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El Weblog sin dogmas

Prejuicios y creencias: Tablas falsas de salvación y como evitarlas

Posted by keithcoors_00 en 31 marzo, 2014

¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.

Albert Einstein

 

En otras entradas me he referido a estas dos formas que usa la gente como tablas de salvación ante la incertidumbre, pero no había escrito sobre ellas en particular. Así que sin más preámbulos, venga la diversión:

 

Incertidumbre, la raíz del desasosiego.

 

No cabe duda que una de las metas de los seres humanos es reducir la incertidumbre en sus vidas (o en nuestras vidas, para que no se me confunda con un no-humano, jajajaja). Bromas aparte, uno debe ser consciente de que, en la mayoría de los casos, las seguridades de la vida disminuyen con la edad, y me explico. El desarrollo normal de los humanos, desde el nacimiento, es estar protegidos por sus progenitores. La protección se extiende a veces más allá del límite de la mayoría de edad, e incluye cuidados, alimentación, protección, vivienda, ropa y calzado, etc. En muy pocos casos un niño de 2 años se preguntará ¿Qué haré para alimentarme hoy? ¿Qué ropa y calzado me pondré hoy? ¿A que hora debo levantarme mañana? Sin embargo, a medida que el pequeño avanza en edad, esas preguntas comienzan a cobrar importancia. En otras palabras, la certeza de una vida llena de cuidados, seguridades y protección se convierte poco a poco en una vida en donde la incertidumbre crece.

 

En muchos casos, para no incrementar las incertidumbres de los críos, los padres inician el proceso de adoctrinamiento en creencias y prejuicios, sin ser conscientes de que lo único que logran es alargar el proceso de maduración de su crío. ¿Cómo lo hacen? Si la familia en cuestión profesa alguna religión (como el 92.6% de la población mexicana, según el censo de 2010), el proceso inicia con frases como “No te preocupes por eso y rézale a (ponga aquí al dios, santo o virgen de su preferencia) para que no te falte nada”. Otras familias además incrementan el nivel de prejuicio al fomentar las reuniones en torno a la TV para ver los canales de Televisa o de TV Azteca, en vez de fomentar círculos de lectura y convivencia más personalizada. Otras familias fomentan el prejuicio de que las matemáticas (y por añadidura la física, la química o la biología) son materias difíciles y que si los chamacos no las aprenden es porque o bien son “cosas inútiles que nadie usa” o bien que “los maestros no enseñan bien”. Por mencionar otros prejuicios están los del origen de nacimiento (“mata un chilango y haz patria”) y el estatus económico (“ya porque nació en pesebre presume de niño dios”). Otros prejuicios no tan claros son los que se refieren a el estilo en el que los mexicanos abusamos de nuestros hermanos mexicanos y así fomentamos el culto al latrocinio (“No le pido a Dios que me de sino que me ponga donde hay”, “ladrón que roba ladrón, tiene cien años de perdón”, “¡Atáscate ahora que hay lodo!”). Estos dichos populares pueden consultarse en http://arevalho.20m.com/refranes.htm.

 

Así, el uso de estos prejuicios y creencias ahorran al mexicano en ciernes la horrible y tediosa tarea de pensar por sí mismo, de aprender de las experiencias propias y de las ajenas, de permitirse la oportunidad de tener errores y de enmendarlos. Finalmente tanto los prejuicios como las creencias están libres de todo cuestionamiento. Están ahí para ser usados sin hacer preguntas. Sabiduría instantánea, según sus adeptos. Curación contra la incertidumbre, según otros. Principio de causalidad, según algunos filósofos. En este último punto de vista vemos que todo lo que sucede en este universo (incluyendo nuestra vida) debe tener una o varias causas.

 

El determinismo, principio y fin

 

Cuando la gente piensa de manera inequívoca que “todo pasa por una causa”, entonces quizá cualquier causa pueda ser buena para lo que observamos todos los días. Este pensamiento es la base del Determinismo, una corriente filosófica (y después científica) que pretendía brindar certeza al aparente caos que reina en este universo. Así dice la Wikipedia sobre esta corriente:

 

Todo suceso, todo acaecer, está determinado causalmente: todo sucede según una razón o causa suficiente. Esta es la formulación determinista que se expresa por medio del principio de razón suficiente, la expresión más general del principio de causalidad. La causa representa, en el proceso universal del cambio, el momento anterior en el tiempo; el efecto es la secuencia inmediata posterior que acusa todas las propiedades contenidas en la causa: causa aequat effectum (la causa es equivalente al efecto). Debido a esta proporcionalidad existente entre causa y efecto, se cree posible la deducción o la inferencia de un polo de esta ecuación al otro.

 

En pocas palabras si nos tropezamos en la calle con un objeto, ese hecho es el efecto de una causa anterior. En efecto, que estemos caminando y no flotando en el aire es una causa. La existencia de un obstáculo, que lo hayamos pasado inadvertido y que precisamente se haya interpuesto en la trayectoria de alguno de nuestros pies constituyen causas plausibles para el tropiezo. Pero mucha gente no se conforma con esas explicaciones y va más allá. Desean ver en el fenómeno el resultado de una fuerza invisible (quizás el llamado “mal de ojo”) con intención desconocida. La gente está tan acostumbrada a no pensar, que de inmediato recurre al prejuicio o a la creencia, al estilo de “algo más que una serie de causas fortuitas”. Es decir, pensamos que hay una intención subyacente. Así los antiguos pensaban que sismos, huracanes, inundaciones y otros fenómenos destructivos se debían al actuar de fuerzas invisibles, como dioses, demonios o simplemente “los astros” (de esta última causa se deriva la palabra “desastre” para llamar en forma genérica a estos fenómenos destructivos, literalmente “mala estrella”). Sin temor a equivocarme demasiado, puedo afirmar que la ignorancia fomenta el uso de explicaciones improbables cuando se trata de entender fenómenos poco probables.

 

El triunfo de la ciencia para explicar las causas y efectos de algunos fenómenos, en especial después de Newton y su exitosa Ley de Gravitación Universal, trajo el determinismo a los terrenos de la ciencia. Se llegó a pensar que conocidas las condiciones iniciales de cualquier partícula era posible deducir sus posiciones futuras, mediante el uso de esas leyes físicas. En pocas palabras, determinar el futuro del universo (incluyendo nuestro propio futuro humano). Suena simple, pero no lo es tanto. Y no lo es, porque hay muchas partículas en el universo. Y todas interactúan de formas diferentes: mediante la gravedad cuando tienen masa, mediante el electromagnetismo cuando tienen carga, y mediante las fuerzas nucleares fuerte y débil. Y si a esta complicación añadimos que cuando las partículas son muy pequeñas se comportan de manera extraña y se ven afectadas por la manera en que se les observa, el panorama se torna aún más complejo. Para ello necesitamos una explicación que va más allá de la gravitación de Newton. Necesitamos la Relatividad y la Física Cuántica, y quizás la Teoría del Caos.

 

Así que ni siquiera mediante la ciencia podemos hacer una eliminación total de la incertidumbre. En el mismo corazón de la física cuántica, en el reino de lo muy pequeño, reina el así llamado Principio de Incertidumbre de Hesienberg, que indica en breves palabras que hay un límite en la precisión con la cual podemos determinar al mismo tiempo la posición y el momento (masa por velocidad) de una partícula. Aún en el terreno macroscópico, el entendimiento del universo tiene como límite la precisión de los instrumentos con los que medimos los fenómenos. Este principio es la lápida con la que se enterró el determinismo científico. La gran ventaja es que con anticipación podemos conocer la cota máxima de dicha incertidumbre. Podemos hacer predicciones tomando en cuanta su valor, y vivir perfectamente con ella.

 

Vivir con incertidumbre.

 

¿Es posible entonces vivir en un mundo lleno de incertidumbres? ¿Acaso es posible llevar una vida normal y satisfactoria sin tablas de salvación que nos ofrezcan certeza absoluta sobre el universo? De hecho así es. Las creencias y los prejuicios sólo disfrazan la realidad. Como es fácil deducir, todos los procesos del universo contienen un cierto nivel de incertidumbre ¿por qué la vida humana debería apartarse de este hecho? La vida de todos los seres en esta Tierra está sujeta a los mismos principios y fenómenos que la nuestra. La inmensa mayoría de las especies vive y se adapta a la incertidumbre reinante. Unos seres mueren para que otros puedan vivir, en una cadena interminable de ciclos de vida-muerte, imposible de modificar por el momento. ¿Cuales mueren y cuales sobreviven? De acuerdo con la Teoría de la Evolución de Darwin, sobrevive el más apto, el más fuerte; y yo añado: el que mejor resuelve la incertidumbre de su entorno en su beneficio.

 

¿Y cómo chingados hacemos para resolver la pinche incertidumbre en nuestras putas vidas, oh gran profeta de las ubicuas inexactitudes? Esta pregunta (con algunas variantes menos majaderas, y otras aún más) la he escuchado varias veces en mi vida. He pensado mucho al respecto, y escribo a continuación algunas de mis sugerencias para realizar tal proeza, sin salir despeinado después del intento.

 

  1. Determina la peor exactitud de tu pronóstico. Esto significa que con anticipación podemos decir que la incertidumbre máxima en el resultado de un proceso es de 50%. Para entender esto uno debe conocer un poco de matemáticas. Por eso es importante abandonar el prejuicio sobre el aprendizaje de las matemáticas que mencioné al inicio. Así que cuando uno desea predecir el resultado de una serie de sucesos, al menos puede estar seguro que en el peor de los casos la incertidumbre es del 50%. Si uno se esfuerza puede reducir esa incertidumbre mediante un rápido análisis estadístico (cuántas de cuántas veces he fallado en esto). Y más aún si uno procura influir en el resultado. Ya lo dice el dicho “no hay peor lucha que la que no se hace”. Esfuérzate por influir en el resultado a tu favor.
  2. Determina la precisión de tu instrumento de medición. Si estás acostumbrado a llegar tarde a tus citas con márgenes de entre 10 y 30 minutos, tu instrumento de medición del tiempo de seguro tiene un sesgo y carece de divisiones más precisas. Uno debe llegar con exactitud y puntualidad a sus citas. Observa que tu reloj al menos marca segundos. Si quedaste de llegar a las 9:00 h. y llegas a las 9:00:01 (es decir, un segundo después de las 9 en punto), llegaste tarde. Pero llegarás más tarde aún si sólo lees los minutos, o las horas en tu reloj.
  3. Calcula los márgenes de error. Cumplir con lo pactado implica compromiso y planificación. Cuando planeas un resultado, debes considerar que algunos procesos pueden tener errores o fallas, especialmente en aquellos de los cuales no tienes control. Durante la planificación considera que esas fallas se van a presentar, para prevenir su resultado y anticiparte a su posible aparición. 
  4. Prepárate lo mejor posible. Planea tus acciones, revisa tu entorno y tus fortalezas, aprende las reglas y cúmplelas. Estudia y entrena. Repite muchas veces aquellos procesos que se te dificultan. Pero si no lo puedes hacer, enfrenta el hecho de que la incertidumbre en tu resultado puede ser mayor de lo que consideraste inicialmente.
  5. No culpes a los demás por tus malos resultados. Mejor revisa qué hiciste mal y mejora para la la siguiente. Y si ya no hay siguiente, pues cambia de giro, de carrera, de trabajo, de pareja, y vuelve a empezar.
  6. Piensa que puedes sobrevivir a cualquier situación. Con excepción de la muerte, uno puede sobrevivir a casi cualquier situación que se presente en nuestras vidas. Pero uno debe estar convencido de ser capaz de encontrar una solución. Si alguien piensa que diosito nos va a sacar de todos los problemas, quizás deba cambiar de modo de pensar. Es mejor pensar que uno puede resolver los problemas, tarde o temprano, fácilmente o con dificultades.
  7. No esperes mucha ayuda externa. Si estás leyendo esto es que ya dejaste de ser un bebé que necesita el constante apoyo vital de tus padres. Pero si trabajas en equipo y el resultado de tu trabajo depende de lo que todos hagan, mejor crea condiciones favorables para ello y no te encabrones con tus compañeros de equipo por cualquier causa. Ni abuses de ellos. Ni esperes que te salven si te tropiezas.
  8. Pero si necesitas ayuda, pídela con claridad, sin engaños, sin manipulación emocional o de otra índole. Sé claro cuando solicites algo. No te quejes, transforma tus quejas en peticiones. Los quejumbrosos son una molestia. Los pedinches también, pero es más fácil entender lo que quieren de ti.
  9. No te declares incompetente sin antes intentarlo. Cierto. Uno es su propio enemigo. “No puedo”, “Soy malo en (ponga aquí la materia que se le dificulte)”, “No entiendo sobre (ponga aquí la materia que se le dificulte)”. Estas son frases típicas que solemos decir cuando algo se nos dificulta. Es mejor pensar que en un proceso determinado algo se nos dificulta. Las dificultades las podemos resolver. Los absolutos (no soy, no puedo, soy malo) no.
  10. Si ya hiciste lo mejor que pudiste, espera lo mejor. Pero sé honesto a la hora de hacer lo mejor que puedas. No te engañes a ti mismo con prejuicios o creencias inútiles. 

 

Me salió un decálogo. Pero nada que ver con el de Moisés, o como se llame. Finalmente en el peor de los casos, ante la incertidumbre o desconocimiento del estado de un proceso, puedes considerar que el proceso se encuentra en dos estados mutuamente excluyentes. Al estilo del Gato de Schrödinger que ilustra la entrada. Puede estar vivo y muerto al mismo tiempo mientras no abramos la caja en la que se encuentra. Pero saber que puede tener esos dos resultados al abrirla puede ayudarte a planificar qué hacer si está vivo, o si está muerto.

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