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¿Por qué la gente quiere creer en conspiraciones?

Posted by keithcoors_00 en 17 septiembre, 2009

Todo poder es una conspiración permanente.

Honoré de Balzac

El buen Honorato, en su tiempo, contribuyó a la idea generalizada de que siempre hay un grupo de personas con poder, en posiciones de gobierno o de empresas poderosas, que en forma ininterrumpida realizan complicados planes para matar, robar, engañar, manipular y sojuzgar a la gente sin poder.

Y si bien hay personas que gustan de hacer esos planes, no todos los poderosos lo hacen, y los que lo hacen al menos no lo hacen siempre con esos oscuros objetivos y menos con la supuesta complejidad que claman los conspiranoicos. Así las cosas ¿cómo explicar que mucha gente aún piensa que cualquier asunto del cual se desconocen los detalles es una conspiración? Michael Shermer lo explica en este artículo aparecido en Scientific American.


Después de una conferencia pública en 2005, fui abordado por un director de documentales con ambiciones a la Michael Moore por exponer la conspiración detrás del 9/11. “¿Te refieres a la conspiración de Osama bin Laden y Al Qaeda para atacar a los Estados Unidos?” Le pregunté retóricamente, sabiendo lo que estaba por venir.

“Eso es lo que ellos quieren hacernos creer”, dijo. “¿Quiénes son ellos?” Le pregunté. “El gobierno”, susurró, como si “ellos” pudieran estar escuchando en ese momento. “Pero no sólo Osama sino que algunos miembros de Al Qaeda dicen que lo hicieron”, le recordé, “no se jactaron de que había sido un triunfo glorioso?”

“¡Oh, estás hablando del video de Osama”, reculó con conocimiento de causa. “Eso fue falsificado por la CIA y se filtró a la prensa americana para engañarnos. Ha habido una campaña de desinformación volando desde el 9/11”.

Las conspiraciones ocurren, por supuesto. Abraham Lincoln fue la víctima de una conspiración de asesinato, como lo fue el archiduque austríaco Franz Ferdinand, abatido a tiros por la sociedad secreta serbia denominada Mano Negra. El ataque a Pearl Harbor fue una conspiración de Japón (aunque algunos conspiranoicos piensan que Franklin D. Roosevelt participó en esto). Watergate fue una conspiración (en la que que Richard Nixon estaba dentro). ¿Cómo podemos saber la diferencia entre la información y la desinformación? Como Kurt Cobain, la estrella rockero de Nirvana, gruñó en una de sus letras poco antes de su muerte por lesiones auto-infligidas (¿o no fueron auto infingidas?) por un disparo en la cabeza: “Sólo porque seas paranoico no significa que no estén detrás de ti”.

Pero como el ex colaborador de Nixon, G. Gordon Liddy me dijo una vez (¡y él debe saber!), El problema con las conspiraciones del gobierno es que los burócratas son incompetentes y la gente no puede mantener la boca cerrada. Las conspiraciones complejas son difíciles de llevar a cabo, y muchos quieren sus 15 minutos de fama, por lo que ni siquiera los Hombres de Negro podrían impedir que los soplones salpiquen frijoles. Así que hay una buena probabilidad de que entre más elaborada sea una teoría de conspiración, y mayor sea el número de personas que tendrían que estar involucradas, menos probable es que sea verdadera.

¿Por qué la gente cree en conspiraciones altamente improbables? En las columnas anteriores he proporcionado respuestas parciales, citando la “patronicidad” (tendencia a encontrar patrones significativos en el ruido aleatorio) y “agenticidad” (la tendencia a creer que el mundo es controlado por agentes intencionales invisibles ). Las teorías de conspiración conectan los puntos de sucesos aleatorios en patrones significativos y luego infunden los patrones con el agentismo intencional. Sumemos a estas propensiones el sesgo de confirmación (que busca y encuentra elementos de prueba que confirmen lo que ya creemos) y el sesgo retrospectivo (que permite personalizar las explicaciones después-del-hecho a lo que creemos que sabemos que pasó), y tenemos las bases para el conocimiento de conspiración.

Ejemplos de estos procesos se pueden encontrar en el maravilloso nuevo libro del periodista Arthur Goldwag, Cultos, conspiraciones y sociedades secretas (Vintage, 2009), que abarca todo, desde los masones, los Illuminati y el Grupo Bilderberg a los helicópteros negros y el Nuevo Orden Mundial. “Cuando algo importante sucede, todo lo que está antes y fuera de el evento parece trascendental también. Incluso el detalle más trivial parece brillar con significado”, explica Goldwag, teniendo en cuenta el asesinato de JFK como un buen ejemplo. “Sabiendo lo que sabemos ahora … filmaciones de la Plaza Dealey del 22 de noviembre de 1963, parecen preñadas de enigmas y paradojas -desde las expresiones extrañamente expectantes en los rostros de los espectadores en el montículo de hierba en los instantes antes de los disparos (¿Qué estaban pensando?) al juego de sombras en el fondo (¿Puede que el flash allá en el puente haya sido el cañón de la pistola brillando en el sol?). Cada excrecencia improbable, cada bulto al azar en la textura visual parece sospechoso”. Añadiendo a estos factores lo convincente de una historia con buena narrativa puede unirlo todo -ver JFK de Oliver Stone, o Ángeles y Demonios de Dan Brown, ambos igualmente en el ámbito de la ficción.

¿Qué debemos creer? Los trascendentalistas tienden a creer que todo está interconectado y que todos los acontecimientos suceden por una razón. Los empiristas tendemos a pensar que el azar y la coincidencia interactúan con la red causal de nuestro mundo y que la creencia debe depender de las evidencias para cada afirmación. El problema para el escepticismo es que el trascendentalismo es intuitivo; el empirismo no lo es. O como el grupo de folk-rock Buffalo Springfield, una vez entonó: La Paranoia golpea profundo. Dentro de tu vida se arrastrará …

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