Ahuramazdah

El Weblog sin dogmas

¿Hay distractores nacionales?

Posted by keithcoors_00 en 10 septiembre, 2009

La política es el arte de aplicar en cada época aquella parte del ideal que las circunstancias hacen posible.

Antonio Cánovas del Castillo

La primera vez que sospeché que un acto a nivel nacional servía de distractor fue cuando el Papa Juan Pablo II visitó México por segunda ocasión. En ese entonces me pareció una excelente maniobra del gobierno mexicano invitar al Papa para que visitara nuestro país.

Porque había un asuntito de importancia nacional (y mundial) que, debido a tanto retraso, estaba ocasionando más problemas que soluciones: La puesta en marcha de la Central Nuecleoeléctrica Laguna Verde.

El antecedente

Por fortuna para mí, fui testigo de algunos hitos en esta historia, por haber estado en primera fila durante ciertos acontecimientos relacionados con esta planta. Cito párrafos de un sitio de Greenpeace:

La historia de la Central Nuclear de Laguna Verde se remonta a 1972. En ese año, los promotores de la energía nuclear planearon la construcción de una planta que tendría como objetivo producir electricidad. Sin embargo, debido a varios retrasos, la central no estuvo lista hasta fines de la década de los 80.


No mencionan los motivos de los retrasos, pero yo los puedo mencionar debido a que, como dije, tuve acceso a información de primera mano, pues desde 1981 trabajé para el Instituto de Investigaciones Nucleares, con gente que estuvo involucrada con la decisión de construir esta central, además de que existe una excelente reseña de la historia de la energía nuclear en México que puede consultarse aquí.

El primero tuvo que ver con la actitud que se adoptó al inicio de las discusiones sobre si era necesario entrarle a un programa nucleoeléctrico. A finales de 1971, año en que la CFE obtuvo la autorización para adquirir su primera planta nucleoléctrica, se pensaba que como México tenía una veintena de doctores en físca nuclear (notablemente Manuel Sandoval Vallarta, Carlos Graef, Alberto Barajas y Nabor Carrillo) se podía con el paquete de diseñar y construir una veintena de reactores de potencia. Lo que se pasó por alto fue que un reactor nuclear de potencia tiene más del 95% de procesos de ingeniería y que menos del 5% pertenecía al terreno de la ciencia nuclear.

Así que a los pocos años de inicado el proyecto, hubo necesidad de recurrir al ícono nacional de la ingeniería de proyectos en México: ICA (Ingenieros Civiles Asociados). Esta empresa había construído los proyectos más grandes para la Comisión Federal de Electricidad, como las plantas Hidroeléctricas de Infiernilo y Chicoasén, así como obras monumentales del tamaño del estadio Azteca, el metro de la Ciudad de México y su Drenaje Profundo. No había dudas, ellos podrían con el paquete.

Pero no fue así. El siguiente retraso fue debido a que, a los pocos años, se dieron cuenta de que necesitaban algo de lo que carecían: experiencia en el desarrollo de la ingeniería de detalle de una central nuclear de potencia. Además nunca habían tenido de cerca la vigilancia y fiscalización de organismos internacionales como el OIEA (Organismo Internacional de Energía Atómica) o la NRC (Nuclear regulatory Comission). Por ello hubo necesidad de contratar a EBASCO, una compañía de ingeniería de Nueva York, especializada en la dirección de proyectos nucleoeléctricos basados en reactores de agua ligera (motablemente fabricados por General Electric). Una vez contratada EBASCO, ICA se convirtió en su maistro de obras. Pero hubo necesidad de re-iniciar desde cero.

Entre tanto retraso, los que estábamos dentro de las huestes nucleares, deseábamos que el primer proyecto nucleoeléctrico mexicano se hubiese hecho “llave en mano”, con una participación de una comitiva de ingenieros mexicanos aprendiendo del proceso. Un poco al estilo japonés, quienes iniciaron con proyectos llave en mano para terminar diseñando sus propios reactores. Pero fuimos muy necios durante los primeros años y no nos dimos cuenta de que era mejor y más económico permitir que los expertos hicieran lo suyo para aprender de ellos. Pero no fue así y los costos de ese error fueron muy elevados.

Posteriormente hubo otro retraso debido a que durante la construcción de los recintos de Laguna Verde, General Electric emitió una nueva generación de vasijas y contenedor primario para este tipo de reactores. Se tomó la decisión de incorporar las mejoras a costa de rediseñar una buena parte de la ingeniería.

En fin. Estos retrasos derivaron en una pérdida de credibilidad en el público, que aunada al escándalo del accidente de la plante de Harrisburg (Three Mile Island), acaecido en marzo de 1979, hizo que algunas voces ambientalistas comenzaran a cuestionar el proyecto en su conjunto. Para acabar de retrasar todo, el accidente en la Central Nuclear Rusa de Chernobyl en 1986 llamó la atención de los ambientalistas internacionales sobre la conveniencia de concluir los proyectos que aún estaban en marcha.

Por ello fue que aunque la planta se terminó de construir hacia 1988, las pruebas preoperacionales tardaron más de lo debido. Había gente que se encadenaba a las puertas de la central, tratando de evitar que entrara en funciones, temiendo irracionalmente que lo que había en las costas Veracruzanas era una bomba atómica a punto de estallar.

Cuando en 1990 se anunció que el Papa visitaría nuestro país, mi primera sospecha se presentó: Un evento de esa magnitud tendría al fervoroso pueblo mexicano ocupado con las idas y venidas de Juan Pablo II. Curioso resulta que a tres semanas de que el Papa iniciara su visita, a mediados de abril de ese año, la central iniciaba la producción comercial de electricidad (el Papa estuvo del 6 al 13 de mayo).

Esto sucedía durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, uno de los presidentes más polémicos de finales del siglo XX, quien había llegado al poder después de unas controvertidas elecciones en las que la hegemonía del Partido Revolucionario Institucional se había puesto a temblar con el rompimiento de la Corriente Democrática, encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas. La pregunta era ¿Pudo haberse concretado esta visita como un distractor para el inicio de operaciones de Laguna Verde? No lo sé a ciencia cierta, pero si yo hubese sido el presidente de México en ese entonces, no hubiese dudado en hacerlo con tal de que Laguna Verde cumpliera su cometido sin tanta oposición ambientalista – terrorista.

Y eso lo digo no por ser admirador de Maquiavelo (que lo soy), sino porque para ese entonces yo ya conocía la historia de esta Central, e incluso conocía sus tripas y había estado involucrado en un par de proyectos de apoyo para su licenciamiento. Podía (y aún puedo) constatar que para finales de la década de 1980, Laguna Verde prometía ser la instalación más segura de México.

Pero la magnitud hace la diferencia. El México católico (integrado por decenas de millones de fieles) estaba embelesado con el Papa, lo mismo que los medios masivos de comunicación y quizás no harían caso de los intentos ambientalistas por impedir el arranque de la planta.

Lo actual

Ahora tenemos el intento de implementar una medida impopular por parte del gobierno de Felipe Calderón. Es impopular porque intenta subir los impuestos, pero así como están las cosas, no veo otra salida para completar el presupuesto de gasto para 2010, en especial después de la crisis mundial que nos ha pegado.

Y coincide la noticia de la iniciativa del Ejecutivo para aumentar los impuestos con el suceso del secuestro del avión de Aeroméxico. ¿Sería posible que el gobierno montara un distractor de este tamaño, como lo afirma el inconstante Porfirio Muñoz Ledo?

Bueno, es posible que así haya sucedido. Si se invitó a un Papa para poder girar la llave de una Central Nuclear sin que hubiera tanto alboroto ¿Pudo José Mar Flores Pereira haber sido convocado para ser parte de un montaje de este tamaño? Veamos lo que hay.

Por un lado tenemos un problema crítico en las finanzas del país. Para mi gusto, este problema es aún más grande que el que tenía Salinas en 1988. Si yo fuese el actual presidente y tuviese en mente inventarme un distractor para la sociedad mientras los aumentos de impuestos se acuerdan al vapor, lo que haría será algo realmente grande y bello para mantener la atención del pueblo en otro punto.

Por otro lado tenemos la magnitud de este supuesto distractor. Si bien es cierto que los medios mexicanos e internacionales estuvieron atentos a este evento (y sus consecuencias) durante casi medio día de ayer (9.9.9) y buena parte de hoy (10.9.9), el alcance de sus repercusiones es más bien limitado. Y quizás sean las voces como la de Muñoz Ledo y de otros políticos inconstantes lo que mantenga la atención sobre esta coincidencia. La verdad es que el secuestro del avión de Aeroméxico NO encantó a tantos millones como la visita de Juan Pablo II de hace casi 20 años, ni tocó las fibras más sensibles de la población mexicana. Simplemente fue un evento extraño y nunca visto en México, pero así de chiquito: Sólo unas horas de mediana atención.

Por último tenemos que en la actualidad no se vive en condiciones políticas como las de hace 20 años. No sería posible mantener la secrecía sobre la intención de un evento TAN visto y TAN transparente como éste.

¿Que si las medidas tomadas fueron exageradas? No lo creo, así como tampoco creo que las medidas tomadas por el gobierno con motivo del inicio de la influenza AH1N1. Pienso en ambos casos que las medidas tomadas fueron apenas las adecuadas, ante la incertidumbre de la magnitud del peligro en esos momentos. Resulta estúpido juzgar el tamaño las medidas vistos los resultados. Lo justo sería considerar el tamaño de las medidas en función del tamaño del riesgo durante los eventos.

Conclusión

Aunque considero posible que los gobiernos distraigan a los pueblos con circo (cosa que sucede desde hace siglos, y no sólo en México) en este caso no pienso que el aerosecuestro haya sido perpetrado bajo la direccion de operadores del gobierno. Aunque haya gente que así lo piense y hasta relacione el resultado del partido de soccer entre México y Honduras de ayer como parte del “ultimate distractor”, hay que mirar la magnitud de los eventos para darse cuenta de que no hay comparación. Incluso el resultado no concuerda con la hipótesis de la conspiración. Hace 20 años se arrancó Laguna Verde antes de la llegada del Papa; hoy 10 de septiembre aún no se tiene aprobado este paquete económico.

Imágenes: El País y © Greenpeace.
Anuncios

Sorry, the comment form is closed at this time.

 
A %d blogueros les gusta esto: