Ahuramazdah

El Weblog sin dogmas

Irresponsabilidad, educación y medios masivos

Posted by keithcoors_00 en 18 junio, 2009

La única educación eterna es esta: estar lo bastante seguro de una cosa para decírsela a un niño.

Gilbert Keith Chesterton

Hoy recibí un mensaje por correo electrónico de un lector de Ahuramazdah desde Barcelona, España. Su mensaje hacía alusión a la entrada sobre los niños índigo. Siempre es grato recibir un comentario halagador de los lectores y ahora lo repito aquí: “…quería, en primer lugar felicitarte por el trabajo que realizas con tu blog y agradecerte el tiempo que nos dedicas y la tarea de divulgación que realizas.

Hombre, no faltaba más, muchas gracias aquí seguimos. Pero además me hizo una petición que no puedo negarme a conceder: ”

Así que me permito incordiar de forma simpática y recordarte la promesa (sobre escribir más acerca de la responsabilidad paterna), aunque comprendo que entre la familia, el trabajo y el blog, andarás más que ocupado como para atender peticiones del público.”

Estimado lector: Con gusto dedico esta entrada a vos que me leéis desde tan lejanas tierras.


Citándome de manera alevosa, repito aquí el comentario de la entrada referida:

Porque detrás del concepto de autoridad paterna (o materna), está el concepto de responsabilidad. Esta autoridad tiene su fundamento principal en la responsabilidad. Y la responsabilidad de la vida (completa) de los niños recae totalmente en los padres. Cierto, no todos los padres la tomamos como algo tan serio o absorbente, y esa quizá sea una causa de que los niños de ahora cuestionen esa autoridad. Los mismos medios masivos de comunicación fomentan de manera irresponsable el traslado de esa responsabilidad hacia modos menos efectivos (sobre esta muy personal opinión, prometo escribir una entrada en breve).


Iniciemos con este asunto de la responsabilidad.

Es perfectamente sabido que de todos los animales que pueblan esta roca, el que más tarda en alcanzar la madurez es el animal humano. Incluso, la madurez sexual en los humanos por desgracia llega mucho antes que la madurez física y mental. Un humano se pasa una quinta parte de su vida bajo el cuidado y protección de sus padres. Y es necesario que así sea porque mucho de ese tiempo es consumido en aprender lo que necesitará para convertirse en un humano maduro, capaz de vivir en forma independiente.

Otros mamíferos superiores tienen la ventaja de poder moverse en forma independiente justo al momento de nacer, y la gran mayoría alcanzan la madurez necesaria para ser independientes antes de un décimo de su esperanza de vida. Muchas especies de reptiles son abandonados a su suerte justo después de la eclosión del huevo que les alojó durante su gestación. Pero el instinto de estas especies les hace tener independencia de sus progenitores a muy temprana edad. Desmond Morris, en su famoso libro “El mono desnudo” decía sobre este aspecto:

La carga de los cuidados paternales es más pesada para el mono desnudo que para cualquiera de las otras especies actuales. Estas deben cumplir los deberes paternales tan intensamente como aquél, pero nunca tan extensivamente.

Bueno, de eso se trata este período largo de formación, de lograr formar a un humano maduro. Esa es la meta, ese es el objetivo, desde el punto de vista biológico y evolutivo. Pero el aspecto cultural también cuenta y su influencia ha sido poco menos que desastrosa para el sano desarrollo de los modernos humanos. El aspecto cultural ha ido apuntando en el lado opuesto, haciendo que en lugar de formar humanos maduros en un plazo de, digamos, 18 a 21 años, nos encontremos en la actualidad que muchos humanos bien entrados en los veintitantos y más (gente de 30, 40 y 50 años) siguen siendo inmaduros y lo peor, irresponsables. Haré un análisis de algunas de las actuales causas culturales que a mi modo de ver influyen para que los humanos de más de 20 sigan siendo inmaduros e irresponsables:

  1. El así llamado nuevo paradigma de educación. Se insiste demasiado en que la educación tradicionalista ha sido y es, represiva y coercitiva en la parte moral, memorística en lo intelectual, discriminatoria y elitista en el plano social, conformista en lo cívico. Sin embargo pocas veces se aprecia que los modelos tradicionales generaron los ambientes para que surgieran los grandes científicos y pensadores de la humanidad. El nuevo paradigma, desde mi punto de vista, incita al alumno a desafiar al maestro, sin antes aprender lo que éste tiene que enseñarle. Lo que ha ocasionado es que se desprecie la madurez intelectual del maestro en aras de un sistema educativo que sólo intenta “romper con lo establecido”, sin pensar en los logros de eso que se considera “establecido”.
  2. Los dudosos modelos de la sociedad. Algunos de los modelos preferidos desde hace décadas en nuestra sociedad mexicana son los de los estereotipos del vago y del pobretón que por azares del destino (ficticios por cierto) se convierten en luminarias, o en héroes, o en modelos pseudo morales a seguir. Me refiero a personajes como los de Cantinflas y a caracteres como los de Pepe el Toro. El personaje de Cantinflas era particularmente adepto para ofuscar la conversación cuando le debía dinero a alguien, al cortejar señoritas o al tratar de salir de problemas con las autoridades, arreglándoselas para humillarlas sin que se dieran cuenta. El caso de Pepe el Toro es el de un personaje que a pesar de su pobreza, jamás pierde la humildad, dignidad y amor profundo por su hija “Chachita” y su novia Celia, apodada la “Chorreada”. Por un lado se elogiaba la total irresponsabilidad del ingenioso peladito, y por otro la ciega abnegación de los padres en favor de los hijos. Más recientemente tenemos el mal ejemplo del odioso personaje “pirrurris”, del cómico Luis de Alba, que en principio hacía mofa de los irresponsables e inmaduros “juniors”, pero que finalmente se introdujo en el inconsciente nacional.
  3. Los medios masivos de comunicación. Hemos sido asaltados por esta era de comunicación en la que estamos inmersos desde que nacimos. No es que la comunicación masiva sea mala, el problema reside en los valores detrás de la selección de tópicos que son comunicados en forma masiva. La televisión ha cambiado el modo en que vemos la vida, presentándonos en la comodidad anodina de nuestras salas (o recámaras o cocinas) los contenidos de entretenimiento que llaman más la atención de las sociedades modernas. Aquí cito como ejemplo los programas en los que hace una década o más, elevaban a categoría de héroes a irresponsables jóvenes, al estilo del Príncipe del Rap (The Fresh Prince of Bel Air), quien sin tener nada más que su encanto personal de pronto se encuentra viviendo en casa de su tío millonario y gozando de comodidades a lo grande, claro, sin haber hecho un poco de esfuerzo para ganarlas. Y aunque se dice que la serie fue hecha para influenciar a la juventud americana sobre la importancia del no racismo, el lado negativo fue que se fomentó la irresponsabilidad en otras sociedades como la nuestra.
  4. La idea de que los hijos son “los reyes del hogar. Nada más dañino y estorboso para lograr la madurez de un chamaco que hacerle creer que es el “rey”. Lo siento, los hijos apenas son los príncipes en una familia, haciendo pasar como válida la alegoría monárquica. Llegarán a reyes si se emancipan y fundan su propio “reino”, es decir, si se independizan o bien forman su propia familia. En realidad, como lo decía en la entrada sobre los niños índigo, la responsabilidad y la autoridad en una familia recae sobre los padres, y no sobre los hijos. La demostración mal entendida del amor maternal (y paternal), y su natural tendencia a proteger a sus críos, ha hecho que muchos padres otorguen demasiadas libertades a los hijos, bajo el falso temor de que si les corrigen en sus naturales errores, los traumatizarán de por vida, y trasladen su autoridad hacia las escuelas (que como dije en el punto 1, a través de los nuevos modelos educativos tienden a fomentar la irresponsabilidad). O peor aún, hacia los contenidos de los medios masivos. Después de todo no hay niño que se resista a la tentación de “ver la tele”. En mis tiempos de padre primerizo, mis hijos solían pedir permiso para ver la “tele”. Mi respuesta era: “Puedes verla pero no la enciendas”.
  5. La idea de que “puedo hacer con mi cuerpo lo que yo quiera”. Esto es particularmente peligroso pues si bien es cierto que los jóvenes a cierta edad deben cuidarse a sí mismos, eso no les da la autoridad para hacer de sus cuerpos una fiesta de irresponsabilidad. No se trata de un juicio moralista, sino biológico. Muchas niñas tienen su primera menstruación a corta edad, lo que hace que sus cuerpos cambien y su sexualidad florezca. No es extraño saber de escuintlas de 13 años que ya tuvieron su primera relación sexual. Eso no sería tanto problema mientras no resulte en embarazo. La falta de valores familiares y de información por parte de los padres, en muchos casos origina que haya niñas-madres-solteras, en edades en las que su preocupación debiera ser principalmente su formación y no el cuidado de nuevos seres humanos. Padres adolescentes tenderán a ser más irresponsables que padres adultos, con lo que el círculo vicioso de la irresponsabilidad cobra fuerza.

Quizás haya otros factores culturales, embebidos en estos que he mencionado, que afectan a los niños y jóvenes en su desarrollo hacia la madurez. Uno de ellos puede ser el avance tecnológico, que facilita muchas de las tareas de la sociedad, pero que en si mismo no contiene valores éticos. Otro quizás sea la sobrepoblación, que minimiza los valores familiares para dar paso a los cambiantes valores sociales. Sin embargo queda una duda ¿Que pasa con los adultos que no maduran? No se responsabilizan de sus actos y no afrontan la vida adulta. Quizás para ellos, durante la infancia, no hubo conciencia de los “problemas” porque siempre hubo alguien cerca para resolverlos.

Existe ciertamente el llamado “síndrome de Peter Pan“, que se caracteriza por la inmadurez en ciertos aspectos psicológicos, sociales, y por el acompañamiento de problemas sexuales. La personalidad principalmente masculina en cuestión es inmadura y narcisista. El sujeto crece, pero la representación internalizada de su yo es el paradigma de su infancia que se mantiene a lo largo del tiempo. Algunos ven este síndrome como un problema muy extenso en la sociedad moderna pos-industrial, que en parte es fomentado por los valores implícitos de los medios masivos de comunicación.

Pero aparejado a este problema está el llamado síndrome de Wendy. Ejemplos de este Síndrome es el padre de familia que prácticamente le hace la tarea al hijo, le despierta todas las mañanas para que no llegue tarde a la escuela, le ayuda en todos sus proyectos, busca hacerle siempre la vida más fácil; también puede ser la ama de casa que asume todas las responsabilidades en el hogar para que el marido y los hijos no tengan que hacer nada; en la pareja, se trata de quien asume todos los deberes y toma las decisiones. ¿Alguno de mis lectores conoce a alguien así?

Los valores de una sociedad que eleva la apariencia a niveles casi religiosos han fomentado que muchos adultos, hombres y mujeres, afronten con terror los cambios fisiológicos aparejados con la madurez. Las operaciones estéticas ya no son exclusivas de ricos y famosos, la anorexia hace que las mujeres parezcan niñas inmaduras, el viagra permite a los adultos mayores sentirse jóvenes de nuevo y la nefanda metrosexualidad en los hombres les confiere una aureola a la Dorian Grey. Estos falsos valores, fomentados también por los medios masivos, atentan contra la natural transición de los niños hacia la madurez.

Conclusiones.

Si buscamos en nuestra moderna forma de vivir los factores que fomentan el mantenerse “forever young”, de seguro los encontraremos casi en cualquier lado. Pero debemos ser conscientes de que esos factores apuntan al lado contrario de la naturaleza de los humanos. Si bien por nuestra propia debilidad (comparada con la de otros animales salvajes) debemos permanecer mucho tiempo siendo inmaduros, no debemos olvidar que ese periodo debe ser dedicado al aprendizaje para llegar al punto de la madurez productiva, de la auto realización y de la actuación responsable en los ámbitos personal, familiar y social. El mismo Desmond Morris decía:

Este asombroso ritmo de aprendizaje… es exclusivo de nuestra especie y debe ser considerado como uno de nuestros grandes logros. Es algo relacionado con la apremiante necesidad de una comunicación más precisa y eficaz.


Añado que también debemos aprender a ser más responsables en la forma de educar a nuestros hijos para romper con el ciclo vicioso de la inmadurez.
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