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El Weblog sin dogmas

Más inconsistencias en los promotores del voto nulo

Posted by keithcoors_00 en 24 junio, 2009

Vota a aquel que prometa menos. Será el que menos te decepcione.


W. M. Ramsay


Continúa de la entrada del (casi) mismo nombre. En realidad hay muy pocas frases célebres que reflejen el sentir de esta entrada. Esta de Ramsay refleja el sentimiento de mucha gente con respecto a los políticos y su labor. Cabe señalar que este problema NO es exclusivo de México, ni mucho menos de estas elecciones para renovar diputados de 2009; Ramsay era un arqueólogo escocés nacido en 1851.

Regresando al tema de los promotores del voto anulado, me referiré ahora a Denise Dresser. En el vídeo que refiero al final de esta entrada, doña Denise se presenta dentro del reporte Indigo (así, sin acento, como si quisiera significar NO-DIGO) iniciando con una excelente crítica acerca de si como ciudadanos estamos enterados de quiénes son nuestros representantes, cómo votaron durante su gestión (en la cámara, por supuesto), cuántas veces viajaron al extranjero, qué iniciativas legislativas presentaron o cómo han gastado el dinero público que se les asignó. Dice Denise: “Es probable que usted no sepa todo eso”. Y créanme, queridos lectores, lo que esperaba es que dijera a continuación cualquier otra cosa, menos lo que dijo… esperaba algo así como:
  • “Ya es momento que los ciudadanos les exijamos cuentas a nuestros representantes en la cámara”.
  • “La indolencia de los votantes ha hecho que los representantes se olviden de representarlos”.
  • “La sociedad mexicana se encuentra en un proceso de maduración y está en un estado en el que aun le es difícil tomar la responsabilidad de exigir a los representantes que cumplan con su cometido”.

Digo, algo así. Pero no. Más bien opta por “sugerir el por qué” de esa situación, e irse por el camino fácil de criticar al sistema político electoral. Veamos que nos dice Denise, en el programa que no-dice (en cursivas rojas, Denise; en texto normal, KC).

El sistema político electoral que tenemos no fue construido para representar a personas como usted o como yo. Fue erigido para asegurar la rotación de élites, pero no para asegurar la representación de ciudadanos. Fue creado para fomentar la competencia entre los partidos, pero no para obligarlos a rendir cuentas.
Hasta aquí nos dice su opinión sobre el sistema de representación popular pero no nos dice en qué hechos se basa para opinar de esa forma. No estoy muy de acuerdo en que el sistema electoral sea la causa de que los mexicanos no se interesen en los asuntos nacionales (política, elecciones, representantes, plataformas de acción, etc.), me hubiese gustado más que Denise nos dijera por qué, desde su punto de vista, este sistema tiene un diseño como el que menciona. Es decir, nos menciona que es un sistema diseñado para beneficiar a las élites (no dice de que tipo, supongo que élites políticas), pero no me da buena espina que no diga porqué lo hace. Pienso que supone que sus palabras causarán el efecto deseado (estar de acuerdo con ella) y que no necesita decirnos cómo es que el diseño actual beneficia a las élites.

Pero vayamos más allá. Yo digo que el sistema político electoral que tenemos no está diseñado para favorecer las élites, más bien pienso como hipótesis alternativa que como sociedad nos gusta favorecer a las élites, o por decirlo de otra forma, lo que afirmo es que nuestra sociedad está compuesta de tres grupos de personas, los que están en una élite, los que no lo están, y a los que no nos importa ninguna de las dos alternativas: ni el estatus, ni la falta de estatus. Los dos primeros grupos forman la inmensa mayoría de la población. Entre estos grupos sucede un fenómeno curioso, los que están fuera de una élite se quejan por no pertenecer a ella, pero si llegan a estar en la élite aborrecerán y despreciarán a los que aún están afuera. Analizaré eso más adelante.

Yo digo que el sistema electoral no está diseñado como lo dice Denise. La elección de diputados tiene dos vertientes, la de los que son electos por mayoría relativa y los que acceden a la curul por representación proporcional. La Constitución fija el número de diputados de cada grupo, 300 para el primero y 200 para el segundo (ver complemento en el soporte documental).

¿Que significa esto? Que el 60% de estos diputados se elige en distritos electorales en los cuales el candidato regsitrado que obtenga más votos es el que ocupa la diputación. No el que obtiene un porcentaje determinado de votos del electorado correspondiente al distrito, sino el que obtiene más.

Hagamos un ejercicio mental. Si consideramos que hay unos 77 millones de ciudadanos registrados en el padrón electoral, entonces al dividir este número entre 300 distritos nos da que en cualquier distrito habrá unos 250 mil votantes. Supongamos que en un distrito hay 5 candidatos de igual número de partidos. La Carta Magna nos dice que si de esos 250 mil se emite sólo 1 voto válido (implicando que los 249,999 restantes, o no asisten a votar, o anulan su voto), el candidato que ocupará la curul será el que se lleve ese voto. Así de simple. Que muchos votantes anulen su voto o se abstengan de votar no hará que las elecciones se anulen. Siempre habrá algunos votos por distrito (aunque sea de los propios candidatos). Y por si fuese poco, los otros 200 diputados de las listas plurinominales llegan en automático a la Cámara, del partido que sean.
La única opción de anulación de elección sería que TODOS los ciudadanos de TODOS los distritos anulasen su voto o se abstuviesen de votar, incluyendo a los propios candidatos, sus familiares y correligionarios de partido, pues no habría ningún candidato con una mayoría relativa y no podría asignarse las curules por representación proporcional (cualquier proporción sobre cero, da cero). ¿Es ese un escenario probable? No lo creo. Yo más bien pienso que la invitación a abstenerse o a anular el voto favorecería al partido con más afiliados por distrito ¿Adivinan mis lectores cual partido será? ¿Acaso no nos acordamos del corporativismo?

Añado otras aseveraciones de Denise que merecen comentarse.

La población mira a los partidos y ve ahí una historia de priización, de complicidades.
Yo digo que eso no depende del sistema político electoral con posible exceso de partidos, sino de que tanto en el PRI como en los demás partidos participan políticos mexicanos, extraídos no de una sociedad diferente, sino de la misma sociedad que, según Denise, sigue pensando que los partidos políticos son poco menos que bandas de truhanes.

Ve (la población) a partidos con algunas diferencias en cuanto a lo que ofrecen pero con demasiadas similitudes en cuanto a cómo se comportan.
Y yo me sigo preguntando ¿será por el sistema político o porque están formados por compatriotas que se comportan igual cuando pasan a formar parte de la élite?

Ve (la población) pluralismo en la oferta política pero mimetismo en el desempeño gubernamental. Ve a partidos corruptos que se niegan a rendir cuentas… Partidos cerca del botín que se reparten, y lejos de la ciudadanía.
¿Eso se debe al sistema? Yo sigo pensando que Denise soslaya de manera tendenciosa la responsabilidad de la sociedad en la definición de valores. Mientras sigamos considerando valioso estar del lado de los ganadores, mientras sigamos considerando valioso aprovecharnos de nuestros conciudadanos, mientras sigamos considerando valioso quedarnos con la cartera que nos encontramos en el transporte público en vez de regresarla a su dueño, seguiremos mimetizándonos en nuestro desempeño, no sólo gubernamental sino en casi cualquier ámbito.

Hoy por hoy la clase política no tiene un sólo incentivo para remodelar un sistema que tanto la beneficia.
Hoy por hoy, la sociedad NO tiene incentivos para participar más activamente en política, y menos aún si lo que se le recomienda es anular su voto y por ende anularse como parte fundamental del quehacer político de una nación, si lo que se le recomienda es tomar la fácil opción de escribir pendejadas en una boleta como “mecanismo de protesta”. Y si la sociedad no tiene ese incentivo ¿que se puede esperar de la clase política?

Los políticos tienen una situación inusual y privilegiada que no quieren perder.
Y me sigo preguntando si mi ya (casi) querida Denise hubiera sido invitada a renunciar a sus privilegios ¿hubiera renunciado a ellos? ¿Hubiese renunciado a la educación de privilegio que recibió? Quizás diría “yo me gané esos privilegios, yo soy una Doctora en Filosofía (PhD) en Política por la Universidad de Princeton, doctorado que obtuve gracias a sendas becas de las fundaciones Ford y Rockefeller” (datos obtenidos desde Wikipedia).

Para la gran mayoría de la población, mi ya (casi) querida Denise tuvo pingües privilegios ¿Acaso hubiera renunciado a ellos para luchar en contra de los grandes consorcios estadounidenses que controlan la economía mundial? No lo creo. Y así, todos los que hacemos algo por salir adelante no vamos a renunciar a aquello que con trabajo hemos obtenido, incluso los políticos… incluso los políticos mexicanos. No critico su educación ni el modo en que logró financiarla, lo que se me hace un tanto absurdo es que, montada en una trayectoria inusual y privilegiada, pretenda criticar a un sistema que, entre otras cosas, le permite seguir en una élite académica.

Incluso me parece absurdo que hable en primera persona diciendo cosas como “… Siento que si voto por cualquier partido en estas condiciones, con este sistema, contibuiré a avalar a un sistema que debe ser cambiado desde afuera, ya que nadie lo va a hacer desde adentro“, e inmediatamente después hable en plural para sugerir “…Y por ello tendremos que pensar en Acciones que contribuyan a sacudir, a presionar, a protestar, a rechazar, a manifestar la inconformidad, a reconfigurar una democracia altamante disfuncional“. Es como si invitara a su auditorio a hacer algo por ella y para ella, para aliviar su personalísima crisis electoral. Muy fea forma de llevar una campaña de anulación del voto, digo yo.

Por ello habrá que proponer medidas como el voto para un candidato inexistente, que combatan la inercia y generen incentivos para mejorar la representación.
¿Y con medidas como esa se combatirá la inercia? ¿De verdad pensará Denise que el anotar “Cantinflas” en una boleta generará incentivos para cualquier cosa? Yo lo que pienso es que el anular el voto incentivará el corporativismo, esa vieja y deleznable práctica del PRI que aseguraba votos ciegos, no razonados, impulsados por el temor de perder la afiliación a un sindicato, a un gremio, a un grupo de presión. Así se asegurará un número mínimo de votos para que los políticos deshonestos sigan perpetuándose en la “nata” política, que flota sobre la masa inactiva, anulada y amorfa de una sociedad mexicana que aun no acaba de entender que lo que hay que hacer es otra cosa (que diré al final de la entrada).

El voto, sin adjetivos, ya ha demostrado ser insuficiente. La competencia entre partidos ha demostrado ser insuficiente. La alternancia entre una posición ideológica y otra ha demostrado ser insuficiente.
Insuficiente ¿para qué? Que lástima que Denise no lo diga. Supongo que quiere decir que es insuficiente para una verdadera representatividad de la sociedad en las decisiones importantes del país. Pero votar en blanco o por “cantiflas”, tampoco sería suficiente para meter a la sociedad en otra dinámica más responsable, más bien al contrario, es decirle al ciudadano: “sigue siendo irresponsable para que otros más participativos sigan aprovechándose de tu indolencia”.

El problema no son las personas o los partidos en sí. Es un sistema político que no asume la representación.
Quien no asume la idea de representación, insisto, es la sociedad mexicana. Quien no asume la responsabilidad de exigir cuentas es la sociedad, pues resulta más cómodo quejarse de los políticos, del sistema, del gobierno. Mucho más cómodo que organizarse para visitar al diputado local y al federal para platicar con él (o ella).

El sistema no es malo, pero supone que los ciudadanos tendrán la suficiente madurez como para elegir a un candidato de su preferencia. Normalmente será alguien de su comunidad, de su barrio, quizás alguien conocido. Los partidos suelen escoger a gente con cierta ascendencia en su comunidad. Pero coincido con Denise en una cosa, con este sistema se fomenta la competencia entre partidos. Pero ¿es eso malo, incorrecto o absurdo siquiera? No lo creo. Lo que pienso es que como sociedad nos falta madurez para aprovechar este sistema, para tener una participación cívica más activa, para dejar de pensar que o estamos en la élite (política) o fuera de ella, y para participar más activamente en el partido que más se acomode a nuestra forma de pensar. La fácil y anárquica opción de anular el voto implica favorecer la indolencia y la polarización de estos dos primeros grupos (los de la élite y los de afuera de ella).

Algo está mal, algo no funciona, algo necesita cambiar y con urgencia… No podemos seguir fingiendo. Ha llegado el momento de reconocer lo que no funciona y componerlo.

¿Acaso se refiere a la sociedad? Ojalá así fuera. Estoy de acuerdo con Denise en esta apreciación, pero aplicada a la sociedad antes que al sistema. De otra forma parecería que Denise propone una nueva elíte de “electores con la capacidad de sancionar o premiar“, para tener una especie de “contraloría ciudadana” ante la que los diputados rindan cuentas.

La pregunta es ¿cómo hacer esa nueva élite de electores con el poder de cambiar a los diputados antes de que termine su gestión? ¿Cree sinceramente Denise que con esta forma de sancionar se mejorará el sistema? Yo estoy de acuerdo con ella en que hay que sancionar a los diputados, pero, una vez más, eso exige o bien una nueva élite o bien una participación más activa y decidida de los ciudadanos. Yo me inclino por iniciar con la segunda pues de otra forma, la nueva élite tendría los vicios y malas costumbres que la misma sociedad de la que emanen sus integrantes (ver complemento del sistema político en el soporte documental).

Lo prometido.

Si he dicho que la raíz del mal que aqueja al México electoral está en su sociedad y en su participación en los tres grupos mencionados (los que están en una élite, los que no lo están, y a los que no nos importa ninguna de las dos alternativas: ni el estatus, ni la falta de estatus) es por una razón histórica: Seguimos cargando con el estigma del mestizaje.

En tiempos de la conquista española, la población Azteca se vio prácticamente aniquilada por obra del mosquete, la espada y el cañón, así como por gracia de la viruela. Quienes sobrevivieron a esta masacre NO fueron los Mexicas, sino los pueblos que habían estado bajo el yugo mexica, quienes veían en los conquistadores como libertadores. Que errados estaban. Colaboraron con ellos para liberarse de los Mexicas y lo que lograron fue salvar su vida, inmunizarse de la viruela (por el mestizaje) y acabar como esclavos de los españoles.

Pero los mestizos ya no eran considerados esclavos. Pero tampoco estaban en el grupo de Criollos o de Españoles peninsulares. Por tanto, sus objetivos como grupo NO era regresar a formar parte del grupo de sus ancestros que ahora eran esclavos, sino de la nueva élite dominante y gobernante. Una vez al servicio administrativo de los españoles y criollos, los mestizos desdeñaban a los nativos. Incluso desdeñaban a otros mestizos que apoyaban a los nativos. 300 años de esa situación nos marcaron profundamente, pero espero que no para siempre.

En resumidas cuentas lo que digo es que ese afán por estar en una élite y al llegar a ella desatender al grupo fuera de ella, NO es cosa nueva. Es una herencia maldita de idioscincracia mestiza, es un estigma de nuestras raíces.

Para liberarnos de ese estigma lo que propongo es, en primera instancia, estar conscientes de esa herencia histórica. No ocultarla, no disfrazarla, sino más bien ponerla en su justa perspectiva. Después integrar a la sociedad mexicana actual en un proceso de educación sobre los valores. Mientras no cambiemos los valores de nuestros hijos, no cambiaremos los valores de la clase política. No debemos esperar que el político mexicano sea honesto por decreto, lo que hay que hacer es imponerle NUESTRA honestidad y nuestro compromiso para seguir de cerca su actuación.

Sí creo que es necesario cambiar el sistema electoral, para dar cabida a un proceso de evaluación del desempeño de los representantes públicos, pero sólo después de haber iniciado una verdadera cruzada para la revalorización de la sociedad mexicana. Mientras no cambiemos nuestros valores y nos deshagamos de esa postura en el eje de élite – no élite, seguiremos siendo esclavos de ese estigma de deshonestidad, de corrupción, de falta de valores y de falta de compromiso cívico.

Conclusión.

Aunque concuerdo con la inquietud de Denise sobre el punto de exigirle a nuestros representantes ante la Cámara, no comparto su promoción al voto anulado. Mi percepción es que esa campaña más bien apoyará al PRI y a sus viejas prácticas. No pienso que anular el voto propicie un cisma político en México, al contrario, causará más descontento en la sociedad, pues ascenderán a las curules diputados ganadores en una elección con un número ridículamente bajo de votos.

Propongo más bien que votemos por el candidato que nos convenza más, no con promesas fáciles sino con una apertura personal para ser visitado y cuestionado por grupos sociales autónimos sobre su gestión. Invito a mis lectores mexicanos a organizarse de manera libre para enchinchar a nuestros representantes.

Imagen: El supuesto eslabón perdido, ya con una cola que le pisen.

P.D. Me resulta harto curioso ver publicidad de Google en mi Blog (pagada ciertamente) invitando al “voto blanco” y al “voto nulo”. ¿Quien podría invertir su actualmente escaso dinero en esas campañas? Mi adivinanza educada es que el beneficio será para quien más ha perdido en las últimas elecciones ¿Qué partido esta en tercer lugar después de más de 70 años de estar en el primerísimo puesto?

¡Cuidado compatriota mexicano! No te dejes engatusar.


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Una respuesta to “Más inconsistencias en los promotores del voto nulo”

  1. […] lo preguntaba Denise Dresser en su video sobre este tema: ¿Estamos enterados de quiénes son nuestros representantes, cómo […]

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