Ahuramazdah

El Weblog sin dogmas

Credulidad y desinformación en Tepito y la verdad sobre los infantes “secuestrados”

Posted by keithcoors_00 en 9 junio, 2010

La única verdad es la realidad.

Aristóteles


No me parecía tan extraño que los vecinos del barrio bravo de Tepito (en el centro de la Ciudad de México, D.F.) se levantasen casi en armas por el supuesto secuestro de un par de niños. Tepito, famoso por ser desde hace décadas una zona donde se comercia lo ilegal, lo robado, lo prohibido, también tiene fama por la cohesión de sus habitantes para defender sus cotos, sus valores, sus tradiciones.


La tarde del lunes 31 de mayo corrían versiones de que cuatro sujetos encapuchados habían tratado de robarse a un niño que caminaba por las calles de este barrio. La credulidad de los vecinos de Tepito hizo que sus tradicionales valores de unión contra los “abusos de la autoridad” se desbordaran para bloquear calles en protesta por este supuesto hecho (ver nota de El Universal: http://www.eluniversal.com.mx/notas/684521.html). Se pedía a las autoridades que se investigase el secuestro.


De acuerdo con reportes policiacos, los vecinos se encontraban en el cruce del Eje 2 Norte con eje 1 Oriente avenida del Trabajo, para llamar la atención de las autoridades ya que, aseguraban, se habían robado a varios niños de esa colonia.



Así decía la nota de El Universal que llevaba como título “Exigen a PGJ indagar robo de niños“:

Si tuvieramos dinero o fuéramos influyentes, las autoridades harían su trabajo y mis hijos estarían con nosotros”, dijo Javier Covarrubias, padre de los menores Isis Liliana, de un año y medio, y Darien Isaí Covarrubias Merino, de dos años siete meses de edad, quienes fueron robados de sus brazos el pasado 18 de mayo mientras era golpeado.


Los hechos ocurrieron en la avenida del Trabajo, entre las calles de Constancia y Granada, en la colonia Morelos, aproximadamente a las dos de la tarde. “Bajamos de un microbús, yo iba cargando a Darién porque iba dormido, y bajé a Liliana porque le iba a poner sus zapatos para que caminara”, cuenta Javier.


“Sentí un empujón por la espalda, me caí, hice al niño a un lado y me empezaron a golpear. Pensé que me iban a matar, oí a mi hijo llorar, luego ya no lo escuché. Dejaron de golpearme, me levanté y vi a un sujeto correr, sólo pensé en ir tras él, y en ese momento mis hijos ya no estaban”.


Así, la reacción de los vecinos de Tepito resultó en el visible secuestro de un Turibús y del secuestro de las calles aledañas al cruce de Eje 2 Norte y Circunvalación, así como Canal del Norte en demanda de refuerzo de seguridad para evitar robo de niños. Mi primer foco rojo se encendió cuando me pregunté ¿Cómo pretenden los vecinos de Tepito evitar secuestros si ellos secuestran también?


En su manifestación en contra de la desaparición de niños, presuntos comerciantes de Tepito bloquearon calles y realizaron una caravana en motocicletas sobre las aceras lo que generó molestias tanto a automovilistas como a peatones.





Durante la protesta un centenar de comerciantes, a bordo de sus motocicletas, circularon en la banqueta en diversas calles del primer cuadro de la ciudad de México como parte de sus acciones; en la manifestación se pudo observar a la mayoría de los participantes sin cascos y en algunos casos se vio a cuatro tripulantes por vehículo. A su paso, según la nota del periódico, los manifestantes empujaron a los peatones y tiraron a varios de ellos.


Otro foco rojo. Me pregunto, el enojo de los vecinos de Tepito ¿les da la justificación para cometer desmanes? ¿Para dar rienda suelta a sus frustraciones? Al parecer así fué.


A los pocos días me sorprendí bastante al ver una nota en la que el papá de los niños desaparecidos había confesado que “los había dado en garantía de una deuda de $25,000”. La nota de El Universal así decía el lunes 7 de junio:


La Procuraduría capitalina informó que la desaparición de los dos niños que desató las protestas en Tepito por el supuesto robo de menores de edad fue consecuencia de que Javier Covarrubias González, padre de los pequeños Isis Liliana y Darien Isaí, los entregó como finiquito o pago provisional de un adeudo de 25 mil pesos a una mujer que identifica como “Lupe”, y que al parecer vive en la colonia Constituyentes, municipio de Tlalnepantla, estado de México.

Vaya giro de la historia. Cuando la policía lo confrontó con la evidencia en video que mostraba que no había estado en la zona en el momento del supuesto secuestro, el “pobre” Javier cambió su versión, diciendo que se había sentido impulsado a pedir 25,000 pesos y había dado a sus hijos como pago o prenda o garantía por esta cantidad a una mujer de nombre Lupe. Tercer foco rojo: ¿A quien se le ocurre dar a sus hijos a cambio de dinero? Y luego culpar a unos imaginarios secuestradores encapuchados… Y luego echar a andar las huestes tepiteñas a una orgía de vandalismo y furia sin coto para desviar la atención. Algo malo estaba asomándose desde la misma escala de valores de este hombre de apenas 22 años.


Pero hoy finalmente salió el peine: Se encontraron los cadáveres de estos pequeños y su padre, el ya no pobre sino infame Javier, confesó haberlos asesinado:


La Procuraduría capitalina informó que hallaron dos cadáveres en avanzado estado de descomposición, al parecer se trata de los hermanitos Darien Isaí e Isis Liliana Covarrubias Moreno, de dos años y siete meses, y de año y medio de edad, respectivamente.


El asesino confesó que el día que los mató se sentó sobre unas piedras y mientras su hijo jugaba a sus espaldas, atrajo a la pequeña hacia su pecho, le cubrió la naríz y la boca con una mano, hasta matarla. Tras esto, llamó al pequeño y lo asesinó del mismo modo.


Según su propio relato, cavó un hoyo donde metió a su hijo en una bolsa negra, y lo cubrió de tierra. Acudió a un mercado para comprar una maleta, en la cual echó el cuerpo de su niña, para abandonarlo sobre avenida Insurgentes, afuera del parque; cerca de unas torres encontró un hueco donde la dejó.


Después de haber matado a sus hijos fue a la casa de sus cuñadas, en el barrio Tepito, donde no encontró a nadie. En su camino se encontró a su esposa, a quien le aseguró que unos sujetos lo habían golpeado para robarse a sus hijos.

No pues sí. Que historia tan lamentable. Cuarto y último foco rojo: ¿Cómo puede haber gente tan cruel y despiadada como para matar a sus hijos a sangre fría? ¿Que motivos podría tener este infeliz comerciante para realizar semejante atrocidad? (Ver Actualización)


Como dice la cita de entrada, la única verdad es la realidad. Y la realidad es que dos inocentes niños murieron a manos de su propio padre. Y la realidad es que las mentiras de este sujeto llavaron a la gente de su barrio a tomar calles y cometer tropelía y media. En sus mentes, adivino, estaba muy en alto el sentido de la unidad, pero muy bajo su escepticismo ante la historia contada por Javier.


Cierto es que se exaltan los ánimos cuando se escucha una historia como la que contó el infame Javier, pero ¿cómo contener las reacciones de furia y de impotencia ante lo relatado? Sólo aplicando un poco de escepticismo.


Ahora la gente de Tepito que hizo su “oso” el lunes 31 de mayo ¿cómo enfrentará la verdad? ¿Seguirá creyendo que los niños fueron secuestrados y que Javier fue obligado a declararse culpable? ¿Seguirá pensando que no hay justicia en su barrio? ¿Se mantendrá con ese valor de la union “a ciegas”?


Ya todo un país se volcó en una enfermiza credulidad cuando los papás de Paulette Gebara la reportaron como “extraviada”. ¿Hasta cuando seremos tan crédulos? ¿Hasta cuando usaremos un poco de escpeticismo para evitar hacer tales desmanes y exhibiciones de ira, furia e indignación ante eventos falsos?



No lo sé aún. Pero en este espacio se mantiene la línea:

Ejercer el escepticismo evita caer en la estúpida credulidad que ciega a la gente y hace cometer desmanes y más crímenes.

Y otra cosa más, evita ejercer juicios como los del propio Javier que demuestran ese odio ancestral e irracional hacia los que tienen más dinero o son “influyentes”, pues finalmente las autoridades hicieron su trabajo. Investigaron para encontrar al asesino de los niños: Su propio padre.


Imágenes desde El Universal.

Actualización. 10 de junio de 2010.


¿Cómo puede alguien matar a sus propios hijos? ¿Asfixiarlos con sus manos y después contarlo a detalle? Javier Covarrubias González lo hizo y después de asesinarlos y tratar de encubrirlo confesó con precisión su crimen, lo cuenta sin remordimiento porque encaja en el perfil del psicótico, aseguró el psicólogo clínico Alejandro del Río.


“La estructura de personalidad psicótica tiene la característica que no hay remordimiento ni sentimientos de culpa. Los psicóticos tienen la noción de que actuaron mal pero no sienten culpa, eso se puede analizar de la frialdad. No son empáticos a los sentimientos ni a los propios ni de los demás, sí los pueden registrar pero no hacen empatía, son fríos, esto se denomina un aplanamiento afectivo”, dijo el especialista.

Nota desde El Universal: http://www.eluniversal.com.mx/notas/686671.html

Anuncios

Sorry, the comment form is closed at this time.

 
A %d blogueros les gusta esto: