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Percepción decepcionante

Posted by keithcoors_00 en 6 noviembre, 2015

Ningún crítico es más capaz que yo de percibir claramente la desproporción que existe entre los problemas y la solución que les aporto. 

Sigmund Freud

 

Desde Scientific American y Skeptic

Por: Michael Shermer

Traducción: KC



¿Percibimos la realidad tal como es?

Uno de los problemas más profundos de la epistemología es cómo conocer la naturaleza de la realidad. A través de los milenios los filósofos han ofrecido muchas teorías, desde el solipsismo (se sabe que sólo la mente de uno mismo existe) a la teoría de que la selección natural esculpió nuestros sentidos para darnos un modelo preciso o verdídico del mundo. Ahora una nueva teoría del científico cognitivo Donald Hoffman, de la Universidad de California en Irvine, está atrayendo la atención. (Busca en Google y en TED sus trabajos académicos y hallará más de 1.4 millones de visitas.) Basada en la psicología evolutiva, se le llama la Teoría de interfaz de la Percepción (ITP por sus siglas en inglés) y sostiene que las percepciones actúan como una interfaz de usuario específico de la especie, que dirige el comportamiento hacia la supervivencia y reproducción, mas no hacia la verdad.

 

La analogía de la computadora de Hoffman es que el espacio físico es como el escritorio y que los objetos en el espacio son como los iconos del escritorio, que son producidos por la interfaz gráfica de usuario (GUI). Nuestros sentidos, dice, forman una interfaz de usuario biológica (una pegajosa GUI) entre nuestro cerebro y el resto del mundo, la transduciendo los estímulos físicos, como los fotones de luz, en impulsos neuronales procesadas por la corteza visual como cosas en el medio ambiente. Las GUIs son útiles porque no necesitas saber lo que está ni dentro de los ordenadores ni dentro del cerebro. Usted sólo tiene que saber cómo interactuar con la interfaz lo suficientemente bien como para llevar a cabo su tarea. Lo importante es la función adaptativa y no la percepción verídica.

 

El holotipo de Hoffman es como el escarabajo-joya australiano Julodimorpha bakewelli. Las hembras de esta especie son grandes, brillantes, de color marrón y con hoyuelos. Así, también, son las botellas de cerveza (ver imagen de entrada), y los machos las montan hasta que mueren por el calor, el hambre o las hormigas. La especie estaba al borde de la extinción debido a que sus sentidos y el cerebro han sido diseñados por la selección natural para no percibir la realidad (que es una botella de cerveza ¡idiota!) sino para aparearse con cualquier cosa grande, marrón, brillante, y con hoyuelos.

 

Para probar su teoría, Hoffman corrió miles de simulaciones de evolución por ordenador en las que los organismos digitales cuyos sistemas de percepción estaban sintonizados exclusivamente hacia la verdad se vieron opacados por aquellos sintonizados con el único objetivo de la adaptación. Debido a que la selección natural sólo depende de la adaptación esperada, la evolución formó nuestros sistemas sensoriales hacia un comportamiento más orientado ahacia la adaptación, y no hacia la representación veraz.

 

La ITP es digna de consideración y pruebas serias, pero tengo mis dudas. En primer lugar, ¿cómo podría una percepción más exacta de la realidad no ser adaptativa? La respuesta de Hoffman es que la evolución nos dio una interfaz para ocultar la realidad subyacente, ya que, por ejemplo, usted no necesita saber cómo las neuronas crean imágenes de serpientes; sólo tiene que saltar fuera del camino ante la presencia de la imagen de la serpiente. Pero, ¿cómo es que la imagen llega a parecerse a una serpiente en primer lugar? Por la selección natural. ¿Y por qué algunas serpientes no venenosas evolucionan para imitar especies venenosas? Debido a que los depredadores evitar serpientes venenosas reales. El mimetismo funciona sólo si hay una realidad objetiva a imitar.

 

Hoffman ha afirmado que “una roca es un icono de la interfaz, no es un constituyente de la realidad objetiva.” Pero una roca verdadera acoplada a una punta de flecha y arrojada hacia una comida de cuatro patas funciona incluso si usted no sabe de física o de cálculo ¿No es esa percepción verídica con significado adaptativo?

 

En cuanto a los escarabajos-joya, las botellas de cerveza son lo que los etólogos llaman estímulos supernormales, que imitan objetos a los que los organismos evolucionados responden y obtienen una respuesta más fuerte al hacerlo, como por ejemplo (para algunas personas) implantes mamarios de silicona en las mujeres y físico culturismo con testosterona artificial en los hombres. Los estímulos supernormales operan sólo porque la evolución nos ha diseñado para responder a estímulos normales, que deben ser retratados con precisión por nuestros sentidos y enviados a trabajar en nuestro cerebro.

 

Hoffman dice que la percepción es específica de la especie y que debemos tomar en serio a los depredadores, pero no literalmente. Sí, el icono de un delfín confundido con “tiburón” sin duda se ve diferente a un ser humano, pero en realidad hay tiburones, y realmente tienen poderosas colas en un extremo y una boca llena de dientes en el otro, y eso es cierto sin importar cómo funciona tu sistema sensorial.

 

Además, las simulaciones por ordenador son útiles para modelar cómo la evolución pudo haber sucedido, pero una prueba real de ITP sería determinar si la mayoría de las interfaces sensoriales biológicas crean iconos que se asemejan a la realidad o la distorsionan. Estoy apostando a la realidad. Los datos lo dirán.

 

Por último, ¿por qué presentar este problema como una elección entre la adaptación y la verdad? Las adaptaciones dependen en gran parte de un modelo relativamente exacto de la realidad. El hecho de que la ciencia progrese hacia, por ejemplo, la erradicación de las enfermedades y el aterrizaje de naves espaciales en Marte debe significar que nuestras percepciones de la realidad están creciendo cada vez más hacia la verdad, aunque sea con una minúscula “v”.

 
 

 

(Reprinted with permission from the copyright holder the Skeptics Society and Skeptic magazine, www.skeptic.com)

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Prejuicios y creencias: Tablas falsas de salvación y como evitarlas

Posted by keithcoors_00 en 31 marzo, 2014

¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.

Albert Einstein

 

En otras entradas me he referido a estas dos formas que usa la gente como tablas de salvación ante la incertidumbre, pero no había escrito sobre ellas en particular. Así que sin más preámbulos, venga la diversión:

 

Incertidumbre, la raíz del desasosiego.

 

No cabe duda que una de las metas de los seres humanos es reducir la incertidumbre en sus vidas (o en nuestras vidas, para que no se me confunda con un no-humano, jajajaja). Bromas aparte, uno debe ser consciente de que, en la mayoría de los casos, las seguridades de la vida disminuyen con la edad, y me explico. El desarrollo normal de los humanos, desde el nacimiento, es estar protegidos por sus progenitores. La protección se extiende a veces más allá del límite de la mayoría de edad, e incluye cuidados, alimentación, protección, vivienda, ropa y calzado, etc. En muy pocos casos un niño de 2 años se preguntará ¿Qué haré para alimentarme hoy? ¿Qué ropa y calzado me pondré hoy? ¿A que hora debo levantarme mañana? Sin embargo, a medida que el pequeño avanza en edad, esas preguntas comienzan a cobrar importancia. En otras palabras, la certeza de una vida llena de cuidados, seguridades y protección se convierte poco a poco en una vida en donde la incertidumbre crece.

 

En muchos casos, para no incrementar las incertidumbres de los críos, los padres inician el proceso de adoctrinamiento en creencias y prejuicios, sin ser conscientes de que lo único que logran es alargar el proceso de maduración de su crío. ¿Cómo lo hacen? Si la familia en cuestión profesa alguna religión (como el 92.6% de la población mexicana, según el censo de 2010), el proceso inicia con frases como “No te preocupes por eso y rézale a (ponga aquí al dios, santo o virgen de su preferencia) para que no te falte nada”. Otras familias además incrementan el nivel de prejuicio al fomentar las reuniones en torno a la TV para ver los canales de Televisa o de TV Azteca, en vez de fomentar círculos de lectura y convivencia más personalizada. Otras familias fomentan el prejuicio de que las matemáticas (y por añadidura la física, la química o la biología) son materias difíciles y que si los chamacos no las aprenden es porque o bien son “cosas inútiles que nadie usa” o bien que “los maestros no enseñan bien”. Por mencionar otros prejuicios están los del origen de nacimiento (“mata un chilango y haz patria”) y el estatus económico (“ya porque nació en pesebre presume de niño dios”). Otros prejuicios no tan claros son los que se refieren a el estilo en el que los mexicanos abusamos de nuestros hermanos mexicanos y así fomentamos el culto al latrocinio (“No le pido a Dios que me de sino que me ponga donde hay”, “ladrón que roba ladrón, tiene cien años de perdón”, “¡Atáscate ahora que hay lodo!”). Estos dichos populares pueden consultarse en http://arevalho.20m.com/refranes.htm.

 

Así, el uso de estos prejuicios y creencias ahorran al mexicano en ciernes la horrible y tediosa tarea de pensar por sí mismo, de aprender de las experiencias propias y de las ajenas, de permitirse la oportunidad de tener errores y de enmendarlos. Finalmente tanto los prejuicios como las creencias están libres de todo cuestionamiento. Están ahí para ser usados sin hacer preguntas. Sabiduría instantánea, según sus adeptos. Curación contra la incertidumbre, según otros. Principio de causalidad, según algunos filósofos. En este último punto de vista vemos que todo lo que sucede en este universo (incluyendo nuestra vida) debe tener una o varias causas.

 

El determinismo, principio y fin

 

Cuando la gente piensa de manera inequívoca que “todo pasa por una causa”, entonces quizá cualquier causa pueda ser buena para lo que observamos todos los días. Este pensamiento es la base del Determinismo, una corriente filosófica (y después científica) que pretendía brindar certeza al aparente caos que reina en este universo. Así dice la Wikipedia sobre esta corriente:

 

Todo suceso, todo acaecer, está determinado causalmente: todo sucede según una razón o causa suficiente. Esta es la formulación determinista que se expresa por medio del principio de razón suficiente, la expresión más general del principio de causalidad. La causa representa, en el proceso universal del cambio, el momento anterior en el tiempo; el efecto es la secuencia inmediata posterior que acusa todas las propiedades contenidas en la causa: causa aequat effectum (la causa es equivalente al efecto). Debido a esta proporcionalidad existente entre causa y efecto, se cree posible la deducción o la inferencia de un polo de esta ecuación al otro.

 

En pocas palabras si nos tropezamos en la calle con un objeto, ese hecho es el efecto de una causa anterior. En efecto, que estemos caminando y no flotando en el aire es una causa. La existencia de un obstáculo, que lo hayamos pasado inadvertido y que precisamente se haya interpuesto en la trayectoria de alguno de nuestros pies constituyen causas plausibles para el tropiezo. Pero mucha gente no se conforma con esas explicaciones y va más allá. Desean ver en el fenómeno el resultado de una fuerza invisible (quizás el llamado “mal de ojo”) con intención desconocida. La gente está tan acostumbrada a no pensar, que de inmediato recurre al prejuicio o a la creencia, al estilo de “algo más que una serie de causas fortuitas”. Es decir, pensamos que hay una intención subyacente. Así los antiguos pensaban que sismos, huracanes, inundaciones y otros fenómenos destructivos se debían al actuar de fuerzas invisibles, como dioses, demonios o simplemente “los astros” (de esta última causa se deriva la palabra “desastre” para llamar en forma genérica a estos fenómenos destructivos, literalmente “mala estrella”). Sin temor a equivocarme demasiado, puedo afirmar que la ignorancia fomenta el uso de explicaciones improbables cuando se trata de entender fenómenos poco probables.

 

El triunfo de la ciencia para explicar las causas y efectos de algunos fenómenos, en especial después de Newton y su exitosa Ley de Gravitación Universal, trajo el determinismo a los terrenos de la ciencia. Se llegó a pensar que conocidas las condiciones iniciales de cualquier partícula era posible deducir sus posiciones futuras, mediante el uso de esas leyes físicas. En pocas palabras, determinar el futuro del universo (incluyendo nuestro propio futuro humano). Suena simple, pero no lo es tanto. Y no lo es, porque hay muchas partículas en el universo. Y todas interactúan de formas diferentes: mediante la gravedad cuando tienen masa, mediante el electromagnetismo cuando tienen carga, y mediante las fuerzas nucleares fuerte y débil. Y si a esta complicación añadimos que cuando las partículas son muy pequeñas se comportan de manera extraña y se ven afectadas por la manera en que se les observa, el panorama se torna aún más complejo. Para ello necesitamos una explicación que va más allá de la gravitación de Newton. Necesitamos la Relatividad y la Física Cuántica, y quizás la Teoría del Caos.

 

Así que ni siquiera mediante la ciencia podemos hacer una eliminación total de la incertidumbre. En el mismo corazón de la física cuántica, en el reino de lo muy pequeño, reina el así llamado Principio de Incertidumbre de Hesienberg, que indica en breves palabras que hay un límite en la precisión con la cual podemos determinar al mismo tiempo la posición y el momento (masa por velocidad) de una partícula. Aún en el terreno macroscópico, el entendimiento del universo tiene como límite la precisión de los instrumentos con los que medimos los fenómenos. Este principio es la lápida con la que se enterró el determinismo científico. La gran ventaja es que con anticipación podemos conocer la cota máxima de dicha incertidumbre. Podemos hacer predicciones tomando en cuanta su valor, y vivir perfectamente con ella.

 

Vivir con incertidumbre.

 

¿Es posible entonces vivir en un mundo lleno de incertidumbres? ¿Acaso es posible llevar una vida normal y satisfactoria sin tablas de salvación que nos ofrezcan certeza absoluta sobre el universo? De hecho así es. Las creencias y los prejuicios sólo disfrazan la realidad. Como es fácil deducir, todos los procesos del universo contienen un cierto nivel de incertidumbre ¿por qué la vida humana debería apartarse de este hecho? La vida de todos los seres en esta Tierra está sujeta a los mismos principios y fenómenos que la nuestra. La inmensa mayoría de las especies vive y se adapta a la incertidumbre reinante. Unos seres mueren para que otros puedan vivir, en una cadena interminable de ciclos de vida-muerte, imposible de modificar por el momento. ¿Cuales mueren y cuales sobreviven? De acuerdo con la Teoría de la Evolución de Darwin, sobrevive el más apto, el más fuerte; y yo añado: el que mejor resuelve la incertidumbre de su entorno en su beneficio.

 

¿Y cómo chingados hacemos para resolver la pinche incertidumbre en nuestras putas vidas, oh gran profeta de las ubicuas inexactitudes? Esta pregunta (con algunas variantes menos majaderas, y otras aún más) la he escuchado varias veces en mi vida. He pensado mucho al respecto, y escribo a continuación algunas de mis sugerencias para realizar tal proeza, sin salir despeinado después del intento.

 

  1. Determina la peor exactitud de tu pronóstico. Esto significa que con anticipación podemos decir que la incertidumbre máxima en el resultado de un proceso es de 50%. Para entender esto uno debe conocer un poco de matemáticas. Por eso es importante abandonar el prejuicio sobre el aprendizaje de las matemáticas que mencioné al inicio. Así que cuando uno desea predecir el resultado de una serie de sucesos, al menos puede estar seguro que en el peor de los casos la incertidumbre es del 50%. Si uno se esfuerza puede reducir esa incertidumbre mediante un rápido análisis estadístico (cuántas de cuántas veces he fallado en esto). Y más aún si uno procura influir en el resultado. Ya lo dice el dicho “no hay peor lucha que la que no se hace”. Esfuérzate por influir en el resultado a tu favor.
  2. Determina la precisión de tu instrumento de medición. Si estás acostumbrado a llegar tarde a tus citas con márgenes de entre 10 y 30 minutos, tu instrumento de medición del tiempo de seguro tiene un sesgo y carece de divisiones más precisas. Uno debe llegar con exactitud y puntualidad a sus citas. Observa que tu reloj al menos marca segundos. Si quedaste de llegar a las 9:00 h. y llegas a las 9:00:01 (es decir, un segundo después de las 9 en punto), llegaste tarde. Pero llegarás más tarde aún si sólo lees los minutos, o las horas en tu reloj.
  3. Calcula los márgenes de error. Cumplir con lo pactado implica compromiso y planificación. Cuando planeas un resultado, debes considerar que algunos procesos pueden tener errores o fallas, especialmente en aquellos de los cuales no tienes control. Durante la planificación considera que esas fallas se van a presentar, para prevenir su resultado y anticiparte a su posible aparición. 
  4. Prepárate lo mejor posible. Planea tus acciones, revisa tu entorno y tus fortalezas, aprende las reglas y cúmplelas. Estudia y entrena. Repite muchas veces aquellos procesos que se te dificultan. Pero si no lo puedes hacer, enfrenta el hecho de que la incertidumbre en tu resultado puede ser mayor de lo que consideraste inicialmente.
  5. No culpes a los demás por tus malos resultados. Mejor revisa qué hiciste mal y mejora para la la siguiente. Y si ya no hay siguiente, pues cambia de giro, de carrera, de trabajo, de pareja, y vuelve a empezar.
  6. Piensa que puedes sobrevivir a cualquier situación. Con excepción de la muerte, uno puede sobrevivir a casi cualquier situación que se presente en nuestras vidas. Pero uno debe estar convencido de ser capaz de encontrar una solución. Si alguien piensa que diosito nos va a sacar de todos los problemas, quizás deba cambiar de modo de pensar. Es mejor pensar que uno puede resolver los problemas, tarde o temprano, fácilmente o con dificultades.
  7. No esperes mucha ayuda externa. Si estás leyendo esto es que ya dejaste de ser un bebé que necesita el constante apoyo vital de tus padres. Pero si trabajas en equipo y el resultado de tu trabajo depende de lo que todos hagan, mejor crea condiciones favorables para ello y no te encabrones con tus compañeros de equipo por cualquier causa. Ni abuses de ellos. Ni esperes que te salven si te tropiezas.
  8. Pero si necesitas ayuda, pídela con claridad, sin engaños, sin manipulación emocional o de otra índole. Sé claro cuando solicites algo. No te quejes, transforma tus quejas en peticiones. Los quejumbrosos son una molestia. Los pedinches también, pero es más fácil entender lo que quieren de ti.
  9. No te declares incompetente sin antes intentarlo. Cierto. Uno es su propio enemigo. “No puedo”, “Soy malo en (ponga aquí la materia que se le dificulte)”, “No entiendo sobre (ponga aquí la materia que se le dificulte)”. Estas son frases típicas que solemos decir cuando algo se nos dificulta. Es mejor pensar que en un proceso determinado algo se nos dificulta. Las dificultades las podemos resolver. Los absolutos (no soy, no puedo, soy malo) no.
  10. Si ya hiciste lo mejor que pudiste, espera lo mejor. Pero sé honesto a la hora de hacer lo mejor que puedas. No te engañes a ti mismo con prejuicios o creencias inútiles. 

 

Me salió un decálogo. Pero nada que ver con el de Moisés, o como se llame. Finalmente en el peor de los casos, ante la incertidumbre o desconocimiento del estado de un proceso, puedes considerar que el proceso se encuentra en dos estados mutuamente excluyentes. Al estilo del Gato de Schrödinger que ilustra la entrada. Puede estar vivo y muerto al mismo tiempo mientras no abramos la caja en la que se encuentra. Pero saber que puede tener esos dos resultados al abrirla puede ayudarte a planificar qué hacer si está vivo, o si está muerto.

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La realidad detrás de ParaNorman

Posted by keithcoors_00 en 19 agosto, 2012

La televisión destruye sistemáticamente la diferencia entre lo normal y lo anormal, porque en sus parámetros lo normal carece en sí de interés suficiente y siempre habrá entonces que enfrentarlo a una alternativa. Su criterio no es la difusión de los valores y los principios sino el provocar el mayor impacto.


Robert Spaemann




Recientemente llevé a mi hija de 9 años al cine a ver la película de dibujos animados ParaNorman. Ella la disfrutó y se rió mucho, aunque hubo momentos en que se acurrucó entre mis brazos con algo de temor. Es decir, la película cumplió su objetevo de divertir y espantar a los chicos de la sala de proyecciones, eso creo.


Incluso la historia y los “gags” me hicieron reír a ratos. Para quienes no la han visto y no piensan verla en el corto plazo, la historia trata sobre un chico, Norman Babcock, quien es capaz de ver fantasmas y hasta comunicarse con ellos. El título hace referencia al nombre del protagonista y lo relaciona con la palabra “Paranormal“, que significa o se refiere a las experiencias más allá de lo normal o de las explicaciones científicas, como eso de ver y hablar con fantasmas. En el desarrollo de la trama, Norman se ve envuelto en una serie de eventos que pueden afectar a toda la gente de Blithe Hollow, su pueblo natal. Se trata de la ancestral maldición de una bruja. Durante el ensayo de una obra de teatro que conmemora la ejecución de las brujas de la ciudad hace 300 años, Norman tiene una visión terrible del pasado de la ciudad y se ve a sí mismo perseguido como una bruja por habitantes de su pueblo.


Bien, pues toda la parafernalia que rodea a esta cinta es cuando mucho divertida, pero poco que pueda apegarse a la realidad. Y como se ha dicho en repetidas ocasiones en este espacio, de existir otra realidad paralela a la que vivimos (como para que pudiesen existir fantasmas, espíritus chocarreros, poltergeists y otros seres fantásticos y además que alguien pueda comunicarse con ellos), tendría que obedecer a las leyes del universo que alberga esa realidad. Como aún no se puede probar la existencia de esta “realidad paralela”, porque de acuerdo con sus proponentes violaría todas las leyes conocidas de este universo, lo más seguro es que lo así llamado paranormal sólo esté en el terreno de la fantasía.


Pero no todo en ParaNorman es Paranormal. Lo que con mucha tristeza es cierto (al menos como un relato basado en hechos reales), es que en una época de la humanidad era posible asesinar a ciertas personas si se les consideraba practicantes de brujería, hechicería, magia, o cualquier cosa que atentara contra las creencias religiosas cirstianas de la época. Uno se entera durante la trama que Agatha, la malvada bruja que trata de vengarse de sus acusadores mediante terrorífica maldición, resulta ser una pequeña niña, quien 300 años antes murió en forma trágica por la ignorancia, la intolerancia y el miedo de los pobladores de ese lugar.


Y eso, mis estimados lectores, el hecho de que la humanidad haya sido capaz de asesinar incluso a menores de edad por haber sido declarados culpables de brujería, eso es verdaderamente terrorífico. Las historias que nos narran la maldad de las brujas quemadas en la hoguera no son más que distorsiones maniqueas sobre hechos deleznables y vergonzantes que estuvieron soportados por la más cruel intolerancia religiosa, la más oscura ceguera científica y la más terrorífica falta de humanismo. Como escribió Carl Sagan en “El mundo y sus Demonios”:


Desde luego, la brujería no era la única ofensa merecedora de tortura y quema en la hoguera. La herejía era un delito más grave todavía. Y tanto católicos como protestantes la castigaban sin piedad.


Nos menciona el inigualable Sagan que “En la última ejecución judicial de brujas en Inglaterra se colgó a una mujer y a su hija de (sólo) nueve años”. Su crimen había sido provocar una tormenta por haberse quitado las medias. No puedo concebir un terror mayor que el que pudo haber sentido la chiquilla de la edad de mi hija al ser señalada, acusada y condenada por un delito que jamás pudo haber cometido. En este universo, quitarse las medias jamás podría provocar una tormenta. Las mayores injusticias de la humanidad han sido cometidas en nombre de dios y auspiciadas por la ignorancia.


Al terminar la película aproveché el momentum para hablar con mi hija sobre este tema, y aunque ella ya es consciente que lo que se proyecta en la sala es sólo ficción, me pareció oportuno mencionarle que la tragedia de Agatha pudo haber sido real. Y que sin importar que vivamos en el siglo XXI, eso puede pasar de nuevo si dejamos que la intolerancia aunada con la ignorancia se apodere de nuestras sociedades.


Después de todo, es nuestra labor como padres comunicar esas realidades a nuestros críos. Las realidades oscuras de una sociedad que gracias a la ignorancia puede volverse contra la infancia… Pero sobre todo, estamos mucho más que obligados a comunicarles la forma de exorcizar la ignorancia. Ya lee a Sagan.


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Modelos de la Realidad parte 2. Creer y modelar la realidad

Posted by keithcoors_00 en 21 agosto, 2011

Hay quién porque golpea la pared con un martillo se cree clavar clavos.



Finalmente las personas tenemos la opción de creer en cualquier cosa, por estúpida que sea. El problema consiste en saber ¿por qué nuestra mente es capaz de creer en estupideces que están demasiado alejadas de la realidad? O dicho de otra forma ¿Por qué nuestra mente es capaz de adoptar como reales ideas tan fantásticas o imposibles de corroborar?


Vamos por partes. Hemos dicho en esta serie de entradas que es posible modelar la realidad para entenderla y para que se puedan hacer predicciones sobre ella. La ciencia (en especial la física, la química y otras relacionadas) son inigualables en esta tarea de predecir la realidad. Pero los humanos no sólo nos conformamos con buenas predicciones de la realidad física; queremos más. Normalmente queremos saber con antelación sobre sistemas harto complejos, al estilo de sistemas humanos y sociales (¿A que edad tendré mi primer hijo? ¿Cuándo subirán las acciones de la empresa “X”? ¿Le gusto a Penny?), e incluso sistemas que escapan de lo humano (si le rezo a mi dios predilecto con suficiente fe ¿me curará el cáncer? ¿por lo menos el catarro?).


Vistas las cosas así, la pregunta se transforma ahora en ¿qué hay en nuestra mente que le hace posible creer en cosas alejadas de la realidad? La respuesta a esta pregunta no es simple, no es fácil y mucho menos sencilla de expresar. Al parecer nuestras mentes humanas tienen un número considerable de circuitos neuronales que reciben y filtran la información que llega del exterior, por medio de nuestros sentidos, para crear modelos mentales de la realidad. Y hay modelos más sencillos de elaborarr que otros.


Lo anterior se explica con detalle en el libro “Y el hombre creó a los dioses” de Pascal Boyer (2010, ed. Taurus). Por ejemplo, cuando recibimos información sobre una especie de animal que no conocíamos, ocupamos una especie de “formato en blanco” mental para llenarlo con los datos de este nuevo (para nosotros) animalucho. Pero rara vez pensamos que esta información sobre el animal pueda llenar el “formato en blanco” correspondiente a un vegetal. De manera selectiva filtramos la información para formar nuevos conceptos mentales sobre la base de esquemas previos. Inferimos que la información recibida encaja de alguna forma en la clasificación que ya tenemos “precargada”. Generalizamos que al ser información de un animal, éste no estará anclado con raíces a la tierra, que nace y muere como cualquier otro animal, que se mueve (nada, camina, repta o vuela) y que se alimenta para sobrevivir.


Al parecer las ideas fantásticas que están fuera de la realidad, tienen al menos un elemento que encaja con nuestro sistema de clasificación. Un hada que aparece en Guadalajara parece un ser vivo o al menos que vivió, y todos tenemos una especie de formato para llenar con los datos de un “ser vivo” y crear un concepto mental. Lo mismo pasa cuando la gente cree en el pié grande, en el chupacabras, en los seres extraterrestres y hasta en Santa Claus.


Las entradas ontológicas que tenemos precargadas para la clasificación de los nuevos modelos mentales normalmente tienen un buen número de expectativas. Por ejemplo, en el caso anterior, tenemos en la entrada “ser vivo” una serie de características que esperamos que el nuevo concepto posea (como por ejemplo nacimiento, crecimiento, reproducción, muerte, etc.). Sin embargo los modelos mentales religiosos, místicos, esoterícos y otros más en los que solemos creer, tienen una entrada en el formato correspondiente pero una característica contradictoria (por ejemplo en el caso se dios, que es un ser vivo pero, contrario a lo observable, tiene la característica de ser inmortal).


En el libro mencionado, el maese Pascal nos dice con tino lo siguiente:

Los conceptos religiosos invariablemente incluyen información que es contraria a ciertas expectativas creadas por la categoría activada.


Y es interesante pensar que tan vasta es la gama de posibilidades de conceptos etéreos en los que la gente pudiese creer, tan alejados de estas categorías precargadas, y al mismo tiempo sorprendente concluir que sólo habrá creencia en aquellas que tengan una mezcla de características que anclen el concepto (o modelo) de la creencia a lo que ya conocemos.


Menciono el caso de los mensajes de los Arcturtianos que contienen una copia casi exacta de lo que la prensa de divulgación científica viene diciendo sobre la posibilidad de la existencia de múltiples universos. Adicional al rollo que supuestamente se avientan en forma canalizada, la gente que cree en ellos los pinta así como en la imagen de entrada (tomada desde http://www.etfriends.com/Images.html)


De todas las posibles formas que un supuesto extraterrestre podría tener, casi siempre la ufología y otras ramas pseudo científicas como la pomposa “exopolítica”, escogen la que tiene forma humanoide (dos brazos, dos piernas, dos ojos, una especie de boca, etc). Es decir, han escogido la forma que a los humanos nos parece más factible para creer, sin evidencias de por medio.


El asunto es que para que ese nuevo concepto que se nos pretende hacer pasar por “real” (o al menos como un modelo que explica la realidad) verdaderamente sea una representación de la realidad, sería necesario que no sólo nos explique lo que a primera vista pareciera inexplicable; sería necesario que sea capaz de aplicarse de forma independiente del observador para obtener las mismas predicciones y resultados, bajo las mismas condiciones establecidas por observadores independientes. No sólo como un objeto pasivo de creencia (creo que un ser inmaterial habita en mi cuerpo, controla mis pensmientos, y es el que se afirma como “YO”), sino como un modelo que permitiese hacer un par de predicciones sobre ese concepto, al estilo de “el alma inmortal interacciona con las neuronas cerebrales mediante campos electromagnéticos de frecuencia variable”. En este último ejemplo, la afirmación podría probarse o comprobarse midiendo esos campos electromagnéticos.


Para mala fortuna de los modelos basados en creencias, normalmente se elaboran sin pensar en alguna forma de comprobarlos puntualmente. Por ello es que adoptan los típicos esquemas religiosos que requieren de fe y no de evidencias para que “funcionen” exclusivamente en la mente del observador (o mejor dicho, creyente).



Post scriptum


Como la imagen de entrada apenas la encontré en la red, no quise dejar pasar la oportunidad de hacer un par de comentarios respecto a ella al estilo de la casa.


El primero es que evidentemente la imagen es un dibujo de la autoría de Elaine Thompson, una mujer que “canaliza” los mensajes de estos seres tan, pero verdadera y extrañamente tan interesados en nosotros y en nuestro bienestar. Lo que sorprende es el elemento que se ancla al concepto de “ser humano” que tenemos precargado e incluso sesgado por la publicidad: Rostro simétrico, dos ojos (¡azules!), etc… Lo interesante es que estos bellos y ojiazules seres habitan en otra dimensión, o sea que las características “arcturianas” se parecen mucho a las del concepto mental “humano” que tenemos, excepto porque es imposible verlos o interaccionar con ellos de manera libre (¡porque están en la 5a dimensión, estúpido escéptico de intelecto no iluminado!).


El segundo es que la imagen representa un modelo de creencia para una supuesta realidad; y me refiero en este caso como “realidad” a la existencia incuestionable de estos arcturianos que se la pasan contactando a algunos humanos iluminados, para pasarles mensajitos de amor, entendimiento, comprensión, paz y mucha, mucha luz. Pero es un modelo imposible de comprobar y su único requisito es tener toneladas de fe para que pueda funcionar en la mente del creyente: fe en Eilane, fe en que sus “canalizaciones” son fruto de una verdadera (pero totalmente violatoria de la física conocida) interacdción con estos seres. No se nos ocurra pensar que, ante la imposibilidad de comprobar la veracidad de esta “realidad”, Elaine pueda tener algún interés en hacer que la gente crea en ella, o suponer que sus mensajes pudieran ser una especie de alucinación inducida o aleatoria, porque entonces podremos pasar por intelectos “no iluminados”


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Modelos de la Realidad, parte 1.5: Realismo dependiente de las creencias

Posted by keithcoors_00 en 28 julio, 2011

La fe puede ser sucintamente definida como una creencia ilógica en que lo improbable sucederá.


Henry-Louis Mencken


Esta media parte de la entrada original se coloca entre la anterior del mismo tema y la que vendrá (la Parte 2) debido a dos sucesos. Uno es la masacre de Oslo y el otro es la publicación de este breve ensayo de Michael Shermer publicado en Scientific American, replicado en Skeptic y traducido aquí para la fiel audiencia. Así que sin más ni más, aquí el ensayo titulado “El cerebro creyente” (The Believing Brain).


¿Por qué la ciencia es la única manera de salir de la trampa del realismo dependiente de las creencias?


¿El presidente Barack Obama nació en Hawaii? Encuentro esta pregunta tan absurda, por no hablar de posiblemente racista en su motivación, que cuando me enfrento a los “birthers” que creen lo contrario, me parece todavía difícil centrarme aún en sus argumentos acerca de la diferencia entre un certificado de nacimiento y un certificado de de nacidos vivos (ver discusión y origen de esta controversia en Wikipedia, nota de KC). La razón es porque una vez que se formó una opinión sobre el tema, se convirtió en una creencia, objeto de una serie de sesgos cognitivos para asegurar su verosimilitud. ¿Estoy siendo irracional? Es posible. De hecho, así es como la mayoría de los sistemas de creencias funcionana para la mayoría de nosotros la mayor parte del tiempo.


Formamos nuestras creencias para una variedad de razones subjetivas, emocionales y psicológicos en el contexto de los entornos creados por la familia, amigos, compañeros de trabajo, la cultura y la sociedad en general. Después de la formación de nuestras creencias, a continuación, defendemos, justificamos y racionalizamos con una serie de razonamientos intelectuales, argumentos convincentes y explicaciones racionales. Las creencias son lo primero, las explicaciones de las creencias son después. En mi nuevo libro El Cerebro Creeyente (Holt, 2011), llamo a este proceso, en la cual nuestras percepciones acerca de la realidad dependen de las creencias que tenemos sobre él, realismo dependiente de las creencias. La realidad existe independientemente de la mente humana, pero nuestra comprensión de ella depende de las creencias que tenemos en un momento dado.


Elaboré un patrón del realismo dependiente de las creencias frente al realismo en función del modelo, presentado por los físicos Stephen Hawking y Leonard Mlodinow en su libro El Gran Diseño (Bantam Books, 2011). En el libro ellos argumentan que porque no hay un modelo adecuado para explicar la realidad, “no se puede decir que uno es más real que el otro.” Cuando estos modelos se acoplan a las teorías, forman visiones completas del mundo.


Una vez que formamos creencias y compromisos con ellas, las mantenemos y reforzamos a través de una serie de poderosos sesgos cognitivos que distorsionan nuestras percepciones para adaptarlas a los conceptos de creencias. Entre ellos se encuentran:


SESGO DE ANCLAJE: confiar demasiado en el anclaje de una referencia o pieza de información para tomar decisiones.


SESGO DE AUTORIDAD: valorar las opiniones de una autoridad, sobre todo en la evaluación de algo de lo que que sabemos muy poco.


SESGO DE CREENCIA: evaluar la fuerza de un argumento basado en la credibilidad de su conclusión.


SESGO DE CONFIRMACIÓN: buscar y encontrar evidencias confirmantes en apoyo de las creencias ya existentes e ignorando o reinterpretando evidencias refutatorias.


En la parte superior de todos estos sesgos, está el sesgo de grupo, en el que damos más valor a las creencias de aquellos a los que percibimos como los miembros de nuestro grupo, y menos en las creencias de los miembros de grupos diferentes. Este es el resultado de nuestro cerebro tribal evolucionado que nos lleva no sólo a otro juicio de valor sobre tales creencias, sino también para demonizar y despedir como sin sentido o mal, o ambas cosas.


El realismo que depende de las creencias es impulsado aún más por un meta sesgo llamado sesgo de punto ciego, o la tendencia a reconocer el poder de los sesgos cognitivos de otras personas, pero cerrar los ojos a su influencia en nuestras propias creencias. Incluso los científicos no son inmunes a este sesgo, y están sujetos al sesgo del experimentador, las expectativas, o la tendencia de los observadores de observar, seleccionar y publicar los datos que van de acuerdo con sus expectativas para el resultado de un experimento y no hacer caso, descartar o no creer los datos que no lo están.


Esta dependencia de las creencias y su multitud de sesgos psicológicos es por lo que, en la ciencia, hemos incorporado la maquinaria de la auto-corrección. Controles astrictos de doble ciego son necesarios, en los que ni los sujetos ni los experimentadores conocen las condiciones durante la recolección de datos. La colaboración con los colegas es vital. Los resultados son examinados en conferencias y revistas. La investigación se replica en otros laboratorios. Evidenacias refutatorias e interpretaciones contradictorias de los datos se incluyen en el análisis. Si no buscas datos y argumentos en contra de tu teoría, alguien más lo hará, por lo general con gran alegría y en un foro público. Por esta razón, el escepticismo es una condición sine qua non de la ciencia, la única salida que tenemos para la trampa del realismo dependiente de las creencias, creada por nuestro cerebro creyente.


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