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El Weblog sin dogmas

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La realidad detrás de ParaNorman

Posted by keithcoors_00 en 19 agosto, 2012

La televisión destruye sistemáticamente la diferencia entre lo normal y lo anormal, porque en sus parámetros lo normal carece en sí de interés suficiente y siempre habrá entonces que enfrentarlo a una alternativa. Su criterio no es la difusión de los valores y los principios sino el provocar el mayor impacto.


Robert Spaemann




Recientemente llevé a mi hija de 9 años al cine a ver la película de dibujos animados ParaNorman. Ella la disfrutó y se rió mucho, aunque hubo momentos en que se acurrucó entre mis brazos con algo de temor. Es decir, la película cumplió su objetevo de divertir y espantar a los chicos de la sala de proyecciones, eso creo.


Incluso la historia y los “gags” me hicieron reír a ratos. Para quienes no la han visto y no piensan verla en el corto plazo, la historia trata sobre un chico, Norman Babcock, quien es capaz de ver fantasmas y hasta comunicarse con ellos. El título hace referencia al nombre del protagonista y lo relaciona con la palabra “Paranormal“, que significa o se refiere a las experiencias más allá de lo normal o de las explicaciones científicas, como eso de ver y hablar con fantasmas. En el desarrollo de la trama, Norman se ve envuelto en una serie de eventos que pueden afectar a toda la gente de Blithe Hollow, su pueblo natal. Se trata de la ancestral maldición de una bruja. Durante el ensayo de una obra de teatro que conmemora la ejecución de las brujas de la ciudad hace 300 años, Norman tiene una visión terrible del pasado de la ciudad y se ve a sí mismo perseguido como una bruja por habitantes de su pueblo.


Bien, pues toda la parafernalia que rodea a esta cinta es cuando mucho divertida, pero poco que pueda apegarse a la realidad. Y como se ha dicho en repetidas ocasiones en este espacio, de existir otra realidad paralela a la que vivimos (como para que pudiesen existir fantasmas, espíritus chocarreros, poltergeists y otros seres fantásticos y además que alguien pueda comunicarse con ellos), tendría que obedecer a las leyes del universo que alberga esa realidad. Como aún no se puede probar la existencia de esta “realidad paralela”, porque de acuerdo con sus proponentes violaría todas las leyes conocidas de este universo, lo más seguro es que lo así llamado paranormal sólo esté en el terreno de la fantasía.


Pero no todo en ParaNorman es Paranormal. Lo que con mucha tristeza es cierto (al menos como un relato basado en hechos reales), es que en una época de la humanidad era posible asesinar a ciertas personas si se les consideraba practicantes de brujería, hechicería, magia, o cualquier cosa que atentara contra las creencias religiosas cirstianas de la época. Uno se entera durante la trama que Agatha, la malvada bruja que trata de vengarse de sus acusadores mediante terrorífica maldición, resulta ser una pequeña niña, quien 300 años antes murió en forma trágica por la ignorancia, la intolerancia y el miedo de los pobladores de ese lugar.


Y eso, mis estimados lectores, el hecho de que la humanidad haya sido capaz de asesinar incluso a menores de edad por haber sido declarados culpables de brujería, eso es verdaderamente terrorífico. Las historias que nos narran la maldad de las brujas quemadas en la hoguera no son más que distorsiones maniqueas sobre hechos deleznables y vergonzantes que estuvieron soportados por la más cruel intolerancia religiosa, la más oscura ceguera científica y la más terrorífica falta de humanismo. Como escribió Carl Sagan en “El mundo y sus Demonios”:


Desde luego, la brujería no era la única ofensa merecedora de tortura y quema en la hoguera. La herejía era un delito más grave todavía. Y tanto católicos como protestantes la castigaban sin piedad.


Nos menciona el inigualable Sagan que “En la última ejecución judicial de brujas en Inglaterra se colgó a una mujer y a su hija de (sólo) nueve años”. Su crimen había sido provocar una tormenta por haberse quitado las medias. No puedo concebir un terror mayor que el que pudo haber sentido la chiquilla de la edad de mi hija al ser señalada, acusada y condenada por un delito que jamás pudo haber cometido. En este universo, quitarse las medias jamás podría provocar una tormenta. Las mayores injusticias de la humanidad han sido cometidas en nombre de dios y auspiciadas por la ignorancia.


Al terminar la película aproveché el momentum para hablar con mi hija sobre este tema, y aunque ella ya es consciente que lo que se proyecta en la sala es sólo ficción, me pareció oportuno mencionarle que la tragedia de Agatha pudo haber sido real. Y que sin importar que vivamos en el siglo XXI, eso puede pasar de nuevo si dejamos que la intolerancia aunada con la ignorancia se apodere de nuestras sociedades.


Después de todo, es nuestra labor como padres comunicar esas realidades a nuestros críos. Las realidades oscuras de una sociedad que gracias a la ignorancia puede volverse contra la infancia… Pero sobre todo, estamos mucho más que obligados a comunicarles la forma de exorcizar la ignorancia. Ya lee a Sagan.


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Posted in Escepticismo, Intolerancia | Etiquetado: , , | Comentarios desactivados en La realidad detrás de ParaNorman

El consejo escéptico de Houdini

Posted by keithcoors_00 en 4 febrero, 2011

No salte a la conclusión de que ciertas cosas que usted ve son necesariamente “sobrenaturales”, o la obra de “espíritus”, sólo porque no se pueden explicar.

Harry Houdini



Desde Scientific American
Por Michael Shermer
Traducción: KC



Sir Arthur Conan Doyle fue el genial autor de las historias de Sherlock Holmes, detective muy popular, que celebró el triunfo de la razón y la lógica sobre la superstición y pensamiento mágico. Por desgracia, el médico escocés convertido en escritor no aplicaba las habilidades cognitivas de su creación, cuando se enfrentó al florecimiento del espiritismo de principios de 1900: se deslumbró por el burdo engaño de de las fotografías de Hadas de Cottingley y asistió regularmente a las sesiones de espiritismo para ponerse en contacto con miembros de su familia que habían muerto en la Primera Guerra Mundial, especialmente con su hijo Kingsley. Quizás justamente, la fama de Conan Doyle le llevó a la tener contacto con el mayor mago de su época, Harry Houdini, quien con mucho gusto no creía en falsificaciones.


En la primavera de 1922 Conan Doyle visitó Houdini en su casa de Nueva York, en la  que el mago se dispuso a demostrar que la escritura de pizarra, un método favorito de los mediums para la recepción de mensajes de los muertos, quienes supuestamente podían mover un pedazo de tiza en una pizarra, podría hacerse por medios perfectamente prosaicos. Houdini le pidió a Conan Doyle que colgara una pizarra en cualquier lugar de la sala para que estuviese libre de oscilar en el espacio. Presentó al autor cuatro bolas de corcho, para pedirle que elijiese una y la abriera para comprobar que no había sido alterada. A continuación, hizo que Conan Doyle recogiera otra bola y la metiera en un frasco de tinta blanca. Una vez remojada, Houdini pidió a su visitante salir a la calle en cualquier dirección, tomar un pedazo de papel y lápiz, escribir una pregunta o una oración, ponerla en el bolsillo y volver a la casa. Conan Doyle cumplido, garabateó “Mene, Mene, Tekel, Upharsin,” un acertijo del libro de la Biblia de Daniel, que significa, “Se ha contado y contado, pesado y dividido.”


Qué apropiado, pues lo que pasó después desafió la explicación, al menos en la mente de Conan Doyle. Houdini le hizo recoger el corcho empapado de tinta en una cuchara y colocarlo enfrente de la pizarra, donde momentáneamente quedo inmóvil antes de rodar lentamente en la superficie, deletreando “M”, “e”, “n”, “e”, y así sucesivamente hasta que toda la frase se escribió, momento en el que el corcho cayó al suelo. Según William Kalush y Larry Sloman en su biografía de 2006 La Vida Secreta de Houdini (Atria Books), el Místico Maestro a continuación dió a Conan Doyle una lección que él – y por implicación cualquiera impresionado por esos misterios – necesitaba escuchar:


Sir Arthur, he dedicado mucho tiempo y mente a esta ilusión.. No voy a decirle cómo se hizo, pero le puedo asegurar que era un absoluto engaño. Lo hice por medios perfectamente normales. Lo ideé para mostrar lo que se puede hacer en este sentido. Ahora, se lo ruego, Sir Arthur, no salte a la conclusión de que ciertas cosas que usted ve son necesariamente “sobrenaturales”, o la obra de “espíritus”, sólo porque no se pueden explicar….


Lamentablemente, Sir Arthur siguió creyendo que Houdini tenía poderes psíquicos y conexiones espirituales que empleó en sus famosos escapes.


Este problema se conoce como argumento de la ignorancia (“debe ser verdad porque no se ha demostrado que es falso”) o también como argumento de la incredulidad personal (“porque no puedo imaginar una explicación natural, no puede ser natural”). Tal razonamiento falaz aparece tan a menudo en mis encuentros con los creyentes que llego a la conclusión que éste debe ser producto de un cerebro insatisfecho con la duda. Así como la naturaleza aborrece el vacío, también el cerebro aborrece la falta de una explicación. Por lo tanto, se llena con alguna, sin importar cuán improbable sea. Así las anomalías naturales se convierten en fenómenos paranormales, lo natural se convierte en sobrenatural, los objetos voladores no identificados se convierten en naves espaciales extraterrestres y los acontecimientos aleatorios se convierten en conspiraciones.


El principio de Houdini establece que sólo porque algo es inexplicable, no significa que se trata de fenómenos paranormales, sobrenaturales, extraterrestres o conspiraciones. Antes de decir que algo está fuera de este mundo, primero asegúrese de que no está en este mundo, pues la ciencia se basa en el naturalismo, no en lo sobrenatural, ni en lo paranormal ni en cualquier otra explicación innecesariamente complicada.


Imagen: Ilustración de Pat Kinsella


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Las creencias supersticiosas son cada día más comunes

Posted by keithcoors_00 en 31 octubre, 2010

Creer posible algo es hacerlo cierto.

Friedrich Hebbel



Desde Discovery News
Por Emily Sohn
Traducción y comentario final: KC



Es esa época del año otra vez. Fantasmas, duendes y otros personajes fantasmagóricos salen de las sombras y entran a nuestra vida cotidiana.


Para la mayoría de la gente, la emoción dura unas semanas cada mes de octubre (y un par de días de noviembre para los mexicanos; nota de KC). Pero para los verdaderos creyentes, lo paranormal es un hecho cotidiano, no sólo una broma de días festivos.


Para entender lo que impulsa a algunas personas a creer de verdad, dos sociólogos visitaron ferias psíquicas, pasaron noches en casas embrujadas, recorrieron bosques con cazadores de Pie Grande, se inscribieron en grupos de apoyo para las personas que habían sido secuestrados por extraterrestres, y llevó a cabo dos encuestas a nivel nacional.


Contrariamente a lo que podríamos pensar como estereotipos comunes, la investigación no reveló un único perfil de personas que aceptan lo paranormal. Los creyentes van desde la gente con espíritu libre, gente con bajos ingresos y poca educación y hasta empresarios de alto poder. Algunos eran vagabundos y otros eran neurocirujanos.


Las razones por las que la gente cree son variadas, informaron los investigadores en un nuevo libro, llamado “América Paranormal: Encuentros con fantasmas, avistamientos de OVNI’s, cazadores de Pié Grande, y otras curiosidades en la religión y la cultura”


Para algunos, lo paranormal es sólo otra forma de explicar el mundo. Para otros, los fenómenos extraordinarios ofrecen oportunidades para perseguir los misterios, la experiencia de emociones e incluso alcanzar el estatus de celebridad, si realmente pudieran encontrar la evidencia.


“Es casi como una forma adulta para conseguir esa infantil necesidad de aventura y exploración”, dijo el co-autor Christopher Bader, de la Universidad de Baylor en Waco, Texas. “Otras personas están sentadas en casa y alquilan videos, pero usted está sentado en una casa embrujada que está infestada de demonios.”


“Estos chicos que están a la caza Pie Grande andan fuera persiguiendo un monstruo”, agregó. “Se puede ver el verdadero atractivo en salir de fin de semana y nunca saber lo que se puede encontrar.”


No hay datos concretos sobre qué tan común es creer en lo paranormal, lo que Bader y el co-autor Carson Mencken definen como creencias o experiencias que no son plenamente aceptadas por la ciencia o la religión.


Pero las tendencias en la programación de televisión ofrecen una pista de que hay un amplio interés en los fenómenos místicos y que se está volviendo más común. En la década de 1970 y 1980, dijo Bader, había tal vez una o dos series de temas paranormales en la programación de la televisión. Hoy en día, hay docenas, incluidos los programas sobre cazadores de fantasmas, los niños psíquicos, casas encantadas e incluso animales domésticos poseídos.


Un montón de científicos han puesto su energía para desacreditar las afirmaciones paranormales. Por el contrario Bader y Mencken querían mirar lo que impulsa a la gente a creer.


Comenzaron con dos encuestas a nivel nacional entrevistando a un total de más de 3,000 estadounidenses acerca de sus creencias, experiencias e intereses.


Cuando los científicos llegaron a los resultados, encontraron que las personas que son moderadamente religiosas son más propensos a creer en lo paranormal. Esto podría ser porque son lo suficientemente abiertas como para creer en lo desconocido, pero no tan rígidas en sus creencias religiosas para rechazar por completo las experiencias misteriosas.


Las cifras también muestran que diferentes tipos de entidades paranormales gustan a diferentes grupos demográficos. Las mujeres, por ejemplo, son más propensas a creer que viven en casas embrujadas. Los graduados universitarios son más propensos a tener experiencias fuera del cuerpo. Hombres solteros blancos son más propensos a creer en los ovnis.


Los cazadores de Pie Grande fueron quizás el grupo más sorprendente, dijo Bader. Ellos desafiaron todos los estereotipos de perseguidores paranormales que usan túnicas y están en comunión con los espíritus.


En cambio, eran muy serios, muy convencionales y, a menudo altamente profesionales. De hecho, sus creencias contradicen sus estilos de vida, a tal grado que muchos de ellos estaban plagados de ansiedad, los que les empujaba aún más a seguir con sus creencias.


“Sus amigos y familiares los consideran chiflados”, dijo Bader. “Todo el mundo está diciendo que están locos. Por lo tanto, tienen un verdadero estilo agresivo y seriedad de propósitos. Quieren demostrar a todos que estaban equivocados.”


Para un cazador, la búsqueda se inició un día cuando estaba en el bosque y jura que vio a Pie Grande en su camino.


“Imagínate la presión que eso inyecta en tu vida”, dijo Bader. “Te consideras un chico normal, inteligente, y piensas que acabas de ver un mono gigante de pie delante de ti. Ahora, tienes que empatar esto con tu vida”. “No se trata de personas que tratan de explicar un mundo loco”, añadió. “Ellos están tratando de demostrarse a sí mismos que no están locos.”


Independientemente de la persona o el fenómeno, las experiencias paranormales son puramente peculiaridades del cerebro humano, dijo Michael Shermer, director ejecutivo de la Sociedad de Escépticos, una organización educativa, y el editor fundador de la revista Skeptic.


Ya sea que se escuchen crujidos en una vieja casa o se vean puntos que se mueven al azar en una pantalla de computadora, dijo, la gente tiende a buscar patrones y significados en todo.


“La condición predeterminada en el cerebro es que todos los patrones son reales”, dijo Shermer. “Es simplemente lo que hacemos.”



Comentario

Como cualquier tendencia de moda, la penetración de este tipo de creencias en las sociedades se ve acrecentada (y en cierta forma justificadas en la sicología de las masas) por los medios masivos de entretenimiento y comunicación. Eso es una desgracia para el desarrollo de nuevas generaciones de científicos y tecnólogos.


En efecto, buscar la última evidencia de la presencia de extraterrestres en la Tierra, o la presencia de objetos fuera de tiempo, o el efecto de la telepatía generada por seres fuera del Sistema Solar, resulta más excitante que aprender a resolver ecuaciones diferenciales de segundo orden, o ceñirse al tedioso método científico que se basa en la recolección minuciosa de datos y evidencias para posteriormente analizarlas con un rigor sin sesgos.


El problema es que esta generación de creyentes de lo paranormal no podrá usar su creencia para resolver los problemas tecnológicos de una creciente población que demanda energía, ambiente limpio y posibilidades reales de desarrollo sustentable. Pero tampoco podrá hacer reales sus creencias como lo pregona don Federico Hebbel. Al menos no sólo por obra y gracia de sus creencias por si mismas.


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Presencias percibidas en contextos extremos

Posted by keithcoors_00 en 24 abril, 2009

La realidad es una alucinación producida por falta de THC (Tetrahidrocannabinol) en la sangre.

Anónimo


Desde eSkeptic
Por James Allan Cheyne
Traducción y resumen: KC



El libro de John Geiger es un compendio de anécdotas acerca de la notablemente común experiencia de sentir la presencia de un compañero para la cual no hay evidencias objetivas. El compañero es rara vez visto, pero se le siente con firmeza y, por tanto, se le refiere a menudo como una “sensación de presencia”. La presencia es generalmente considerada como un extraño, pero a veces puede ser un amigo o un mentor, un favorito de la tía, un compañero de aventuras, a veces alguien recién fallecido y, en general, proporcionando apoyo moral, orientación, o protección y, a veces se describe metafóricamente, o literalmente, como un “ángel de la guarda”.

Aproximadamente las tres cuartas partes de las presencias acompañantes aparecieron en medio de desgarradoras desventuras de montañistas, exploradores polares, y marineros . Así, el libro de Geiger aborda una versión de la experiencia de la sensación de presencia, la versión que se produce en lo que Peter Suedfeld ha llamado AEI’s; ambientes extremos e inusuales (EUE’s por sus siglas en inglés, extreme and unusual environments). Las anécdotas informadas por Geiger son casi siempre relatos en primera persona sobre la aparición de presencias misteriosas, a menudo neutrales, a veces amistosas, y rara vez amenazantes, encontradas durante la presencia de la lucha feroz por la supervivencia. De hecho, el subtítulo del libro implica lo que se supone explícitamente que reivindica el libro, es decir, que el compañero es un salva vidas secreto, ya sea divino o de procedencia biológica. Se proporciona poca evidencia, sin embargo, que la experiencia del compañero, aunque reconfortante, sea algo más que una modesta ayuda a la supervivencia, y mucho menos el secreto de la supervivencia.

Cabe señalar también que no hay nada especial sobre el número tres del título. El título podría haber sido con cierta justificación, El Cuarto Hombre, el segundo hombre, o, al menos en un caso, la séptima persona. Una primera versión parece haber sido el hombre extra. Geiger parece haber basado su título en la experiencia de Ernest Shackleton y sus dos compañeros durante su caminata a través de Georgia del Sur, o para ser más precisos, la referencia de TS Eliot sobre el evento, inmortalizado en “La Tierra de residuos”, con su famosa pregunta: “¿Quién es el tercero que siempre camina junto a ti?”.

Una de las características más sorprendentes de la experiencia de la compañía son sus propiedades elementales y minimalistas y la consistencia de éstas sobre las personas y circunstancias. Toda la información relevante acerca de todos y cada uno de los encuentros en el texto podría ser probablemente descrita entre 10 y 20 páginas escritas, y se resume de forma exhaustiva en una. La mayor parte de los aproximadamente 250 páginas de texto consta de antecedentes y el contexto de fijación de los acontecimientos que condujeron a la experiencia propia. Las experiencias mismas se convierten en muy familiares y repetitivas, aunque interesantes variantes surgen de vez en cuando. Aunque la descripción de los acontecimientos que condujeron a las experiencias es a veces un tanto largas, hay que decir que son, en general, relatos interesantes, y, en general, en su mayoría proporcionan la información y el contexto relevantes para las experiencias del compañero.

A pesar de que se hace referencia a las experiencias de monjes y santos, cuentos bíblicos, y la noción cristiana de ángeles de la guarda, la mayoría de las anécdotas son modernas, que abarcan un poco más de 100 años. Geiger también proporciona, hacia el final del libro, breves reseñas de diversas teorías psicológicas y de neurociencia sobre la experiencia de presencias. Geiger destaca las características críticas de la experiencia, así como sus condiciones precipitantes que van de la mano. Con respecto a esto último, menciona los sospechosos habituales: la monotonía, la oscuridad, los paisajes áridos, el aislamiento, el frío, el perjuicio, la deshidratación, el hambre, la fatiga, y el miedo, todas con frecuencia extremas, persistentes, y en combinación y, en el caso de los alpinistas , agravado por la falta de niveles adecuados de oxígeno. El recuento incluye también a menudo la muerte y lesiones de los compañeros reales. La gran mayoría de las anécdotas vienen de las experiencias de alpinistas y escaladores, porque probablemente tienen la mayor proporción de problemas verdaderamente terribles y están a menudo expuestos a casi todas las condiciones para precipitar las experiencias del compañero.

La naturaleza viva y excitante de las experiencias de compañero, a pesar de su simplicidad elemental, probablemente no puede ser exagerada. Estas experiencias son casi siempre descritas como totalmente convincentes, demasiado vívidas y reales para ser una mera alucinación, lo que normalmente implicaría que tiene una explicación natural. Las alucinaciones, sin embargo, no constituyen la única, o incluso más apropiada, explicación natural disponible. Estrictamente hablando, la sensación de presencia no se ajusta a la definición de una alucinación en absoluto, porque, por definición, las alucinaciones implican experiencias sensoriales. Por el contrario, la sensación de la presencia del compañero invisible es un engaño, es decir, una fuerte sensación de que algo es real aun con falta de pruebas. Las alucinaciones a veces pueden estar acompañadas por delirios. Puede haber sonidos, voces y visiones, incluso el contacto físico, aunque todos ellos son relativamente raros. Ninguno es intrínseco a la propia sensación de presencia, que, por definición, carece de la experiencia sensorial. Como lo estableció William Laird McKinley sobre sus experiencias en el Ártico, no hay “nada de los sentidos en ella en absoluto, sólo una toma de conciencia” (p. 53). Sin embargo, el mismo autor puede decir de esta insensible presencia que “me llenó de exultación, un sentimiento más allá de toda la tierra” generando una sensación de la “absoluta certeza de la existencia de Dios” (p. 54). Sin embargo, aunque la presencia no es necesariamente es sobrenatural, a menudo existe una doble conciencia asociada a la presencia en la que una realidad dura es al mismo tiempo consciente de que la presencia no es real en el sentido normal del término, pero absolutamente convincente; tan convincente y persistente, que se puede ofrecer alimentos a la presencia en forma casual y automática.

Geiger toma nota de que las alucinaciones, aunque no suelen ser parte de la propia experiencia de presencia, a veces acompañan a la sensación de presencia. Tienden a ser vagas y nebulosas apariciones o voces de mando. Rob Taylor, lesionado durante su ascensión de la Pared Breach del Kilimanjaro, informó que había visto una figura y haber podido “describir su forma, pero nunca pudo distinguir las características exactas.” La forma era tipo humana, sin la ropa de un escalador, pero más bien “como una bailarina en un Leotardo” (p. 178). Charles Lindbergh encontró múltiples presencias en su famoso vuelo transatlántico. Describió “formas vagamente esbozadas, transparentes, en movimiento” en la cabina. Sin embargo, pese a su capacidad para describir la presencia, aunque mínimamente, en realidad parece haber sido fuera de la vista, como él también dice: “sin voltear mi cabeza, le puedo ver tan claramente como si estuviese en mi campo de visión normal” (p . 85). Él también escribió que en la presencia había “voces que hablan con autoridad y claridad.” Sin embargo, admitió que “no puedo recordar una sola palabra que dijo” (p. 87).

Casi siempre, existe una vaga sensación de que la presencia está allí para ayudar en forma alguna o sin especificar, en el caso de incapacidad temporal de los marineros, como el navegante solitario Joshua Slocum, simplemente confiaba en manejar su oficio. O puede ser simplemente una sensación de que se tomó la decisión de navegación bajo el consejo implícito de la presencia. Más a menudo, los compañeros ofrecen palabras de asesoramiento, que suelen ser muy inespecíficas, o proporcionan información y asesoramiento de la especie de que la persona que ya conoce y cree… o la esperanza. El consejo suele ser: “no te duermas”, “Manténte en movimiento”, y “lo vas a lograr”. Es decir, el común asesoramiento sensato que es más tranquilizador que informativo. Sin embargo, esta sensación de tranquilidad es a menudo acreditada por las personas para su supervivencia. Este sentimiento es esencialmente la base de la afirmación de que la presencia es el secreto de la supervivencia en condiciones extremas. Como Geiger reconoce, sin embargo, es evidente que hay un acceso limitado a los casos negativos, la historia de la presencia de los no sobrevivientes en sus diarios recuperados son, evidentemente, poco frecuentes, aunque estos casos existen. Tal vez tanto los supervivientes como los no supervivientes recibieron el apoyo y el aliento de su presencia. Alternativamente, tal vez los compañeros de los no sobrevivientes dieron malos consejos. Además, no tenemos información acerca de cómo muchos sobrevivientes no experimentaron nunca la sensación de presencia acompañante. Tenemos esencialmente una pata de la mesa de cuatro, que serian necesarias para tener la conclusión funcional.

Una anécdota especialmente interesante y desgarradora de condiciones extremas es contada por el escalador Joe Simpson en su libro Tocando el Vacío, acerca de su ascención al Siula Grande (no Huascarán, como se indica en el libro de Geiger), y las secuelas de un accidente durante el descenso. Esta es quizás la prueba más convincente para la función de supervivencia de una alucinación, pero irónicamente, en realidad no implica una presencia. La alucinación recurrente de Simpson era simplemente una voz en su cabeza, pero una fuerte y muy autoritaria:

La voz era limpia y nítida y el autoritaria. Siempre estaba en lo correcto, y le he escuchado cuando hablaba y actué conforme sus decisiones. La otra mente vagaba sobre una serie de imágenes desconectadas, y recuerdos y esperanzas, a la que ponía atención en un estado como un sueño despierto mientras me dedicaba a obedecer las órdenes de la voz.


No es de extrañar que esta descripción condujo a Geiger a invocar, como Peter Suedfeld había hecho anteriormente, la noción de la mente bicameral de Julian Jaynes. De hecho, la cita anterior es esencialmente la definición de una mente bicameral en plena actividad. Curiosamente, la eternamente polémica teoría de Jaynes, de todas las examinadas por Geiger, es realmente la única explícitamente dirigida a explicar la versión de la sensación de la presencia en este libro. Lo que me recordó la descripción de Simpson, sin embargo, fue una teoría más actual y apegada a la corriente principal, que involucra una distinción entre dos niveles de procesamiento siempre activo en la cognición humana. Estos niveles tienen distintas denominaciones, pero el proceso cognitivo que corresponde con la voz racional y autoritaria de Simpson es comúnmente referido como un proceso “ejecutivo” o “de control”. Otro nivel de procesamiento, lo que corresponde al revoltijo de imágenes, recuerdos y emociones de Simpson, parece reflejar lo que se conoce como procesos “automáticos”, que operan en un acuerdo asociativo, y el nombre apropiado es “modo pandemonium”, en el que los diferentes impulsos apuntan hacia la atención y la ejecución. Se ha escrito muy poco acerca de la naturaleza de la componente fenomenológica de estos dos modos, aunque un poco de auto-reflexión, creo, descubrirá una sutil versión de la experiencia de Simpson en nuestra propia experiencia mundana. En situaciones extremas, la fenomenología de los dos flujos de procesamiento puede ser mayor, tal vez a través de una reacción general de emergencia del cerebro, del tipo discutido por Geiger. Uno puede fácilmente ver cómo el tipo de experiencia podría conducir a personas que han sufrido circunstancias extremas a interpretar la voz como de un ángel de la guarda o un dios, al estilo Julian Jaynes. Sin embargo, Joe Simpson era un ateo declarado antes de su experiencia en Siula Grande y sigue siéndolo ahora; atrubuye la voz a un “sexto sentido” profundamente enterrado en nuestro pasado evolutivo, nunca encarnanda pero constantemente referida simplemente como “la voz” o “ella”.

Curiosamente, Geiger no menciona que Simpson informó sentir la presencia de compañeros durante un período de ausencia de la voz hacia el final de su calvario. Pensaba que estaba siendo seguido de cerca por dos compañeros, que “se encontraban fuera de la vista”, y quien se imaginó serían otros miembros de la expedición, Simon y Richard, que estaban en realidad en el campo por delante de él. Informó que se sentía feliz con el pensamiento de “compañía y ayuda si la necesitaba”. En contraste con la orientación positiva de la voz, sin embargo, las presencias parecen haber sido simplemente reconfortantes.

He estado fascinado durante mucho tiempo por la forma en que el más sutil de los sentimientos de presencia puede convencer a McKinley de la absoluta certeza de la existencia de Dios y la experiencia mucho más dramática de un Joe Simpson suscitó ningún brillo espiritual. Tal vez lo más instructivo es el hecho de que, a pesar de su condición de lesiones graves, fatiga, hipotermia, inanición y deshidratación (al final de su calvario pesaba unos 41 kg), Simpson, desde la primera aparición de “la voz” inmediata y sistemáticamente considera hipótesis alternativas. ¿Dejó encendido su walkman? ¿Los sonidos son el resultado del coce de su pasamontañas en sus oídos? Geiger llega a la conclusión de que la gente antigua, que carece de hipótesis tipo Walkman, cayeron en hipótesis religiosas. Sin embargo, Geiger no necesariamente volvió a los pueblos antiguos. Su libro está lleno de numerosos ejemplos de modernos invocando interpretaciones religiosas o místicas. Parece razonable, sin embargo, que los modernos al tener una mayor gama de interpretaciones posibles deberían, uno podría suponer, hacer una diferencia en la forma en que las experiencias son percibidas. Sin embargo, esta no es la única historia, ni siquiera la principal.

Geiger discute, pero no se centra particularmente en lo sobrenatural, aunque, a juzgar por los comentarios que empiezan a aparecer en la web, este tipo de fenómenos son imanes para los que invierten su tiempo en las ciencias ocultas y espirituales. Geiger cita a Michael Murphy como alegando que muchas de estas experiencias “desafían la explicación fácil”, con lo que para él significa explicaciones científicas naturalistas. Geiger también entra brevemente en esta sofistería describiendo las explicaciones del fisiólogo Pugh como despectivas. Por qué tan a menudo los comentaristas consideran las explicaciones científicas “fáciles” o “rechazantes” nunca ha sido claro para mí, especialmente cuando luego leo a Murphy alegando que estas experiencias son pruebas de que “de hecho los seres humanos pueden percibir entidades incorpóreas” (p. 78). Ahora eso me parece una explicación fácil.

Una serie de teorías naturalistas favorables que Geiger revisa son aquellas que sugieren que la sensación de presencia es un mecanismo biológico para hacer frente a la soledad en los hijos únicos en forma de “amigos imaginarios”, y para los adultos solos bajo amenaza y condiciones temibles. En este punto de vista, la sensación de presencia proporciona un compañero imaginario para aliviar la ansiedad. Uno puede ver cómo esto podría ser funcional y evitar el abandono de la desesperación, pero plantea otra pregunta. Si es biológico -lo que supondría que afectan a la disponibilidad relativa de neurotransmisores y hormonas somáticas- ¿por qué es necesario un componente experiencial o fenomenológico? ¿Por qué no se organizan los mecanismos cerebrales que sólo nos hacen sentir menos amenazados y más optimistas, sin una espeluznante experiencia que nos puede confundir? Me doy cuenta de que este es un argumento más bien genérico relacionado con la conciencia, pero todo parece más bien un cacharro de Rube Goldberg que ha evolucionado para hacer que nos sintamos cómodos en ambientes extremos.

Tal vez la experiencia de compañero no es funcional en absoluto, por sí misma, sino que más bien es una disociación anómala que proporciona evidencia de un conocimiento más profundo, más general, la función en la que su propia funcionalidad, si existe, es parasitaria. Quizás, por ejemplo, la sensación de presencia es simplemente un falso disparo de sensaciones orgánicas normalmente asociadas con compañeros reales.

Después de haber realizado caminatas y escaladas en el Himalaya y los Andes, estoy un poco familiarizado con la experiencia de pasar muchas horas en movimiento. Uno tiene una sensación constante de compañeros por delante y detrás, así como un sentido de dependencia de ellos. Existe el recordatorio constante de la cuerda en la mano hacia abajo que vincula uno al otro. Frank Smythe, por ejemplo, indica específicamente que “parecía que estaba atado a mi ‘compañero’ por una cuerda” (p. 48). Smyth, aunque estaba solo, si hubiera tenido un compañero, habrían estado atados entre sí. La cuerda es un verdadero salvavidas. Cuando un compañero cae, los otros cavan con crampones y piolets y se toman de las manos para evitar la caída del otro. Por lo tanto, es a la vez una fuerte expectativa de los demás estar constantemente a distancia, manteniendo la tensión adecuada de la cuerda, y estar disponibles para dar asistencia. Uno también se encuentra periódicamente buscando por encima de nuestro hombro para comprobar la presencia de los otros, incluso aunque sabemos y sentimos que están allí sin mirarles. Como se ha señalado, en la gran mayoría de los casos, la presencia está justo fuera del campo visual, a menudo un par de metros atrás. Aunque se describe a la presencia como orientadora y edificante, por lo general es más bien un seguidor que un líder.

El sentido de la presencia de otros es generalizada y continua cuando se está con otras personas, pero rara vez nos damos cuenta de ello porque, después de todo, los otros están realmente presentes y esta es la sensación normal cuando ellos están allí. La sentimos explícitamente cuando existen relaciones intensas y muy precisa cuando se trata de amor, pero principalmente no es sino la tranquilizadora sensación de compañerismo en el fondo. Nuestro sentimiento se corresponde con los recuerdos recientes y con la experiencia sensorial actual. Cuando este sentimiento se desconecta de lo que sabemos de recuerdos recientes y experiencias actuales, sin embargo, es posible que entonces experimentemos la sensación de presencia. Si es así, entonces la experiencia de la presencia corre en paralelo con la “sensación de saber” algo, como una experiencia aparte del conocimiento actual de eso mismo, al estilo de lo que todos hemos experimentado como la sensación de tener algo en la punta de la lengua. En ambos casos, el fondo se convierte en primer plano.

Esto no es para descartar o trivializar ambas experiencias, sino un intento de convertir un misterio en un problema potencialmente solucionable, es decir, ¿cómo se disocia este sentimiento normal de estar con los demás de lo que sabemos de recuerdos y experiencias sensoriales actuales? Esto, a su vez, sugiere la posibilidad de que hay un conjunto de actos cognitivos y neuronales que constituyen el sentimiento de presencia, por encima de las que registran las experiencias sensoriales generadas por la presencia efectiva de los demás. Quizás este sentimiento refleja un modo o contexto psicológico de “estar con otros”, trayendo nuestros entes sociales hacia la prominencia y hacia una actuación adecuada y frenando la actuación inapropiada frente a la presencia de los demás. Por último, en situaciones extremas, la necesidad de compañeros activa la sensación de presencia. Esta sería reconfortante sin duda en ambientes extremos e inusuales y, en esa medida, podría ser interpretada como casualmente funcional.

El Factor del Tercer Hombre es un interesante libro lleno de aventuras, sobre todo de montañismo (la cubierta adecuadamente presenta dos figuras caminando a lo largo de una cresta muy por encima de las nubes). Más del 40 por ciento de todos los casos citados implican experiencias en las montañas. Independientemente de los diferentes títulos, muchos capítulos tienen una sensación de familiaridad. Un capítulo, titulado “El efecto Viuda” es de 37 páginas, pero tiene algo menos de cinco páginas dedicadas a las experiencias de la sensación de presencia de las viudas (y un viudo). El resto de los capítulos se dedica principalmente a más aventuras de alta montaña. Sin embargo, yo confieso que me parece que las historias de escaladas son mucho más apasionantes que las historias acerca del duelo de viudas. Desde mi punto de vista, Geiger ha realizado un servicio valioso reuniendo todos estos relatos en un solo volumen que proporciona una buena fuente de referencia para los ejemplos de la moderna versión del compañero de los fenómenos de sensación de presencia.

Referencias

  • Suedfeld, P. & Mocellin, J. S. P. 1987. “The Sensed Presence in Unusual Environments.” Environment and Psychology, 19, 33–52.
  • Suedfeld, P. & Geiger, J. 2008. “The Sensed Presence as a Coping Resource in Extreme Environments.” En J. H. Ellens (Ed.) Miracles: God, Science, and Psychology in the Paranormal. Vol. 3. Londres: Praeger.
  • Eliot, T. S. Collected Poems: 1909–1962, Notas sobre “The Waste Land — What the Thunder Said.”
  • Op. Cit. Suedfeld & Mocellin.

*Reprinted with permission from the copyright holder the Skeptics Society and Skeptic magazine, www.skeptic.com

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Más opiniones sobre las experiencias cercanas a la muerte

Posted by keithcoors_00 en 15 agosto, 2008

Los escépticos necesitan de reclamar, redefinir y abrazar las experiencias cercanas a la muerte.

Por Sebastián Dieguez
Traducción: KC

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Estoy de acuerdo en un cien por ciento con todo lo que el Dr. Crislip escribió en su reciente artículo publicado en eSkeptic (y reptoducido en español en Ahuramazdah, nota de KC). De hecho, he co-autoreado el capítulo de un libro de próxima aparición que hace similares reflexiones (Blanke & Dieguez, 2009). Es perfectamente cierto que la pérdida de la conciencia y la condición
cerebral no se evaluaron de manera satisfactoria en el estudio holandés sobre NDE (Near Death Experiences, van Lommel et al., 2001) y que todas las afirmaciones de inactividad cerebral, o incluso disfunción, fueron en gran medida injustificadas por los métodos utilizados. También es un eufemismo decir, como acertadamente menciona Crislip, que la investigación sobre NDE depende de manera crucial de cómo se definen las NDEs.

Este simple hecho es todavía un tema no resuelto 30 años después de que Raymond Moody publicó Vida después de la vida, y la literatura sobre ocultismo sigue suplicando por la respuesta a la pregunta sobre qué es exactamente lo que debe o no debe contar como “una idea después de la muerte”. No obstante la observación de Crislip de que, al seguimiento, algunos sujetos de repente recordaban un NDE que en principio no fue informado (véase también French, 2001), hay otros resultados interesantes en este estudio que conviene señalar. En primer lugar, los sujetos que tuvieron peor puntuación en una tarea de memoria a corto plazo tuvieron significativamente menor probabilidad de haber informado de un NDE. En segundo lugar, los sujetos que tuvieron un NDE anterior tuvieron más probabilidad de no informar de uno en el presente estudio. En tercer lugar, los sujetos más jóvenes tenían más probabilidades de presentar una NDE y las mujeres tienden a informar NDEs “más profundos”. Y en cuarto lugar, los sujetos con un NDE – sobre todo uno “profunda” – tenían más probabilidades de morir en los siguientes 30 días.

Todos estos hechos, en mi opinión, apuntan a factores biológicos y psicológicos implicados en la probabilidad de perdurar y recordar un NDE. En última instancia, los hallazgos del estudio deberían haber sido debidamente discutidos por sus autores antes de saltar a la indignante conclusión de que, debido a que no se podía encontrar una explicación biológica coherente, (no importa que, como se observa Crislip, ninguna fuese realmente buscada), entonces los NDEs no son de naturaleza biológica. En realidad, cualquier persona que vea el punto del principio de la parsimonia debería estar de acuerdo en que el prospecto de los NDEs desafiando cualquier principio de naturalismo biológico, en aquel entonces, desaparece a la luz de un gran número de observaciones.

En primer lugar, es indudable que la mayor parte, si no es que todos los aspectos de NDE, se ajustan completamente al conocimiento neuroscientífico: observaciones de la disminución de la oxigenación cerebral, la ingesta de drogas, disturbios en el ciclo sueño-vigilia, conciencia durante la anestesia, daño cerebral, epilepsia y la estimulación cerebral directa con claridad todos ellos apuntan a correlacionarse con los fenómenos NDE. Luego, está el vergonzoso fracaso para encontrar incluso un caso irrefutable de “percepciones verídicas” durante la inactividad cerebral (o simplemente inconsciencia), mientras que todos estos casos deberían estar en ese lugar de acuerdo con cualquier recuento trascendental o no-reduccionista. Por último, tenemos la creciente evidencia de diferencias interculturales en los NDEs, diversas correlaciones psicológicas sugerentes asociadas con quienes informen sobre estas experiencias, y el número de casos no reportados que indican claramente caractarísticas alucinadas (es decir, no “veridídicas”, Agustine, 2007a, 2007b).

Pero creo que es hora de avanzar un paso más de este tipo de debate. Los investigadores de NDE han observado con frecuencia que sobre este tema, los escépticos simplemente han desentrañado los mitos de las afirmaciones de otros y han especulado sobre los marcos biológicos plausibles para “explicar” la NDE, en su mayoría fuera de su ámbito. Esto es totalmente cierto. La razón es, en mi opinión, que los pioneros de la investigación en NDE, y la mayor parte de sus sucesores, han contribuido en gran medida a desacreditar todo el tema. Hicieron más de lo que se pidió para convertirlo en una vergonzosa guerra religiosa involucrando a empalagosos “grupos de apoyo” de la nueva era, aficionados entusiastas cuánticos, propagandistas Mormones, y fundamentalistas cristianos (para un embarazoso “debate”, véase el Ring, 2000 y Sabom, 2000). Realmente, no es de extrañar que sean tan pocos los científicos atraídos a esta área de investigación.

Sin embargo, creo que NDE podría convertirse en un legítimo ámbito de investigación, e incluso beneficiarse de la desordenada situación heredada de sus pioneros. Me explico. En primer lugar, no obstante el problema para definir qué es exactamente un NDE, en realidad yo creo que el término vagamente denota una clase específica de estado de conciencia fenoménico. En otras palabras, tales experiencias existen. Y en segundo lugar, podemos ahora aprovechar positivamente el hecho de que el término NDE actualmente se está convirtiendo en algo rentable. Desde esta perspectiva más amplia, es posible definir los NDE como

un conjunto de fenómenos experimentados, espontáneamente evocados durante situaciones estresantes o peligrosas para el organismo, que son o podrían ser considerados en forma plausible por cualquiera de los sujetos que los experimentaron o por aquellos que oyeron hablar de éllos, como un indicio de la existencia de una mente incorpórea y/o un mundo más allá cuando el cuerpo ha dejado de vivir.

Digamos que se esos son NDEs, con independencia de los atributos específicos o mecanismos neurocognitivos implicados. Para reiterar, sea cual sea la experiencia consciente mental – por cualquiera en cualquier tipo de período de peligro físico objetivo o subjetivo – que se considere como un desprendimiento corporal y / o en un entorno que no es de este mundo, se trataría de un NDE. Hay que tener en cuenta que no importa lo que el sujeto o la experiencia se considera a sí misma, basta que la narración se perciba como el “NDE” de alguien. Creo que este planteamiento general puede ser un útil para muchos interesados en las ciencias de la conducta humana.

En lugar de centrarse obsesivamente en características específicas como experiencias fuera del cuerpo, los túneles, las luces, los repasos de la vida, encuentros espirituales, cambios de personalidad, y así sucesivamente, acertadamente esta definición desplaza la atención de distancia y se abre a las más amplias y más interesantes preguntas sobre la naturaleza de la experiencia subjetiva, creencias personales y la mitología colectiva, todos en el mismo marco de análisis. Y, por supuesto, la cuestión de si estas experiencias son “verdaderas” o no se convierten completamente en irrelevantes por obra de esta definición. Por el contrario, se libera totalmente las manos de los científicos interesados de la aburrida tarea de desenmascarar las mismas afirmaciones una y otra vez, y les permite pasar a cosas realmente interesantes (exactamente como los investigadores de la memoria han estudiado las “abducciones alienígenas”, centrándose en la realidad las cuestiones pertinentes en lugar de buscar respuestas en el cielo, por ejemplo, Clancy, 2005). Estudiar NDEs definidos de este modo podrían producir fascinantes datos para comprender mejor la formación de creencias, la psicología popular, los sentimientos de “realidad”, la conciencia corporal, imágenes mentales, los procesos de memoria, formación de mitos, tanatología, trastornos neuropsiquiátricos, como alucinaciones, despersonalización, disociación y otros síndromes peculiares. Y quizás incluso para el enfoque racional, el viejo dilema de si cognitivamente es posible o no imaginarse a sí mismo muerto (Nichols, 2007).

En ese caso personalmente estaría interesado en un subcampo de investigación de NDE, que yo llamaría neuro-escatología, y que estudiaría la posibilidad de que el concepto mismo de la “vida después de la vida” sea un residuo de nuestros antepasados tratando de hacer conciencia de la NDEs que habían tenido o que habían oído hablar. En cualquier caso, ya es hora de que la marea regrese, y espero haber convencido a algunos escépticos de que hay algo en los NDEs, y que será nuestra tarea poner de manifiesto dónde reside su verdadero interés.

(Reprinted with permission from the copyright holder the Skeptics Society and Skeptic magazine, www.skeptic.com)

Referencias

  1. Augustine, K. 2007a. “Near-Death Experiences with Hallucinatory Features.” Journal of Near-Death Studies, 26 (1), pp. 3–31.
  2. Augustine, K. 2007b. “Psychophysiological and Cultural Correlates Undermining a Survivalist Interpretation of Near-Death Experiences.” Journal of Near-Death Studies, 26 (2), pp. 89–125.
  3. Blanke, O. & Dieguez, S. 2009. “Leaving body and life behind: out-of-body and near-death experience.” In Laureys, S. The Neurology of Consciousness: Cognitive Neuroscience and Neuropathology. Amsterdam: Elsevier. pp. 303–325.
  4. Clancy, S. A. 2005. Abducted: how People Come to Believe They Were Kidnapped by Aliens. Cambridge/London: Harvard University Press.
  5. Crislip, M. 2008. “Near Death Experiences & the Medical Literature.” eSkeptic, www.skeptic.com/eskeptic/08-06-18.html
  6. French, C. C. 2001. “Dying to know the truth: visions of a dying brain, or false memories?” Lancet, 358, pp. 2010–2011.
  7. Nichols, S. 2007. “Imagination and Immortality: Thinking of Me.” Synthese, 159 (2), pp. 215–234.
  8. Ring, K. 2000. “Religious Wars in the NDE Movement: Some Personal Reflections on Michael Sabom’s Light & Death.” Journal of Near-Death Studies, 18 (4), pp.
  9. Sabom, M. 2000. “Response to Kenneth Ring’s “Religious Wars in the NDE Movement: Some Personal Reflections on Michael Sabom’s Light & Death. Journal of Near-Death Studies, 18 (4), pp.
  10. van Lommel, P., van Wees, R., Meyers, V., Elfferich, I. 2001. “Near-Death Experience in Survivors of Cardiac Arrest: A Prospective Study in the Netherlands.” Lancet, 358, pp. 2039–2045.

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