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Prejuicios y creencias: Tablas falsas de salvación y como evitarlas

Posted by keithcoors_00 en 31 marzo, 2014

¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.

Albert Einstein

 

En otras entradas me he referido a estas dos formas que usa la gente como tablas de salvación ante la incertidumbre, pero no había escrito sobre ellas en particular. Así que sin más preámbulos, venga la diversión:

 

Incertidumbre, la raíz del desasosiego.

 

No cabe duda que una de las metas de los seres humanos es reducir la incertidumbre en sus vidas (o en nuestras vidas, para que no se me confunda con un no-humano, jajajaja). Bromas aparte, uno debe ser consciente de que, en la mayoría de los casos, las seguridades de la vida disminuyen con la edad, y me explico. El desarrollo normal de los humanos, desde el nacimiento, es estar protegidos por sus progenitores. La protección se extiende a veces más allá del límite de la mayoría de edad, e incluye cuidados, alimentación, protección, vivienda, ropa y calzado, etc. En muy pocos casos un niño de 2 años se preguntará ¿Qué haré para alimentarme hoy? ¿Qué ropa y calzado me pondré hoy? ¿A que hora debo levantarme mañana? Sin embargo, a medida que el pequeño avanza en edad, esas preguntas comienzan a cobrar importancia. En otras palabras, la certeza de una vida llena de cuidados, seguridades y protección se convierte poco a poco en una vida en donde la incertidumbre crece.

 

En muchos casos, para no incrementar las incertidumbres de los críos, los padres inician el proceso de adoctrinamiento en creencias y prejuicios, sin ser conscientes de que lo único que logran es alargar el proceso de maduración de su crío. ¿Cómo lo hacen? Si la familia en cuestión profesa alguna religión (como el 92.6% de la población mexicana, según el censo de 2010), el proceso inicia con frases como “No te preocupes por eso y rézale a (ponga aquí al dios, santo o virgen de su preferencia) para que no te falte nada”. Otras familias además incrementan el nivel de prejuicio al fomentar las reuniones en torno a la TV para ver los canales de Televisa o de TV Azteca, en vez de fomentar círculos de lectura y convivencia más personalizada. Otras familias fomentan el prejuicio de que las matemáticas (y por añadidura la física, la química o la biología) son materias difíciles y que si los chamacos no las aprenden es porque o bien son “cosas inútiles que nadie usa” o bien que “los maestros no enseñan bien”. Por mencionar otros prejuicios están los del origen de nacimiento (“mata un chilango y haz patria”) y el estatus económico (“ya porque nació en pesebre presume de niño dios”). Otros prejuicios no tan claros son los que se refieren a el estilo en el que los mexicanos abusamos de nuestros hermanos mexicanos y así fomentamos el culto al latrocinio (“No le pido a Dios que me de sino que me ponga donde hay”, “ladrón que roba ladrón, tiene cien años de perdón”, “¡Atáscate ahora que hay lodo!”). Estos dichos populares pueden consultarse en http://arevalho.20m.com/refranes.htm.

 

Así, el uso de estos prejuicios y creencias ahorran al mexicano en ciernes la horrible y tediosa tarea de pensar por sí mismo, de aprender de las experiencias propias y de las ajenas, de permitirse la oportunidad de tener errores y de enmendarlos. Finalmente tanto los prejuicios como las creencias están libres de todo cuestionamiento. Están ahí para ser usados sin hacer preguntas. Sabiduría instantánea, según sus adeptos. Curación contra la incertidumbre, según otros. Principio de causalidad, según algunos filósofos. En este último punto de vista vemos que todo lo que sucede en este universo (incluyendo nuestra vida) debe tener una o varias causas.

 

El determinismo, principio y fin

 

Cuando la gente piensa de manera inequívoca que “todo pasa por una causa”, entonces quizá cualquier causa pueda ser buena para lo que observamos todos los días. Este pensamiento es la base del Determinismo, una corriente filosófica (y después científica) que pretendía brindar certeza al aparente caos que reina en este universo. Así dice la Wikipedia sobre esta corriente:

 

Todo suceso, todo acaecer, está determinado causalmente: todo sucede según una razón o causa suficiente. Esta es la formulación determinista que se expresa por medio del principio de razón suficiente, la expresión más general del principio de causalidad. La causa representa, en el proceso universal del cambio, el momento anterior en el tiempo; el efecto es la secuencia inmediata posterior que acusa todas las propiedades contenidas en la causa: causa aequat effectum (la causa es equivalente al efecto). Debido a esta proporcionalidad existente entre causa y efecto, se cree posible la deducción o la inferencia de un polo de esta ecuación al otro.

 

En pocas palabras si nos tropezamos en la calle con un objeto, ese hecho es el efecto de una causa anterior. En efecto, que estemos caminando y no flotando en el aire es una causa. La existencia de un obstáculo, que lo hayamos pasado inadvertido y que precisamente se haya interpuesto en la trayectoria de alguno de nuestros pies constituyen causas plausibles para el tropiezo. Pero mucha gente no se conforma con esas explicaciones y va más allá. Desean ver en el fenómeno el resultado de una fuerza invisible (quizás el llamado “mal de ojo”) con intención desconocida. La gente está tan acostumbrada a no pensar, que de inmediato recurre al prejuicio o a la creencia, al estilo de “algo más que una serie de causas fortuitas”. Es decir, pensamos que hay una intención subyacente. Así los antiguos pensaban que sismos, huracanes, inundaciones y otros fenómenos destructivos se debían al actuar de fuerzas invisibles, como dioses, demonios o simplemente “los astros” (de esta última causa se deriva la palabra “desastre” para llamar en forma genérica a estos fenómenos destructivos, literalmente “mala estrella”). Sin temor a equivocarme demasiado, puedo afirmar que la ignorancia fomenta el uso de explicaciones improbables cuando se trata de entender fenómenos poco probables.

 

El triunfo de la ciencia para explicar las causas y efectos de algunos fenómenos, en especial después de Newton y su exitosa Ley de Gravitación Universal, trajo el determinismo a los terrenos de la ciencia. Se llegó a pensar que conocidas las condiciones iniciales de cualquier partícula era posible deducir sus posiciones futuras, mediante el uso de esas leyes físicas. En pocas palabras, determinar el futuro del universo (incluyendo nuestro propio futuro humano). Suena simple, pero no lo es tanto. Y no lo es, porque hay muchas partículas en el universo. Y todas interactúan de formas diferentes: mediante la gravedad cuando tienen masa, mediante el electromagnetismo cuando tienen carga, y mediante las fuerzas nucleares fuerte y débil. Y si a esta complicación añadimos que cuando las partículas son muy pequeñas se comportan de manera extraña y se ven afectadas por la manera en que se les observa, el panorama se torna aún más complejo. Para ello necesitamos una explicación que va más allá de la gravitación de Newton. Necesitamos la Relatividad y la Física Cuántica, y quizás la Teoría del Caos.

 

Así que ni siquiera mediante la ciencia podemos hacer una eliminación total de la incertidumbre. En el mismo corazón de la física cuántica, en el reino de lo muy pequeño, reina el así llamado Principio de Incertidumbre de Hesienberg, que indica en breves palabras que hay un límite en la precisión con la cual podemos determinar al mismo tiempo la posición y el momento (masa por velocidad) de una partícula. Aún en el terreno macroscópico, el entendimiento del universo tiene como límite la precisión de los instrumentos con los que medimos los fenómenos. Este principio es la lápida con la que se enterró el determinismo científico. La gran ventaja es que con anticipación podemos conocer la cota máxima de dicha incertidumbre. Podemos hacer predicciones tomando en cuanta su valor, y vivir perfectamente con ella.

 

Vivir con incertidumbre.

 

¿Es posible entonces vivir en un mundo lleno de incertidumbres? ¿Acaso es posible llevar una vida normal y satisfactoria sin tablas de salvación que nos ofrezcan certeza absoluta sobre el universo? De hecho así es. Las creencias y los prejuicios sólo disfrazan la realidad. Como es fácil deducir, todos los procesos del universo contienen un cierto nivel de incertidumbre ¿por qué la vida humana debería apartarse de este hecho? La vida de todos los seres en esta Tierra está sujeta a los mismos principios y fenómenos que la nuestra. La inmensa mayoría de las especies vive y se adapta a la incertidumbre reinante. Unos seres mueren para que otros puedan vivir, en una cadena interminable de ciclos de vida-muerte, imposible de modificar por el momento. ¿Cuales mueren y cuales sobreviven? De acuerdo con la Teoría de la Evolución de Darwin, sobrevive el más apto, el más fuerte; y yo añado: el que mejor resuelve la incertidumbre de su entorno en su beneficio.

 

¿Y cómo chingados hacemos para resolver la pinche incertidumbre en nuestras putas vidas, oh gran profeta de las ubicuas inexactitudes? Esta pregunta (con algunas variantes menos majaderas, y otras aún más) la he escuchado varias veces en mi vida. He pensado mucho al respecto, y escribo a continuación algunas de mis sugerencias para realizar tal proeza, sin salir despeinado después del intento.

 

  1. Determina la peor exactitud de tu pronóstico. Esto significa que con anticipación podemos decir que la incertidumbre máxima en el resultado de un proceso es de 50%. Para entender esto uno debe conocer un poco de matemáticas. Por eso es importante abandonar el prejuicio sobre el aprendizaje de las matemáticas que mencioné al inicio. Así que cuando uno desea predecir el resultado de una serie de sucesos, al menos puede estar seguro que en el peor de los casos la incertidumbre es del 50%. Si uno se esfuerza puede reducir esa incertidumbre mediante un rápido análisis estadístico (cuántas de cuántas veces he fallado en esto). Y más aún si uno procura influir en el resultado. Ya lo dice el dicho “no hay peor lucha que la que no se hace”. Esfuérzate por influir en el resultado a tu favor.
  2. Determina la precisión de tu instrumento de medición. Si estás acostumbrado a llegar tarde a tus citas con márgenes de entre 10 y 30 minutos, tu instrumento de medición del tiempo de seguro tiene un sesgo y carece de divisiones más precisas. Uno debe llegar con exactitud y puntualidad a sus citas. Observa que tu reloj al menos marca segundos. Si quedaste de llegar a las 9:00 h. y llegas a las 9:00:01 (es decir, un segundo después de las 9 en punto), llegaste tarde. Pero llegarás más tarde aún si sólo lees los minutos, o las horas en tu reloj.
  3. Calcula los márgenes de error. Cumplir con lo pactado implica compromiso y planificación. Cuando planeas un resultado, debes considerar que algunos procesos pueden tener errores o fallas, especialmente en aquellos de los cuales no tienes control. Durante la planificación considera que esas fallas se van a presentar, para prevenir su resultado y anticiparte a su posible aparición. 
  4. Prepárate lo mejor posible. Planea tus acciones, revisa tu entorno y tus fortalezas, aprende las reglas y cúmplelas. Estudia y entrena. Repite muchas veces aquellos procesos que se te dificultan. Pero si no lo puedes hacer, enfrenta el hecho de que la incertidumbre en tu resultado puede ser mayor de lo que consideraste inicialmente.
  5. No culpes a los demás por tus malos resultados. Mejor revisa qué hiciste mal y mejora para la la siguiente. Y si ya no hay siguiente, pues cambia de giro, de carrera, de trabajo, de pareja, y vuelve a empezar.
  6. Piensa que puedes sobrevivir a cualquier situación. Con excepción de la muerte, uno puede sobrevivir a casi cualquier situación que se presente en nuestras vidas. Pero uno debe estar convencido de ser capaz de encontrar una solución. Si alguien piensa que diosito nos va a sacar de todos los problemas, quizás deba cambiar de modo de pensar. Es mejor pensar que uno puede resolver los problemas, tarde o temprano, fácilmente o con dificultades.
  7. No esperes mucha ayuda externa. Si estás leyendo esto es que ya dejaste de ser un bebé que necesita el constante apoyo vital de tus padres. Pero si trabajas en equipo y el resultado de tu trabajo depende de lo que todos hagan, mejor crea condiciones favorables para ello y no te encabrones con tus compañeros de equipo por cualquier causa. Ni abuses de ellos. Ni esperes que te salven si te tropiezas.
  8. Pero si necesitas ayuda, pídela con claridad, sin engaños, sin manipulación emocional o de otra índole. Sé claro cuando solicites algo. No te quejes, transforma tus quejas en peticiones. Los quejumbrosos son una molestia. Los pedinches también, pero es más fácil entender lo que quieren de ti.
  9. No te declares incompetente sin antes intentarlo. Cierto. Uno es su propio enemigo. “No puedo”, “Soy malo en (ponga aquí la materia que se le dificulte)”, “No entiendo sobre (ponga aquí la materia que se le dificulte)”. Estas son frases típicas que solemos decir cuando algo se nos dificulta. Es mejor pensar que en un proceso determinado algo se nos dificulta. Las dificultades las podemos resolver. Los absolutos (no soy, no puedo, soy malo) no.
  10. Si ya hiciste lo mejor que pudiste, espera lo mejor. Pero sé honesto a la hora de hacer lo mejor que puedas. No te engañes a ti mismo con prejuicios o creencias inútiles. 

 

Me salió un decálogo. Pero nada que ver con el de Moisés, o como se llame. Finalmente en el peor de los casos, ante la incertidumbre o desconocimiento del estado de un proceso, puedes considerar que el proceso se encuentra en dos estados mutuamente excluyentes. Al estilo del Gato de Schrödinger que ilustra la entrada. Puede estar vivo y muerto al mismo tiempo mientras no abramos la caja en la que se encuentra. Pero saber que puede tener esos dos resultados al abrirla puede ayudarte a planificar qué hacer si está vivo, o si está muerto.

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Modelos de la Realidad parte 2. Creer y modelar la realidad

Posted by keithcoors_00 en 21 agosto, 2011

Hay quién porque golpea la pared con un martillo se cree clavar clavos.



Finalmente las personas tenemos la opción de creer en cualquier cosa, por estúpida que sea. El problema consiste en saber ¿por qué nuestra mente es capaz de creer en estupideces que están demasiado alejadas de la realidad? O dicho de otra forma ¿Por qué nuestra mente es capaz de adoptar como reales ideas tan fantásticas o imposibles de corroborar?


Vamos por partes. Hemos dicho en esta serie de entradas que es posible modelar la realidad para entenderla y para que se puedan hacer predicciones sobre ella. La ciencia (en especial la física, la química y otras relacionadas) son inigualables en esta tarea de predecir la realidad. Pero los humanos no sólo nos conformamos con buenas predicciones de la realidad física; queremos más. Normalmente queremos saber con antelación sobre sistemas harto complejos, al estilo de sistemas humanos y sociales (¿A que edad tendré mi primer hijo? ¿Cuándo subirán las acciones de la empresa “X”? ¿Le gusto a Penny?), e incluso sistemas que escapan de lo humano (si le rezo a mi dios predilecto con suficiente fe ¿me curará el cáncer? ¿por lo menos el catarro?).


Vistas las cosas así, la pregunta se transforma ahora en ¿qué hay en nuestra mente que le hace posible creer en cosas alejadas de la realidad? La respuesta a esta pregunta no es simple, no es fácil y mucho menos sencilla de expresar. Al parecer nuestras mentes humanas tienen un número considerable de circuitos neuronales que reciben y filtran la información que llega del exterior, por medio de nuestros sentidos, para crear modelos mentales de la realidad. Y hay modelos más sencillos de elaborarr que otros.


Lo anterior se explica con detalle en el libro “Y el hombre creó a los dioses” de Pascal Boyer (2010, ed. Taurus). Por ejemplo, cuando recibimos información sobre una especie de animal que no conocíamos, ocupamos una especie de “formato en blanco” mental para llenarlo con los datos de este nuevo (para nosotros) animalucho. Pero rara vez pensamos que esta información sobre el animal pueda llenar el “formato en blanco” correspondiente a un vegetal. De manera selectiva filtramos la información para formar nuevos conceptos mentales sobre la base de esquemas previos. Inferimos que la información recibida encaja de alguna forma en la clasificación que ya tenemos “precargada”. Generalizamos que al ser información de un animal, éste no estará anclado con raíces a la tierra, que nace y muere como cualquier otro animal, que se mueve (nada, camina, repta o vuela) y que se alimenta para sobrevivir.


Al parecer las ideas fantásticas que están fuera de la realidad, tienen al menos un elemento que encaja con nuestro sistema de clasificación. Un hada que aparece en Guadalajara parece un ser vivo o al menos que vivió, y todos tenemos una especie de formato para llenar con los datos de un “ser vivo” y crear un concepto mental. Lo mismo pasa cuando la gente cree en el pié grande, en el chupacabras, en los seres extraterrestres y hasta en Santa Claus.


Las entradas ontológicas que tenemos precargadas para la clasificación de los nuevos modelos mentales normalmente tienen un buen número de expectativas. Por ejemplo, en el caso anterior, tenemos en la entrada “ser vivo” una serie de características que esperamos que el nuevo concepto posea (como por ejemplo nacimiento, crecimiento, reproducción, muerte, etc.). Sin embargo los modelos mentales religiosos, místicos, esoterícos y otros más en los que solemos creer, tienen una entrada en el formato correspondiente pero una característica contradictoria (por ejemplo en el caso se dios, que es un ser vivo pero, contrario a lo observable, tiene la característica de ser inmortal).


En el libro mencionado, el maese Pascal nos dice con tino lo siguiente:

Los conceptos religiosos invariablemente incluyen información que es contraria a ciertas expectativas creadas por la categoría activada.


Y es interesante pensar que tan vasta es la gama de posibilidades de conceptos etéreos en los que la gente pudiese creer, tan alejados de estas categorías precargadas, y al mismo tiempo sorprendente concluir que sólo habrá creencia en aquellas que tengan una mezcla de características que anclen el concepto (o modelo) de la creencia a lo que ya conocemos.


Menciono el caso de los mensajes de los Arcturtianos que contienen una copia casi exacta de lo que la prensa de divulgación científica viene diciendo sobre la posibilidad de la existencia de múltiples universos. Adicional al rollo que supuestamente se avientan en forma canalizada, la gente que cree en ellos los pinta así como en la imagen de entrada (tomada desde http://www.etfriends.com/Images.html)


De todas las posibles formas que un supuesto extraterrestre podría tener, casi siempre la ufología y otras ramas pseudo científicas como la pomposa “exopolítica”, escogen la que tiene forma humanoide (dos brazos, dos piernas, dos ojos, una especie de boca, etc). Es decir, han escogido la forma que a los humanos nos parece más factible para creer, sin evidencias de por medio.


El asunto es que para que ese nuevo concepto que se nos pretende hacer pasar por “real” (o al menos como un modelo que explica la realidad) verdaderamente sea una representación de la realidad, sería necesario que no sólo nos explique lo que a primera vista pareciera inexplicable; sería necesario que sea capaz de aplicarse de forma independiente del observador para obtener las mismas predicciones y resultados, bajo las mismas condiciones establecidas por observadores independientes. No sólo como un objeto pasivo de creencia (creo que un ser inmaterial habita en mi cuerpo, controla mis pensmientos, y es el que se afirma como “YO”), sino como un modelo que permitiese hacer un par de predicciones sobre ese concepto, al estilo de “el alma inmortal interacciona con las neuronas cerebrales mediante campos electromagnéticos de frecuencia variable”. En este último ejemplo, la afirmación podría probarse o comprobarse midiendo esos campos electromagnéticos.


Para mala fortuna de los modelos basados en creencias, normalmente se elaboran sin pensar en alguna forma de comprobarlos puntualmente. Por ello es que adoptan los típicos esquemas religiosos que requieren de fe y no de evidencias para que “funcionen” exclusivamente en la mente del observador (o mejor dicho, creyente).



Post scriptum


Como la imagen de entrada apenas la encontré en la red, no quise dejar pasar la oportunidad de hacer un par de comentarios respecto a ella al estilo de la casa.


El primero es que evidentemente la imagen es un dibujo de la autoría de Elaine Thompson, una mujer que “canaliza” los mensajes de estos seres tan, pero verdadera y extrañamente tan interesados en nosotros y en nuestro bienestar. Lo que sorprende es el elemento que se ancla al concepto de “ser humano” que tenemos precargado e incluso sesgado por la publicidad: Rostro simétrico, dos ojos (¡azules!), etc… Lo interesante es que estos bellos y ojiazules seres habitan en otra dimensión, o sea que las características “arcturianas” se parecen mucho a las del concepto mental “humano” que tenemos, excepto porque es imposible verlos o interaccionar con ellos de manera libre (¡porque están en la 5a dimensión, estúpido escéptico de intelecto no iluminado!).


El segundo es que la imagen representa un modelo de creencia para una supuesta realidad; y me refiero en este caso como “realidad” a la existencia incuestionable de estos arcturianos que se la pasan contactando a algunos humanos iluminados, para pasarles mensajitos de amor, entendimiento, comprensión, paz y mucha, mucha luz. Pero es un modelo imposible de comprobar y su único requisito es tener toneladas de fe para que pueda funcionar en la mente del creyente: fe en Eilane, fe en que sus “canalizaciones” son fruto de una verdadera (pero totalmente violatoria de la física conocida) interacdción con estos seres. No se nos ocurra pensar que, ante la imposibilidad de comprobar la veracidad de esta “realidad”, Elaine pueda tener algún interés en hacer que la gente crea en ella, o suponer que sus mensajes pudieran ser una especie de alucinación inducida o aleatoria, porque entonces podremos pasar por intelectos “no iluminados”


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Las creencias supersticiosas son cada día más comunes

Posted by keithcoors_00 en 31 octubre, 2010

Creer posible algo es hacerlo cierto.

Friedrich Hebbel



Desde Discovery News
Por Emily Sohn
Traducción y comentario final: KC



Es esa época del año otra vez. Fantasmas, duendes y otros personajes fantasmagóricos salen de las sombras y entran a nuestra vida cotidiana.


Para la mayoría de la gente, la emoción dura unas semanas cada mes de octubre (y un par de días de noviembre para los mexicanos; nota de KC). Pero para los verdaderos creyentes, lo paranormal es un hecho cotidiano, no sólo una broma de días festivos.


Para entender lo que impulsa a algunas personas a creer de verdad, dos sociólogos visitaron ferias psíquicas, pasaron noches en casas embrujadas, recorrieron bosques con cazadores de Pie Grande, se inscribieron en grupos de apoyo para las personas que habían sido secuestrados por extraterrestres, y llevó a cabo dos encuestas a nivel nacional.


Contrariamente a lo que podríamos pensar como estereotipos comunes, la investigación no reveló un único perfil de personas que aceptan lo paranormal. Los creyentes van desde la gente con espíritu libre, gente con bajos ingresos y poca educación y hasta empresarios de alto poder. Algunos eran vagabundos y otros eran neurocirujanos.


Las razones por las que la gente cree son variadas, informaron los investigadores en un nuevo libro, llamado “América Paranormal: Encuentros con fantasmas, avistamientos de OVNI’s, cazadores de Pié Grande, y otras curiosidades en la religión y la cultura”


Para algunos, lo paranormal es sólo otra forma de explicar el mundo. Para otros, los fenómenos extraordinarios ofrecen oportunidades para perseguir los misterios, la experiencia de emociones e incluso alcanzar el estatus de celebridad, si realmente pudieran encontrar la evidencia.


“Es casi como una forma adulta para conseguir esa infantil necesidad de aventura y exploración”, dijo el co-autor Christopher Bader, de la Universidad de Baylor en Waco, Texas. “Otras personas están sentadas en casa y alquilan videos, pero usted está sentado en una casa embrujada que está infestada de demonios.”


“Estos chicos que están a la caza Pie Grande andan fuera persiguiendo un monstruo”, agregó. “Se puede ver el verdadero atractivo en salir de fin de semana y nunca saber lo que se puede encontrar.”


No hay datos concretos sobre qué tan común es creer en lo paranormal, lo que Bader y el co-autor Carson Mencken definen como creencias o experiencias que no son plenamente aceptadas por la ciencia o la religión.


Pero las tendencias en la programación de televisión ofrecen una pista de que hay un amplio interés en los fenómenos místicos y que se está volviendo más común. En la década de 1970 y 1980, dijo Bader, había tal vez una o dos series de temas paranormales en la programación de la televisión. Hoy en día, hay docenas, incluidos los programas sobre cazadores de fantasmas, los niños psíquicos, casas encantadas e incluso animales domésticos poseídos.


Un montón de científicos han puesto su energía para desacreditar las afirmaciones paranormales. Por el contrario Bader y Mencken querían mirar lo que impulsa a la gente a creer.


Comenzaron con dos encuestas a nivel nacional entrevistando a un total de más de 3,000 estadounidenses acerca de sus creencias, experiencias e intereses.


Cuando los científicos llegaron a los resultados, encontraron que las personas que son moderadamente religiosas son más propensos a creer en lo paranormal. Esto podría ser porque son lo suficientemente abiertas como para creer en lo desconocido, pero no tan rígidas en sus creencias religiosas para rechazar por completo las experiencias misteriosas.


Las cifras también muestran que diferentes tipos de entidades paranormales gustan a diferentes grupos demográficos. Las mujeres, por ejemplo, son más propensas a creer que viven en casas embrujadas. Los graduados universitarios son más propensos a tener experiencias fuera del cuerpo. Hombres solteros blancos son más propensos a creer en los ovnis.


Los cazadores de Pie Grande fueron quizás el grupo más sorprendente, dijo Bader. Ellos desafiaron todos los estereotipos de perseguidores paranormales que usan túnicas y están en comunión con los espíritus.


En cambio, eran muy serios, muy convencionales y, a menudo altamente profesionales. De hecho, sus creencias contradicen sus estilos de vida, a tal grado que muchos de ellos estaban plagados de ansiedad, los que les empujaba aún más a seguir con sus creencias.


“Sus amigos y familiares los consideran chiflados”, dijo Bader. “Todo el mundo está diciendo que están locos. Por lo tanto, tienen un verdadero estilo agresivo y seriedad de propósitos. Quieren demostrar a todos que estaban equivocados.”


Para un cazador, la búsqueda se inició un día cuando estaba en el bosque y jura que vio a Pie Grande en su camino.


“Imagínate la presión que eso inyecta en tu vida”, dijo Bader. “Te consideras un chico normal, inteligente, y piensas que acabas de ver un mono gigante de pie delante de ti. Ahora, tienes que empatar esto con tu vida”. “No se trata de personas que tratan de explicar un mundo loco”, añadió. “Ellos están tratando de demostrarse a sí mismos que no están locos.”


Independientemente de la persona o el fenómeno, las experiencias paranormales son puramente peculiaridades del cerebro humano, dijo Michael Shermer, director ejecutivo de la Sociedad de Escépticos, una organización educativa, y el editor fundador de la revista Skeptic.


Ya sea que se escuchen crujidos en una vieja casa o se vean puntos que se mueven al azar en una pantalla de computadora, dijo, la gente tiende a buscar patrones y significados en todo.


“La condición predeterminada en el cerebro es que todos los patrones son reales”, dijo Shermer. “Es simplemente lo que hacemos.”



Comentario

Como cualquier tendencia de moda, la penetración de este tipo de creencias en las sociedades se ve acrecentada (y en cierta forma justificadas en la sicología de las masas) por los medios masivos de entretenimiento y comunicación. Eso es una desgracia para el desarrollo de nuevas generaciones de científicos y tecnólogos.


En efecto, buscar la última evidencia de la presencia de extraterrestres en la Tierra, o la presencia de objetos fuera de tiempo, o el efecto de la telepatía generada por seres fuera del Sistema Solar, resulta más excitante que aprender a resolver ecuaciones diferenciales de segundo orden, o ceñirse al tedioso método científico que se basa en la recolección minuciosa de datos y evidencias para posteriormente analizarlas con un rigor sin sesgos.


El problema es que esta generación de creyentes de lo paranormal no podrá usar su creencia para resolver los problemas tecnológicos de una creciente población que demanda energía, ambiente limpio y posibilidades reales de desarrollo sustentable. Pero tampoco podrá hacer reales sus creencias como lo pregona don Federico Hebbel. Al menos no sólo por obra y gracia de sus creencias por si mismas.


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Credulidad y desinformación en Tepito y la verdad sobre los infantes “secuestrados”

Posted by keithcoors_00 en 9 junio, 2010

La única verdad es la realidad.

Aristóteles


No me parecía tan extraño que los vecinos del barrio bravo de Tepito (en el centro de la Ciudad de México, D.F.) se levantasen casi en armas por el supuesto secuestro de un par de niños. Tepito, famoso por ser desde hace décadas una zona donde se comercia lo ilegal, lo robado, lo prohibido, también tiene fama por la cohesión de sus habitantes para defender sus cotos, sus valores, sus tradiciones.


La tarde del lunes 31 de mayo corrían versiones de que cuatro sujetos encapuchados habían tratado de robarse a un niño que caminaba por las calles de este barrio. La credulidad de los vecinos de Tepito hizo que sus tradicionales valores de unión contra los “abusos de la autoridad” se desbordaran para bloquear calles en protesta por este supuesto hecho (ver nota de El Universal: http://www.eluniversal.com.mx/notas/684521.html). Se pedía a las autoridades que se investigase el secuestro.


De acuerdo con reportes policiacos, los vecinos se encontraban en el cruce del Eje 2 Norte con eje 1 Oriente avenida del Trabajo, para llamar la atención de las autoridades ya que, aseguraban, se habían robado a varios niños de esa colonia.



Así decía la nota de El Universal que llevaba como título “Exigen a PGJ indagar robo de niños“:

Si tuvieramos dinero o fuéramos influyentes, las autoridades harían su trabajo y mis hijos estarían con nosotros”, dijo Javier Covarrubias, padre de los menores Isis Liliana, de un año y medio, y Darien Isaí Covarrubias Merino, de dos años siete meses de edad, quienes fueron robados de sus brazos el pasado 18 de mayo mientras era golpeado.


Los hechos ocurrieron en la avenida del Trabajo, entre las calles de Constancia y Granada, en la colonia Morelos, aproximadamente a las dos de la tarde. “Bajamos de un microbús, yo iba cargando a Darién porque iba dormido, y bajé a Liliana porque le iba a poner sus zapatos para que caminara”, cuenta Javier.


“Sentí un empujón por la espalda, me caí, hice al niño a un lado y me empezaron a golpear. Pensé que me iban a matar, oí a mi hijo llorar, luego ya no lo escuché. Dejaron de golpearme, me levanté y vi a un sujeto correr, sólo pensé en ir tras él, y en ese momento mis hijos ya no estaban”.


Así, la reacción de los vecinos de Tepito resultó en el visible secuestro de un Turibús y del secuestro de las calles aledañas al cruce de Eje 2 Norte y Circunvalación, así como Canal del Norte en demanda de refuerzo de seguridad para evitar robo de niños. Mi primer foco rojo se encendió cuando me pregunté ¿Cómo pretenden los vecinos de Tepito evitar secuestros si ellos secuestran también?


En su manifestación en contra de la desaparición de niños, presuntos comerciantes de Tepito bloquearon calles y realizaron una caravana en motocicletas sobre las aceras lo que generó molestias tanto a automovilistas como a peatones.





Durante la protesta un centenar de comerciantes, a bordo de sus motocicletas, circularon en la banqueta en diversas calles del primer cuadro de la ciudad de México como parte de sus acciones; en la manifestación se pudo observar a la mayoría de los participantes sin cascos y en algunos casos se vio a cuatro tripulantes por vehículo. A su paso, según la nota del periódico, los manifestantes empujaron a los peatones y tiraron a varios de ellos.


Otro foco rojo. Me pregunto, el enojo de los vecinos de Tepito ¿les da la justificación para cometer desmanes? ¿Para dar rienda suelta a sus frustraciones? Al parecer así fué.


A los pocos días me sorprendí bastante al ver una nota en la que el papá de los niños desaparecidos había confesado que “los había dado en garantía de una deuda de $25,000”. La nota de El Universal así decía el lunes 7 de junio:


La Procuraduría capitalina informó que la desaparición de los dos niños que desató las protestas en Tepito por el supuesto robo de menores de edad fue consecuencia de que Javier Covarrubias González, padre de los pequeños Isis Liliana y Darien Isaí, los entregó como finiquito o pago provisional de un adeudo de 25 mil pesos a una mujer que identifica como “Lupe”, y que al parecer vive en la colonia Constituyentes, municipio de Tlalnepantla, estado de México.

Vaya giro de la historia. Cuando la policía lo confrontó con la evidencia en video que mostraba que no había estado en la zona en el momento del supuesto secuestro, el “pobre” Javier cambió su versión, diciendo que se había sentido impulsado a pedir 25,000 pesos y había dado a sus hijos como pago o prenda o garantía por esta cantidad a una mujer de nombre Lupe. Tercer foco rojo: ¿A quien se le ocurre dar a sus hijos a cambio de dinero? Y luego culpar a unos imaginarios secuestradores encapuchados… Y luego echar a andar las huestes tepiteñas a una orgía de vandalismo y furia sin coto para desviar la atención. Algo malo estaba asomándose desde la misma escala de valores de este hombre de apenas 22 años.


Pero hoy finalmente salió el peine: Se encontraron los cadáveres de estos pequeños y su padre, el ya no pobre sino infame Javier, confesó haberlos asesinado:


La Procuraduría capitalina informó que hallaron dos cadáveres en avanzado estado de descomposición, al parecer se trata de los hermanitos Darien Isaí e Isis Liliana Covarrubias Moreno, de dos años y siete meses, y de año y medio de edad, respectivamente.


El asesino confesó que el día que los mató se sentó sobre unas piedras y mientras su hijo jugaba a sus espaldas, atrajo a la pequeña hacia su pecho, le cubrió la naríz y la boca con una mano, hasta matarla. Tras esto, llamó al pequeño y lo asesinó del mismo modo.


Según su propio relato, cavó un hoyo donde metió a su hijo en una bolsa negra, y lo cubrió de tierra. Acudió a un mercado para comprar una maleta, en la cual echó el cuerpo de su niña, para abandonarlo sobre avenida Insurgentes, afuera del parque; cerca de unas torres encontró un hueco donde la dejó.


Después de haber matado a sus hijos fue a la casa de sus cuñadas, en el barrio Tepito, donde no encontró a nadie. En su camino se encontró a su esposa, a quien le aseguró que unos sujetos lo habían golpeado para robarse a sus hijos.

No pues sí. Que historia tan lamentable. Cuarto y último foco rojo: ¿Cómo puede haber gente tan cruel y despiadada como para matar a sus hijos a sangre fría? ¿Que motivos podría tener este infeliz comerciante para realizar semejante atrocidad? (Ver Actualización)


Como dice la cita de entrada, la única verdad es la realidad. Y la realidad es que dos inocentes niños murieron a manos de su propio padre. Y la realidad es que las mentiras de este sujeto llavaron a la gente de su barrio a tomar calles y cometer tropelía y media. En sus mentes, adivino, estaba muy en alto el sentido de la unidad, pero muy bajo su escepticismo ante la historia contada por Javier.


Cierto es que se exaltan los ánimos cuando se escucha una historia como la que contó el infame Javier, pero ¿cómo contener las reacciones de furia y de impotencia ante lo relatado? Sólo aplicando un poco de escepticismo.


Ahora la gente de Tepito que hizo su “oso” el lunes 31 de mayo ¿cómo enfrentará la verdad? ¿Seguirá creyendo que los niños fueron secuestrados y que Javier fue obligado a declararse culpable? ¿Seguirá pensando que no hay justicia en su barrio? ¿Se mantendrá con ese valor de la union “a ciegas”?


Ya todo un país se volcó en una enfermiza credulidad cuando los papás de Paulette Gebara la reportaron como “extraviada”. ¿Hasta cuando seremos tan crédulos? ¿Hasta cuando usaremos un poco de escpeticismo para evitar hacer tales desmanes y exhibiciones de ira, furia e indignación ante eventos falsos?



No lo sé aún. Pero en este espacio se mantiene la línea:

Ejercer el escepticismo evita caer en la estúpida credulidad que ciega a la gente y hace cometer desmanes y más crímenes.

Y otra cosa más, evita ejercer juicios como los del propio Javier que demuestran ese odio ancestral e irracional hacia los que tienen más dinero o son “influyentes”, pues finalmente las autoridades hicieron su trabajo. Investigaron para encontrar al asesino de los niños: Su propio padre.


Imágenes desde El Universal.

Actualización. 10 de junio de 2010.


¿Cómo puede alguien matar a sus propios hijos? ¿Asfixiarlos con sus manos y después contarlo a detalle? Javier Covarrubias González lo hizo y después de asesinarlos y tratar de encubrirlo confesó con precisión su crimen, lo cuenta sin remordimiento porque encaja en el perfil del psicótico, aseguró el psicólogo clínico Alejandro del Río.


“La estructura de personalidad psicótica tiene la característica que no hay remordimiento ni sentimientos de culpa. Los psicóticos tienen la noción de que actuaron mal pero no sienten culpa, eso se puede analizar de la frialdad. No son empáticos a los sentimientos ni a los propios ni de los demás, sí los pueden registrar pero no hacen empatía, son fríos, esto se denomina un aplanamiento afectivo”, dijo el especialista.

Nota desde El Universal: http://www.eluniversal.com.mx/notas/686671.html

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Creer o no creer, tener o no tener fe

Posted by keithcoors_00 en 16 febrero, 2010

¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?

Groucho Marx


Creer o no creer, he ahí el dilema. Pero ¿en que creer? ¿Cuándo creer?


He afirmado infinidad de veces que en realidad no es necesario creer en nada, que es mucho mejor afirmar sobre la base de las evidencias y mantenerse al margen de cualquier afirmación cuando no las hay. Bien, esto es parte del método científico. Es tonto creer en cosas que desafían las observaciones cotidianas, como por ejemplo creer que mediante algún tipo de hechicería, o encantamiento, o pensamiento esotérico, o poción mágica, las cosas caerán de abajo hacia arriba en esta roca, desafiando la ley de la gravedad. Si algo pareciera desafiar esta ley es que existe una explicación racional, como por ejemplo las motas de polvo, que parecen no caer como otros objetos, pero cuando se analiza su movimiento con las corrientes de aire se puede entender con claridad la aparente contradicción.


Una alternativa a la creencia es la confianza. Uno puede confiar en las personas, en los medios de información, en los métodos, pero si las evidencias muestran que esa confianza no tiene más fundamentos uno puede cambiar el nivel de confianza. O lo que es lo mismo, el nivel de confianza puede ser medido, mientras que la creencia es como una Delta de Dirac. Hace casi un año que escribí algo sobre este tema y no voy a hacer un refrito: http://ahuramazdah.blogspot.com/2009/02/el-escepticismo-hace-la-diferencia.html.



Lo que quiero escribir hoy es mi experiencia y conclusiones personales en esto de las creencias.

Hay asuntos humanos para los cuales no hay evidencias, ni patrones a seguir, ni leyes que cumplir. Simplemente existe una idea en la mente y esa idea no puede bajarse a la realidad (o aterrizarse como se dice comunmente) a menos que uno crea que en realidad puede convertirse en realidad. A ese tipo de creencias me refiero.


Entre estos asuntos hay un tipo de ideas al estilo de encontrar soluciones para los problemas actuales. Algunas ideas que ahora son ciencia ficción pueden convertirse en ciencia en el futuro, pero hay que creer que es posible encontrar las soluciones a los obstáculos físicos que actualmente existen para ello. También se publicó en Ahuramazdah un par de entradas sobre este tema en octubre de 2008.


Existen conceptos como lo que se conoce como “visión”, que hace la diferencia entre las personas que nunca pueden encontrar el sentido de utilidad en un asunto y quien sí lo puede encontrar y hasta explotarlo. Recuerdo que mientras realizaba mi servicio social en una comunidad del Estado de Hidalgo, formando parte de un equipo multidisciplinario, comentaba con una compañera socióloga sobre el uso de las computadoras: mi punto era que las computadoras llagarían a convertirse en una herramienta generalizada, mientras que mi compañera afirmaba que los sociólogos jamás utilizarían una computadora para realizar su trabajo. La diferencia entre ambos, en ese momento, era la visión. A finales de la década de 1970, yo podía ver en mi mente un mundo en el que las computadoras podrían servir no sólo para ejecutar cálculos intrincados en el mundo de la ciencia o la ingeniería, mientras que mi amiga socióloga no podía verlo. En ese entonces yo creía que el futuro de las computadoras era promisorio. Que tú estimado lector puedas leer esto, es una prueba de que mi visión y mi creencia fueron atinadas.


Otro tipo de ideas tiene que ver con anhelos y esperanzas personales. En este orden de ideas existe un vasto universo de variables y de preferencias, de metas y de obstáculos, de caminos y métodos. Podemos pensar en situaciones como las relaciones personales o como los logros profesionales y laborales. Aquí interviene no solo la creencia en una idea sino tambien la fe en que uno puede lograr que esa idea puede llegar a ser realidad. También existen los temores, las inseguridades, las dudas internas al estilo de ¿seré capaz de lograr esta meta? ¿Podré conquistar a esa chica? Y quizás las más difíciles de lidiar, al estilo de ¿Merezco una buena vida?


Uno puede confiar en sí mismo si se prepara suficientemente bien para enfrentar situaciones planeadas. Incluso se puede entrenar la voluntad para enfrentar situaciones inesperadas, y eso nos dará una cierta seguridad en que nuestro desempeño será lo suficientemente bueno como para lograr nuestro objetivo. Pero para ello se necesita motivación. El entrenamiento estéril, sin tener un objetivo claro en mente, no da buenos resultados. En este orden de ideas mi experiencia personal me dice que es preferible creer que dudar, que es preferible tener fe que no tenerla.


Pero no sólo yo lo pienso, también lo ha pensado mucha gente antes que yo. De hecho, al parecer, podría ser no sólo es un asunto de decisión sino de evolución. Uno de mis autores preferidos sobre asuntos naturales, Desmond Morris, en su famoso libro “El Zoo Humano” (Cap. II, Status y súper status), dice de los babuinos que ocupan la posición más alta en su jerarquía social:


El jefe babuino debe ser astuto, rápido e inteligente, además de fuerte y agresivo. Evidentemente, esto es aún más importante para un jefe humano. En los casos en que existe un sistema de jefatura heredada, el individuo estúpido es rápidamente depuesto, o se convierte en un simple peón manejado a su antojo por los verdaderos jefes.

Hoy día, los problemas son tan complejos que el jefe se ve obligado a rodearse de especialistas intelectuales, pero, esto no obstante, necesita poseer una gran perspicacia y claridad mental. Es él quien debe tomar las decisiones finales, y tomarlas resuelta y firmemente, sin titubeos. Tan vital es esta cualidad en la jefatura, que es más importante adoptar sin vacilaciones una decisión firme, que adoptar la “correcta”. Muchos jefes poderosos han sobrevivido a decisiones equivocadas, adoptadas con fuerza y firmeza, pero pocos han sobrevivido a la vacilante indecisión.


Yo interpreto esta cualidad de liderazgo como “creer y tener fe en lo que se hace”, aunque lo que se hace no sea tan atinado. Un líder seguro de sí mismo, que muestre la fe en si mismo al tomar decisiones con firmeza, será más exitoso que un líder con dudas. Viendo así este orden de ideas, parece que la evolución nos ha llevado a tener como valioso el estar más dispuestos a creer en nuestras ideas que dudar de ellas al llevarlas a la práctica. De esa forma, de acuerdo con Morris, habrá más posibilidades de que nuestros semejantes nos contemplen como “líderes” con seguridad y firmeza, y estén más proclives a alinearse con nuestros propósitos.


De cualquier forma, sea por un autoconvencimiento basado en la creencia de se es capaz de hacer realidad las ideas, sea como resultado de un asunto evolutivo, si creemos en nuestras ideas y nos comportamos de manera concordante con esa creencia, las posibilidades de que las convirtamos en realidad son mayores que si dudamos internamente.
Fotografía de entrada: Líder babuino.


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