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El Weblog sin dogmas

La falacia del político honesto

Posted by keithcoors_00 en 17 mayo, 2012

El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio, si puedes simular eso, lo has conseguido.


Groucho Marx


En México es plena temporada de cacería… digo, err… de elecciones presidenciales. Las campañas arrancaron hace unas semanas y hasta el primer debate entre candidatos ya se ha dado. Sin embargo, uno de los temas favoritos de la gente cuando habla de política y de políticos es hablar de su “honestidad” (o de la falta de ella). Y las preguntas que surgen en este desdibujado intento de reflexión son ¿Podría haber un político 100% honesto? Si esto no es posible ¿cómo saber su nivel de honestidad? ¿Es la honestidad un asunto binario al estilo maniqueo de se es o no se es honesto?


Pienso que la gente tiende a caer en la falacia de la honestidad debido a varias causas y destaco algunas que me parecen importantes:


  1. Se piensa generalmente que la “honestidad” debe caber en los demás, pero no en uno mismo. Es decir, en forma soñadora deseamos que el mundo a nuestro alrededor debería ser más claro, sin tanta mentira o engaño, y esto está bien, pero el problema es el siguiente: Esperamos que esto suceda por obra de los demás. Esperamos que los demás cambien, pero difícilmente cambamos nosotros debido a lo difícil que resulta ser totalmente honesto.
  2. Es difícil ser honesto. Si uno desea serlo, se encuentra con que la gente se siente ofendida ante este enfoque. Por ejemplo, si intentamos decir lo que pensamos a la gente que nos rodea (me parece que tu vestido te hace ver horrible, tu trabajo es una verdadera porquería, no mereces un acenso por tu falta de capacidad, etc.), eventualmente alguien minará nuestros argumentos, no por ser malos, sino porque lastiman la autoestima de los demás. Lo más seguro es que perdamos amigos.
  3. La gente suele cometer errores de juicio, de dimensionamiento, de exceso de entusiasmo, etc. Al  mismo tiempo, generalmente la gente no desearía haber cometido esos errores, pero se debe reconocer que resulta mucho más fácil mentir y engañar (aunque sea un poquito) para ocultarlos o hacer parecer que fueron obra de otros, que reconocer dichos errores o fallas. Incluso la crítica de los demás no nos hace más cuidadosos en nuestro actuar, sino más cautelosos a la hora de ocultar nuestros errores.



Cuando alguien adquiere un puesto de elección, las dificultades antes mencionadas no desaparecen, y al contrario, aumentan en intensidad y complejidad. En una temporada de mi vida laboral ocupé un cargo sindical por dos años. Mis compañeros de trabajo esperaban que mi posición les “ayudara” a obtener mejores salarios o puestos, pero cuando con la mejor honestidad que pude les dije que deberían demostrar sus conocimientos y habilidades mediante un examen, comenzaron a dudar de mi amistad y algunos incluso acabaron convirtiéndose en francos detractores.


En la psique humana existe el concepto de la ayuda mutua y se puede llevar al extremo de colocarlo por encima de valores como el de la honestidad. Yo te ayudo, tú me ayudas. Incluso si esa ayuda significa perjudicar a otros. Esta inclinación natural por ayudarnos mutuamente nos ha elevado como especie por encima de los demás seres vivos en este mundo. Gracias a ella pudimos sobrevivir a los depredadores naturales (más fuertes, mejor armados y más ágiles que nosotros) y a los enemigos de otras tribus quienes compitieron con nuestros antecesores por la tierra, por los cotos de caza, por el agua, etc., durante los primeros milenios de nuestra especie humana.


Con estos pocos argumentos (lo reconozco) es posible pensar en forma racional que nuestros políticos no serán tan diferentes de lo que fueron nuestros antepasados homínidos. Aceptarán ayuda a cambio de ayuda. Así de simple. Si esa ayuda significa perjudicar a otros, el problema estribará en cómo disimular tal perjuicio. Ya lo decía Maquiavelo, si al llegar al poder debes hacer algo deleznable, deja que otro o haga por ti. Al final podrías decir que lo hizo sin tu autorización.


Así que ¿cómo entonces nos cuestionamos sobre la honestidad de los políticos? De entrada debemos suponer que ningún político es 100% honesto. De serlo aceptarían públicamente sus errores, sus fallas, sus faltas, digo, para empezar. Pero eso supondría una debilidad ante sus adversarios. Finalmente nuestro cerebro desea ser engañado por una imagen de éxito, de seguridad, de entereza y de efectividad.


Aún más. No deberíamos esperar honestidad TOTAL y ABSOLUTA en un político que de ser nuestro familiar o amigo, le estaríamos pidiendo una ayuda, una palanca, un “hueso”. No deberíamos esperar honestidad al 100% en alguien que compite en una contienda por el poder.


Entonces ¿Qué debemos esperar? ¿Engaños, mentiras, traiciones? Bueno, sí, lo normal en cualquier sociedad humana. No debemos creer en eslogans que implican salir de pobre de la noche a la mañana, o tener un trabajo bien remunerado sólo por que sí. Lo que debemos esperar son otras cosas que no están siendo desplegadas como valores universales tales como la “honestidad”. Deberíamos observar con cuidado las macro-soluciones a los macro-problemas, deberíamos fijarnos en los socios de sus campañas, deberíamos indagar más sobre los programas detallados que prometen implantar.


Y sí, también llevar un seguimiento puntual al político que resulte ganador para exigirle el cumplimiento de sus propuestas.


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