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El Weblog sin dogmas

Lo importante de tener y ser, de lo tangible y lo intangible

Posted by keithcoors_00 en 27 mayo, 2009

La felicidad que da el dinero está en no tener que preocuparse por él.

Anónimo

Como una extensión del análisis sobre la utópica sociedad de gente “buena onda” me gustaría poner en esta ventana de racionalidad unas reflexiones sobre la importancia de las posesiones y las pertenencias.

Los humanos tenemos lo que somos, y somos un tanto diferentes del resto de los animales, en el sentido de la conciencia. Los animales no muestran un nivel tan elevado de conciencia como los humanos (conciencia del pasado, del futuro, de las causas y los efectos, de los engaños y las mentiras, y de muchas otras cosas). Al menos, las evidencias arrojadas por los estudios sobre comportamiento animal no muestran tanta complejidad; aunque de acuerdo con el etólogo Donald R. Griffin (finado) no se podía decir mucho sobre el estado de conciencia animal:

Hoy los etólogos cognitivos estudian una gran diversidad de cuestiones sobre la forma en que pueden pensar los animales: por ejemplo, si los animales pueden formar conceptos o prever las acciones de los demás. “Hay una curiosa idea que he planteado en todas mis obras, que ante evidencias muy débiles, los científicos tendemos a hacer declaraciones negativas muy rotundas: no hay ningún animal que haga esto; los animales no pueden hacer aquello y demás, cuando lo cierto es que no lo sabemos. Creo que deberíamos tener la mente abierta”, dijo una vez Griffin.

Pero los animales también generan un sentido de propiedad como territorio o pertenencia de influencia (caza y reproducción, básicamente). Es decir, NO es antinatural querer tener. Al parecer entre más territorio tenga una manada de leones, mejores serán sus posibilidades de sobrevivir (en estado natural, ciertamente). Los perrillos del desierto también luchan por poseer las mejores madrigueras. Los leones marinos luchan por tener un gran harem de hembras. Y así muchas especies dependen de aquello que poseen, para su supervivencia. Esas son sus reglas.


Lo que los animales no tienen son títulos de propiedad, ni fronteras, ni contratos de matrimonio, pues no tienen conciencia de un marco legal en el que se pueda dirimir una querella entre dos interesados. Los humanos creamos este tipo de meta-reglas. Precisamente las creamos para no tener que estar peleando todos los días contra la tribu vecina por cuestiones de territorio. Gracias a que tenemos leyes, no tenemos que luchar contra otros machos para conservar a nuestra esposa y asegurar la vida de nuestros hijos. Y aun así nos peleamos de todas formas, por hembras y por territorios. Es difícil renunciar a la herencia biológica. Pero se avanza poco a poco. Cito un artículo que se publicó en este espacio sobre un ensayo de Steve Pinker (La disminución de la violencia ¿una realidad?).

La doctrina del buen salvaje –la idea de que los humanos son pacíficos por naturaleza y que las instituciones modernas los corrompen- aparece con frecuencia en la escritura de intelectuales públicos como José Ortega y Gasset (“La guerra no es un instinto sino un invento”), Stephen Jay Gould (“El homo sapiens no es una especie malvada o destructiva”) y Ashley Montagu (“La investigación biológica apoya la ética de una fraternidad universal”).

Pero ahora que los científicos sociales han empezado a considerar grupos sociales en diferentes períodos históricos han descubierto que la teoría romántica está equivocada: en lugar de hacer que seamos más violentos, algo en la modernidad y sus instituciones culturales nos ha hecho más nobles.

Así que no hay vuelta de hoja en este asunto: Los humanos tenemos el sentido de propiedad y de pertenencia como una parte importante en nuestro proceso de supervivencia y de evolución para sobrevivir aun con las condiciones de inferioridad física respecto a otros animales predadores. Lo preocupante es pensar que “en realidad” nada nos pertenece. Un vivales que aconseje eso se puede quedar con todo lo que has generado. Nos pertenece aquello que dentro del marco de estas meta-reglas nos hemos ganado.


Cierto es que no necesariamente lo que tienes te lo ganaste. Y también es cierto que mucha gente piensa que vale por lo que tiene y no por lo que es. Aquí coincido con las personas que piensan que el valor de una persona no está en lo que compra, en la ropa que se pone, ni en el auto que maneja, pero eso es un problema de valores y no de ambiciones. Por ello es importante incrementar el valor de lo “intangible” como la bondad, la solidaridad, la empatía y otras formas de ser mejores humanos. Eso no debe estar reñido con ambicionar tener una mejor casa o una mejor educación, o un mejor medio ambiente.


Por otro lado, con relación a este asunto del equilibrio entre tener y ser, se piensa a menudo que quienes usamos la ciencia como herramienta para conocer el mundo, no entendemos que hay “intangibles” que son valiosos y que por ser científicos jamás entenderíamos. Una persona me preguntaba sobre mi concepto de lo intangible, y añadía que no sabía “…cómo la ciencia, siendo tan exacta, esté constantemente exigiendo que se demuestre lo que es intangible…”


En primer lugar, es un error pensar que “la ciencia” exige algo sobre lo intangible. La ciencia es sólo una herramienta. No exige nada a nadie. Somos las personas quienes al utilizarla buscamos obtener información sobre las causas y los efectos (cosa que no pueden hacer los demás seres vivos). Sin embargo, cosas intangibles (en el sentido estricto de NO-tangibles o incapaces de ser tocados) son analizadas con rigor científico (como cosas demasiado pequeñas, quarks y gravedad cuántica, o cosas demasiado distantes como los agujeros negros), y otras se analizan sin usar la ciencia. Mencioné líneas arriba sobre algunos intangibles que lo son pues sólo pertenecen al terreno de las ideas, pensamientos y sentimientos, como la bondad, la solidaridad, la caridad, el perdón, el amor, el altruismo, etc. Así que mi respuesta concreta es: Lo intangible es aquello que no puedes tocar, pero eso no quiere decir que no exista.


El segundo error es pensar que no hay evidencias de intangibles como el amor. Claro que hay evidencias, y ningún científico te pedirá evidencias materiales sobre el amor. Pero tu pareja sí que puede exigir que le demuestres que le amas ¿Cómo demostrarlo? Eso sí que me parece un asunto en el que la aplicación de la ciencia tardará mucho en dilucidar con certeza.


Pero si alguien dice que hay pleyadianos (originarios de las pléyades) que son nuestros distantes primos hermanos y los antepasados ancestrales de algunas de nuestras razas, entonces sí que brincamos y pedimos pruebas. Por dos razones fundamentales:

  1. Para evitar que se sigan diciendo mentiras flagrantes a diestra y siniestra con el propósito de convencer a los incautos de que deben ser “dóciles” porque si no vendrá un cambio de luz y del ADN y de no se que tantas cosas más (ya abundé sobre el peligro de este tipo de “mensajes”). Una mentira carece de evidencias reales que la sustenten; al exigir evidencias podemos dilucidar si se trata de una mentira, de un engaño o de un camelo.
  2. Porque si eso es cierto, constituiría uno de los descubrimientos más importantes de la humanidad.

La última frase en rojo NO es un intangible. O bien es una mentira, un engaño, una farsa burda, o bien es verdadero. La evidencia y no la fe en las palabras de sus creadores es lo que hará que surja la verdad.

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