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El Weblog sin dogmas

Para mi papá, en su día

Posted by keithcoors_00 en 21 junio, 2009

Oscar GamborinoEl mejor legado de un padre a sus hijos es un poco de su tiempo cada día.

Battista

Hola papá.

Quiero decirte que hoy que se celebra el día del padre, como casi todos los días de mi vida, te recuerdo mucho. Quiero, con esta entrada, agradecerte lo que hiciste por mi.

En primer lugar darme la vida… aunque no te la pedí. Pero ya que estoy acá, pues ni modo de no agradecerte la vida que me diste. Lo que más me gusta de este punto es que durante mi infancia y juventud nunca recurriste al argumento matador y manipulador del “YO TE DI LA VIDA”, para causar en mí el sentimiento de culpa por mis peculiares comportamientos.

En segundo lugar quiero agradecerte que fuiste, quizá sin quererlo, un verdadero ejemplo de lo que es la tolerancia. Ejemplo que tomé a duras penas, pero que me ha servido de guía. Toleraste a mi mamá (que ya es decir mucho), toleraste que, aunque no eras creyente, te obligara a ir a misa todos los domingos y las odiosas semanas santas; toleraste a tus joditivos hermanos mayores y los amaste siempre; toleraste tus enfermedades y nunca te hiciste la víctima para causar lástima; toleraste los tratamientos médicos diagnosticados por un doctor para superar tu esterilidad (doctor que por cierto era homosexual, cosa que también toleraste); toleraste que tu único hijo fuese un retobado ratón de biblioteca, que no era bueno en las cosas que tú eras excelso: trompo, canicas, rayuela, box callejero, fútbol, y quizás la que más recuerdo: pulcritud, estilo y orden en tu forma de vestir; toleraste que yo tuviese la afición de subir a las altas montañas mientras tú temías a la altura y temías por mi seguridad; toleraste mis extravagancias, mis borracheras, mi descuido al usar tu auto, mi irreverencia para con la autoridad de mi madre, y mi independencia del ámbito paterno y materno; toleraste a tus nietos, al permitirles que te peinaran y despeinaran a su antojo, que influyeran en ti para que dejaras de fumar y que en tu vejez te inyectaran un poco del perdido brío.

En tercer lugar te agradezco el no haber sido un típico macho mexicano, lo cual también me sirvió de vivo ejemplo en una época en la que ser un macho era el paradigma por excelencia. Este ejemplo de anti-macho ha guiado mi vida para regir mi forma de actuar y para estar claro de lo que deseo para mis hijas, para mi esposa, para mi madre, para mis amigas y en general para toda mujer que cruza mi camino.

En cuarto lugar te agradezco todo el apoyo, moral y económico, que me diste para estudiar. Yo sé que aunque tú no terminaste ni siquiera la educación primaria, siempre quisiste que yo recibiera la mejor educación posible. Siempre, desde pequeño, alentaste en mí la pasión por la lectura, por los estudios y por la constancia en ellos.

En quinto lugar te agradezco que en tu última enfermedad permitieses que yo te tratara con ternura (algo que quizás tú no pudiste hacer conmigo, de lo cual no te culpo, pues entiendo que tenías algo así como alexitimia). Te agradezco que me permitieras invertir los papeles para cuidarte y tratarte como si fueras un niño.

Gracias por todo eso, papá.

Sé que no puedes leer este agradecimiento. Hace poco más de 12 años que dejaste de existir. Estoy convencido de que tu escencia como ser humano que vivió en esta roca no está en ningún lado oculto. Ni en el lugar que los religiosos llaman cielo (ni en el opuesto: infierno), ni en el nirvana de los místicos, ni flotando en en los cinturones de Van Allen que nos rodean, como lo pregonan algunos Nuevoereros. Tu escencia, con mucha certeza, está en dos sitios, uno físico y uno virtual:

  1. Está en todas y cada una de mis células, en forma de ADN, del cual me heredaste una buena parte, y que se prolongará hacia mis hijos y mis nietos en cierta medida. De esta escencia dan fe algunos rasgos anatómicos y características fisiológicas, como la forma de la nariz y del mentón, así como en la adicción al café y en la fuerza física innata.
  2. Está en mis recuerdos, en los ejemplos de vida que me diste y en mis formas de ver la vida; en la ausencia de religiosidad, en la tolerancia, en el respeto a las mujeres y en otras formas de comportamiento que honran lo que fuiste.

Resulta un poco triste que no te haya dicho todo esto (en una sola exhibición) mientras vivías. Me consuela el hecho de haber honrado tu paternidad mientras vivías. Pero ahora, plenamente consciente de tu ausencia, y del fantasioso tono en el que te escribo, te escribo este agradecimiento para que yo mismo pueda leerlo. También para que lo lean mis hijas e hijos, y en su momento mis nietos (si se da el caso), y sepan lo que pienso de mi padre.

Una vez más, gracias papá.

P.D. Hoy lunes 22 cambié la fotografía inical por esta que desde un principio quise que ilustrara la entrada. Es una fotografía de mi papá tomada en la década de 1940. La anterior puede verse aun en la entrada sobre la espiritualidad de un escéptico.
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