o que ha oido la famosa frase que se relaciona con el título de esta entrada, piensa que en verdad así son las cosas, que uno debe “ver” con el corazón para desentrañar la escencia de las cosas. E incluso retan a la ciencia para decir que “la ciencia está vendada de los ojos del corazón” o bien que “está limitada en sus métodos” debido a que no fomenta observar con el corazón o la intuición.

Pues bien, la frase de Antoine de Saint Exupèry, en boca del personaje del zorro, pareciera todo menos una afirmación científica.

Antes que nada, debo decir que los dichos del personaje del zorro me marcaron desde muy joven. Cuando yo tenía unos 17 años tuve una novia que deseaba que la fuese a ver a su casa todos los días. No me gustaba mucho la idea, pues en ese entonces leía por primera vez esta obra y me parecía que la actitud de mi novia semejaba a la de este personaje diciéndome:


…si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo… Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón… Los ritos son necesarios.


Créanme, no hubo visión más horrenda de las relaciones humanas que esa de “domestícame para que creemos vínculos” o bien “conviértete en mi felicidad”. Por supuesto, cuando posteriormente dice el zorro que lo escencial sólo se ve con el corazón, el personaje ya había perdido credibilidad ante mis ojos.

Entiendo lo que el autor quería decir, y era algo así como “no te fíes de las apariencias”. Dicho así tiene sentido, pero puedo darme cuenta que esta frase no es tan bonita como la primera. Incluso cuando habla del corazón, está haciendo una analogía de lo que los antiguos pensaban que era la función del corazón: era considerado el órgano central y su latido se percibía en el pulso. El corazón era el sitio del pensamiento, sentimientos y otras funciones. Las enfermedades se producían por diversas alteraciones de los canales o por debilidad del corazón. En pocas palabras, era el receptáculo y la fuente primordial de la emotividad, el sentimiento, y la percepción más allá de lo visible. La alegoría llega hasta este siglo XXI con tanto símbolo de corazones entre enamorados.

Pero lo que es cierto, es que el corazón es incapaz de sentir, o pensar, o decidir sobre cualquier aspecto de nuestra vida. Es un músculo con funciones ciertamente vitales, encargado de bombear la sangre por el sistema circulatorio mediante contracción. En estado de reposo, el corazón es más o menos autónomo y sólo aumentará su ritmo contra demanda. Si necesitamos más oxígeno en alguna parte del cuerpo (por ejemplo las piernas cuando corremos), el corazón bombeará más rápido. Aunque tambien las emociones (generadas en el cerebro) pueden hacer que este órgano se acelere sin razón aparente. El mecanismo emocional es básico en los humanos para prepararnos ante una eventual respuesta fisiológica que requerirá de oxígeno. La más simple es la dualidad pelear – salir corriendo.

Así que si tomamos esas palabras en sentido literal no tienen sentido alguno.

Por el lado metafórico y alegórico, y sobre todo quitando los nefandos antecedentes de deseo de domesticación del zorro, la frase me indica que es necesario aplicar algo más que la simple vista para decidir sobre las relaciones humanas. Recordemos que la frase famosa la enuncia el zorro justo después de que el principito les dice a las rosas:

Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes.
Vista así, la frase aconseja involucrar un proceso más complejo que el de la simple vista para darnos una idea más exacta de la realidad, o dicho en forma más precisa, más complejo que la apreciación visual de la belleza física.

Pero de eso a que pueda utilizarse como medio de apreciación y observación científica, al estilo de las “corazonadas“, resulta un tanto pueril. Sabiendo que este órgano no es el que genera los procesos cognitivos o creativos, paradójicamente el corazón nada tiene que ver en una “corazonada”, sino más bien otros procesos mentales que relacionan ideas, conceptos previos y otras experiencias en un proceso que al parecer no sigue una lógica establecida para dar como resultado ideas consistentes con la ciencia y con la realidad.

Mi conclusión es que, si bien es cierto que no sólo es necesario “ver” para entender, lo que sí es estrictamente necesario es el uso del cerebro y no del corazón para poder entender la escencia de la naturaleza.

A los seguidores puntuales de Antoine de Saint Exupèry: No os comporteis como el estúpido zorro del cuento. ¡Usad el cerebro!

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