Ahuramazdah

El Weblog sin dogmas

El tiempo y la lógica ¿Cual es tu edad?

Posted by keithcoors_00 en 1 marzo, 2016

Cuando la edad enfría la sangre y los placeres son cosa del pasado, el recuerdo más querido sigue siendo el último, y nuestra evocación más dulce, la del primer beso. 

Lord Byron

 


La forma que tenemos los humanos para expresarnos mediante palabras a veces carece de lógica. El asunto de la edad para muchos hispanoparlantes es un buen ejemplo de esa falta de lógica, pero no lo es tanto para quienes tienen la lengua Inglesa como idioma nativo.

 

Cuando deseamos saber la edad de alguien o cuando deseamos expresar nuestra propia edad, es comun que en español digamos frases como estas:

 

¿Cuántos años tienes?
Tengo 35 años.

 

El punto es que si consideramos literalmente dichas expresiones podemos observar que carecen de lógica, y me explico. El concepto “años” se refiere a la medición del tiempo, contabilizando el número de vueltas que la Tierra da alrededor del sol, pero escencialmente se refiere a tiempo transcurrido (en particular, referido a edad) desde el momento en que alguien nace. Pero el tiempo no es un recurso que uno pueda conservar.

 

El tiempo, contrario a lo que se dice, no es como dinero. El dinero puede ser almacenado, conservado, poseído. Uno puede preguntar con toda propiedad lógica ¿Cuanto dinero tienes en tu cartera? y la respuesta puede ser cualquier número de unidades monetarias, y éstas serán perfectamente visibles, contables, apreciables. Por otro lado el tiempo es un recurso que no puede almacenarse de ninguna forma. Uno no puede atesorar “tiempo” de la misma forma que atesora “dinero”.

 

Cierto es que en la experiencia humana, el tiempo puede ser apreciado en términos de crecimiento biológico, en ganancia de experiencias, en deterioro fisiológico. Una amiga me decía que se puede calcular la edad de un hombre observando los medicamentos que tiene en su buró. Se puede decir que el tiempo dedicado al estudio y al trabajo honrado es tiempo bien invertido. Pero una cosa es el efecto del paso del tiempo y de la edad en los humanos y otra cosa es el tiempo mismo. El proceso de envejecimiento requiere de tiempo, pero no es equivalente a éste.

 

Reconociendo que la forma de hablar es la que presenta el problema de falta de lógica, uno se pregunta ¿es igual con otros idiomas, con otras culturas? Al paracer no es igual. En Ingles no se pregunta “how many years do you have?” para preguntar la edad pues es totalmente carente de sentido. Para preguntar la edad en forma equivalente en Inglés se pregunta (y se responde):

 

How old are you?
I am 35 years old.

 

Es decir, con más lógica, “¿Qué tan viejo eres?“. Y en efecto, esta pregunta tiene lógica pues comenzamos a envejecer desde el momento en que nacemos. Decir qué tan viejos somos expresando el número de años que llevamos vivos resulta más lógico. Pero para muchos hispanoparlantes la referecia a viejo, vieja o “vejez” en general resulta un tanto peyorativa. Se usa el término para describir más bien objetos como el viejo teléfono que engalana la entrada con su imagen. Quizás el “viejo” sólo viva de sus recuerdos, quizás de forma poética como lo dice Byron. Quizás por ello se evita el uso de este adjetivo. Una alternativa que evita el uso de este decriptivo pero que reúne el requisito lógico sería algo así como:

 

¿Cuál es tu edad?
Mi edad es 35 años.

 

Como este caso, en el idioma de Cervantes hay otros ejemplos de falta de lógica relacionados con la doble negación (inadmisibles en idiomas como el Inglés). En una entrada posterior analizaré estos casos. Por lo pronto la propuesta es cambiar el conjunto de pregunta y respuesta iniciales por esta última pareja. O bien quitarnos el estigma de la “vejez”.

 

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Conjunción Luna Júpiter, 23 de febrero 2016

Posted by keithcoors_00 en 23 febrero, 2016

Esta imagen tomada desde Cancún, Quitana Roo, México, muestra la conjunción entrre la Luna y Júpiter. (foto obtenida hoy 23 de febrero de 2016 a las 10:52 PM hora local)

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El médico de Charlie Sheen que cura con leche de cabra

Posted by keithcoors_00 en 3 febrero, 2016

Lo que más indigna al charlatán es alguien silencioso y digno.

Juan Ramón Jiménez

Desde eSkeptic

Por HARRIET HALL, M. D.

Traducción: K.C.

 


 

El 29 de enero de 2016, en la serie de HBO Tiempo real el presentador Bill Maher contó con la presencia de Samir Chachoua, un hombre que afirma haber descubierto una cura para el SIDA, cáncer y muchas otras enfermedades. Él no tiene licencia para ejercer la medicina en los EE.UU. así que opera en México, donde cobra muchos miles de dólares a visitantes ricos por sus tratamientos con vacunas no probadas. La mayor parte de lo que dice en el programa es inverificable, demostrablemente falsa, o francamente imposible. Por ejemplo afirma que descubrió la cura viendo que la gente en México tomaba leche bronca de cabra y gozaba de excelente salud.

 

El problema desde el principio es que Chachoua afirma haber curado Charlie Sheen del VIH, y sin embargo, admite que Charlie aún tiene VIH. ¿Por fin? Chachoua dice que Charlie estaba muriendo de encefalitis grave, era incontinente, no podía tolerar la luz del día, y tenía una insuficiencia hepática grave. Él afirma haber “arreglado” el hígado, eliminado todos los síntomas, y devuelto a Charlie una vibrante salud a las pocas horas del primer tratamiento. Afirma que “en cuestión de minutos” de iniciar su terapia, las pruebas hepáticas de Charlie resultaron en niveles normales. Eso simplemente no es una afirmación creíble, y ninguna prueba de este dicho está en el horizonte. El tejido dañado necesita tiempo para sanar. La recuperación de una enfermedad crónica requiere más que unas pocas horas.

 

Charlie Sheen también fue presentado en un episodio reciente del Dr. Oz. Allí se describe cómo Chachoua se inyecta a sí mismo con la sangre de Charlie. Curiosamente, sacó la sangre de algún tipo de bulto en el codo de Charlie más que de una vena. El Dr. Oz se horrorizó, como cualquier persona lo haría. No sólo había un riesgo de transmisión del VIH, sino que había un riesgo de reacción a la transfusión de sangre de tipo no coincidente que no había sido identificado y empatado. Si realmente se produjo el incidente, no era más que un truco teatral que demuestra el exceso de confianza de Chachoua y una evidente falta de juicio.

 

Sheen había estado tomando medicamentos antirretrovirales que habían reducido su carga viral a niveles indetectables. Al igual que con todos los pacientes con este tratamiento, esto no significa que el virus habría sido erradicado de todo su cuerpo. Cuando Sheen dejó de tomar los medicamentos, los niveles de VIH (concentraciones) permanecieron indetectables durante un tiempo, pero luego empezaron a subir, tal y como era de esperar.

 

Chachoua comenzó a tratar a Charlie durante el período indetectable y lo proclamó curado. Pero entonces los niveles de VIH de de Charlie comenzaron a subir de nuevo. Sheen se dio cuenta de que no se había curado y se fue de vuelta con sus medicamentos antirretrovirales en avión de vuelta a casa desde México.

 


 

Comentario.

 

Es una vergüenza que México albergue a este tipo de charlatanes. Yo conozco algunos que aquí en Cancún han convencido a gente adinerada de que pueden curarlo todo, por ejemplo con “medicina ayurvédica”. No hay restricciones para estos charlatanes y por desgracia muchos cuentan con el apoyo de gente en el gobierno.

 

 

Reprinted with permission from the copyright holder the Skeptics Society and Skeptic magazine, http://www.skeptic.com

 

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5 razones por las que debes seguir usando tu horno de microondas

Posted by keithcoors_00 en 1 febrero, 2016

La libertad de conciencia se entiende hoy día, no sólo como la libertad de creer lo que uno quiera, sino también de poder propagar esa creencia. 


Jonathan Swift.

 



Hace algunas semanas ví publicado en el muro de Facebook de una amiga un enlace que publicita las 5 razones por las que une debería tirar su horno de microondas a la basura. Se puede ver una copia fiel del sitio original tipo captura de pantalla en el repositorio de documentos de ahuramazdah (https://documentosdeahuramazdah.wordpress.com/2016/02/01/5-razones-para-desechar-tu-microondas/).

 

El contenido del sitio es una colección de argumentos que no podría categorizar como “razones” sino más bien “sinrazones” en el mejor de los casos, y en el peor, mentiras flagrantes orientadas a fomentar la ignorancia de la gente. Hice un análisis de cada una de sus “razones” y pienso que revisarlas en este espacio podrá crear un contrapeso ante la campaña de odio a todo lo que huela a tecnología o ciencia promovida por sitios como el analizado.

 

Introducción. Se inicia la diatriba con una serie de tres preguntas que suponen al menos dos hechos supuestamente incuestionables, que el uso de este tipo de hornos perjudica a la salud y que la URSS prohibió el su uso en 1976:


  1. ¿Es posible que millones de personas sacrifiquen su salud a cambio de la convencionalidad del microondas? 
  2. ¿Por qué la Unión Soviética ha vetado el uso del microondas desde el año 1976? 
  3. ¿Cómo funcionan los microondas?

 

Contestaré en primer lugar la tercera pregunta pues la respuesta sería fundamental para establecer lo que el sitio supone como verdad absoluta, y trataré de hacerlo de forma simple. Los hornos de microondas funcionan aprovechando el fenómeno de absorción de ondas electromagnéticas. En pocas palabras el horno calienta el agua, las grasas y otras substancias contenidas en alimentos mediante ondas de radio de alta frecuencia. El efecto de la absorción es que las moléculas se agitan aumentando su temperatura. Cabe hacer notar que el calentamiento de alimentos mediante el uso de sartenes y ollas tiene el mismo efecto que las microondas pero mediante conducción de calor por contacto. En pocas palabras, si las moléculas de los alimentos se agitan, acabarán elevando su temperatura. Una excelente explicación del funcionamiento de estos implementos, pero cun poco más técnica, se puede consultar aquí: http://www.inin.gob.mx/publicaciones/documentospdf/COMO%20FUNCIONA.pdf

 

La respuesta a la primera pregunta es simple: No hay efectos dañinos en los seres humanos por calentar los alimentos en estos hornos y luego consumirlos. Sería muy estúpido suponer que el calentamiento de los alimentos nos daña. Los humanos llevamos decenas de miles de años calentando nuestros alimentos; si calentarlos nos dañase la humanidad se hubiese extinguido hace mucho, así que nadie está “sacrificando” su salud por calentar los alimentos con microondas.

 

La respuesta a la segunda pregunta aún es más simple. La supuesta prohibición de los hornos de microondas en la extinta URSS es un mito. Testimonios de primera mano desmienten esta falacia.

 

Las “razones”. A continuación haré un resumen da cada uno de estos argumentos y los responderé puntualmente.

 

1. Los hornos de microondas nunca fueron investigados a fondo antes de su aprobación en los Estados Unidos. Adicionalmente su uso fue causa de cáncer en soldados alemanes durante la segunda guerra mundial.

 

Actualmente los hornos de microondas cuentan con la aprobación de la FDA (U.S. Food and Drug Administration), órgano regulador de los EE.UU. en estos menesteres. Podemos suponer que en sus inicios comerciales (allá por la década de 1950), esta tecnología no fue lo suficientemente investigada, pero actualmente eso no es razón para deshechar tu horno. Lo de los soldados alemanes de la segunda guerra mundial es muy difícil de creer, ya que la tecnología no estaba disponible en ese entonces. La primera vez que el público pudo utilizar esta tecnología fue en enero de 1947, más de un año después de haber terminado la segunda guerra mundial. Por lo tanto, el hecho de que los hornos de microondas cuenten con la aprobación de la FDA constituye la primera razon por la que debes seguir usándolos para calentar tus alimentos en forma segura.

 

2. Los microondas destruyen el valor nutritivo de los alimentos. Esto es debido a que desintegran y cambian la estructura molecular de los alimentos por el proceso de radiación.

 

Bueno, cualquier alimento al calentarse por cualquier método pierde algo de sus nutrientes, pero las ondas de radio son incapaces de “desintegrar” o “cambiar” la estructura molecular de nada, y esto se debe a que las microondas no son radiación ionizante. Su energía sólo es absorbida por la materia en forma de calor. Al no tener la capacidad de ionización, es imposible que las microondas cambien la estructura molecular de la materia. Más bien ayudan a mantener los nutrientes en los alimentos debido al corto tiempo de cocinado. Por lo tanto, puedes estar seguro de que al utilizar tu horno de microondas tus alimentos no perderán sus estructuras moleculares, y a lo mucho se deshidratarán.


3. Las microondas crean compuestos cancerígenos en los alimentos.

 

Deberían ponerse de acuerdo los autores de esta nota, pues segun ellos las microondas destruyen y también crean. Una vez más hay que recordar que los métodos tradicionales de preparación de alimentos incluyen el calentamiento de ollas y sartenes de diversos materiales, sometidos a la flama de algún tipo de combustible. Esto favorece la formación de depósitos de carbón y alquitrán que en sí mismos son cancerígenos. Pero a los autores de esta nota no se les ocurrió verificar este hecho. Sin embargo son tan pequeñas las cantidades producidas que el organismo humano generalmente se recupera del posible daño. Estas substancias NO son producidas por los hornos de microondas, pues no hay gases quemándose cerca de los alimentos. Por esta razón es más seguro cocinar con microondas que con la flama de algún combustible y el uso de ollas.


4. Las microondas proporcionan una exposición diaria innecesaria a la radiación.

 

Las microondas no salen del horno, se quedan allí. Además, tendenciosamente los autores no mencionan que las microondas son radiación NO-IONIZANTE. Todos los humanos estamos expuestos a este tipo de radiación no ionizante debido a las telecomunicaciones. Prácticamente vivimos inmersos en un mar de ondas de radio. Y si bien es cierto que no debemos meternos a un horno de microondas, esto se debe a la misma razón por la que no debemos meternos a un horno de pizzas convencional, so pena de salir con quemaduras graves.

 

Fuera del horno no hay riesgo de quemaduras o “irradiación” porque las ondas electromagnéticas generadas difícilmente salen del recinto diseñado para calentar. Esto se debe a que la caja del horno funciona como una jaula de Faraday, anulando en el exterior el campo eléctrico generado en su interior. Incluso se puede ver a través del vidrio de la compuerta una especie de malla fina que cumple con este propósito aislante. La única precaución que se debe tener para evitar fugas es conectar el horno a un contacto aterrizado. Por esta razón, usar un horno de microondas es más eficiente que calentar tus alimentos en una hornilla, ya que el calor en la hornilla se disipa en muchas direcciones mientras que la energía de las microondas se mantiene dentro del recinto.

 

5. Las microondas pueden crear problemas de salud severos. El aumento increíble de la obesidad puede estar vinculado a la adopción masiva de las microondas. Gracias al microondas, se ha hecho extremadamente fácil y cómodo de comer alimentos procesados.

 

Igualmente que cocines en un horno de microondas o en una estufa convencional, el abuso en el consumo de alimentos “procesados” depende de muchos factores más importantes. La comida chatarra está ahí, lista para ser ingerida, sólo necesitas tener el antojo y ¡voilá!. Engordarás no por culpa del horno de microondas sino debido a tus hábitos de alimentación y ejercicio.

 

Pero si calientas tu desayuno con el horno de microondas, estará listo en menos tiempo, por lo que podrás aprovechar el tiempo sobrante para hacer más ejercicio del que ya haces en la mañana. Por esta razón usar tu horno de microondas te puede dar más oportunidades de ejercitarte y bajar de peso.

 

Conclusión.

 

Contra argumentando estas 5 “razones” con hechos y no con fantasías (como la de los soldados alemanes con cáncer y la destrucción de moléculas) se puede llegar a tener 5 razones (verdaderamente razonadas) para seguir usando nuestro bienamado horno de microondas:

 

  1. Los hornos de microondas son seguros y cuentan con el aval de la FDA.
  2. Los alimentos calentados en los hornos de microondas mantienen más nutrientes.
  3. Al cocinar con un horno de microondas evitas la formación de alquitrán y otros cancerígenos.
  4. Gastas menos energía al calentar tus alimentos en un horno de microondas porque son más eficientes.
  5. Puedes bajar de peso al tener más tiempo para ejercitarte, ya que es más rápido cocinar con el horno de microondas.

 

 

 

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Mito científico 5: La población humana está creciendo exponencialmente

Posted by keithcoors_00 en 13 enero, 2016

La respuesta a cualquiera que hable de exceso de población es preguntarle si él mismo es parte de ese exceso de población, o si no lo es, cómo sabe que no lo es.

Gilbert Keith Chesterton

Desde Nature

Por: Megan Scudellari

Traducción: KC


 

Los temores sobre la superpoblación se iniciaron con el reverendo Thomas Malthus en 1798, quien predijo que el crecimiento exponencial no controlado de la población llevaría a la hambruna y la pobreza.

 

Pero la población humana y no ha crecido y no está creciendo en forma exponencial y es improbable que lo haga, dice Joel Cohen, un investigador de poblaciones de la Universidad Rockefeller en Nueva York. La población mundial está creciendo en apenas la mitad de la tasa que era antes de 1965. En la actualidad se estima que hay 7.3 mil millones de personas, y se prevé que llegue a 9.7 mil millones para el año 2050. Aún así, la creencia de que el aumento en la tasa de la población desencadenará algún tipo de escenario apocalíptico, ha sido perpetuada. El afamado físico Albert Bartlett, por ejemplo, ha dado más de 1,742 lecturas sobre crecimiento exponencial de la población humana y sus espantosas consecuencias a partir de 1969.

 

La población mundial también tiene suficiente para comer. De acuerdo con la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas, la tasa de producción de alimentos en general supera el crecimiento de la población. La gente cultiva cereales con suficientes calorías para alimentar entre 10 mil y 12 mil millones de personas. Sin embargo, el hambre y la malnutrición persisten en todo el mundo. Esto se debe a que alrededor del 55% del cultivo de alimentos se divide entre alimentación para ganado, fabricación de combustible y otras materias o se desperdicia, dice Cohen. Y lo que queda no se distribuye de manera uniforme – los ricos tienen un montón, los pobres tienen poco. Del mismo modo, el agua no es escasa a nivel global, pero mil docientos millones de personas viven en áreas donde sí lo es.

 

“La superpoblación no es realmente superpoblación. Es una cuastión de pobreza”, dice Nicholas Eberstadt, demógrafo en el American Enterprise Institute, un centro conservador de inteligencia con sede en Washington DC. Sin embargo, en lugar de examinar por qué existe la pobreza y cómo apoyar de manera sostenible a una población creciente, dice, los científicos sociales y biólogos hablan más allá de ellos mísmos, debatiendo las definiciones y las causas de la sobrepoblación.

 

Cohen añade que “aunque la gente que sabe de estos hechos, los utiliza como una excusa para no poner atención en los problemas que tenemos ahora”, apuntando hacia el ejemplo de los sistemas económicos que favorecen a los ricos.

 

Al igual que otros entrevistados para este artículo, Cohen es menos optimista sobre las posibilidades de disipar la idea de la superpoblación y otros mitos ubicuos, pero está de acuerdo en que vale la pena tratar de evitar conceptos erróneos en el futuro. Muchos mitos han surgido cuando un investigador extrapoló más allá de las conclusiones estrechas en los trabajos de otros, como fue el caso de los radicales libres. Esa “interpretación reptante”, como Spitzer la llama, puede dar lugar a ideas erróneas que son difíciles de extirpar. Para prevenir eso, “podemos asegurarnos de que una extrapolación esté plenamente justificada, y que no iremos más allá de los datos”, sugiere Spitzer. Más allá de eso, todo se reduce a la comunicación, dice Howard-Jones. Los científicos tienen que ser eficaces en comunicar ideas y alejarse de mensajes sencillos y condensados.

 

 

 

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